sábado, 11 de febrero de 2012

Niley 12 - Rechazo cruel


Nicholas soltó el aire que había estado conteniendo. Acababa de hacer la única cosa que nunca había contemplado hacer: pedirle a una mujer que se casara con él. Pero, por mucho que lo enfureciera, lo único en lo que podía pensar era en cómo el aroma de Miley lo había atraído cuando ella había pasado por delante haciéndole recordar cosas que quería olvidar: su pálida piel cubierta de pecas, su sedosa suavidad y el modo en que sus secretos músculos internos lo habían rodeado con tanta fuerza... ¡Era virgen! Pero no le permitiría seducirlo otra vez, ¿Cómo era posible que la repugnancia que sentía por esa atracción no pudiera empañar su libido? Todo dentro de él se rebelaba contra una situación que nunca había querido. Matrimonio y un bebé. Sólo la idea de convertirse en padre le había resultado odiosa. Su vida consistía en obtener placer con mujeres que sabían lo que había y que no le exigían nada.

Tendría que afrontar la situación como si se tratara de un negocio en el que no entrarían sus emociones. Era un negocio, simple y llanamente. Tendría un heredero. Se sentó en el sillón a esperar. Sabía que Miley estaría pensando que tenía la situación bajo control, pero a juzgar por su actitud, creía que había logrado inquietarla. Pero el hecho de que eso no lo hiciera sentirse triunfante lo perturbaba. Volvió a ver la carta de chantaje de Liam Hemsworth y en un instante tomó una decisión y sacó el teléfono móvil para hacer una llamada.

Cuando Miley salió del dormitorio, Nicholas estaba al teléfono hablando en italiano. Se le encogió el estómago. Ella se había cambiado de ropa y se había puesto unos vaqueros y un jersey y se había recogido el pelo. La recorrió con la mirada y se fijó en su pequeña maleta antes de terminar la conversación y guardarse el móvil en el bolsillo.

—Está arreglado.
—¿Qué quieres decir?
—En veinticuatro horas voy a saldar esa deuda por ti. Y si Hemsworth intenta algo, tenemos su carta como prueba.
—Pero... eso quiere decir que voy a tener que deberte algo —el alivio momentáneo de saber que Liam ya no volvería a molestarla se vio disminuido enseguida ante una amenaza mucho más potente.
—¿Por qué harías algo así?
—Porque tengo que admitir que me excita la idea de pensar que cada centavo que ganes me lo estarás debiendo a mí durante un tiempo considerable. Y porque preferiría que mi esposa no estuviera relacionada con un posible escándalo.
Lo que había dicho Nicholas era cierto; tardaría años en pagarle la deuda más los intereses.
—Vamos —recogió su maleta y le indicó que saliera ella primero.

Miley deseaba poder enfrentarse a su carácter dominante, pero no podía olvidar que había sido ella la que lo había invitado a entrar en su vida y ahora tenía que aceptar las consecuencias. Se centraría en el hecho de que odiaba a Nicholas Jonas e intentaría olvidar que durante un breve momento había sentido por él algo que era totalmente opuesto.

Nicholas metió la maleta en el maletero de un elegante coche y después le sujetó la puerta del copiloto. Cuando arrancó el coche y se incorporó a la carretera, un vehículo que circulaba en sentido contrario hizo que Miley se estremeciera en su asiento.

—¿Qué ha pasado?
—Na... nada. Es sólo que me he asustado, nada más —dijo tartamudeando.
—Ni siquiera estábamos cerca.
—Lo sé. Es sólo que... es la primera vez que me siento en el asiento delantero desde...

No pudo terminar. Su reacción no había sido racional porque la noche del accidente estaba sentada en el asiento trasero. Nicholas se quedó muy tenso y no dijo nada. No había duda de que le había recordado la razón por la que la odiaba tanto. Hundida, Miley giró la vista para mirar por la ventana.


Nicholas no perdió tiempo para sacarla del país. A la hora ya habían subido a un pequeño avión privado y unas cuantas horas después, cuando ya era de noche, aterrizaron en Roma. En ningún momento intercambiaron palabra y el trayecto hasta un elegante ático en el centro de la ciudad duró minutos.

Nicholas le enseñó dónde estaba la cocina, diciendo le que podía servirse todo lo que quisiera, y a continuación la llevó a una impresionante habitación de invitados. Después de darse una ducha, Miley se sintió invadida por el cansancio y se coló entre unas deliciosas sábanas de algodón egipcio para en un instante caer en un sueño profundo por primera vez en mucho tiempo.

A la mañana siguiente, cuando se despertó, se quedó impactada al ver lo que no había visto la noche antes; las ventanas que iban de techo a suelo con vistas a la ciudad. Sintió una pequeña emoción en el pecho. Nunca había viajado a ninguna parte que estuviera fuera de Irlanda o de Londres, y ahora... se encontraba saliendo de una cama enorme para detenerse junto a la ventana y contemplar en la distancia la icónica y familiar imagen del Coliseo.

Justo entonces oyó un ruido y se giró. No, no estaba de vacaciones. Nicholas estaba en la puerta, alto y poderoso, vestido con unos pantalones oscuros y una camisa gris. Miley no logró adivinar la expresión de sus ojos y se cruzó de brazos, avergonzada por la única prenda de ropa que llevaba encima, una camiseta grande con dibujos de ovejitas.

—¿Has dormido bien? —le preguntó él como buen anfitrión.
Miley asintió, dispuesta a seguir con el juego.
—Sí, gracias. La cama era... muy, muy cómoda.
—Cuando estés lista, baja al comedor. Tenemos cosas que discutir.
Dio un paso atrás y cerró la puerta. Miley le sacó la lengua, aunque ese gesto tan infantil no la hizo sentirse mejor

Nicholas intentó centrarse en el periódico, pero la imagen de Miley y de su silueta contra la ventana llevando nada más que una camiseta y con el cabello alborotado, estaba ardiendo en su retina. Sus largas y esbeltas piernas le recordaron el modo en que lo había rodeado con ellas mientras él se deslizaba en su interior. El deseo que sintió esa noche al acostarse con ella a pesar de saber quién era, era algo que Nicholas aún no podía perdonarse.

Cuando oyó un sonido junto a la puerta, alzó la vista y allí se encontró a Miley, vestida con la misma ropa del día anterior. Eso lo irritó, y el hecho de verla tan vacilante y con el cabello completamente recogido hacia atrás lo irritó aún más.

—Siéntate y sírvete. Y deja de actuar. Miley. Ahora estás aquí y he sido sincero al decirte lo que puedes esperar que suceda, nada va a cambiar eso.

Miley se sentía intimidada ante su irresistible aspecto y ese telón de fondo, con Roma prácticamente a sus pies. Parecía un hombre plasmado en una revista como la quintaesencia del magnate moderno.
 Después de servirse café y unas pastas, se sentó para desayunar y a cada mordisco o sorbo que daba no dejaba de repetirse que ese hombre era un autócrata controlador y vengativo.

—Necesitaré tu certificado de nacimiento y tu pasaporte.
—Necesitaré que me los devuelvas.
Nicholas sonrió con crueldad.
—No te preocupes, no tengo intención de confiscar tu pasaporte como si fuera una especie de señor medieval. Cuando veas Sardinia, sabrás que escapar será extremadamente peligroso. Sin mencionar el hecho de que, incluso si fueras a intentarlo, la deuda de Joe volvería a estar a tu nombre en cuestión de veinticuatro horas, después de que las autoridades pertinentes hubieran sido informadas. Sin embargo, me quedaré con el pasaporte como garantía mientras estamos en Roma.
La taza de Miley hizo ruido contra el plato. Estaba invadida por la rabia.
—Por mucho que me gustaría marcharme y no volver a verte la cara, la idea de estar aquí y convertirme en una molestia constante para ti me atrae.
Nicholas se inclinó hacia delante y con una fría sonrisa dijo:
—No me pongas a prueba, Miley, y no intentes jugar con fuego. No ganarás.
 

2 comentarios:

  1. ODIO A NICK... ENSERIO! Lo odio tanto o mas que Miley, pobre de ella! Esperemos sobrevivan a la convivencia!

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  2. jajajaja ese Nick es completamente estúpido en la novela, TOTALMENTE y me hace sentir bien que el sienta ese deseo por Miley eso me divierte jajajajaja La contestación de Miley al final fue genial :P
    Bueno hermosa sigo leyendo :D

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..