sábado, 4 de febrero de 2012

Niley 13 - Juego Seductor


Durante los siguientes días, Miley trató de olvidarse de Nick y del beso que los dos habían compartido, lo que no le resultó nada fácil. Demonios, la noche que pasó con él hacía ya tres años seguía aún fresca en su mente.

La ayudaba mantenerse activa. Eran los momentos de relax lo que más le fastidiaban. En el momento en el que el cerebro se relajaba, comenzaba a pensar en Nick y el cuerpo no le andaba a la zaga.

A lo largo de los años, casi había podido convencerse de que los besos de Nick no eran tan maravillosos como ella creía. Sin embargo, habían bastado unos segundos en su despacho para darse cuenta de que se estaba engañando. Aquel beso había sido tan maravilloso como los que Nick le había dado tres años atrás. La piel aún le vibraba. Ya era viernes y había llegado el momento de poner a prueba su acuerdo. Aquella noche, iban a cenar juntos. Si él conseguía dejarla verdaderamente atónita, tendrían sexo de postre.

—¿Miley? —le preguntó una voz desde el probador. Miley agradeció profundamente la distracción.
—¿Necesitas algo?
Una rubia de ojos azules asomó la cabeza por encima de la puerta del probador y sonrió.
—Necesito una talla más pequeña del bañador plateado.
Miley se echó a reír.
—¿No te lo había dicho?
La mujer era una nueva clienta y, como todas las que acudían a su tienda por primera vez, no había creído a Miley cuando ésta le había dicho que sus bañadores le darían menos talla que los de las otras tiendas.
—No me lo puedo creer, pero sí, tenías razón.
—Volveré enseguida con una talla más pequeña.
—Madre mía, me encanta escuchar esas palabras —exclamó la mujer con una carcajada.

Miley pasó junto a tres otras clientas que estaban inspeccionando las perchas y se dirigió a la que correspondía a aquel bañador para encontrar una talla más pequeña. Inmediatamente, regresó al probador y se lo dio a su clienta. Entonces, regresó al mostrador.

Justo en aquel momento, la puerta se abrió. Miley esbozó inmediatamente una sonrisa, que se le borró del rostro al ver que se trataba de Nick Jonas. Él, que parecía estar por completo en su salsa, sonrió a las clientas y centró su atención en Miley.

Dios... Ella odiaba admitir lo que podía sentir con sólo verlo. Iba vestido con prendas de su línea de ropa deportiva. Tenía el cabello risado revuelto por el viento. Las arrugas de expresión que tenía en torno a los ojos se profundizaron un poco más cuando sonrió.

—Buenos días, señoras —dijo. Entonces, se dirigió directamente hacia el lugar en el que se encontraba Miley.
—¡Dios mío! Es Nick Jonas —exclamó una de las mujeres. Inmediatamente después, siguió a la declaración una suave carcajada.
Naturalmente, él escuchó este comentario y profundizó aún más la sonrisa. «Genial», pensó Miley.
—Miley—dijo él, colocando las manos sobre la vitrina de cristal. Entonces, bajó el tono de voz—. Me alegro de volver a verte. ¿Me has echado de menos?
—No —replicó, cuando la realidad era bien distinta. Nick se había mantenido alejado de ella durante tres días. Sin duda, lo había hecho deliberadamente para volverla loca. ¡Pues no estaba funcionando!
«Sé muy bien que no es así», se dijo.
Nick sonrió como si supiera lo que ella estaba pensando.
—Te he echado de menos—susurró.
—Estoy segura de ello —replicó Miley—. ¿Has venido para decirme que te has echado para atrás en lo de la cena? —le preguntó, sin muchas esperanzas.
—¿Y por qué iba yo a hacer algo así cuando estoy decidido a llevarte donde tanto deseo verte? No. He venido para decirte que, si te parece bien, pasaré a recogerte a las siete.
—Oh, no tienes por qué hacer eso. Puedo reunirme contigo donde sea.
—¿En nuestra primera cita oficial? —replicó él—. No lo creo. Te recogeré en tu casa.
—Bien —accedió ella—. Te escribiré mi dirección.
—Oh, ya sé dónde vives.
—¿Qué? ¿Cómo? —preguntó. Entonces, recordó el contrato de arrendamiento.
—Hice todo lo posible por enterarme —respondió él. A continuación, se inclinó sobre ella por encima del mostrador y le plantó un rápido beso en la boca. Por último, le guiñó un ojo—. Bueno, nos vemos a las siete.
—De acuerdo. A las siete.
—¡Excelente! Hasta luego.
Miley estaba completamente segura de que oyó cómo sus clientas suspiraban. O tal vez, había sido ella...
Nick se dio la vuelta y les dedicó una deslumbrante sonrisa a las señoras que estaban en la tienda.
—Señoras...
Los suspiros velados comenzaron prácticamente en el momento en el que la puerta se cerró. Miley decidió no escuchar. En vez de eso, se enterró en su trabajo y trató de no pensar en la noche que le esperaba.

 ***************
Nick se marchó de la tienda de Miley y se dirigió a un pequeño café que había en una esquina cercana. El establecimiento contaba con una pequeña terraza desde la que se dominaba una hermosa vista de la playa, del muelle y de unos hombres que trabajaban para colgar un gran cartel en el que se leía Exhibición de surf: venid a ver a los campeones.

Lo de la exhibición había sido idea suya. Había decidido reunir a algunos de sus amigos para que todos pudieran divertirse en el océano. Al mismo tiempo, la exhibición supondría una importante publicidad para su empresa. Vendrían muchos turistas a la ciudad y gastarían mucho dinero en las tiendas.

No le gustaba admitirlo, pero echaba de menos la competición. La excitación de una reunión con expertos surfistas. No echaba de menos a la prensa o a los fotógrafos, aunque nada podía superar la excitación de una victoria.

Sonrió y se sentó en una de las mesas. Esperó a que una joven camarera llegara para atenderlo.
—Sólo un café, por favor —dijo Nick.
—Por supuesto, señor Jonas—respondió la chica muy dispuesta—. Va a participar usted en la exhibición de surf, ¿verdad?
—Así es.
—Es genial. ¡Me muero de ganas por verlos a todos en acción!

La joven rubia sonrió y se echó la coleta hacia atrás. Entonces, sacó pecho por sí él no se había dado cuenta.
Nick asintió con indiferencia. Claro que se había dado cuenta, pero no le interesaba. No hacía mucho tiempo, habría comenzado a flirtear con aquella joven y se habría aprovechado del brillo que relucía en los ojos de la camarera. La única mujer que a él le interesaba tenía otra clase de brillo en los ojos, el de la batalla. Lo más extraño de todo era que aquella clase de brillo lo atraída más que el de la descarada rubia.

La camarera sonrió esperanzada y desapareció en el interior del café. Nick se quedó solo, a excepción de unos cuantos desconocidos que también estaban sentados en el café. Notó que uno le dedicaba una mirada de interés, pero no le prestó atención. El lado negativo de la fama era que uno jamás podía estar solo.

—Bueno —dijo una voz profunda a sus espaldas—. Creo que deberíamos hablar.
Nick giró la cabeza y vio que se trataba de Kevin, el amigo de Miley. El recién llegado rodeó la mesa y fue a sentarse en la silla que quedaba enfrente de la de Nick. Antes de que él tuviera oportunidad de hablar, llegó la camarera con el café de Nick.
—Hola, Kevin —dijo ella—. ¿Lo de siempre?
—Sí, Tiff. Muchas gracias —respondió Kevin aunque sin dejar de mirar a Nick.

Cuando volvieron a quedarse solos, Nick examinó a Kevin. Tenía el aspecto de un perro guardián, lo que hizo que Nick se preguntara qué clase de amistad compartía con Miley. ¿Eran pareja? No le gustaba, pero era posible. Nick jamás había creído en el hecho de que los hombres y las mujeres pudieran ser simplemente amigos. Sin embargo, al mismo tiempo, no creía que Miley fuera la clase de mujer que pudiera estar con un hombre y besar a otro. Entonces, ¿en qué situación dejaba todo eso al tal Kevin? ¿Qué interés tenía él en aquel asunto?

—¿De qué quieres hablar? —le preguntó Nick, tratando de contener su irritación—. ¿Has venido a decirme que ya tienes esos pendientes de esmeralda?
—No. Vendrán la semana que viene. Se trata de Miley.


Por supuesto. Se lo había imaginado. Era mejor tener una pequeña charla con él y aclarar algunas cosas. Quería saber qué terreno pisaba él con Miley. No es que a Nick le importara en lo más mínimo. Deseaba a Miley e iba a tenerla a cualquier precio. Sin embargo, resultaba bueno saber a cuántos hombres tendría que apartar para poder llegar hasta ella.

—Bien. Hablemos —dijo Nick—. Empezaré yo. ¿Has venido a ahuyentarme? Te voy a ser muy sincero. No te va a servir de nada.
Antes de que Kevin pudiera responder, la rubia regresó con el café con nata que Kevin le había pedido.
—Gracias —murmuró él.
La rubia se marchó. Kevin tomó su taza y le dio un sorbo antes de volver a ponerla sobre la mesa.
—Sé que Miley te va a mandar a paseo si es eso lo que quiere. Así que ésa no es la razón de que yo esté aquí.
—Muy bien. ¿Entonces?
—Quiero saber qué está pasando contigo.
—¿Y por qué te interesa eso?
A Nick no le gustaba cómo sonaba eso. No le gustaba que Kevin creyera que tenía derecho a defender a Miley de él. Entornó los ojos y apretó los dientes.
—Te preocupas por ella. ¿Para qué has venido? ¿Para convertirte en su caballero andante?
—¿Acaso necesita uno?
—Si lo necesitara, no creo que fueras tú.
—Es ahí donde te equivocas.
—¿Te has acostado alguna vez con ella? —le preguntó Nick, sin rodeos.
—No.
—Bien. En ese caso, si no eres su amante, ni su esposo ni su padre, ¿a qué viene todo esto?
—Soy su amigo. Más que eso —replicó Kevin—. Somos familia.
—¿Es eso cierto?
—Sí. Ella se quedó bastante dolida hace tres años cuando tú te marchaste. No voy a consentir que le hagas otra vez lo mismo.

Nick no era la clase de hombre que se autoexaminara con frecuencia. Normalmente, las mujeres con las que pasaba su tiempo buscaban tan sólo lo mismo que él, una tarde agradable. Sabía que Miley no pertenecía a esa categoría. Diablos, tal vez incluso lo había sabido entonces, instintivamente. Simplemente, no había querido reconocerlo.

—Normalmente, no acepto órdenes.
—Considéralo una sugerencia.
—Tampoco me gustan demasiado—dijo Nick. Apoyó los codos sobre la mesa y observó a Kevin cuidadosamente. No había ira ni celos. Sólo preocupación. Tal vez, efectivamente, era simplemente el amigo de Miley. Si era así, no podía culparlo por querer protegerla. Sin embargo, ése sería a partir de aquel momento el trabajo de Nick. Sería él quien la protegiera. Lo que había entre Miley y él no era asunto de nadie—. No te estoy pidiendo permiso para nada.
Sorprendentemente, Kevin se echó a reír.
—No, demonios, no. Hombre, Miley me mataría si supiera que estoy hablando contigo.
—Entonces, ¿por qué lo estás haciendo?
Kevin se puso de pie y dejó unas monedas al lado de la taza de su café.
—Miley no es la clase de mujer a la que tú estás acostumbrado. Es de verdad. Y, por lo tanto, se rompe.
Nick se puso también de pie y deslizó un billete de diez dólares bajo la taza de su café.
—Yo no tengo intención alguna de romperla.
—Ese es el problema —dijo Kevin encogiéndose de hombros—. Un tipo como tú puede romper a una mujer sin ni siquiera tener intención.

Kevin se marchó y dejó a Nick observándolo. ¿Que había querido decir con eso de «un tipo como tú»? ¿Tan diferente era él de otros hombres? No lo creía. En cuanto a Miley... No tenía intención de hacerle daño y que lo asparan si lo hacía. Nick la deseaba. Por lo tanto, la tendría.

2 comentarios:

  1. que bien me cae Kevin! es un amor de amigo :) me encanta su personaje, todo un caballero :)
    Y ya quiero leer sobre la cena, así que eso es lo que voy a hacerrrrr :)
    Sigo leyendo, AMO tu nove, entera entera :)

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  2. JOjojooooo supeeer... Proyecte la imagen de este par de hombres hablandooo y fue tan jejejee indescriptible... lo ameee Kazz
    xoxoxxox

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..