sábado, 11 de febrero de 2012

Niley 13 - Rechazo cruel



Más tarde ese día. Miley tuvo que admitir que Nicholas Jonas era posiblemente la persona más fría que había conocido nunca. El hombre del club era tan distinto al hombre que ahora estaba sentado en el salón de la boutique, que tuvo que preguntarse si se había vuelto loca al permitir que se convirtiera en su primer amante.

Salió de sus pensamientos cuando la dependienta señaló a los montones de ropa que los rodeaban.
—¿Está segura de que no quiere ver nada más, señora? ¿Algo un poco más alegre?
Miley negó con la cabeza.
—Estoy segura —dijo con firmeza.
—Pero, señora, el vestido que ha elegido para llevar en el registro...
—Así está bien. De verdad. Yo... quiero decir, mi prometido y yo estamos de luto, así que no sería apropiado ir vestida de blanco.
La joven se sonrojó.
—Lo siento, no lo sabía... Bueno, sabía lo de la hermana del signore Jonas, pero... —añadió la dependienta, avergonzada, antes de empaquetar todas las compras.

Un grupo de paparazis los había seguido durante todo el día en cuanto habían salido del ático. Nicholas la había llevado a varias tiendas y en ninguna de ellas se había comportado como el típico prometido caballeroso; la había ignorado hasta que la ropa estaba empaquetada y ella preparada para marcharse.

Cuando salieron de esa tienda, a Miley le llamó la atención una imagen y un titular que vio en un puesto de periódicos. Los paparazis por fin habían desaparecido, seguramente satisfechos con todas las fotografías que les habían hecho mientras hacían las compras en las que Nicholas había insistido.

—¿Qué dice? —le preguntó ella temblorosa cuando Nicholas tomó el periódico.
—Dice: «Una nación perderá a su soltero de oro cuando Jonas se case en pocos días».

Miley sintió náuseas. Estaba atrapada en esa telaraña que Nicholas había tejido... con su ayuda... y ahora no podría escapar hasta que tuviera al bebé. Pero, curiosamente, ese pensamiento no despertó el miedo que esperaba. Sabía que, como madre del bebé tendría derechos, por muy rico y poderoso que fuera Nicholas, Aquello que dijo sobre poder comprarla parecía ser fruto de algo que pensaba de las mujeres en general. Esa revelación y el hecho de que Miley no tuviera curiosidad por saber a qué se debía esa forma de ver a las mujeres, hizo que durante el trayecto de vuelta al apartamento no se dirigieran la palabra.

Varias mañanas después. Miley se despertó para ver que Nicholas se había ido, al igual que todas las mañanas, dejándole únicamente una nota en la que le comunicaba que un guardaespaldas estaría esperándola abajo si quería salir y visitar la ciudad. No había sido tan tonta como para creer que Nicholas estaba preocupado por su seguridad, pero había aprovechado la oportunidad de recorrer la ciudad y quedar encantada con su belleza antigua e imponente.

A su regreso, entró en el comedor y se asomó a la ventana, sintiéndose insoportablemente sola. Lo que más la asustaba era que se sentía sola por no tener... conexión y relación con Nicholas. La conexión que había pensado que existía La noche que él la había seducido. Durante esos breves momentos cuando le había hecho el amor, se había sentido segura y a salvo. Y, cuando la había tomado, había sentido algo que iba más allá de lo meramente físico. Intentó ignorarlo, pero anhelaba esa conexión y se reprendió severamente por ello. Tenía que borrar esa noche de su cabeza; para él no había sido más que parte de una venganza. Nick estaba muerto. Él nunca había existido. Había sido Nicholas todo el tiempo y cuanto antes lo recordara, mejor.

El teléfono sonó en ese justo momento y Miley se sobresaltó antes de responder.
—¿Diga?
—Nos han invitado a una fiesta privada esta noche.
—¿A los dos?
—Tienes que estar preparada a las siete. Será positivo que nos vean juntos en la víspera de nuestra boda.

Miley abrió la boca para hablar, pero lo que emitió fue un sonido de indignación al darse cuenta de que él ya había colgado. Colgó el teléfono con un golpe y le agradeció lo que había hecho... porque era un buen recordatorio de por qué nunca había existido ninguna conexión entre los dos.

Esa noche Miley salió del dormitorio para dirigirse al salón principal. Había oído a Nicholas llegar a casa y ya eran las siete en punto, la hora a la que tenía que estar lista. Odiaba sentirse nerviosa. Quería aferrarse a la rabia que había sentido antes, pero estaba abandonándola como un cobarde traidor. Respiró hondo y entró para encontrarlo sirviéndose un whisky, o algo parecido, en un vaso de cristal. La noche caía sobre Roma como una manta malva, con las luces parpadeando haciendo de la escena algo impresionantemente seductor. Se giró para mirarla y Miley tembló, al sentirse demasiado arreglada y expuesta.

Nicholas agarró el vaso con fuerza en un acto reflejo. El vestido no tenía mangas, era negro y ajustado, con un solo hombro al aire. Le llegaba justo por debajo de las rodillas y tenía el detalle de un bolsillo en la cadera que acentuaba su esbelta figura. Unas sandalias de tacón de aguja plateadas llamaron la atención de Nicholas, que se fijó además en sus pequeños pies y en el delicado tono coral de sus uñas haciendo que se sintiera extrañamente protector hacia ella.

Tenía el pelo recogido en un moño suelto y llevaba unos pendientes de aro que le rozaban el cuello. Ni un maquillaje exagerado ni joyas caras, sólo esas pestañas increíblemente largas y su evocativo aroma. Su boca de un suave tono rosado le hizo lamentar no haberla besado de nuevo y de pronto quería besarla con intensidad.

—No estaba segura de cuánto tenía que arreglarme...
—Así está bien —la interrumpió. La voz de Miley hacia que su cuerpo se tensara contra sus pantalones. Se bebió la copa de un trago y se acercó para agarrarla del brazo y sacarla de allí antes de llegar a cometer una estupidez como besarla.

Había estado en su mente todo el día, y lo único en lo que había sido capaz de pensar era en la revelación de su virginidad y en lo mucho que deseaba volver a hundirse dentro de ella.
 
Miley estaba sentada en la parte trasera del coche junto a Nicholas y aún no sabía si le había disgustado la elección de su vestido. Él llevaba un traje negro, una camisa negra y una corbata azul oscura. Tan moderno y clásico a la vez que le robó el aliento porque el negro del traje lo hacía parecer más oscuro, más peligroso. Estaba mirando al frente, ofreciéndole sólo los duros rasgos de su perfil.

Llegaron a una casa palaciega con lucecitas centelleando en árboles y a lo largo del muro que la rodeaba. El coche fue aminorando la marcha al situarse tras una fila de otros vehículos.
—Darío, para aquí. Iremos caminando.
El conductor asintió diligentemente, y Nicholas salió deprisa para rodear el coche y abrirle la puerta a Miley. Y cuando ella le dio su mano, recordó el momento en Londres en que había creído que esa noche estaba marcada por el destino.
 

4 comentarios:

  1. ohh me encanto kattiii geneales los capis de esta nove ahhh sube prontiis siii siii sii siiiii y aww te extrañioooo muchisisismo katti

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  2. Tensiooon, mucha tensión.
    Pobre Miley, porque habrá aceptado casarse con alguien como Nick...
    Pregunta: cuando llegamos a la parte en la que dejo de sentir odio por el jonas # 3?? Decime... odia me cansa hahahaha
    xoxoxo
    te quiero ami, buenísimo este cap!

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  3. Me encanta esta nove...porfin tuve tiempo de leerla espero el proximo cada vez se pone mejor... Saludos

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  4. Awwwww Nick la desea demasiado, la va a amar mucho eso lo sabemos jajaja o por lo menos eso es lo que yo quiero que pase :P jajajajaja
    Quiero saber que pasa en la fiesta, así que obviamente sigo leyendo :)

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..