sábado, 18 de febrero de 2012

Niley 15 - Rechazo Cruel



Una vez fuera, sobre las escaleras del edificio y mientras posaban para los paparazis, él le había agarrado la mano con fuerza y ella se había sentido consternada al darse cuenta de que había necesitado su apoyo ante tanta expectación mediática. Nicholas había hablado en inglés y en italiano, soltando mentiras por la boca mientras les contaba a todos que había estado tan impaciente por casarse con su prometida que había renunciado a la celebración en Roma. Todo se celebraría en Sardinia, en la villa familiar, la prensa se había deleitado con la historia de ese vividor que se había dejado enamorar por una chica pálida, desconocida y poco interesante.

Y entonces Nicholas la había dejado en el ático, diciéndole que tenía asuntos que atender en la oficina durante el resto del día con el fin de dejarlo todo en orden antes de marcharse a Sardinia.
Ella había firmado el acuerdo prenupcial después de haber leído que él no le ofrecería nada si insistía en quedarse allí cuando el bebé naciera y le ofrecería una pequeña fortuna si decidía marcharse. Miley no había tenido ningún problema para firmar ya que no deseaba su dinero y no tenía la más mínima intención de abandonar a su bebé.

Mientras intentaba calmar, cocinando, su frustración por sentirse tan sola, ignoró que Nicholas estaba de pie junto a la puerta, observándola. Abrió la nevera y sacó una jarra de pesto.

—Qué bonito. Estás haciéndonos la cena como una buena esposa.

Miley se giró y la jarra de pesto se le cayó de las manos para ir a parar sobre el inmaculado suelo. En un instante Nicholas estaba a su lado, agachado para recoger los pedazos de cristal pero la salsa gris moteada con albahaca estaba derramada por todas partes. A Miley seguía latiéndole el corazón cuando miró abajo y vio su brillante cabello negro. Enseguida se movió para ayudarlo, pero dio un grito ahogado de dolor cuando un cristal se clavó en su pie desnudo.

Nicholas se levantó y la tomó en brazos como si fuera una pluma para sentarla sobre la isla en medio de la cocina. Se agachó para examinarle el pie.
—Lo siento. Me has asustado.
—No deberías haberte movido —respondió él mientras le sostenía el pie entre sus cálidas manos y lo miraba detenidamente.

De pronto Miley sintió una gran emoción dentro de ella por el modo tan delicado en que la estaba tratando, tan opuesto a su frialdad habitual. Era casi como si con ese gesto Nicholas estuviera derritiendo la capa de hielo con la que Miley había cubierto su corazón para poder superar ese día. Pero ahora todo amenazaba con abrumarla...

—Lo siento. Ha sido un accidente.

Nicholas alzó la cabeza, ¿Era emoción eso que había oído en su voz? La había visto desde la puerta, moviéndose por la cocina, con una sencilla camiseta negra y una falda negra, y el color negro lo había enfurecido.

Suponía que debía de estar enfadada porque ahora sabía que estaba verdaderamente atrapada; había firmado el acuerdo prenupcial esa mañana y, aunque no lo había mostrado, no debía de haber sido fácil para ella renunciar a la fortuna que podría haberle reclamado de no haber habido acuerdo. Él se lo había puesto muy fácil y lo había dejado claro: si se marchaba y renunciaba al niño, sería bien recompensada. No dudaba ni por un segundo que ella fuera a tomar esa opción.

Sin embargo, tenía que admitir que la noche anterior casi había esperado que Miley lo sedujera para intentar asegurarse más dinero.... pero no lo había hecho. Había sido él el que se había abalanzado sobre ella.

Se centró en extraer el sorprendentemente grande cristal y la oyó gemir de dolor al hacerlo; después buscó algo para limpiar la herida. Oír ese sonido de dolor lo había afectado más de lo que quería admitir. Le levantó la Miley, pero sus ojos estaban cerrados y tenía la boca apretada formando una fina línea. Pudo ver una lágrima cayéndole por la mejilla. Se sintió conmovido de algún modo e instintivamente le secó la lágrima con su pulgar.

—Ya te he quitado el cristal.
A Nicholas le ardía la sangre, no podía evitar hacer lo que había estado queriendo hacer desde aquella noche en Londres, lo que ella le había impedido hacer antes... la besó.

Le rodeó la cara con las manos y le soltó el cabello para que le cayera sobre la espalda.
Miley sabía que debía rebelarse, aunque apenas podía respirar al sentir la boca de Nicholas ejerciendo una cálida y embriagadora presión sobre sus labios. Pero el dolor seguía ahí, su rechazo seguía vivo y no podía creer que le hubiera dejado verla llorar. Estaba hecha un lío; allí estaba, con su enemigo mortal, un hombre que la había hecho un daño inmenso, y aun así lo único que quería era perderse en su abrazo. Todo era como aquella primera noche: el intenso deseo tomando forma en su interior y borrando sus preocupaciones, las razones por las que no debería estar haciendo eso...

La lengua de Nicholas recorría sus labios con más intensidad, pero ella seguía sin ceder. Sin embargo, su traicionero corazón había comenzado a latir de nuevo y en ese instante supo que estaba perdiendo fuerza. No podía vencerlo. Y así, con un diminuto gemido de frustración, Miley dejó de apretar los labios. Nicholas le sujetó la cabeza con más fuerza y se situó entre sus piernas, encendiendo un fuego dentro de ella; y después, con una finura devastadora, la besó hasta que ella no pudo resistirse más y abrió la boca, aceptando la invasión de la lengua de Nicholas, permitiéndole saborearla exactamente como ella había deseado que hiciera aquella noche en Londres.

La mezcla de alivio y deseo la estaba mareando mientras se aferraba a sus fuertes hombros en esa vorágine de sensaciones.
—Rodéame con tus piernas —le dijo él con una voz grave e intensa.
Y ella lo hizo automáticamente.

Nicholas posó una mano sobre su trasero y la sacó de la cocina. Ella deseaba que la besara otra vez y que nunca dejara de hacerlo. Deseaba que le hiciera olvidar, como lo había hecho antes. Pero, ante todo, lo deseaba a él. Lo besaba por el cuello, por la mandíbula, por todos los lugares adonde alcanzaba. El sabor de su piel bajo su boca estaba haciendo que su sangre y su vientre ardieran.

Cuando él la tendió sobre la cama de su dormitorio, se desnudó con impaciencia y con su gloriosa desnudez, se tumbó a su lado. Le quitó la camiseta y el sujetador y, al deslizar una mano sobre uno de sus tersos y sensibles pechos, ella arqueó la espalda y cerró los ojos mientras se mordía el labio.

Nicholas le bajó la falda y durante un instante se quedaron mirándose fijamente a los ojos. Después, él agachó la cabeza y tomó su boca en un largo beso. Miley había temido que no volviera a besarla, pero ahora sus lenguas se enredaban acaloradamente. Ella se arqueó contra él, para sentir el roce de sus pechos contra su torso.

Tras recorrerle la espalda con una mano, dejando una línea de fuego a su paso, Nicholas cubrió una de sus nalgas y le quitó las braguitas. Miley podía sentir ese familiar deseo en su interior, esa humedad entre sus piernas... y con un movimiento instintivo, lo rodeó con una pierna y ese gesto hizo que él gimiera con intensidad.

Miley deslizó una mano para acariciar su sedosa erección, que parecía acero cubierto de terciopelo. Él se tensó y ella lo miró a los ojos. Había soñado con ese momento todas las noches desde lo que sucedió en Londres... por mucho que odiara admitirlo.

Nicholas, sin dejar de mirarla, le apartó la mano de su sexo, y con unas delicadas caricias, encontró el centro de su deseo, buscó ese lugar donde parecían confluir todas sus terminaciones nerviosas mientras ella, con la respiración entrecortada, se aferraba a sus hombros. Pero él apartó la mano y al instante Miley lo sintió adentrándose en ella; esa intrusión aún ligeramente desconocida, pero deliciosamente familiar a la vez.

Tenía tan poca experiencia... Nicholas no podía creer que no se hubiera dado cuenta aquella primera vez.
Los pechos de Miley se movían arriba y abajo contra su torso acompañados de una agitada respiración. Cuando se deslizó más adentro, la sintió acomodándose a su miembro con una serie de movimientos convulsos y giros de cadera. Eso era lo que lo había cautivado la primera vez, lo que le había hecho pensar que era una amante experimentada, pero ahora podía notar la naturaleza no instruida de sus movimientos. Se había equivocado con ella, pero no podía pensar en eso ahora porque estaba embrujándolo otra vez.

Agachó la cabeza y la besó intensamente mientras se hundía completamente en su interior. Ella, con los brazos apretados alrededor de su cuello, le mordisqueaba el labio inferior y cuando él comenzó a moverse adentro y afuera, el mundo quedó reducido a ese dormitorio, a ese momento, a esa mujer y a la explosión que estaba aproximándose más y más rápido a cada movimiento de sus caderas.

Se tambalearon juntos en el precipicio del éxtasis y después, con un último gemido, Miley cayó en una vorágine de placer tan devoradora que temió que la hubiera arrastrado para siempre, de no haber estado aferrada a Nicholas
 

3 comentarios:

  1. Miles se rindio muy facil...
    Ojala le hubiera hecho la vida mas dificil a Nick... aunque por otra parte *0* joojojo

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  2. aaameeee todass lass novesss! pareciera como si hubieras subido 7 capis niley jaajaajj pero igual me encantooooo toodoooooo!! sube mas en cuanto puedas! y ojala besar a un angel tenga como 4885418641656 capisss!! la amoo! cuidate mucho! cathy :)

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  3. Wow wow wow jajajaja, eres sexologa? jajajaja Me encanto el cap, super tierno, es decir, ambos están enamorados se re nota :)
    Y me encanta ver que Nick no puede cubrir siempre su lado tierno :) que lindosssss :D bueno divina sigo leyendo :)
    genial la nove como siempre :D

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..