sábado, 24 de marzo de 2012

Jemi 75 - Besar a un angel



Joe acompañó a Demi a una casa modesta en una calle de un barrio obrero bastante alejado del zoológico. Había una escultura de escayola de la Virgen María en el diminuto patio delantero, al lado de unos girasoles que rodeaban un parterre de petunias rosadas. Demi había alquilado una habitación en la parte trasera con vistas a la vía del tren. Mientras ella recogía sus escasas pertenencias, él fue a pagar a la casera sólo para descubrir que Demi ya había pagado el alquiler por adelantado.

Gracias a la charlatana mujer se enteró de que Demi trabajaba como recepcionista en un salón de belleza durante el día y de camarera en una cafetería del barrio por la noche. No era de extrañar que pareciera tan cansada. No tenía coche y tenía que ir andando o en autobús a todas partes; ahorraba todo lo que ganaba para cuando naciera el bebé. El hecho de que su esposa hubiera vivido en la miseria mientras él tenía dos automóviles de lujo y una casa llena de obras de arte de incalculable valor sólo contribuyó a hacerlo sentir más culpable.

Antes de ponerse en camino, Joe consideró por un momento llevarla a su casa en Connecticut, pero al instante rechazó la idea. Ella necesitaba más que una curación física, necesitaba una curación emocional y tal vez los anímales que amaba la ayudarían a conseguirla.

Aquello le resultaba tan familiar que Demi sintió una momentánea felicidad cuando la camioneta se detuvo. Joe y ella estaban en la carretera, camino de la siguiente ubicación del circo. Estaba enamorada y embarazada y... Se despertó de golpe cuando la realidad se abatió sobre ella.
Joe sacó la llave del contacto y abrió la puerta.

—Tengo que dormir un poco o acabaremos empotrándonos contra un árbol. Pasaremos aquí la noche. —Bajó de la camioneta y cerró la puerta.
Demi se reclinó en el asiento y cerró los ojos ante el brillante crepúsculo; también cerró el corazón a la dulzura que escuchaba en la voz de Joe. Él se sentía culpable, cualquiera podía verlo, pero no dejaría que eso la ablandara. Seguro que él se sentía mejor después de haberle dicho todas aquellas mentiras, pero si ella las creía acabaría atrapada. Tenía que proteger a su bebé; ya no podía permitirse el lujo de ser optimista.

Joe le había dicho que Amelia y su padre habían sustituido las píldoras anticonceptivas y se había disculpado por no haber confiado en ella. Otra cosa que lo hacía sentirse culpable. Ella lo ignoró.
¿Por qué Joe no podía dejarla sola? ¿Por qué la había obligado a regresar con él? Por primera vez en semanas, todas las emociones que mantenía bajo control irrumpieron en su interior. Apretó los nudillos contra los labios y luchó por contener todos aquellos sentimientos hasta que volvió a erigir el muro que la había mantenido en pie el último mes.

Ella siempre se había dejado llevar por las emociones, pero si quería sobrevivir no podía seguir así. El orgullo lo es todo, le había dicho Joe, y era cierto. Fue el orgullo lo que la sostuvo. Lo que consiguió que contestara al teléfono en la peluquería un día tras otro y que pasara las noches cargando las pesadas bandejas con aquella comida grasienta que le producía náuseas. El orgullo fue lo que puso un techo sobre su cabeza y lo que le hizo ganar dinero para el futuro. El orgullo la mantuvo en pie cuando el amor la traicionó.

¿Y ahora qué? Por primera vez en semanas, experimentaba temor por algo que no tenía nada que ver con poder pagar el alquiler. Le daba miedo Joe. ¿Qué quería de ella?
«La peor amenaza para los tigres jóvenes es un tigre adulto. Los tigres no mantienen fuertes vínculos familiares como los leones o los elefantes. No es inusual que un tigre mate a su cachorro.»

Forcejeó con el tirador de la puerta sólo para ver que su marido se dirigía hacia ella.
Joe apartó la silla de la mesa donde el camarero del servicio de habitaciones había puesto la comida que había pedido.

—Siéntate y come, Demi.
Joe no había escogido un motelucho de carretera, de eso nada; los había instalado en una suite de lujo en un reluciente y novísimo hotel Marriott a orillas del río Ohio, en la frontera entre Indiana y Kentucky. Demi recordó cómo acostumbraba a contar los peniques cuando iba a hacer la compra y el sermón que le soltaba a Joe cuando adquiría una botella de vino de buena cosecha. Cómo debía de haberse reído de ella.
—Te he dicho que no tengo hambre.
—Entonces siéntate y acompáñame.
A Demi le costó menos sentarse en la silla que discutir con él. Joe se ajustó el nudo del cinturón del albornoz blanco que se había puesto tras la ducha y se sentó frente a ella. Tenía el pelo húmedo y se le rizaba en las sienes. Necesitaba un buen corte.
Joe bajó la vista a la ingente cantidad de comida que había pedido para Demi: una enorme ensalada, pechugas de pollo con salsa de champiñones, patatas al horno, pasta, lasaña, dos panecillos, un gran vaso de leche y una ración de tarta de queso.
—No puedo comerme todo esto.
—Estoy hambriento. Comeré parte de lo tuyo.
Aunque a él le gustaba comer, no comía tanto como para dar cuenta de todo aquello. Demi sintió el estómago revuelto. Había tenido problemas para retener la comida cuando abandonó a Joe y durante todo el primer trimestre de embarazo.
—Prueba esto —Joe tomó un poco de lasaña de su plato y la acercó a sus labios. Cuando ella abrió la boca para negarse, él se la metió dentro con rapidez, obligándola a tragársela.
—He dicho que no tengo hambre.
—Pruébala. Está buena, ¿verdad?
Para sorpresa de Demi, en cuanto pasó la impresión inicial, la lasaña sabía bien, aunque no pensaba decírselo. Tomó un sorbo de agua.
—De verdad, no quiero nada más.
—No me sorprende —Joe señaló el pollo. —Tiene pinta de estar seco.
—Está flotando en salsa. No está seco.
—Créeme, Demi, este pollo está tan seco como la suela de un zapato.
—No sabes lo que dices.
—Déjame probar.
Ella pinchó el pollo con el tenedor y cuando comió un trozo, vio que era jugoso.
—Aquí tienes. —Demi le acercó el tenedor.
Él abrió obedientemente la boca, lo masticó e hizo una mueca.
—Seco.
Demi agarró el cuchillo con rapidez, cortó un pedazo para ella y se lo comió. Estaba tan delicioso como parecía.
—El pollo está riquísimo.
—Supongo que no me sabe a nada por culpa de la lasaña. Déjame probar la pasta.
Irritada, Demi lo observó girar el tenedor en la pasta y metérselo en la boca. Un momento después, él dio su veredicto.
—Lleva demasiado condimento.
—Ahora prefiero la comida muy especiada.
—Luego no me digas que no te lo dije.
Ella cogió un poco de pasta que goteó en el mantel cuando se la llevó a la boca. Estaba suave y sabrosa.
—No está demasiado condimentada.
Se dispuso a coger otro bocado pero detuvo el tenedor en el aire. Se dio cuenta de que la estaba engañando. Lo miró y dejó el tenedor en el plato.
—Otro juego de poder.
Los dedos largos y delgados de Joe se cerraron en torno a su muñeca mientras la miraba con una preocupación que Demi no se creyó ni por un momento.
—Por favor, Demi, me asusta lo delgada que estás. Tienes que comer por el bien del bebé.
—¡No me digas lo que tengo que hacer! —La atravesó una sensación dolorosa. Contuvo las palabras que había estado a punto de decir y se escudó detrás de la gélida barrera que la mantenía a salvo. Las emociones eran sus enemigas, aunque debía hacer lo más conveniente para su hijo.
Sin decir nada más, se concentró en la comida y tragó hasta que no pudo más. Ignoró los intentos de Joe por entablar conversación y que él no comiera casi nada. Demi se había escapado mentalmente a un bello prado donde su bebé y ella eran libres, donde les protegía un poderoso tigre llamado Sinjun, que los amaba y que no se pasaba el día encerrado en una jaula.
—Estás agotada —dijo Joe cuando ella dejó el tenedor sobre el plato. —Los dos necesitamos dormir. Nos acostaremos temprano.
Demi se levantó de la mesa, cogió sus cosas y entró en el baño; se permitió el placer de darse una larga ducha. Cuando salió, la suite estaba a oscuras, alumbrada sólo por la tenue luz que se filtraba por la abertura en las cortinas. Joe estaba acostado boca arriba en uno de los lados de la enorme cama.
Ella estaba tan cansada que casi no se mantenía en pie, pero el pecho desnudo de Joe impidió que se acercara a la cama.
—Está bien —susurró él en la oscuridad. —No te tocaré, cariño.
Demi permaneció donde estaba hasta que se dio cuenta que le daba lo mismo si la tocaba o no. No le importaba lo que él hiciera porque no sentía nada

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espero que les guste y comenten... las quiero millon mis niñas besos...

8 comentarios:

  1. Lloro, lloro y sigo llorandoo y Paulina solo me pregunta ''que es lo que te pasa?'' la verdad ella no va a lograr entender nunca... Amo esta nove con el alma Kazz









    Buenooo... ya voolviendo un poquito a la realidad: Pau y yo deseamos que te recuperes prontooo y no te desanimes... cuenta con nosotras!

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  2. Aahahah que triste hasta tal grado la lastimo ahahahaha tonto Joe tonto Joe por no decir otras cosas jeeje

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  3. espero te recuperes pronto cuídate y sigue lo mas pronto la nove

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  4. ifcjhncjdusfhmejdk Me encantó *-*
    Jushhhh Que bueno que por fin la encontró c:
    Y aunque Demi diga que no lo ama apostaría todas is pulseras y mis anillos a que aun lo ama :D
    Aunque si yo fuera ella y llega reclamarme como si fuera de su propiedad no le aguanto y lo cuelgo de donde más le duela por ser increíblemente Idiota... Jummmmm tan grande y tan soperutano ¬¬
    Tal vez Demi debería buscarse a alguien mejor... tal vez un viejo amigo como Travis !!!! :B
    Adoro esa pareja :>
    Cuídate, besis, bye c:

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  5. hay dios me da pena de demi pero lamantablemente sufriomucho espero que todo se arregle

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  6. :OOOOOOOOOOOOOOOOO ME ENCANTO KAZZIE :D ESTUVO GENIAL, AII COMO AMO ESTA NOVELA ♥ BUENO ESPERO QUE LA SIGAS PRONTO :D BESITOS, Y CUIDATE ESPERO QUE TE MEJORES BYEEEEE ♥

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  7. muy bueno me encanta ests hermosa la nove....

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..