martes, 20 de marzo de 2012

Jemi 72 - Besar a un angel



Patrick Lovato lo fulminó con la mirada.
—¿Por qué pierdes el tiempo buscándola aquí? Ya te dije que me pondría en contacto contigo en cuanto supiera algo de ella.

Joe miró por la ventana, escrutando Central Park como si pudiera encontrar la respuesta en el parque. No podía recordar cuándo había sido la última vez que había comido algo decente o dormido más de unas cuantas horas sin despertar sobresaltado. Tenía el estómago revuelto, había perdido peso y sabía que estaba hecho un desastre.

Hacía un mes que Demi había huido, pero no estaba más cerca de localizarla ahora que la noche que había desaparecido. Había seguido una pista tras otra, faltando a más funciones de las que podía enumerar, pero ni él, ni el detective que había contratado, habían conseguido averiguar nada.

Patrick le había dado una lista de las personas con las que podía haber contactado Demi, y Joe había ido a visitarlas a todas, pero era como si su esposa hubiera desaparecido de la faz de la tierra. Él rezaba para que sus alas de ángel la mantuvieran a salvo.

Se volvió lentamente y se enfrentó a Patrick.
—He pensado que podías haber pasado algo por alto. Demi no tenía más de cien dólares cuando se fue.
Amelia intervino desde el sofá.
—Joe, ¿de verdad piensas que Patrick te ocultaría algo después de todo el trabajo que se tomó para que estuvierais juntos?
La manera que tenía Amelia de arquear las cejas siempre le había hecho rechinar los dientes y, con los nervios a flor de piel, Joe no pudo ocultar su desagrado.
—La cuestión es que mi esposa ha desaparecido y nadie sabe dónde está.
—Tranquilo, Joe. Estamos tan preocupados por ella como tú.
—Te aconsejo —dijo Amelia— que le preguntes a ese empleado que la vio por última vez.
Joe había interrogado a Dan hasta la saciedad, y ya se había convencido de que el anciano no tenía nada más que decirle. Mientras Joe cometía la estupidez de ir a aquella tienda, Dan había visto cómo Demi se subía a un camión de dieciocho ruedas. Llevaba puestos los vaqueros y, en la mano, la pequeña maleta de Joe.
—No puedo creer que hiciera autoestop —dijo Patrick. —Podrían haberla asesinado.

Aquella angustiosa posibilidad había tenido a Joe en vilo durante tres días, pero una tarde Jack salió precipitadamente del vagón rojo para decirle que acababa de hablar con Demi por teléfono. Al parecer había llamado para asegurarse de que los animales estaban bien.Colgó sin mencionarlo a él en cuanto Jack intentó sonsacarle dónde se encontraba. Joe maldijo las circunstancias que habían evitado que fuera él quien contestara al teléfono, luego recordó la media docena de llamadas que no habían tenido más respuesta que un chasquido al otro lado de la línea. Demi había llamado hasta que fue otra persona la que respondió. No quería hablar con él.

Patrick se paseó de un lado a otro de la estancia.
—No puedo comprender por qué la policía no se lo toma más en serio.
—Porque desapareció voluntariamente.
—Pero podría haberle ocurrido cualquier cosa desde entonces. No es capaz de valerse por sí misma.
—Eso no es cierto. Demi es inteligente y no le asusta el trabajo duro.
Patrick ignoró sus palabras. A pesar del incidente que había presenciado con Sinjun, todavía veía a su hija como una persona inútil y frívola.
—Tengo amigos en el FBI, ya va siendo hora de que hable con alguno de ellos.
—Centenares de testigos vieron lo que sucedió esa noche en la pista. La policía cree que tenía razones de sobra para desaparecer.
—Eso fue un accidente y, a pesar de todos sus defectos, Demi no es vengativa. Nunca te guardaría rencor. No, Joe. Tiene que haber alguien más implicado, no dejaré que me mantengas al margen más tiempo. Hoy mismo me pondré en contacto con el FBI.

Joe no le había explicado a Patrick toda la verdad, y era eso lo que le había impulsado a ir allí ese día. Al no haberle puesto al corriente de todos los hechos, se estaba reservando una información que podría dar una pista a Patrick o a Amelia sobre el paradero de Demi. No le gustaba tener que decir nada desagradable de sí mismo, pero su orgullo no era tan importante como la seguridad y el bienestar de su mujer y su hijo.

Cuando miró a su suegro se dio cuenta de que había envejecido considerablemente durante el último mes. Había perdido parte de la flema diplomática que le caracterizaba. Sus movimientos eran más lentos y su voz menos firme. A su manera —rígida y prejuiciosa, por lo que Joe había podido observar, —Patrick quería a Demi y sufría por ella.

Joe miró por un momento el samovar de plata que había encontrado para Patrick en una galería de París. Había sido diseñado por Peter Cari Faberge para el zar Alejandro III y llevaba impresa el águila imperial rusa. El distribuidor le había dicho que databa de 1886, pero el detalle de la pieza hacía que Joe pensara que se acercaba más a 1890.Contemplar el talento de Faberge era menos duro que pensar en lo que tenía que contarle a Patrick. Se metió las manos en los bolsillos de los pantalones y luego las sacó. Carraspeó.

—Demi no sólo estaba molesta conmigo por lo que le hice con el látigo.
Patrick lo miró fijamente.
—¿Qué?
—Está embarazada.
—Te lo dije —dijo Amelia desde el sofá. Patrick y Amelia intercambiaron una mirada que puso a Joe en guardia.
—Claro que me lo dijiste, cariño —dijo Patrick en tono cariñoso.
—Y supongo que la reacción de Joe al oír las buenas nuevas no fue demasiado agradable.
Amelia era irritante pero no estúpida. Aquellas palabras fueron como meter el dedo en la llaga.
—Me comporté mal con ella —admitió él.
Amelia miró a su marido con aire satisfecho.
—También te dije que ocurriría eso.
Joe trago saliva antes de obligarse a decir el resto.
—Le ordené que abortara.
Patrick apretó los labios.
—¿Cómo te atreviste a decirle eso?
—Cualquier cosa que me digas ya me la he dicho yo mil veces.
—¿Sigues pensando igual?
—Por supuesto que no —dijo Amelia. —Sólo hay que mirarle a la cara para darse cuenta. La culpa le pesa sobre los hombros. —Se levantó del sofá. —Voy a llegar tarde al masajista. Ya resolveréis esto vosotros solos. Felicidades, Patrick.

Joe percibió que había algo oculto en las últimas palabras de Amelia y en la sonrisita cómplice que intercambió con Patrick. Se la quedó mirando mientras abandonaba la estancia y supo que Patrick y ella le ocultaban algo.

—¿Tiene razón Amelia? —inquirió Patrick. —¿Ya no piensas lo mismo?
—Tampoco lo pensaba cuando se lo dije a ella. Pero me dio la noticia de sopetón y la adrenalina me nubló la razón —estudió a Patrick. —Amelia no se ha sorprendido al oír que Demi estaba embarazada a pesar de saber que tomaba la píldora. ¿Por qué?
Patrick se acercó a la vitrina de nogal y observó la colección de porcelana a través de las puertas de cristal.
—Lo esperábamos, eso es todo.
—¡Estás mintiendo! Demi me dijo que era Amelia quien compraba las pastillas. ¿Qué me estás ocultando?
—Nosotros... hicimos lo que creímos más conveniente

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hola chicas, aqui les dejo un capi mas de la nove y ps super contenta con los comentarios que me han dejado asi que aqui su recompensa, aun me falta un capi mas de esta nove y dos capis de niley...
las quiero millon, muchisimas gracias por todo
besos

3 comentarios:

  1. OK.... ACABO DE MORIR ...
    Odio a Patrick
    lo odio
    y Joe que??
    Amelia sabe donde esta Demi, verdad?
    Yaaa morii!

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  2. esta es la primera novela Jemi que leo y me gusta mucho

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  3. no..... o si??
    ellos la ocultan?? quieren quedarse con el bebé!! con eso de que patrick esta obsecionnado con el linaje de joe... ¬¬
    o que???
    aaaaaaaww mi Joe <3

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..