viernes, 27 de abril de 2012

Jemi 02 - En la cama de su ex-marido



Él no movió un músculo.
—No sé qué tiene eso que ver conmigo —dijo Joe por fin—. ¿Quieres que te represente legalmente para conseguir que el padre te pase una pensión? ¿Quién es el padre, por cierto? ¿Lo conozco?
—Sí, lo conoces.
—¿Quién es?
—Pues… —Demi vaciló. No era fácil dar esa noticia.
—Parece que tienes que pensártelo. ¿El campo está abierto a más de un nombre?
—No —contestó ella, enfadada.
—Me alegro. Los casos de paternidad están a la orden del día y son un aburrimiento. ¿Quién es?
—No te lo vas a creer.
—¿No?
—Tú.
Aquella vez, Joe sí reaccionó. Y cómo.
—¿Yo? —exclamó, poniéndose de pie—. ¿Yo?
—Tú, sí.
—Lo dirás de broma —murmuró él, casi sin voz. No sabía por qué, pero sentía una extraña opresión en el pecho.
—Ojalá fuera una broma.
—¿Estás segura?
—Completamente.
—Dios mío…
—Ya he intentado pedir ayuda al cielo, pero no ha servido de nada —suspiró Demi—. Sigo embarazada.
—Tendremos que casarnos —dijo Joe entonces, pasándose una mano por la cara—. Tendremos que casarnos inmediatamente.
—No.
—¿Cómo que no?
—No quiero casarme contigo.
—¡Tienes que hacerlo! —exclamó él.
—No tengo por qué.
—Pero… pero… —Joe buscó desesperadamente una razón, pero no encontraba ninguna.
—No he venido a pedirte ayuda. Sólo he venido a decírtelo.
—No pienso consentir que tengas a mi hijo sin mí.
—Pues no pareces tener el menor escrúpulo en representar a hombres que piden la custodia de sus hijos en los tribunales. Para quitársela a sus mujeres, claro.
—Eso es diferente —intentó defenderse Joe.
—¿Ah, sí?
—Tú sabes que sí. Soy abogado, Demi. ¿Crees que voy a dejar que otro abogado me gane una partida?
—No te preocupes, yo no voy a darte ningún problema. Pero tenía que contártelo.
—¿Que no vas a darme problemas? Tú eres un problema de pies a cabeza, siempre lo has sido para mí.
Demi dejó escapar un suspiro.
—No deberíamos haber tomado esa copa… Pero yo quería saber…

Joe miró el calendario.

—Veo que no te has dado ninguna prisa en contármelo —murmuró, calculando el tiempo—. ¿De cuánto estás, de cuatro meses?
Ella asintió.
—¿Y se te nota? —preguntó él. Su voz sonaba extrañamente ronca, pero Demi lo achacó a la sorpresa.
—Ya casi no puedo abrocharme los pantalones.
Joe se pasó de nuevo una mano por la cara.
—¿Qué le voy a decir a mi familia?
—¿Eso es todo lo que te preocupa? ¿No te das cuenta de lo que esto significa para mí? Estoy embarazada, Joe. No quería estarlo, pero por algún truco del destino… o de la naturaleza, me encuentro en esta situación… ¿Qué tiene tu familia que ver con esto? ¿Y mi carrera?
—Tendrás que dejarla durante un tiempo.
—¿Qué?
—No puedes seguir trabajando mientras estás embarazada.
—¿Perdona? Yo no pienso dejar mi trabajo. Millones de mujeres siguen trabajando hasta que dan a luz.
—¿Y luego qué?
—Tendré al niño… contrataré una niñera y seguiré trabajando.
—¿Y si el niño se pone enfermo?
—Ése es un problema que tienen millones de madres en el mundo. No voy a ser la primera.
—Una niñera cuesta mucho dinero.
—Muy bien, tú pagarás la niñera —replicó ella, cruzándose de brazos.
—No pienso hacerlo.
—¿Cómo que no? Es tu hijo.
—A mí me crió una niñera y jamás dejaré que un hijo mío pase por eso —contestó Joe.

Demi lo miró, boquiabierta. Eso era algo que no sabía, nunca se lo había contado. Siempre había imaginado que Joe tuvo una infancia de cine…

—No lo sabía.
—No suelo hablar del tema —murmuró él, apartando la mirada.
—Ya, bueno… Mira, yo no voy a dejar mi trabajo te pongas como te pongas. ¿Por qué no dejas tú el tuyo y te dedicas a cuidar del niño?
—Lo dirás de broma.
—No, en absoluto.
—Me lo temía.
—¿Qué pasa, Joe? ¿Esto te da miedo?
—No puedo dejar el bufete. Tú lo sabes.
—Y, sin embargo, esperas que yo deje mi trabajo.

Joe tragó saliva. Demi iba a tener un hijo. Un hijo suyo.

—Por favor, vamos a ponernos serios. Yo gano diez veces más dinero que tú. ¿Por qué iba a dejar el bufete? Sería un suicidio profesional.
—Pues deja que te recuerde cuántas mujeres, esas mujeres de las que tú siempre hablas con desdén, se ven obligadas a trabajar y cuidar de sus hijos como pueden.
—Un embarazo es algo voluntario en nuestros días.
—Pero no lo ha sido en este caso, te lo aseguro.

Silencio.

—¿Seguro?
—¿Crees que me he quedado embarazada a propósito? —exclamó Demi.
—Muchas mujeres lo hacen. Así consiguen una pensión, si no del padre, de los Servicios Sociales. Claro que ahora es muy fácil determinar quién es el padre del niño.

Demi se levantó, indignada.

—¡No me lo puedo creer!

Iba a abrir la puerta del despacho, pero, de repente, el picaporte pareció desaparecer de su vista. Intentó agarrarlo de nuevo, pero sus manos no lograban tocar nada y, poco a poco, todo se volvió negro…

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cha cha channnn
jajaja 
no ya les pongo el siguiente jaja

3 comentarios:

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..