lunes, 23 de abril de 2012

Jemi - Prologo - En la cama de su ex-marido



Hotel Creston Tower, Sidney
Viernes, 13 de septiembre, 10:33 p.m.

—¡Señora Lovato! —una periodista se lanzó hacia Demi, micrófono en mano en cuanto se abrieron las puertas del ascensor—. Cuéntenos cómo ha sido quedarse atrapada en un ascensor durante dos horas con su ex marido, Joe Jonas.
—Sin comentarios —contestó Joe por ella, tomando su brazo para sacarla del círculo de reporteros.
—¿Señora Lovato? —el micrófono de nuevo se dirigió hacia Demi—. ¿Es cierto que rompió su matrimonio con Joe Jonas para proseguir su carrera como abogado?
—Por favor, deje de molestar —replicó Joe, enfadado—. No tenemos nada que decir.
—La conferencia que ha dado esta tarde era muy interesante, señora Lovato —insistió la reportera—. ¿Tiene algo que añadir?        
—Yo… —Demi abrió la boca para contestar, pero Joe tiraba de ella hacia la puerta que llevaba a la escalera—. ¿Dónde vamos?
—A mi habitación, a tomar esa copa que te prometí hace dos horas —contestó él—. Yo diría que nos hace falta. A los dos.
Demi estaba de acuerdo, aunque no lo dijo en voz alta.


—Bonita suite —murmuró después, mirando la vista del puerto—. Los que viajamos en tercera clase no disfrutamos de tantas comodidades. Pero tú siempre has querido lo mejor, claro.
Joe clavó en ella sus ojos azules.
—¿Te molesta?
—No, a menos que otra persona tenga que pagar por ello.
—La habitación está pagada.
—No me refería a eso y tú lo sabes.
—Mira, Demi, vamos a dejar el tema feminista por un rato. Te he pedido que subieras a mi habitación para tomar una copa, no para dejar que intentes castrarme.
Ella hizo un gesto de indignación.
—¿Por qué cuando se trata del tema de la igualdad de sexos los hombres siempre piensan que las mujeres intentan castrarlos?
—Ya te he dicho que no quería hablar de eso.
—No, claro. En la cumbre se está demasiado cómodo y no te apetece hacer sitio para nadie más.
Joe dejó escapar un suspiro.
—¿Qué quieres tomar? —preguntó, volviéndose hacia el bar.
De nuevo, Demi tuvo que hacer un esfuerzo para contener su indignación. Tratarla como si fuera una niña obstinada era algo que su ex marido había perfeccionado durante sus tres años de matrimonio. Y seguía sacándola de quicio.
—No quiero tomar nada.
—Muy bien. ¿Quieres ir al baño? Es esa puerta.


Demi se dio la vuelta y entró en el cuarto de baño, intentando no mirar la cama que ocupaba la mitad de la suite.
Una vez allí, se tomó su tiempo, lavándose las manos y peinándose un poco el rizado pelo castaño. Pero, por mucho que lo intentase, no podía borrar el nerviosismo, la expresión agitada que reflejaba el espejo.
Quedarse atrapada en un ascensor con el hombre del que se había divorciado cinco años antes no era muy recomendable, pensó, irónica. Le había molestado saber que Joe acudiría a la conferencia sobre derecho de familia, que estaría observándola, escuchándola… odiándola.
Respirando profundamente, salió del baño y volvió a enfrentarse con su ex marido.


—¿Has cambiado de opinión sobre la copa?
—Sí, tomaré un vaso de agua.         
  
Demi lo observó sacar una botella de agua mineral de la nevera y echar hielos en un vaso.
Después, lo estudió por encima del vaso. No había cambiado mucho en esos cinco años. Las mismas facciones atractivas, el mismo pelo negro… aunque tenía algunas canas en las sienes.
A los treinta y seis años, seguía manteniéndose en forma: el estómago plano, los bíceps marcados. Estaba moreno, a pesar del frío invierno de Sidney. Su ropa era siempre de la mejor calidad y, con la camisa de seda italiana remangada hasta el codo, mostraba unos antebrazos fuertes y cubiertos de vello oscuro.

Era el epítome del hombre de éxito. El poder, el dinero y los privilegios eran algo que Joe Jonas daba por sentado. Su reputación como abogado de familia era bien conocida en todos los círculos legales. Con Joe Jonas de tu lado, no era necesario nada más. Era un experto y muchos de sus colegas se lo pensaban dos veces antes de actuar como contrarios.

Demi lo miró y tuvo que tragar saliva. Había visto cada milímetro de ese cuerpo de metro noventa, lo había visto en momentos de pasión, en momentos de enfado, en momentos de ternura… Habían compartido tantas cosas, pero, al final, no fue suficiente.

—Siéntate. Y, por favor, deja de mirarme con esa cara de enfado.
—No estoy enfadada.
—Sí lo estás. Me miras con la cara de «todos los hombres son unos cerdos».
—No seas ridículo —replicó ella, dejándose caer en el sofá.
—¿Lo ves? Ya estás enfadada.
Demi tuvo que sonreír.
—No hay quien te aguante.
Joe la miró entonces, pensativo.
—Se me había olvidado lo guapa que eres cuando sonríes.
Demi apartó la mirada. No quería oír esas cosas…
—Mírame, Demi.
Ella levantó la mirada y se le encogió el corazón al pensar que no volvería a ver esos ojos miel.
Joe le había prometido que si tomaban una copa no volvería a ponerse en contacto con ella nunca más…
Aquél era el telón final para su turbulenta relación.
—Debería irme —murmuró, levantándose—. Habíamos dicho una copa y…
—No —la interrumpió Joe.
—¿Cómo que no?
—Sé que es tarde, pero podrías cenar conmigo.
—¿Cenar?
—¿Tienes algo en contra?      
—No, pero… cenar juntos seguramente no es buena idea —señaló ella—. Seguramente acabaríamos discutiendo y montando un espectáculo en el restaurante.
—No habrá espectáculo si cenamos aquí.
Debería haber imaginado que diría eso, pensó Demi, irritada consigo misma por caer en la trampa.
—No tengo hambre.
—Estás muy delgada.
—Y tú eres muy arrogante.
—Y tú demasiado sensible.
—Y tú te estás portando como un idiota —replicó Demi, intentando conservar la calma—. ¿Qué haces? —exclamó cuando Joe dio un paso hacia ella.
—Si insistes en marcharte, yo insisto en un último beso.
Demi se pasó la lengua por los labios de forma inconsciente.
—No voy a besarte —contestó. Pero a su tono le faltaba la convicción necesaria.
—¿Ésa es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?
—No te hagas el listo conmigo, Joe. He venido sólo a tomar una copa y tú lo sabes muy bien.
—Un beso, Demi, por los viejos tiempos.
Ella conocía bien sus besos. Y sabía que con uno no sería suficiente. Y debía evitarlo por todos los medios.
—Tengo que irme —murmuró. Pero cuando iba a darse la vuelta, Joe la tomó del brazo.
—¿De qué tienes miedo?
—Yo no tengo… —Demi dejó escapar un suspiro, irritada—. Sencillamente, no creo que debamos repetir ciertas experiencias. Eso es todo.

5 comentarios:

  1. wow te quedo genial....
    siguelaaa porfa..

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  2. me encanto amo esta pareja son hermosos

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  3. MUUYYY BUENAA NOVEEE! SUBE MAS PRONTO!

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  4. awwwww me encanto sube pronto porfa!!!!

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..