martes, 10 de abril de 2012

Niley 01 - Tierra de Pasiones



Hacía un calor abrasador en el sur de Texas, excesivo para principios de septiembre. 
Miley Cyrus llevaba un top blanco escotado, unos vaqueros gastados, y la bolsa de los libros colgada con naturalidad de un hombro. El top perfilaba sus senos pequeños y firmes, y los vaqueros realzaban cada suave curva de su joven cuerpo. Su largo pelo rubio se mecía con la brisa, se le enredaba en su bonita boca de media luna y le caía sobre la frente, amplia, y sobre los pómulos altos. Retiró los mechones, y sus grandes y cálidos ojos azules brillaron de regocijo al oír el comentario de una de sus compañeras de clase sobre otro alumno. Era una larga y aburrida mañana de lunes.

Debbie, una compañera de la clase de informática, dirigió la mirada a un punto situado detrás de Miley, hacia el aparcamiento, y silbó con suavidad.
—¡Vaya! Ya sé lo que quiero para Navidad —dijo en un sonoro murmullo. Teresa, otra compañera, también miraba en la misma dirección con interés.
—¡Ahí va! —exclamó y, con una sonrisa picara, elevó las cejas repetidas veces—. ¿Alguien sabe quién es?

Picada por la curiosidad, Miley se volvió y vio a un hombre alto, moreno y apuesto cruzando el césped con paso ligero hacia ellas. Llevaba un sombrero texano de color crema caído sobre la frente, una camisa blanca de mangas largas cerrada en el cuello con un adorno turquesa y unos pantalones grises que se ceñían a sus largas y poderosas piernas. Las botas, también grises, estaban hechas a medida. En el bolsillo de la camisa. una estrella plateada centelleaba a la luz del sol. En torno a sus estrechas caderas llevaba un cinto con pistolera de cuero marrón. La pistola era un revólver Ruger Vaquero de calibre 45. Solía llevar una pistola Colt 45 ACP, pero le estaban cambiando la empuñadura por otra a medida y tallando en ella la estrella de los Rangers. Además, era una jornada de competición en la Asociación de Tiro a la que Nick pertenecía, y los participantes iban vestidos de cowboys; por tanto, era oportuno que llevara el revólver de seis tiros al trabajo aquel día.

—¿Qué habéis hecho, chicas? —bromeó uno de los compañeros de Miley—. ¡Los Rangers de Texas vienen por alguien!

Miley guardó silencio. Se quedó mirando, como el resto del grupo, cómo Nick avanzaba hacia ella con la determinación y concentración que lo hacían descollar en su trabajo. Era el hombre más sexy y maravilloso del mundo. Miley le debía todo lo que tenía, todo lo que era. A veces, deseaba de todo corazón haber nacido hermosa, para que Nick se fijara en ella como Miley quería que se fijara. Sonrió para sí, imaginando lo que dirían sus compañeras si conocieran su verdadera relación con aquel enérgico ranger.

Nick Jonas tenía treinta y cuatro años. Se había pasado casi toda su vida trabajando de agente de la autoridad, y se le daba bien. Hacía cinco años que formaba parte de la compañía D de los Rangers de Texas. Habían querido ascenderlo a teniente, pero Nick había rehusado porque era una labor de tipo administrativo y prefería el trabajo de campo. Mantenía en forma su cuerpo alto y flexible trabajando en el rancho, cuya propiedad compartía con Miley.

Nick se había hecho responsable de Miley cuando ella solo tenía dieciséis años. Por aquel entonces, el rancho «N barra M» estaba en ruinas, en quiebra y a punto de irse a pique. Nick lo sacó de los números rojos y consiguió que empezara a dar ganancias. Había estado invirtiendo su propio dinero para aumentar el número de reses vacunas de cruce que criaban. Con su fíno olfato para los negocios y los conocimientos informáticos de Miley, el rancho empezaba a ser rentable. Así, Miley podía estudiar para sacarse su diploma en programación y Nick podía permitirse algunos lujos. El último, del año anterior, había sido aquel Stetson de color crema que llevaba calado sobre la frente. 

Estaba hecho de piel de castor y le había costado el sueldo de un mes. Pero le sentaba bien, la verdad. Estaba peligrosamente atractivo. Aquel año, por desgracia, no habían podido permitirse ningún lujo, por culpa de la sequía y la bajada de los precios de la carne. Volvían a atravesar momentos difíciles, justo cuando empezaban a levantar cabeza.

Cualquier otro hombre habría reparado con regocijo En las miradas embelesadas de las dos bonitas compañeras de Miley. Nick les prestaba la misma atención que concedería a una aguja de pino. Tenía un propósito en mente y nada podía distraerlo hasta que no lo hubiera cumplido.
Se acercó a Miley y, para total asombro de sus compañeros de clase, se detuvo frente a ella.
—Nos han hecho una oferta —dijo, y la sujetó del brazo con la misma frialdad con la que habría detenido a un delincuente—. Tengo que hablar contigo.
—Nick, tengo una clase dentro de nada —protestó.
—Solo será un minuto —masculló, y entornó los ojos, buscando un lugar apartado. Encontró uno bajo un enorme roble—.Vamos.
La arrastró al árbol mientras sus compañeros contemplaban la escena con perplejidad. Miley sabía que, después, la someterían al tercer grado.
—No es que no me alegre de verte —señaló Miley cuando Nick la soltó con brusquedad, lejos de oídos curiosos—, pero solo dispongo de cinco minutos...
—Entonces, no los malgastes hablando —la interrumpió. Tenía una voz grave y aterciopelada, aunque hablara con brusquedad, y Miley siempre sentía deliciosos estremecimientos de placer por la espalda cuando la oía.
—Está bien —accedió con un suspiro, y alzó una mano.
Nick reparó en el anillo de sello, su anillo de sello, que Miley lucía en el dedo anular. Aunque lo había llevado a la joyería para que se lo ajustaran, seguía siendo demasiado grande para su esbelta mano. Pero ella insistía en llevarlo puesto.
Miley siguió su mirada y flexionó la mano.
—Nadie lo sabe —dijo—. No soy chismosa.
—No, no lo eres —corroboró y, por un instante, el humor afectuoso brilló en sus ojos negros.
—Bueno, ¿cuál es el problema?
—No es un problema, exactamente —dijo, y apoyó la mano derecha relajadamente en la culata de su arma. El emblema de los Rangers estaba tallado en la empuñadura de madera de arce. La nueva empuñadura de su Colt tendría la misma madera y el mismo emblema—.Hemos recibido una oferta de un equipo de rodaje. Han estado recorriendo las tierras de alrededor, acompañados por un representante de la Consejería de Cultura, buscando un lugar apropiado para emplazar un rancho ficticio. Les gusta el nuestro.
—un equipo de rodaje —Miley se mordió su generoso labio inferior—. Nick, no me gusta tener a gente en el rancho —empezó a decir.
—Lo sé. Pero queremos comprar otro semental purasangre, ¿no? Y si escogemos uno bueno, será caro. Nos han ofrecido treinta y cinco mil dólares por usar el rancho durante varias semanas. Sería un trampolín. Hasta podríamos ampliar la cerca eléctrica y comprar un nuevo tractor.

Miley silbó. Aquella cantidad de dinero le parecía una fortuna. Siempre había gastos en un rancho, una máquina que se estropeaba o ayudantes que querían un aumento, o el surtidor eléctrico dejaba de funcionar y no había agua. Si no había que llamar al veterinario para que atendiera a una vaca enferma, poner las etiquetas identificadoras al ganado, marcarlo, comprar material para las alambradas... A menudo, se preguntaba cómo sería ser rica y poder comprar lo que se le antojara. El rancho había pertenecido a partes iguales al tío de Nick y al padre de ella, y aún distaba de ser próspero.

—Deja de soñar —le dijo Nick con aspereza—, Necesito una respuesta. Tengo un caso entre manos.
Miley abrió los ojos de par en par.
—¿Un caso? ¿Cuál?
Nick entornó la mirada.
—Ahora, no.
—Se trata del homicidio, ¿verdad? —preguntó, intrigada—. La mujer a la que encontraron degollada en Victoria, en una zanja, solo con una blusa puesta. ¡Tienes una pista!
—No pienso contarte nada.
Miley se acercó.
—Oye, he comprado manzanas frescas esta mañana. Tengo canela en rama. Y azúcar morena —se inclinó hacia él—.Y mantequilla, y harina de repostería...
—Para —gimió Nick.
—¿No te imaginas esas manzanas burbujeando sobre la masa, cociéndose, hasta formar una tarta suave, crujiente y deliciosa...?
—¡Está bien! —masculló, y lanzó una mirada alrededor para asegurarse de que nadie los oía—. Era la esposa de un ranchero de los alrededores —le dijo—. El marido cuenta con una coartada sólida, y ella no tenía ni un solo enemigo en el mundo. Creemos que fue escogida al azar.
—¿No hay ningún sospechoso?
—Todavía no. El asesino no ha dejado mucho rastro, salvo por un cabello y unos filamentos de una tela de colores chillones que no se correspondía con la blusa de la víctima. Y no pienso contarte nada más —añadió, enojado—, haya tarta de manzana o no.

1 comentario:

  1. hahhahahaha..... buena forma de hacerle soltar las cosas!! xD
    buenisimo el cap...! siguela!

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..