jueves, 12 de abril de 2012

Niley 04 - Tierra de pasiones - Feliz cumple Cammy y Agus



Miley había oído hablar mucho de Joe Miller, aunque no lo conocía personalmente. Lo había visto de lejos. Era un enigma; llevaba el tradicional uniforme de policía y su melena negra recogida en una coleta corta. Tenía bigote y una perilla minúscula por debajo del labio inferior. Resultaba... amenazador. La delincuencia había descendido en picado en Brownsville desde su llegada. Corrían rumores sórdidos sobre su pasado, como el de que, en su juventud, había sido un asesino que trabajaba para el gobierno.

—Hizo caer a Terry Barnett por una ventana — recordó Miley en voz alta. Harper abrió los ojos de par en par. Miley advirtió que los dos hombres la estaban mirando fijamente y se sonrojó—. Terry estaba rompiendo platos en una crepería de Brownsville porque su esposa, que trabajaba allí, estaba saliendo con otro hombre. Los pilló juntos y empezó a destrozar el local. Dicen que se abalanzó hacia Joe con una parrilla en la mano, y que Joe se limitó a cambiar de postura y que Terry atravesó el cristal —silbó—. Le dieron treinta puntos y lo acusaron de agresión a un agente de policía, aunque consiguió la condicional.
Nick la miraba con enojo. Ella se encogió de hombros.
—Cuando tratas con ellos, se te pega —le explicó a Harper con sonrisa tímida—. Hace tiempo que conozco a Nick. Mi padre y él eran... socios.
—Mi tío y su padre eran socios —corrigió Nick con fluidez—. Yo heredé una mitad del rancho y ella, la otra.
—Entiendo —dijo Harper, con una inclinación de cabeza, pero estaba preocupado por la película que iba a dirigir, y ya estaba organizando las escenas en su cabeza. Y pensando en la logística—. Necesitaremos que alguien nos procure la comida mientras trabajamos — murmuró—. También tendremos que fijar reuniones con representantes de la ciudad, porque parte de los exteriores se rodarán en Brownsville.
—¿¿De qué trata la película? —quiso saber Miley—. ¿Puede decírmelo?
Harper sonrió al ver su interés. Tenía dos hijas de su edad.
—Es una comedia romántica sobre una modelo que viene al Oeste para rodar un anuncio en un rancho de verdad y se enamora de un ranchero. El ranchero detesta a las modelos —añadió.
Miley rio.
—Iré a verla.
—Espero que lo hagan varios millones de personas —Harper se volvió hacia Nick—. También alquilaremos habitaciones en el mejor hotel de la zona para las semanas que dure el rodaje.
—Para eso, no tendrá ningún problema —ironizó Nick—. Esto no es precisamente un destino turístico.
Harper se estaba abanicando con un fajo de papeles; sudaba a chorros.
—Con este calor, no —corroboró.
—¿Calor? —bromeó Miley, fingiendo inocencia—. ¿Cree que hace calor? ¡Dios mío!
—Ya basta —masculló Nick en tono sombrío, porque el director empezaba a palidecer. Miley arrugó la nariz.
—Era broma. Los agentes de policía no tienen sentido del humor, señor Harper —le dijo—. Llevan caretas en vez de caras y no pueden sonreír...
—Uno—masculló Nick.
—¿Lo ve? —inquirió con insolencia.
—¡Dos...!
Miley puso los ojos en blanco y entró en la casa.

Miley estaba sacando una tarta de manzana del horno cuando oyó que se cerraban las puertas de un coche y el ruido de un motor. Nick entró en la cocina, cruzándose con Ashley, que se dirigía a la parte posterior de la casa para meter la colada en la secadora.

—Te he hecho una tarta de manzana —le dijo Miley a Nick, y se la pasó por debajo de la nariz—. Penitencia.
Nick suspiró y se sirvió una taza de café negro, separó una silla y se sentó ante la pequeña mesa de cocina.
—¿Cuándo piensas crecer, diablillo? 

Miley se miró las botas polvorientas y los vaqueros manchados. Imaginaba que se le estaba deshaciendo la trenza, y no le hacía falta mirar para saber que tenía la blusa amarilla de algodón terriblemente arrugada. Nick, por el contrario, llevaba unos vaqueros ceñidos y limpios. Tenía las botas tan lustrosas que reflejaban el mantel. La camisa blanca con la estrella plateada de sargento ranger estaba impecable, y la corbata azul oscura en perfecto orden. El cinto del arma crujía cuando cruzaba sus piernas largas y poderosas, y la pistola Cok 45 ACP se movía de forma inquietante en su funda.

Recordó que el tatarabuelo de Nick había sido ranger antes de ir a Harvard y convertirse en un famoso abogado en San Antonio. Nick era el más rápido desenfundando el arma de todo el norte de Texas, así como su amigo y compañero Marc Brannon, de Brownsville, era el más rápido del sur del estado. Solían practicar en el club de tiro de Brownsville, al que accedían como invitados de su mutuo amigo Ted Reagan. El carné de socio del club costaba cientos de dólares, y los agentes de policía no podían permitírselo. Pero el ex mercenario Eb Scout tenía una escuela de adiestramiento antiterrorista en Brownsville, y poseía uno de los mejores campos de tiro de los alrededores. Se lo cedía sin coste alguno a cualquier policía que quisiera usarlo. Entre Ted y Eb, los dos amigos practicaban a menudo.

—¿Sigues siendo el más rápido? —le preguntó a Nick mientras cortaba la tarta.
—Sí, pero no se lo menciones a Harper —añadió con rotundidad. Miley volvió la cabeza.
—¿No quieres salir en la película?
—Tanto como tú, pequeña —contestó, apreciando distraídamente lo bien que le sentaban los vaqueros y la blusa ceñida, que acentuaba la curva de sus senos. Ella se encogió de hombros.
—Eso tendría gracia: yo, actriz de cine —se quedó mirando la tarta, inmóvil —. Podría ser la estrella de una película de terror si me pusieran un traje de baño y me grabaran por la espalda.

Se hizo un silencio de perplejidad. Miley sirvió un trozo de tarta en un plato, le puso un tenedor y se lo llevó a Nick. Este tomó la mano de Miley y la sentó en sus rodillas.

—Escúchame —dijo con la voz grave y tierna que empleaba cuando veía sufrir a una criatura—. Todo el mundo tiene cicatrices. Puede que no se vean, pero están ahí. Al hombre que te quiera no le importarán unas cuantas líneas blancas.
Miley ladeó la cabeza, intentando no hacerlo ver lo mucho que la afectaba su proximidad. Le gustaba el aftershave que usaba, el aroma a limpio de su ropa, el leve olor del cuero del cinto.
—¿Cómo sabes que son blancas? —le preguntó.

Nick le lanzó una mirada de perro viejo y se aflojó la corbata, se desabrochó los primeros botones de la camisa y dejó al descubierto un pecho bronceado salpicado de vello rizado.
Miley lo había visto varias veces sin camisa, pero siempre la turbaba.
Nick apartó la camisa y la impecable camiseta blanca que llevaba debajo y señaló un frunce de piel en el hombro, del que partían líneas blancas.

—Una pistola de calibre veintidós —dijo, y atrajo la mano de Miley a la cicatriz—. Toca.
Ella tenía la mano helada. Le tembló al posarla sobre aquella carne tibia y musculosa.
—Sobresale—dijo casi en un jadeo.
—¿Te resulta desagradable? —insistió Nick. Ella sonrió.
—No.    ...
—Ninguna de tus cicatrices es así de fea —añadió—. Abróchame.
Era íntimo, excitante, realizar aquella pequeña tarea. Sonrió como una tonta.
—Esto es nuevo.
—¿El qué?
—Nunca me habías dejado sentarme en tus rodillas —le recordó. Nick la miraba con una expresión insólita.
—No dejo que nadie se siente en mis rodillas.
Ella frunció los labios al abrocharle el botón del cuello.
—¿Tienes miedo de que intente desnudarte?
Miley vio que su pecho ascendía, pero cuando alzó la mirada, Nick estaba impasible. Le brillaban los ojos de humor contenido.
—Eso no te serviría de mucho —comentó.
—¿Por qué no?
Nick enarcó una ceja.
—No sabrías qué hacer conmigo cuando me hubieses desnudado.
Se oyó el estrépito de unas patatas cayendo por el suelo. Nick y Miley volvieron la cabeza hacia el umbral, donde Ashley, con las manos sujetando los bordes de su delantal, seguía dejando caer las patatas a sus pies.
—¿Se puede saber qué te pasa? —preguntó Nick en tono sombrío. Ashley la miraba con ojos como platos.
—Ya lo sé —dijo Miley, sonriendo—. Cree que te estoy desnudando. No pasa nada, Ashley —añadió, y le enseñó el dedo anular—. Estamos casados.
Nick la miró con desaprobación y la dejó caer al suelo con suavidad. Ella le sonrió desde el linóleo. Nick se recostó en la silla y terminó de cerrarse la camisa.
—Le estaba enseñando una de mis cicatrices —le dijo Nick a Ashley.
Ashley había recogido las patatas e intentaba con todas sus fuerzas no decir ninguna tontería. Pero aquel comentario inocente provocó un estallido de risa.
—No, Ashley —gimió Miley, poniéndose en pie—.Ha sido muy inocente. Es verdad que me estaba enseñando la cicatriz.
Ashley asintió con entusiasmo y centró su atención en las patatas. Lanzó una rápida mirada de regocijo a Nick, que la observaba con enojo al tiempo que se llevaba un trozo de tarta de manzana a la boca.
—Pues claro —corroboró Ashley. Nick entornó los ojos.
—Voy armado —señaló.
Ashley soltó el cuchillo y la patata que estaba pelando y abrió los brazos.
—Yo también —dijo, y enarcó repetidas veces las cejas.
Nick la miró con enojo, a ella y después a Miley, que sonreía de oreja a oreja.
—Ahora ya se de quién aprende las guasas —le dijo a Ashley.
—Está celoso porque no sabe hacer bromas — comentó Miley con mirada traviesa.
Nick le lanzó una mirada amenazadora y siguió tomándose la tarta.

5 comentarios:

  1. Podes explicarme porqeu se casaron?? haaha

    ResponderEliminar
  2. MoOri coOn este capituloO siguela proOntoO, Att: Key!!!

    ResponderEliminar
  3. ESTÁN CASADOS?! OMFJ. A VERRR MUJER NO TENGO MUCHO TIEMPO PERO SI NO SIGUES ESTA NOVELA AHORA MISMO MORIRÁS. okno. Te quiero! porfa síguela pronto. ^^ POR FAVOR! ah & xq se casaron? :P

    ResponderEliminar
  4. OMGGGGG!! VA A HABER ALGUN DIA EN QUE NO ME GUSTE ALGUNA DE TUS NOVELAS? JAJAJAJA IMPOSIBLE! :D ME ENCANTO, PERO MEDIO NO ENTENDI, SON DOS NOVELAS EN UNA?? BUENO DSP DECIME JAJA, BESITOS, ME VOY A DORMIR YA SON LAS 4 AM O.o BYEEE ♥

    ResponderEliminar
  5. me encanto me encantooooooo obioo tenia que ser Novela Niley :p sube pronto siiiiiii OMG kiero otro ups momento de anciedad cuidate hermosis.

    ResponderEliminar

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..