lunes, 16 de abril de 2012

Niley 06 - Tierra de pasiones



—¿Dónde está? —preguntó Hayes con frialdad.
Nick le indicó con la cabeza por dónde quedaba el cobertizo de los arreos, sin apartar la mirada del rostro manchado de lágrimas de Miley. Eran aún más desgarradoras por la ausencia de sollozos.
—La llave está junto a la puerta —miró a Hayes a los ojos—. No lo saques de la cárcel por nada del mundo. Te lo juro, si lo sueltas, lo mataré —afirmó en un tono que produjo escalofríos incluso a Hayes.
—Me encargaré de que fijen una fianza muy alta — lo tranquilizó—. Iré por él. ¿Está borracho?
—Lo estaba —dijo Nick con aspereza—. Ahora, llora. Lamenta mucho lo ocurrido, por supuesto. Siempre lo lamenta... —depositó a Miley con suavidad sobre la camilla—. Iré con ella —les dijo a los auxiliares médicos.
Estos no se sentían inclinados a discutir. Nick Jonas ya intimidaba bastante cuando no estaba de mal humor.
Nick volvió a mirar a Hayes.
—¿Qué tal si llamas a San Antonio, a la sede de los Rangers, y les dices que llegaré tarde, que me busquen un sustituto?
—Los llamaré —dijo Hayes—. Espero que Miley se ponga bien.
—Lo hará —dijo Nick en tono sombrío. Subió a la ambulancia y se sentó junto a Miley. Envolvió su pequeña mano con la suya—. ¿Pueden darle algo para el dolor? —preguntó al ver que las lágrimas seguían brotando de sus ojos.
—Pediré instrucciones —el auxiliar habló por radio con el hospital y explicó la condición de la paciente. El doctor Carliese Cullen, el médico de guardia, le hizo algunas preguntas.
—Déme eso —dijo Nick con aspereza, y extendió la mano para tomar el micrófono. El auxiliar no protestó—. ¿Carlise? —Preguntó con aspereza—. Soy Nick Jonas. La espalda de Miley parece carne cruda. Le duele mucho. Diles que le den algo. Me hago responsable de ella.            
—¿Cuándo no lo haces? —Murmuró Carlise con ironía—. Pásame otra vez con Dan.
—Claro —le pasó el micrófono al auxiliar, quien escuchó, asintió, y procedió a llenar una aguja hipodérmica con el contenido de una ampolla.
Nick se quitó el sombrero y se secó el sudor que le caía sobre la frente. Dejó el sombrero a un lado y se quedó mirando a Miley con ojos brillantes.
—Nick —susurró Miley con voz ronca mientras le ponían la inyección—. Cuida de mamá.
—Por supuesto —repuso, y cerró los dedos en tomo a su mano. Tenía semblante pétreo, pero sus ojos cafes hundidos seguían llameando de furia. Ella lo miró.
—Me quedarán cicatrices.
—No importa —masculló.
Miley cerró los ojos, cansada. Todo se arreglaría. Nick se ocuparía de todo...

Y así había sido. Cinco años después, Nick seguía ocupándose de todo. Miley nunca se había sentido culpable por ello pero, de pronto, lo hacía. Nick era responsable de todo en el rancho, incluida ella. Su padre falleció de un infarto poco después de su detención. Su madre murió el año en que Miley terminó el instituto, dejándola sola con Ashley. Nick las visitaba en Acción de Gracias y Navidad, y los tres pasaban buenos ratos juntos, pero Nick nunca había querido mantener una relación física con su joven esposa, y tomaba medidas extremas para asegurarse de que así fuera.

Aquel año se había trasladado a la sede que los Rangers de Texas tenían en Victoria, aprovechando la jubilación de un compañero. Fue poco después de que su amigo y compañero Marc Brannon se casara con Josette Langley y de que Joe Miller se trasladara a Brownsville desde San Antonio para ocupar el cargo de subjefe de policía.

De modo que Nick la había dejado sentarse en sus rodillas aquella noche. Pero eso no significaba nada, nunca lo haría. Ni siquiera se le había acelerado el pulso, recordó. En cambio, cuando el director había mencionado a Demi Lovato, Nick había sonreído, y Miley había visto en sus ojos una mirada puramente masculina.

Sabía que Nick no era virgen, aunque ella lo fuera. Tenía aire de mundo, y las mujeres parecían intuirlo, como su amiga Debbie había hecho en la escuela. Debbie había comentado que, seguramente, Nick era sensacional en la cama y que había roto corazones por todas partes.

Miley se había quedado pensativa después de eso, porque recordaba algunos comentarios extraños de su madre tiempo atrás, sobre Nick y la compañía que frecuentaba en San Antonio. Al parecer, no era reacio a mujeres permisivas, pero nunca las llevaba al rancho. Su madre había sonreído con sagacidad. No quería que sus amantes desfilaran delante de Miley, había comentado. No cuando estaban casados en secreto.

Había sido devastador descubrir que Nick no honraba sus votos conyugales, aunque fuera un matrimonio de conveniencia. Siendo realistas, no habría podido pasarse sin una mujer durante varios años; Miley lo sabía. Pero detestaba imaginarlo en la cama con una mujer voluptuosa. Lloró durante dos días, ocultando las lágrimas en el gallinero mientras recogía huevos, o mientras recorría la cerca con los vaqueros.

Su naturaleza poco femenina había inquietado a su madre inválida, que decía que Miley debería estar aprendiendo a vestirse y a poner servicios en la mesa en lugar de echar el lazo a los carneros para marcarlos o a almohazar a los caballos en el establo. Miley no le prestaba atención y seguía adelante con sus tareas. Sentía que debía realizar parte de los quehaceres del rancho antes y después del colegio, y en los fines de semana, cuando disponia de tiempo. Nick reparó en ello, primero con regocijo, después con afectuosa indulgencia.

La tenía cariño, a su manera. Pero no era el cariño que Miley deseaba. Tenía una terrible premonición sobre el cambio adverso que iba a operarse en su vida con la llegada del personal de rodaje. Nick ya había anunciado su intención de tramitar la anulación en noviembre. ¿Y si perdía la cabeza por aquella modelo de fama mundial que hacía babear a todos los hombres? Miley no podía evitar pensar que la modelo podía encontrarlo igualmente atractivo. Nick era un bombón.

Empezó a dar vueltas y se tapó la cabeza con la almohada. Tendría tiempo de sobra para preocuparse de eso después del examen de informática del día siguiente. ¡El examen! ¿Cómo podía haberlo olvidado? Tomó el despertador y lo programó para una hora antes de la acostumbrada. Un repaso de último minuto no hacía daño a nadie.

Hizo el examen, asistió al resto de las clases y regresó al rancho para hacer sus tareas. Acababa de almohazar a su yegua, la misma que había salvado de la brutalidad de su padre cuando solo era una potrilla, cuando oyó que se acercaba un coche.

Ashley estaba en Brownsville, en la tienda de comestibles, así que salió a ver quién era. Advirtió, sorprendida, que se trataba de un coche de policía blanco y negro. Un hombre alto, de buena planta, vestido de uniforme y con una gruesa coleta negra se volvió al oírla acercarse y bajó los peldaños con una mano apoyada en la culata de su revólver de calibre 45, que compartía el cinto con una cartuchera, una porra de cuero, un aerosol, una linterna y varios cuchillos.

2 comentarios:

  1. Esta nove esta demasiado sentimental :'S continuala Mi vida
    Love you!

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  2. aeaeaeee ese q recién llego es el joseph verdad? sisisiii la verdad, recien comenzo pero parece q va a estar muy buena esta nove! sube mas prontoo! y me alegro de q puedas subir 2 veces x semana! sos una genia!

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..