viernes, 27 de abril de 2012

Niley 13 - Tierra de pasiones



—Estás muy serio —señaló Miley.
—No quiero que te hagas una idea equivocada de lo que acaba de pasar —dijo, inmovilizándola con la mirada.
—No soy tonta —replicó, y eludió mirarlo a los ojos. Estaba demasiado afectada para ocultar sus emociones—. Has dicho que no ha sido más que una lección. No tenía pensado saltar al asiento de atrás con Joe y seducirlo, ¿sabes?
Nick carraspeó.
—Conduce una camioneta; no tiene asiento de atrás.
—¡Sabes muy bien lo que quiero decir!
—Y no es tu actitud lo que me preocupa.
Miley enarcó las cejas.
—¿Por qué no? ¿Crees que no sé cómo se hace? Sé lo que pasa entre un hombre y una mujer, aunque no sea la voz de la experiencia.
—Lo sé —murmuró Nick con ironía.
—¿Cómo dices?
Nick volvió a carraspear.
—Pago la factura de la televisión por cable.
Ella se quedó inmóvil; nunca se le había pasado por la cabeza. Nick ladeó la suya.
—Los títulos hablan por sí mismos. Compañeros de cama. Lujuria en la arena. La virgen curiosa... ¿Quieres que siga?
Miley gimió y se cubrió la cara con las manos.
—Solo recuerda que lo que ves está planeado y es pura fantasía. En la vida real, no es así.
Separó dos dedos y lo miró por la rendija, curiosa. Él se recostó en la silla, consciente de su experiencia ante aquella mirada.
—Dos besos y una caricia, y hacen el amor durante horas con gemidos sensuales y expresiones atormentadas, en posiciones que ni siquiera figuran en el Kama Sutra —le explicó.
Ella seguía observando, atenta, expectante. Nick exhaló un largo suspiro.
—Miley, una mujer no acepta el cuerpo de un hombre tan deprisa, ni tan fácilmente, sin caricias previas. Y la mayoría de los hombres no duran tanto como para recorrer todo el catálogo de posiciones escandalosas. Con una suele bastarles.

Tenía el rostro en llamas, pero prestaba total atención a las palabras de Nick al tiempo que intentaba disimularlo. Y él estaba ansioso de demostrarle, más que contarle, lo satisfactoria que podía ser una unión física. De pronto, sentía cosas que no quería sentir. Y por la única mujer de la tierra que quedaba fuera de su alcance, aunque fuera la única esposa que había tenido.
Nick apuró el café y la miró con enojo.

—No me importa que salgas con Joe, siempre que seas discreta —dijo, detestando las palabras al tiempo que las pronunciaba con indiferencia deliberada. La inmovilizó con sus ojos cafés—. Pero no te pases de la raya con él.
Miley sabía a lo que se refería y se sintió ofendida.
— ¡Como si fuera a hacerlo, Nick!
—Hasta que se anule, sigue siendo un matrimonio —continuó—. Y varias personas de la ciudad lo saben.
—Entiendo por qué te preocupan tanto los chismes... —empezó a decir, y se mordió la lengua, porque era un tema que él detestaba. Él elevó la barbilla y entornó los ojos de forma peligrosa.
—Mi padre era sacerdote —dijo con aspereza—. ¿Te imaginas lo que supuso para él, y para mí, que todo Brownsville hablara de mi madre y de su patente amorío con el vicepresidente de la fábrica? Ni siquiera intentaron ocultarlo. Se fue a vivir con él cuando todavía seguía casada con mi padre. Todo el mundo lo sabía. Todos sus parroquianos, y tenía que dar sermones todo los domingos. Cuando su amante la dejó por otra más joven, ella le suplicó que la dejara volver a casa e hizo como si nada hubiera pasado. Mi padre intentó aceptarla de nuevo.

Bajó la mirada a la mesa, fría por el recuerdo de aquellos días. Pero su padre, a pesar de su fe, había sido incapaz de olvidar lo que su esposa había hecho. En su mundo, como en el de Nick, los votos eran sagrados.

—Al final, fueron los chismes los que le impidieron olvidar. No cesaron, ni siquiera después de que mi madre dejara a su amante. Algunos de los feligreses se negaron a hablar con ella. A mi padre lo afectó, aunque intentaba combatir la reacción. Al final, le pidió que se marchara, y ella se fue, sin replicar.
—Solo tenías doce años cuando ocurrió, ¿no? —preguntó Miley con suavidad, tratando de sonsacarle información. Nunca hablaba de sus padres.
Nick asintió.
—La quería. Y mi padre también, pero no pudo superar la traición. Era demasiado pública para que cualquiera de los dos la superara, incluso en una pequeña ciudad.

Miley quería alargar la mano sobre la mesa para cubrir la de él, pero sabía que Nick se la apartaría. Era inaccesible cuando hablaba del pasado.

—¿Te escribió?
—Mi padre le dijo que podía hacerlo, pero se fue a Kansas, a casa de una prima y, al parecer, nunca volvió a mirar atrás —jugó con el asa de su taza de café—. Nos enteramos de que volvió a casarse y de que tuvo un bebé varios años antes de morir. Lo único que recibimos fue el recordatorio de su funeral y una foto arrugada de papá y de mí que ella llevaba en la cartera —tenía la voz tensa, y se enderezó en la silla.
—¿Tuvo un niño o una niña? —preguntó Miley.
—Una niña —Nick tenía la mirada perdida—. Murió de meningitis a los seis años, y mi madre falleció en un accidente de coche varios meses después —apretó los dientes—. Era una buena madre —añadió en tono distraído—, aunque fuera una pésima esposa.
Miley habló en voz baja.
—A veces, las personas se enamoran de quien no deben —empezó a decir—. Creo que no pueden evitarlo.
Él la taladró con sus ojos cafés.
—En mi libro, si haces una promesa ante Dios, la cumples. Punto.

Miley suspiró, pensando que era muy poco probable que Nick hubiera mantenido la promesa que le había hecho al casarse con ella, pero no lo dijo.

—Supongo que lamentaba lo que le había hecho a tu padre.
—Me dijo que mi madre le había escrito una carta. No me contó lo que ponía, pero reconoció que su orgullo había eliminado cualquier esperanza de reconciliación. No podía soportar que todo el mundo conociera su infidelidad —sonrió con tristeza—. Fue su primera mujer —añadió, lanzando una mirada a la cara atónita de Miley—, y la última. Supongo que hay personas que no creen que un hombre pueda ser fiel a una mujer toda su vida, pero no es insólito en ciudades pequeñas, incluso en los tiempos que corren.
—Imagino que deseaste más de una vez que tu padre la hubiera perdonado.
—Sí —movió la taza en sus manos grandes y delgadas—. Me sentí solo cuando mi madre se fue. Nunca podía hablar con mi padre como hablaba con ella, sobre mis problemas. Creo que me encerré en mí mismo a partir de aquel momento.

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