miércoles, 30 de mayo de 2012

Una promesa de amor - Zanessa -One shot



Miraba la pantalla, Nessa estaba otra vez en el ojo del huracán, miraba las fotos que pasaban y se me hacia imposible creer que era ella, donde estaba la niña que una vez conocí, la niña de la que me enamore

Subí el volumen para escuchar la noticia mientras preparaba mi café matutino, viejos recuerdos aparecieron en mi mente 5 años atrás yo era quien estaba a su lado consolándola por unas fotos similares, 

“… así es Vanessa esta otra vez en medio de una tormenta, el hacker a publicado nuevas fotos de la actriz en ropa interior, lo que mas revuelo ha causado es que las fotos han sido enviadas al también actor Zac Efron quien fue su pareja años atrás, el correo ha sido enviado hace no menos de una semana, se podría pensar que puede haber una reconciliación entre ellos, la gran pregunta es que dirán Austin y Lily, las respectivas parejas de los actores….”

-¿Qué?
El liquido negro estaba esparcido por la encimera, acaso había escuchado mal, como era eso que le había enviado las fotos a su correo, claro que llevaba varios días sin revisarlo, al igual que sin ver a Lily, todo porque simplemente Lily no era Vanessa. Corrí a mi laptop e inmediatamente entre a mi correo, revisé varias paginas hasta que encontré el mencionado correo.
-Ouh!!
Que otra expresión se puede decir en casos como estos, no lo sabía, revisé las fotos pero eso no logro impactarme, lo que me dejo descolocado fue el texto del correo

…Zac, mi hermoso Zac pensaras que soy una loca porque después de tanto tiempo, la verdad ni yo lo se, bueno si lo se, de seguro vos lo adivinaste me conoces tan bien, no lo amo Zac no lo amo como una vez te ame, no lo amo como te amo a ti, porque simplemente él no eres tú… fui una completa tonta al creer que podría olvidarte, me duele verte con alguien mas, me duele ver que esa persona que te hace sonreír no soy yo…
                                                                                  Por siempre tuya, Nessa

Que podía decir, como es que de repente después de tanto tiempo me dice que me ama, subo a mi habitación,  me encierro en el baño y dejo que el agua corra por mi cuerpo, logro sentirme mas relajado, envuelvo mi cuerpo en una toalla y me recuesto en la cama, sigo sin saber que hacer, abro los cajones de mi mesita de noche y busco el teléfono que aun no he votado, su numero aparece como numero 1 en marcación rápida, apretó el botón de llamado, timbra varias veces, me empiezo a desesperar, estoy a punto de colgar pero su voz me detiene

-Zac… –es apenas un susurro, aparto mi teléfono de la oreja ella aun esta en la línea, escucho como pronuncia mi nombre –Zac, mi Zac…
-Nessa…-siento como rompe en llanto y como se estruja mi corazón- no llores Nessa nunca me gusto verte ni oírte llorar
-Con quien hablas, Vanessa dime con quien hablas…

Si corazón se paro, se escuchaba bastante molesto a Austin, el llanto de Vanessa rompió mi corazón, tenia un mal presentimiento, me vestí y tome mi auto, sabia que vivía en casa de Austin, salí hacia allí pero antes llame a su madre, ella estaba viviendo en nuestra antigua casa desde hace 2 noches, el montón de fotógrafos no me dejaban en paz, como pude salí de ese caos, acelere al máximo mientras avanzaba pensaba en que le diría, como solucionaría las cosas, que haría con Lily, no se merecía que la engañara…

Llegue a casa busque la llave y entre en ella, se escuchaba un silencio total, hasta que escuche un sollozo, 

-…. Por favor, lo siento

Entre en la habitación y la vi sangrando, junto a ella Austin hecho una furia, me abalance sobre el propinándole un buen par de golpes… la rabia inundaba mi ser, yo jamás la había maltratado

-Zac…. Zac ya no lo golpees
Que no lo golpeara, acaso estaba loca, lo quería muerto, aplastado como la cucaracha que es
-No te metas en problemas Zac, por favor

Su frágil cuerpo me rodeo por la espalda, voltee un poco la cabeza y la vi, sangraba un poco por los labios, la tome en mis brazos mientras la sacaba y llamaba a la policía, el escándalo iba a ser mediático pero poco o nada me importaban.

Los paramédicos atendieron a Vanessa mientras una ambulancia se llevaba a Austin, ella se negó a ir al hospital, estaba en la habitación principal, recordaba todo lo que habíamos vivido en esta casa, las risas y los llantos que habíamos compartido, me aparte de ella y camine hacia el balcón, era una de las mejores vistas de Malibú, sentía su mirada en mi, sentía como recorría mi cuerpo como no dejaba de observarme, la verdad no sabia que decir.

-Zac…

Su cuerpo me envolvió nuevamente, se aferro a mi torso, mi corazón latió acelerado,  el tiempo cura las heridas pero el amor, el amor permanece, mire su cara y estaba un poco hinchada, me di la vuelta para ponerme frente a ella, agarre su rostro entre mis manos, mire sus ojos, sus labios, esos labios que habían sido míos, los delinee con la mirada, mire sus ojos otra vez esos bellos ojos cafés, demasiado tentadores, acerque mi rostro quedando a centímetros, su respiración se mezclo con la mía, roce sus labios, una gran necesidad recorrió mi cuerpo, la apreté contra mi, su hermosa figura se amoldaba a la mía, gimió de placer, me sentí en el cielo con ella siempre era igual, su placer se convirtió en el mío, las prendas volaron, el corazón le gano la batalla a la razón sabia que no era correcto pero era lo que necesita, estuve tres años separado de ella, tres años en los que ella vivió en mi corazón, nuestros cuerpos se convirtieron en uno solo, nuestras almas se unieron, las cotas de placer fueron inalcanzables, la sentí tan mía.


Se acurruco contra mí, acaricie su espalda, me sentía tan bien, es paz que no tenia desde hace mucho tiempo estaba otra vez allí…

-Te amo Zac

Sentí mis músculos tensarse, el nudo en mi estomago otra vez estaba ahí, me separe de ella, y me vestí, me volvía a mirar lo sentía esta vez no caería, estaba a punto de salir de la habitación cuando escuche sus palabras

-¿Por qué te vas?, acaso hice algo malo, Zac

Me paralice completamente,  hacer algo malo, claro que lo habíamos hecho mi novia estaba a punto de llegar después de unas vacaciones, ella tenia a su novio en el hospital, aunque la amara, aunque quisiera quedarme con ella no podía, no podía dejar que volviera a ingresar a mi vida, no después de lo que paso no después de que simplemente dijo adiós sin ninguna explicación, Lily me amaba, ya me había equivocado  y no estaba dispuesto a hacerlo de nuevo

-Lily me espera
-Vas, vas a terminar con ella
-Porque lo haría Vanessa

Sus ojos se abrieron como platos, me estaba portando como un cretino, aparte la mirada, tome la manija de la puerta estaba a punto de cruzar la puerta….

-Si te vas no volverás a saber de mí
-Deje de saber de ti hace tres años, ahora eres mi pasado Vanessa
-acabamos de hacer el amor
-acabamos de tener sexo
-me defendiste –su voz había perdido seguridad, sonaba como si se apoyara en su último vestigio de esperanza.
-lo haría por cualquier mujer
-¿ya no me amas?

Y ahí estaba finalmente la pregunta que nos uniría otra vez  o separaría del todo, Lily volvió a aparecer en mi mente siempre tan risueña y natural, negué con la cabeza tratando de borrar esa imagen de mi mente

-NO, ese movimiento de cabeza es un NO a mi pregunta
-Tengo que irme
-Pues vete, vete y no regreses al fin y al cabo es lo que siempre haces

Salí casi corriendo de ahí, escuche como algo se estrellaba contra la pared, escuche el sonido de su llanto, pero no podía, no volvería a arriesgar a mi corazón…

El escándalo paso, el tiempo se convirtió en mi enemigo, si no estaba ocupado ella invadía mi mente, su cuerpo junto al mío sus palabras, su voz, sus lagrimas todo seguía ahí, Lily yo habíamos terminado hace 1 mes pero no dolía, ni una pizca, nada como cuando me separe de ella, estaba vez había dolido mas, había dejado de ser un caballero con ella, me había portado como un verdadero cretino.

Miraba en dirección hacia la playa, una figura a lo lejos llamo mi atención, estaba seguro de que era ella, se veía un poco  nostálgica, baje corriendo las escaleras, a medida que avanzaba por la arena sentía un cosquilleo en mi estomago, llegue junto a ella pero al darle la vuelta no era ella, me sentía tan decepcionado, igual que las veces anteriores, no sabia donde estaba, nadie quería decirme nada ni siquiera Ashley quería decirme, lo único que obtenía era que estaba bien muy lejos pero bien.

Llegue a la reunión con mis amigos, sabia que últimamente me ocultaban algo, como si temieran decírmelo o como si no me mereciera saberlo, pase el lumbral de la casa de Ashley de manera silenciosa, escuchaba como hablaban aunque no entendía mucho

-…. creo que deberíamos decírselo
-no se lo merece, el la trato mal
-fue ella quien se fue primero
-si pero eso no le daba derecho a tratarla como una cualquiera, ni siquiera se cuido…

“Ni siquiera se cuido”  mi mente voló a la ultima tarde en que la vi, estuvimos juntos y ni ella ni yo pensamos en cuidarnos, mi cuerpo se paralizo, ella estaba… estaba

-….embarazada


-Eso era lo que me ocultaban, estaban ocultando a mi hijo
-Zac…
-Respóndeme Ashley, Vanessa estaba embarazada
-Zac suéltala –aparte mis manos de ella y las cerré en puños
-Scoot dime si Vanessa esta embarazada o no, dímelo ahora
-Zac…
-No quiero hablar contigo Ashley, quiero mis malditas respuestas, Donde diablos esta y porque no me dijo que esta embazada
-Porque la dejaste porque la trataste como una basura
-Y ella que hizo ella la primera vez que me dejo, acaso no recuerdas que venia aquí a llorar porque  no entendía que pasaba, nadie les dio derecho a ocultarme que voy a ser padre, ni siquiera ella tenia ese derecho
-Zac…

Avance con paso firme a la salida, mire hacia atrás, no creía que volvería a regresar allí, maneje directo a mi casa, estaba llamando a una agencia d investigación cuando sonó el timbre,  las personas que trabajan para mi estaban fuera así que fui a abrir la puerta…


Me quede paralizado, totalmente estático, frente a mi estaba ella, sus gafas de sol ocultaban sus ojos, llevaba un precioso vestido negro con un abrigo gris su vientre estaba hinchado, poco a poco retiro las gafas, sus pequeñas ojeras eran síntomas de lo mal que lo estaba pasando con el embarazo

-No me dejas entrar

Me aparte de la puerta para que entrara, el embarazo le sentaba de maravilla, se veía radiante, una parte de mi quería gritarle, reclamarle porque me había ocultado a mi hijo, otra parte de mi decía que me lo merecía, era mi culpa por la forma en que la trate.

Se detuvo en medio de la sala, fije mi mirada en ella, mientras me concentraba en el lugar donde mi hijo estaba protegido creciendo dentro de ella…

-No debes de tratar mal a Ashley, fue mi decisión me escuchas, vos decidiste terminar con todo, tu fuiste el que dijiste que era solo sexo recuerdas, tu dijiste que ya lo nuestro era pasado, así que no se porque estas así, este bebe es mío, me escuchas mío y de nadie mas
-es nuestro  Nessa nuestro, nuestro hijo, déjame decirte a vos que ni Ashley ni siquiera tu tenias derecho de ocultarme a mi hijo, lo que deberías haberme hecho era decírmelo en cuanto lo supiste
-te llame Zac, te llame y quien me contestaba era Lily, siempre diciéndome que me alejara de ti, que te dejara en paz…
-te mintió
-ni siquiera supe si mentía o no porque tu ya me habías dejado… -odia pelear con ella, lo odia igual que odiaba que me haya ocultado a mi hijo, camine los pasos que nos separaban…
-Zac que…

Mis labios se encontraron con los de ella, sentí su  respiración, su aliento mezclado con el mío, hundí mi mano en su pelo, el beso se volvió apasionado, sus manos se aferraron a mi camisa, era lo que necesitábamos, habíamos cometido muchos errores, ambos éramos los culpables pero aquí estábamos dando rienda suelta a lo sentimos, la falta de aire hizo que nos separáramos, solo unos milímetros, solo un poco para tomar aliento, ella fue quien me beso ahora, se sentía tan natural, mi mano se dirigió a su abultado vientre, sentí un pequeño movimiento, me separe de ella

-El se…
-Es ella, ella acaba de moverse Zac…

Una enorme sonrisa apareció en mi rostro volví a acariciar su barriga mientras me dejaba caer para poder saludar a mi bebe, era demasiado hermoso lo que sentía, un par de lágrimas quedaron ocultas al abrazar a Vanessa…

-Lo siento, lo siento tanto mi amor, lamento haberme portado como lo hice, siempre te he amado Vanessa, siempre…
-Yo… Zac yo también te amo…

Me pare del suelo y pude ver sus lágrimas, aun así sonreía, logro cautivarme una vez más…
-Te amo Nessa, te amo, no solo porque me vayas a dar un hijo, te amo por quien eres porque me haces ser una mejor persona, porque me complementas, porque simplemente eres tu, te prometo que nunca mas voy a volver a separarme de ti, no quiero estar con nadie mas que no seas tu, con nuestra hija, con la familia que siempre anhele tener.

Mis labios sellaron los de ella, una promesa de amor que estaba dispuesto a cumplir  


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chicas, les dejo este one shot, no se si les guste pero espero que asi sea, hoy empiezo clases en la uni asi que de ahora en adelante publicare solo cuando pueda, las quiero chicas, millon besos...


domingo, 27 de mayo de 2012

Niley 05 - Fruto de la traición


Aquella súplica le puso tenso. Se dio la vuelta para mirarla. Estaba de pie, con su largo pelo sujeto con una cinta, retirado del rostro. Sus ojos, antes duros, fríos y enfadados, no podían evitar observar su figura pequeña y esbelta. No era alta, y la ropa acentuaba su delgadez.

 Era una criatura delicada, siempre lo había pensado. Siempre había tenido la sensación de que el más mínimo soplo de viento iba a hacerla salir volando, de que la más mínima palabra agria iba a hacerla desesperar. Y sin embargo... Sus ojos se endurecieron aún más, si es que ello era posible.

-Han secuestrado a la niña porque lleva mi nombre -afirmó con calma-. Por esa razón haré todo lo que esté en mi mano para devolvértela.

La puerta se cerró dejando a Miley mirándola en­fadada. Se refería a Destiny llamándola «la niña», pensó con amargura, como si fuera una muñeca sin alma, un sim­ple objeto inanimado al que hubieran robado. Y sólo aceptaba que era su obligación recuperarla porque se daba cuenta de que en parte era responsable de que la hubieran raptado.

Qué amabilidad, pensó mientras buscaba una silla donde apoyarse antes de caer, cuánta magnanimidad. ¿Cuál habría sido su reacción si hubiera creído que Destiny era hija suya?, Se preguntó. ¿No habría sido entonces él el que habría necesitado un brandy, no habría sido a él al que todos habrían intentado hacer tragar las pastillas para dormir, al que todos habrían intentado calmar al ver que no podía soportar el horror de ver a su hija secues­trada por un monstruo? Un monstruo dispuesto a lo que hiciera falta con tal de conseguir lo que se proponía.

Intentó interrumpir sus pensamientos tapándose la cara con las manos. No podía seguir soportándolo. Su hija estaba en manos de un loco. Estaría asustada, ate­morizada, sin saber qué iba a ocurrirle. Querría a su mamá, no comprendería por qué su mamá no estaba allí con ella cuando siempre había acudido a su llamada. ¿Qué clase de monstruo insensible podía ser capaz de alejar a una niña pequeña de su madre? ¿Qué podía cau­sar que alguien llegara a ser tan malvado, tan cruel, tan...?

De pronto recordó algo y retiró las manos de la cara. Sólo conocía a una persona que fuera capaz de hacer algo así. Paúl Jonas. De tal palo tal astilla. Peor aún, mucho peor el padre que el hijo. Nick nunca lle­garía a aprender a ser tan mala persona como su propio padre.

Y además la odiaba. La odiaba por haberse atrevido a pensar que podía ser una esposa lo suficientemente buena para su hijo. Había jurado vengarse de ella por haberle robado a su hijo, al que hubiera preferido ver casado con una siciliana en un matrimonio previamente convenido. Si Nick se creía a sí mismo omnipotente, Paúl Jonas lo creía aún más de sí mismo.

Pero Paúl ya se había cobrado su venganza, pensó confusa. ¿Por qué iba a querer...?, Comenzó Miley a pre­guntarse a sí misma.

-¡No! -exclamó en voz alta de pronto poniéndose en pie.

Temblaba, pero no de debilidad sino de miedo. Sen­tía un inmenso miedo que le impedía casi incluso seguir en pie. No obstante atravesó el salón y salió de la habi­tación.

Justo en la puerta había un hombre enorme con un traje gris haciendo guardia. Un extraño. -¿Dónde está Nick? -preguntó Miley medio temblando-. Mi marido, ¿dónde está?
-El señor Jonas no quiere que nadie lo moleste -contestó mirando de reojo la puerta del despacho ce­rrado.

Era siciliano, pensó Miley, su acento era siciliano, como el del hombre con el que había hablado por telé­fono. Se estremeció y pasó por delante de él ignorando su respuesta y apresurándose a abrir la puerta.

Nick estaba sentado en el borde de la sólida mesa de roble del despacho y no estaba solo. Había dos poli­cías y otro hombre con él, alguien al que de inmediato reconoció como su mano derecha, Justin Bieber. Estaban todos con las cabezas inclinadas mirando algo que había sobre la mesa.

Al entrar ella de improviso todos levanta­ron la cabeza.

Ella los ignoró a todos. Sus ojos ansiosos se centra­ron en la única persona que importaba.

-Nick... -lo llamó dando dos pasos hacia él-. He...

Él hizo un gesto con la mano, no hacia ella sino hacia el objeto que había sobre la mesa. Fue entonces, al oír un clic, cuando se dio cuenta de qué era lo que estaba pa­sando allí y cuando reconoció lo que había escuchado a pesar de que su cerebro se había negado a admitirlo.

Se paró, se puso blanca, cerró los ojos. Era la voz de Destiny, de su hija, murmurando y llamándola hasta que al­guien apretó el botón.

-¡No la toquéis! -gritó.

No supo quién fue el que la alcanzó primero para su­jetarla cuando se tambaleó, pero reconoció los brazos de Nick agarrándola y evitando que se derrumbara, apretándola contra su pecho y obligándola a sentarse. No se marchó. Fue inclinando su cuerpo al mismo ritmo que ella de modo que podía apoyarse en él. Su corazón se había acelerado y estaba fuera de control, su respira­ción era rápida, su mente estaba absolutamente horrorizada por un nuevo temor.

Nick estaba maldiciendo. Maldecía en italiano y en inglés, maldecía elevando la cabeza por encima de ella, lo maldecía todo y la maldecía a ella. Entonces Miley elevó los dedos helados y temblorosos para posar­los sobre la pechera de su camisa, luego sobre el cuello y por último sobre la boca, apretada por la ira.

Podría haberlo abofeteado en plena cara sólo por ha­berle causado esa sensación. Él se quedó helado allí mismo, delante de todos aquellos rostros que los obser­vaban. Se quedó helado como una estatua muda con los temblorosos dedos sobre sus labios.

-Nicky -susurró ella débilmente sin darse cuenta si­quiera de que lo estaba llamando por un apodo que ha­bía utilizado sólo a veces en momentos de intimidad cuando se sentía absolutamente perdida en él-. Mi hija, ésa era mi hija...

Nick Jonas, agachado junto a ella y oliendo la maravillosa fragancia de su pelo esparcido por los an­chos hombros, cerró por un momento los ojos con una expresión de dolor.

-Shsh -murmuró. Entonces elevó la mano para aga­rrar los dedos de Miley sobre su boca y después de besar­los ligeramente los tomó entre sus manos con deli­cadeza-. Miley, ella está bien. Pregunta por ti pero está bien. ¿Me entiendes, cara? Ella está…


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cha chan
odienme
jejejeje
las quiero chicas
mary sos un amor
lore de mi vida que bueno hablar con vos y con mi mariale

Niley 04 - Fruto de la traición



Él suspiró sin contestar. No podía negar la verdad de su acusación.

-Ven y siéntate antes de que te caigas al suelo re­donda -sugirió-. Vamos a...
-¡No quiero sentarme! ¡Y no quiero que me toques! -se soltó con violencia.
Los labios de Nick se endu­recieron. Era un síntoma de que comenzaba a molestarle su falta de amabilidad-. ¿Quién, Nick? -repitió con dureza-. ¿Quién más podría querer quitarme a mi niña?
-No a ti, sino a mí -contestó él con calma dándose la vuelta-. Han querido quitármela a mí.
-¿A ti? -preguntó incrédula-. ¿Y por qué iban a que­rer hacerte eso? ¡Tú no quieres a la niña!
-Pero la gente no lo sabe.

Miley se quedó helada al darse cuenta.

-¿Quieres decir...?

Tragó sin poder terminar la frase. Había confiado en que él hubiera sido el responsable. Estaba tan segura que la sola idea de que no fuera así, de que hubiera otra alternativa simplemente la desarmaba. De pronto un miedo nuevo le atenazó el pecho.

-Soy un hombre poderoso y el poder trae enemigos...
-Pero... ¡No! -sacudió la cabeza negando tal posibi­lidad-. ¡No! Éste es un asunto de familia, lo sé. He ha­blado con ellos...
-¿Que tú has hablado con ellos? -se volvió para mi­rarla con los ojos de depredador.
-Por teléfono -asintió sintiéndose enferma al recor­dar la conversación.
-¿Cuándo?

Su voz se había endurecido. No parecía gustarle el que ella pudiera darle una información de la que no tu­viera noticia. Ofendía su sentido de la omnipotencia.

-Una hora después de que la raptaran, más o menos. ¡Dijeron que tú sabrías qué hacer! -añadió desesperada mirándolo-. ¡Si lo sabes, hazlo, Nick! ¡Por el amor de Dios, hazlo!

Él murmuró algo molesto y la agarró del brazo em­pujándola para que volviera a sentarse en el sofá sin ob­tener protesta alguna en esa ocasión.

-Ahora escúchame -dijo sentándose a su lado-. Ne­cesito saber qué dijeron exactamente, Miley. Y necesito saber cómo lo dijeron. ¿Comprendes?

¿Comprender? Por supuesto que comprendía, se dijo Miley.

-¡Lo que tú quieres es saber si eran sicilianos! Pues bien, sí lo eran. ¡Eran sicilianos, como tú! -lo acusó-. Reconocí perfectamente el acento. Era el mismo tono despreciativo con el que tratáis a todos los que no son como vosotros.
-¿Hombre o mujer? -preguntó él sin hacer caso a sus comentarios.
-Hombre.
-¿Joven o mayor? ¿Podrías decirlo?
-La voz estaba amortiguada, creo... creo que tenía algo puesto delante del auricular -contestó poniéndose una mano delante de la temblorosa boca.

Él alcanzó su mano y la retiró con dureza para exigir su atención.

-¿Hablaba en inglés?
-Pero con acento siciliano -asintió-. Déjame...
-¿Y qué dijo? -insistió ignorando su ruego-. ¿Qué dijo exactamente, Miley?

Ella comenzó a temblar violentamente. Cerró los ojos. No quería recordar aquella conversación telefó­nica que había confirmado sus peores miedos.

-Tenemos a tu niña -repitió palabra por palabra. Sus dedos, helados, comenzaron a temblar de tal modo que él los estrechó en sus manos-. Por el momento está a salvo. Busca a Jonas. Él sabrá qué hacer. Nos pondremos en contacto de nuevo contigo a las siete y media... ¿Qué hora es? -preguntó confusa mirando a su alrede­dor.
-Shsh. Aún no son las seis -murmuró él intentando calmarla-. Concéntrate, Miley. ¿Dijeron algo más? ¿Oíste algo? ¿Voces, algún ruido de fondo, algo...?
-No, nada -se soltó las manos para taparse la cara. Ni siquiera el llanto de su propia hija-. ¡OH, Dios! ¡Mi niña! ¡Mi pobre niña... la quiero aquí conmigo! -se dio la vuelta confusa y atormentada-. Conmigo, en mis brazos... -añadió cruzando los brazos contra su pecho como si su hija ya estuviera con ella-. ¡OH, Dios, Nick, haz algo! ¡Haz algo!
-Está bien, está bien, lo haré. Pero quiero saber por qué diablos nadie me había informado de esa conversación telefónica. ¿La grabasteis? La policía tiene interve­nida esta línea telefónica. Tiene que estar grabada.
-¿Es que tienes miedo de que alguien pueda recono­cer la voz? -preguntó ella alarmada al verlo ponerse en pie-. ¿Adónde vas?
-Voy a hacer algo al respecto -contestó él mirándola con expresión de indiferencia-. Tal y como tú me has pedido. Mientras tanto te sugiero que te retires a tu ha­bitación y trates de dormir. Te mantendré informada de lo que ocurra.
-Quieres decir que lo deje todo en tus manos.
-Después de todo es para eso para lo que he venido -asintió él frío.

Sí, se dijo Miley. Ésa era la única razón por la que ha­bía vuelto

-¿Dónde estabas?
-En Nueva York.
-¿En Nueva York? Pero si sólo hace seis horas que la...
-Concorde... ¿Todavía sospechas que he sido yo quien la ha raptado?
-Los dos sabemos que eres perfectamente capaz de hacerlo -contestó ella con el mentón bien alto y los ojos azules fríos como los de él.
-¿Y por qué iba a querer hacerlo? Ella no significa ninguna amenaza para mí.
-¿No? Hasta que Nick Jonas no consiga librarse de su esposa para casarse con otra Destiny es la única here­dera legítima. Haya sido él suficientemente viril o no para concebirla.

Aquella provocación había ido demasiado lejos y ella lo sabía. De pronto, él se inclinó sobre ella con los dientes apretados. El miedo no la dejó ser enteramente consciente de la fragancia de su aftershave.

-Ten cuidado, esposa, con lo que me dices.
-Y ten cuidado tú. Procura traerme a mi hija sana y de una pieza, o si no atente a las consecuencias. Voy a  arrastrar el nombre de Jonas por todos los periódicos de cotilleo del mundo.

Sus ojos se encendieron de nuevo como alumbrados por un relámpago.

-¿Y qué les vas a contar? ¿Qué horrible crimen crees que puedes achacarme? ¿Es que no te he dado a ti y a tu hija todo lo que podíais desear? Mi casa, mi dinero... ¡hasta mi nombre!
-¿Y por el bien de quién lo has hecho? -preguntó ella pensando que todo eso era legítimamente suyo-. Sólo por el tuyo, Nick. Por orgullo. ¡Por tu maldito orgullo siciliano!
-¿Qué orgullo? -preguntó él de pronto poniéndose en pie-. Destrozaste mi orgullo cuando te llevaste a otro hombre a tu cama -por un momento Miley sintió cierta simpatía y pena por el hombre que había vivido tres años creyendo aquella mentira. Tenía razón: aunque lo que dijera no fuera cierto el solo hecho de que lo cre­yera tenía que haber acabado con su orgullo-. ¡Ah! No quiero discutir ese tema. Me molesta. Me molesta in­cluso tener que hablar contigo -añadió dándose la vuelta y dirigiéndose a grandes pasos hacia la puerta.
-¡Nick! -lo llamó Miley esforzándose por ponerse en pie y detenerlo. Él se paró con la mano en el pica­porte de la puerta pero sin darse la vuelta. Las lágrimas invadían las profundidades de sus ojos, esas profundi­dades en las que guardaba el amor que un día había sen­tido por él-. Nick, por favor... Pienses lo que pienses de mí tienes que comprender que Destiny no ha cometido crimen alguno.
-Lo sé -contestó él sereno.
-Entonces por favor, devuélvemela.