martes, 15 de mayo de 2012

Jemi 12 - En la cama de su ex-marido - Feliz cumple Rebeca, Yazmin, Ninoska, Mafer, Consuelo



Ojalá pudiera mandarlo a paseo, pero… no dejaba de recordar los sollozos de su amiga Miley, la posibilidad de que perdiera a sus hijos. No, no podría decir que no aunque quisiera.

Y no quería hacerlo.

Demi se puso tensa. No quería decirle que no. Quería vivir con él. Quería verlo cada día, charlar con él, verlo sonreír, quería oler su colonia, quería que tocase su abdomen cuando el niño se moviera, quería que la besara…

Quería todo eso. Y era absurdo seguir negándolo.

Joe dejó la carta de postres sobre la mesa.

—Para ser una mujer que había jurado no tener hijos, creo que te estás tomando esto muy bien.
—¿Qué quieres decir con eso?          
—Nada, sólo que nunca habías querido tener niños…
—Porque estaba intentando abrirme camino en la vida. Es muy difícil hacer las dos cosas a la vez. Además, los niños crean tensión en las parejas. ¿Cuántos matrimonios se rompen en cuanto los hijos aparecen en escena?
—Pero nosotros iremos un paso por delante, Demi, porque ya no estamos casados —sonrió Joe—. Quizá este niño consiga justo lo contrario.
—¿Reparar nuestro matrimonio? —preguntó ella, incrédula.
—Podría ocurrir.
—Y también dicen que existen los milagros, pero yo no lo creo.
—El matrimonio no se nos dio bien, Demi, así que deberíamos concentrarnos en las cosas que funcionan.
—¿Cómo? Me estás obligando a hacer algo que no quiero…

«Mentirosa», le decía su conciencia.

—El problema contigo es que la mitad de las veces no sabes lo que quieres —la interrumpió Joe.
—¿Qué?
—Sigues con ese trabajo en el que no ganas un céntimo, vives en un apartamento diminuto y tu coche está para el arrastre. Que yo sepa, apenas tienes vida social… aparte de tus conversaciones con la anciana del ascensor, claro. Por Dios bendito, Demi, eres una mujer joven y atractiva, no tires tu vida por la ventana.
—¿Y viviendo contigo no tiraré mi vida por la ventana? —replicó ella, irónica.
—No. No dejaré que eso ocurra por segunda vez. Te doy mi palabra.

Ojalá pudiera creerlo. Sabía que sus observaciones no eran del todo desacertadas. Su vida social era casi nula y trabajaba doce horas en el despacho con muy poca recompensa económica.

Durante los últimos cinco años se había quedado atascada. Su ruptura con Joe había destruido su confianza en sí misma y sabía que, si no hacía algo pronto, nunca cambiaría nada. 

Pero vivir con Joe no iba a solucionar nada en absoluto. La primera vez fue un desastre… ¿cómo una segunda vez, con un niño que ninguno de los dos había planeado, iba a ser mejor?

Y luego estaba el asunto de lo que sentía por él…

Seguía enamorada de su marido.

De hecho, no recordaba haber dejado de estarlo nunca. Cada vez que pensaba en él se le rompía el corazón.

—Parece que no tengo elección —murmuró.
—Yo no diría eso. Tienes dos opciones, vivir conmigo o ver cómo tu amiga atraviesa un muy amargo divorcio.         
—Lo harías, ¿verdad? Le destrozarías la vida a Miley sólo para salirte con la tuya. ¿Tanto me odias?

Joe clavó sus ojos en ella durante largo rato. Pero eran inescrutables.

—¿No crees que deberíamos olvidar el pasado y pensar en el niño? Tenemos muchas cosas que discutir… el nombre, el colegio, todo eso. Personalmente, prefiero olvidarme del pasado. Hablar de ello no cambiará nada.

Demi metió la cucharilla en la mousse de chocolate. Tenía razón. No podían cambiar el pasado. Pero si el pasado, que había sido construido con amor, acabó siendo una ruina…

¿Qué les depararía el futuro, un futuro basado en el odio y la amargura?

 

A pesar de todo, Demi se mudó al día siguiente. Y cuando llegó a la casa, los recuerdos del pasado la asaltaron.

El BMW de Joe estaba en el garaje, de modo que debía haber salido pronto del despacho para recibirla. Qué detalle, pensó, irónica.

—¿Había mucho tráfico? —preguntó él, a modo de saludo.
—Horrible —contestó Demi, sin mirarlo.
—¿Pasa algo?
—Nada, me duele un poco la cabeza.
—¿Quieres una aspirina?
—No, creo que… voy a darme una ducha y luego me iré a la cama. Estoy cansada.
—Estás muy pálida. No irás a desmayarte, ¿verdad? —murmuró Joe, tomando su mano.
—No —contestó ella, soltándose de un tirón.
—Demi… —Joe se aclaró la garganta—. Estaba pensando que podríamos ir a casa de mis padres mañana.
—¿Para qué? ¿Para que comprueben que estoy embarazada sin necesidad de contratar a un detective? Fíjate, me sorprende que no hayas querido una prueba de ADN, pero seguro que tus padres insistirán en ello.
—La verdad es que lo pensé —le confesó Joe entonces.

Ella lo miró, atónita.

—¿No crees que el niño sea tuyo?
—Si no fuera mío no habrías ido a verme. Me odias demasiado, ¿recuerdas?
—Si quieres una prueba de ADN, por mí no hay ningún problema.
—No es necesario —suspiró él.
—Qué generoso.
—Por Dios bendito, ¿qué quieres que haga? Apareces en mi oficina y me dices que vas a tener un hijo… ¿no te parece normal que dudase?
—No, no me parece normal.
—¿Por qué?    
—Porque tú me conoces bien, Joseph  Adam Jonas.

Él apretó los labios.

—Muy bien, muy bien, perdona. Tienes razón. Es verdad, no debería haber dudado de ti. Es que a veces te pones imposible… pero me gustaría que fueras conmigo a casa de mis padres. Quiero que sepan que ahora vivimos juntos.
—Díselo por teléfono. Yo no tengo por qué ir.
—¿Te da miedo mi familia?
—No, claro que no. Pero no veo por qué voy a tener que soportar sus críticas y sus miraditas de desprecio —contestó Demi.
—No van a criticarte. Te lo garantizo.
—¿Ah, no? A la cara, no. Pero lo harán en cuanto me dé la vuelta, como han hecho siempre.

Joe dejó escapar un suspiro. En el pasado, Demi le había dicho muchas veces que se sentía incómoda con su familia, pero él no quiso creerla. Le avergonzaba reconocer que había tardado tres años en darse cuenta de que tenía razón. Tres años en ver a su familia por lo que era.

Le gustaría decírselo, decirle que estaba de su lado, pero… sabía que eso no cambiaría nada. Estaba claro que Demi no sentía más que desprecio por él. Podía verlo en sus ojos. No podía mirarlo siquiera.

Y era lógico.

—Tus cosas llegaron hace rato. Mi ama de llaves lo ha colocado todo en una de las habitaciones de arriba.
—Gracias. Podría haberlo hecho yo —contestó ella, dirigiéndose a la escalera.
—¿Demi?
—¿Qué?
—Sé que esto no es fácil para ti.
—No me digas.
—No te preocupes por mi familia —dijo Joe, pasando por alto el sarcasmo—. No dejaré que interfieran.

Demi siguió subiendo al segundo piso sin decir nada.

Aunque su familia siempre había sido un problema, ellos no eran el obstáculo principal.

Joe no la quería.

           Ése era el gran obstáculo.



2 comentarios:

  1. :´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´(

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  2. dios ambos se aman pero el orgullo puede mas

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..