martes, 15 de mayo de 2012

Jemi 13 - En la cama de su ex-marido - Feliz cumple Rebeca, Yazmin, Ninoska, Mafer, Consuelo


  
 Denisse y Paúl Jonas fueron fastidiosamente amables con Demi al día siguiente, en su mansión de Vaucluse.

—Demetria, querida —la saludó Denisse, besando al aire, como era su costumbre—. ¿A que está guapísima, Paúl?
—Desde luego que sí —contestó el padre de Joe—. Has engordado un poco y estás más guapa.
—Demi está embarazada —anunció Joe, sin más preámbulo.

Sus padres se miraron, estupefactos. Aunque Demi debía reconocer que Denisse se recuperó enseguida.

—Embarazada… ¡pero ésa es una noticia maravillosa! No sabía que hubieras vuelto a casarte, Demetria. ¿Quién es tu marido?

Demi levantó los ojos al cielo.

—No he vuelto a casarme.
—El niño es mío —dijo Joe.

Su madre lo miró, perpleja. 

—¿Estás seguro?
—Por supuesto.
—¿Has hecho una prueba de paternidad? —preguntó Denisse—. Sólo para evitar las dudas…

Demi tuvo que resistir la tentación de salir de allí dando un portazo.

—Yo soy el padre del niño, no tengo la menor duda.
—¿Y cuándo vais a casaros… de nuevo? —insistió su madre.
—No vamos a casarnos.
—¿Que no vais a casaros? —la máscara de amabilidad de Denisse Jonas había desaparecido por completo—. Pero tenéis que casaros. ¿Qué pensará la gente?
—Me importa un bledo lo que piense la gente. Esto es entre Demi y yo, nadie más.
—Pero con un niño en camino…
—¿Qué queréis tomar? —intervino Paúl para aliviar la tensión.

Demi no podía creer la hipocresía de los Jonas. Había sentido su desaprobación desde el día que Joe se los presentó, aunque ellos intentaban esconderla tras una fachada de amabilidad cuando su hijo estaba presente. Eso había causado muchas discusiones entre Joe y ella en el pasado. Él la acusaba de ser paranoica y ella de estar ciego y ver sólo lo que quería ver… Era una discusión constante.

Sus tres hermanas no eran muchos mejores. Aún recordaba las risitas aquel infausto día, cuando llegó directamente de la universidad a lo que creía una cena informal en vaqueros y camiseta, y se encontró con una cena de gala, con invitados importantes para el bufete. Recordaba la expresión de sus hermanas, de sus padres… incluso de Joe, todos mirándola como si fuera una pordiosera. De todas formas, Demi insistió en quedarse y sólo cuando volvió a casa le dijo a Joe lo que pensaba.

Había sido una escena muy desagradable…

 Joe cerró la puerta de golpe, el sonido retumbando por toda la casa.

—¿Se puede saber qué demonios te pasa? ¿Te das cuenta de lo mal que lo he pasado? Por Dios bendito, Demi, yo tengo que trabajar con esa gente…
—¿Tú lo has pasado mal? ¿Y cómo crees que lo he pasado yo oyendo las risitas de tus hermanas?
—Si apareces en casa de mis padres en vaqueros para una cena formal, es lógico…
—Nadie me había dicho que era una cena formal.
—Mi madre dice que te llamó.
—Pues tu madre miente. ¿A quién vas a creer, a tu madre o a mí, Joe?

Él hizo un gesto de desesperación.

—Te portas más como una niña malcriada que como una esposa, así que la decisión no va a ser tan fácil —replicó, tirando el abrigo sobre el sofá—. Sé lo que has querido hacer esta noche, Demi, querías avergonzarme delante de toda esa gente para poder machacar de nuevo tus puntos de vista feministas, pero sólo has conseguido quedar mal…
—Yo no quería…
—Nadie va a tomarte en serio hasta que crezcas un poco —la interrumpió él—. Pensé que me había casado con una mujer inteligente, pero lo que me encuentro una y otra vez es una niña petulante que no puede controlar su temperamento…

Demi no sabía lo enfadada que estaba hasta que el primer jarrón se hizo pedazos contra la pared… al lado de la cabeza de Joe.

Después, el silencio era tan espeso que podría cortarse con el proverbial cuchillo.

—Yo que tú no lo haría —dijo Joe al ver que iba a tomar otro jarrón—. Podrían no gustarte las consecuencias.

Ella le dijo exactamente lo que pensaba de sus estúpidas consecuencias y le tiró el jarrón, observando con perversa satisfacción cuando Joe tuvo que apartarse de un salto.

Ese fue el principio del fin.       

—¿Quieres champán, Demetria? —la voz de Paúl, falsamente alegre, la devolvió al presente.
—No, gracias.
—Un poco de alcohol no te hará daño, mujer —dijo la señora Jonas.
—Demi no puede tomar alcohol —contestó Joe por ella—. Está embarazada.

Ella lo miró, sorprendida. Aja, de modo que las cosas no eran tan ideales en el hogar de los Jonas…

Denisse hacía lo que podía para mantener la cara, pero la tensión se mascaba en el ambiente.

—¿Joe te ha dicho que Lisa, Maya y Mia están a punto de terminar un Master? —preguntó Paúl.
—No, no lo sabía.
—Yo no entiendo por qué quieren complicarse la vida con tantos estudios —suspiró la señora Jonas—. El matrimonio de Mia se está resintiendo, desde luego. Neil ha amenazado con dejarla varias veces, pero ella no quiere hacerle caso.
—¿Por qué no quiere Neil que su mujer tenga estudios universitarios? —preguntó Demi.

Denisse abrió la boca para contestar, pero pareció pensárselo mejor.

—Bueno, cuéntanos, Demetria… ¿qué has hecho todos estos años? —preguntó su marido—. Trabajar para algún bufete importante, supongo.

Demi estaba segura de que Paúl Jonas sabía perfectamente dónde trabajaba y sólo hacía la pregunta para remarcar las diferencias entre Joe y ella.

—Como sabes, Paúl, es muy raro que una mujer logre convertirse en socia de un bufete importante.

—Venga, papá —intervino Joe, conciliador—. No vamos a discutir. Demi y yo queríamos anunciar que vamos a tener un hijo y que hemos decidido vivir juntos. No quiero que se disguste.

Sabía que su preocupación era por el niño y no por ella, pero se alegró de que interviniera a su favor.

Durante la cena, preparada con la típica pompa de la familia Jonas, todos seguían tensos. Denisse ni siquiera probó bocado y no se molestó en disimular.

Paúl intentaba animar la conversación, pero no dejaba de llenar su copa, como si así pudiera evitar la mirada de su hijo.

Cuando terminaron el postre, pasaron al saloncito en el que se serviría el café. Demi quería irse de allí lo antes posible, pero tuvo que soportar el silencio, roto sólo por el ocasional ruido de las tazas de porcelana al posarse sobre el plato.

Después de lo que le parecieron unas horas interminables, Joe se levantó.

—Nos vamos. Mañana tengo que levantarme temprano y Demi debe estar agotada.      
—Sí, claro, claro —asintió Denisse, sin poder disimular su alivio.

Una vez en el coche, Joe se volvió hacia ella.

—¿Lo has pasado muy mal?
—Regular.
—¿Sólo regular?
—Tus padres ya no parecen tan contentos contigo. ¿Por qué, les has decepcionado?

Joe miró la carretera, en silencio.

—Algo así —contestó por fin.
—¿En qué sentido? ¿Tiene algo que ver conmigo?
—Es posible… la verdad es que tardé algún tiempo en darme cuenta de que mis padres son… unas personas muy frívolas. Ellos miden a la gente sólo por el dinero que tengan o por su apellido, no por el carácter o la fibra moral. Y un día me di cuenta de que, si no hacía algo, acabaría siendo como ellos —contestó Joe, mirándola de reojo—. Tú, por supuesto, ya habías visto el parecido.

Demi no contestó.

—Hace un par de años, mi madre hizo un comentario desdeñoso sobre ti. Supongo que lo había hecho más de una vez, pero sólo entonces me di cuenta… y entendí cómo debía haber sido para ti. Eras tan joven, tan inexperta entonces… no podías competir con los Jonas.
—¿Incluyéndote a ti? —preguntó Demi.

Joe esperó hasta que estuvieron en el garaje para contestar:

—Incluyéndome a mí. Y aquí estás otra vez, en la línea de fuego. Todo por una absurda jugarreta del destino.

Estaba mirándola a los ojos y Demi tuvo que carraspear, nerviosa. Los de Joe se habían oscurecido, cargados de pasión…

2 comentarios:

  1. por fin sabe que demi sufrio con sus suegros

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  2. dios pobre demi pero los jonas son tan aaaaaaaaaaa bueno nada mas los padres de joe

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..