miércoles, 23 de mayo de 2012

Jemi 16 - En la cama de su ex-marido - Feliz Cumple Jaqui



Joe paseaba por el salón, con el cuello tenso de tanto mirar el reloj. ¿Dónde estaba?

La había llamado al móvil, pero estaba apagado. ¿Y si había tenido un accidente? Quizá estaba sangrando en alguna parte, sola…

La idea era tan insoportable que tuvo que pasarse una mano por la cara, como para borrar esa torturadora imagen.

Entonces se abrió la puerta y, sin pensar, se lanzó al pasillo como una fiera.

—¿Dónde demonios has estado?

Demi se echó hacia atrás, asustada.

—¿Se puede saber qué te pasa?
—Estaba preocupado. Perdona, no quería gritarte.
—Es que pasé por la consulta del ginecólogo.
—¿Por qué? ¿Te ha pasado algo?
—Me ha dado un dolor en la oficina…
—¿Dónde?
—Aquí —contestó ella, señalándose el abdomen.    
—¿El niño? —preguntó Joe.
—El niño está bien —le aseguró Demi—. Pero tengo que tomarme las cosas con calma, según el doctor Green.
—¿Por qué no te tumbas un rato? Yo te traeré la cena. El ama de llaves ha dejado algo en el horno, sólo tengo que calentarlo.
—Por favor, no te molestes. Me voy a la cama.
—Demi, tienes que comer. Y si el médico ha dicho que tienes que tomártelo con calma, debes hacerle caso. Estás agotada y eso no es bueno para el niño.
—Mira, esa charla ya me la ha dado el médico —replicó ella, irritada—. No necesito otra.
—¿Qué ha dicho el doctor Green?

Demi dejó escapar un suspiro mientras se sentaba en el sofá.

—Que tengo la tensión alta. Por eso se me hinchan los tobillos y me canso tanto.
—¿Y eso es peligroso para el niño?
—Si sigue así, podría serlo.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Joe.
—No lo sé. Tengo muchísimo trabajo, no puedo hacerlo sólo por las mañanas.
—¿Puedo ayudarte en algo?

Demi no pudo evitar una sonrisa.

—No te imagino en mi destartalada oficina escuchando historias tristes. Será mejor que sigas con tus clientes de Armani, Joe. En mi zona, la cosa es salvaje.
—La ley es la ley aquí y en los suburbios —replicó él.
—La única diferencia es que aquí la gente puede pagar por la justicia y en los suburbios no. Tú sirves a los ricos, Joe, como hicieron tu abuelo y tu padre. Pero en los suburbios hay gente que necesita justicia tanto como los que tienen una buena cuenta corriente.
—Así que tú has sacrificado tus aspiraciones profesionales para ayudarlos.
—No ha sido de forma intencionada. Pero, en general, los abogados como tú miran por encima del hombro a la gente como yo, a los que intentamos hacer algo por los demás.
—No necesariamente.
—¿Ah, no? Pero tú piensas que he sacrificado mi carrera.
          —Lo que creo es que trabajas demasiado —suspiró Joe—. Y ahora, sube a tu habitación. Te llevaré la cena dentro de un rato.



Demi estaba sentada en la cama, más fresca después de ducharse y sintiéndose un poco más humana, cuando Joe entró con una bandeja.

—A cenar —sonrió, sentándose al borde de la cama.
—¿Vas a quedarte ahí?
—Me gusta mirarte.    
—Ya me imagino por qué —murmuró ella.
—Es muy divertido observar cómo tratas de desafiarme cuando, en el fondo, lo que quieres es rendirte.
—Ah, claro, porque todas las mujeres necesitan un hombre que les diga lo que tienen que hacer, ¿no? —replicó Demi, irónica.
—No, no creo eso. Pero sé que a veces te peleas conmigo cuando el oponente real eres tú misma. ¿Por qué, Demi? No es ninguna vergüenza necesitar a alguien.
—Yo no te necesito.
—Los dos sabemos que no es verdad. ¿Por qué si no fuiste a contarme lo del niño?
—Porque tenías derecho a saberlo…
—Fuiste porque sabías que ibas a necesitar ayuda. Podrías haberte librado del niño sin decirme nada —replicó Joe.
—Ni siquiera se me ocurrió pensar en un aborto. Además, cuando me enteré ya estaba casi de tres meses.
—Si lo hubieras sabido antes, ¿habrías abortado?
—No —contestó ella.
—No tenías que decírmelo —insistió Joe—. Podrías haber fingido que el niño era de otro hombre, por ejemplo. ¿Por qué te pusiste en contacto conmigo?

Demi intentó cazar un trocito de zanahoria con el tenedor.

—Ya te he dicho por qué.
—¿Sabes lo que yo pienso?
—No, pero seguro que tú vas a decírmelo.
—Yo creo que, en el fondo, querías que yo te resolviera el problema. Aunque no quieres admitirlo, viniste a mí para que te ayudase con algo que es increíblemente importante, más que tú y yo.
—No necesito que tú resuelvas nada, Joe —replicó ella, dejando el tenedor sobre el plato.

Joe pinchó un trocito de carne y levantó el tenedor.

—Abre la boca.

Levantando los ojos al cielo, Demi obedeció.

—¿Lo ves? No ha sido tan difícil.
—La verdad es que nunca había estado tan cansada. Debe ser el calor.
—Antes te gustaba el verano —murmuró Joe, ofreciéndole el vaso de zumo.
—Ya, pero desde que estoy embarazada las cosas son diferentes.
—¿Tienes antojos?

«Sólo tú», pensó ella.


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ahhh ahhh
y a quien no se le antoja joe jonas
porque a mi si
jijiji

besos

2 comentarios:

  1. jajaja hay demi porque te resistes tanto me encanto el capi

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  2. A la que no se le antoje Joe esta ciega
    que venga a mi casa y me de la comida a miii
    :)
    Esperemos que el bebé de Jemi este bien... me preocupa si le pasa algo, (Dios :''''( eso sería tan triste)
    Te quiero Kazz!

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..