domingo, 27 de mayo de 2012

Niley 03 - Fruto de la traición



¿Quién lo sabía?, Se preguntó Miley, ¿y a quién le im­portaba? A ella no, desde luego. Puede que otra gente agachara la cabeza al verlo, puede que otros obedecie­ran sus despóticas órdenes sin rechistar, pero ella no. Nunca. Era sorprendente e incluso patético que un hom­bre pudiera entrar así en un salón, dar un orden y conse­guir que todos obedecieran sin necesidad de decir si­quiera su nombre.

Pero lo cierto era que ese hombre no era cualquier hombre. Ese hombre tenía tanto poder que podía entrar en cualquier salón de cualquier parte del mundo y exigir de inmediato la atención de todos. Era el hombre que había cerrado a cal y canto esa mansión y su jardín esca­samente una hora después del incidente. Era una lástima que no la hubiera tenido cerrada así antes de que ocu­rriera. Si lo hubiera hecho no estarían viéndose en ese momento, pensó Miley.

La última persona que salió cerró la puerta. Miley es­cuchó el clic y sintió como entre ellos se hacía el silen­cio. El se fue y volvió escasos segundos después para sentarse a su lado y poner en sus manos un vaso presionándolo contra sus labios y obligándola a beber.

-Bebe -ordenó.

El olor inconfundible del brandy invadió sus senti­dos y casi la hizo marearse. Sacudió la cabeza y el pelo dorado, liso y largo se agitó en su espalda, entre ambos hombros. Pero él ignoró el gesto.

-Bebe -repitió-. Estás tan pálida que asustas. Bebe o te obligaré yo a beber.

No era una amenaza en vano. Eso quedó bien claro cuando su mano se elevó, larga y fuerte, agarrándola del mentón para forzarla a abrir la boca.

Bebió y luego carraspeó al notar cómo el líquido ba­jaba por su garganta como el fuego y sus pulmones con­seguían por fin respirar frenéticos como si llevaran tiempo intentando hacerlo sin éxito.

-Eso está mejor -murmuró él creyendo que había sido el brandy lo que le había hecho dar la bocanada de aire cuando lo cierto era que había sido su contacto el causante, un contacto que parecía cargado de electrici­dad y que obligaba a cada milímetro de su cuerpo a re­conocerlo-. Bebe un poco más.

Ella bebió aunque sólo para ocultar el horror que sentía. Por él. Por ese hombre. Por el amargo hecho de que aún respondiera tan violentamente al contacto físico de un hombre que le había causado tanto dolor, tanta de­silusión y tanta infelicidad.

La obligó a beber varios tragos de brandy y por fin decidió que era suficiente. Sus dedos la soltaron y retiró el vaso. El licor había conseguido colorear ligeramente sus mejillas mientras que aquel contacto había puesto una nota de condena amarga en su mirada de ojos azu­les.

-¿Has sido tú? -exigió saber ella pronunciando la frase sin apenas vocalizar.

Sin embargo él la oyó y la entendió. La forma en que se endurecieron sus ojos lo dejaba bien claro. Siguió ob­servándola y escrutándola con frialdad y calma. Lo es­taba negando con los ojos. Su expresión de dureza y ofensa exigía saber cómo se atrevía a pensar una cosa así.

-Te odio -añadió ella-. Desprecio la tierra que pisas. Si le ocurre algo a mi niña, ten cuidado, Nick. Porque estoy dispuesta a atravesar con un cuchillo ese trozo de piedra que tienes en el pecho al que llamas corazón.

El siguió sin responder. Ni siquiera reaccionó, lo cual era toda una novedad porque con su exagerado sentido de la ofensa personal no se tomaba nunca a broma las amenazas. Y ella había hablado en serio.

-Cuéntame lo que ha ocurrido -dijo al fin con calma.

Miley recordó de pronto el momento en que la niñera había entrado gritando: «Han secuestrado a Destiny. Estába­mos jugando en el parque cuando de repente han venido unos hombres corriendo y se la han llevado». Aquel re­cuerdo la hacía estremecerse de angustia.

-¡Sabes muy bien lo que ha pasado, eres un mons­truo! -respondió con los ojos encendidos de furia, odio y amargura-. Ella es el recuerdo vivo de tu humillación así que decidiste quitarla de en medio, ¿no es eso?, ¿eh?

Por el contrario los ojos dorados de él permanecie­ron en calma, sin reaccionar. Se echó hacia atrás en el asiento, cruzó una pierna sobre la rodilla enseñando el tobillo y estiró el brazo por el respaldo del sofá estudiándola cuidadosamente.

-Yo no he secuestrado a tu hija -afirmó.

De inmediato Miley se dio cuenta de que no había di­cho mi hija, ni siquiera nuestra hija.

-Sí, la has secuestrado tú -respondió con plena segu­ridad-. Según todos los indicios, ha sido una persona de tu calaña. Tu segundo nombre es vendetta. O debería serlo. Lo único que no comprendo es por qué no me han raptado a mí también.
-Piénsalo -sugirió él-. Quizá con un poco de suerte puede que llegues a una conclusión inteligente.

Miley se dio la vuelta. Odiaba mirarlo. Odiaba el cruel aspecto de indiferencia de su rostro arrogante. Estaban hablando nada menos que de la vida de su hija, y él es­taba ahí, como si no ocurriera nada.

-¡Dios, me pones enferma! -respiró apartándose de él y dirigiéndose hacia la ventana con los brazos cruza­dos sobre el tenso cuerpo. Fuera, había instalado todo un muro de seguridad acordonando la propiedad: hom­bres con teléfonos móviles, perros. De pronto Miley rió al verlo-. Así que has decidido montar todo un circo. ¿De verdad crees que vas a engañar a alguien con eso?
-A ti no, evidentemente -se burló él entendiendo perfectamente sus palabras-. Sólo los he puesto ahí para contener a la prensa. Esa estúpida niñera estaba entre­nada para actuar con diplomacia, pero en lugar de eso se puso a gritar para que todo el mundo en Londres se en­terara -suspiró mostrando cierto enfado por primera vez-. Ahora ya todo el mundo sabe lo que ha ocurrido. Va a ser imposible recuperarla sin montar un escándalo.
-¡Oh, Dios! ¿Por qué, Nick? -lloró desesperada-. ¡Sólo tiene dos años! No podía ser ninguna amenaza para ti. ¿Por qué te has llevado a mi niña?

No lo vio moverse, pero sin embargo en un instante estuvo a su lado, junto a la ventana, y sus dedos volvían a producirle esa descarga eléctrica al tomarla de la bar­billa para girar su cara.

-No voy a volver a repetir esto, así que escúchame bien. Yo no he raptado a tu niña.
-Alguien lo hizo -contestó con los ojos llenos de lá­grimas-. ¿A quién conoces que pueda odiarla más que tú?.

2 comentarios:

  1. awwwwwwwwwwwwwwwwwwww :(
    :´´´´´´´´´´´´´(

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  2. Oh este cap fue genial, yo no sabía que ella creía que él la había raptado, pero quedo claro que no fue así, espero que la encuentreeeeeeen porque sería muy triste, bueno bueno sigo leyendo porque voy a volverme loca :B

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..