domingo, 27 de mayo de 2012

Niley 04 - Fruto de la traición



Él suspiró sin contestar. No podía negar la verdad de su acusación.

-Ven y siéntate antes de que te caigas al suelo re­donda -sugirió-. Vamos a...
-¡No quiero sentarme! ¡Y no quiero que me toques! -se soltó con violencia.
Los labios de Nick se endu­recieron. Era un síntoma de que comenzaba a molestarle su falta de amabilidad-. ¿Quién, Nick? -repitió con dureza-. ¿Quién más podría querer quitarme a mi niña?
-No a ti, sino a mí -contestó él con calma dándose la vuelta-. Han querido quitármela a mí.
-¿A ti? -preguntó incrédula-. ¿Y por qué iban a que­rer hacerte eso? ¡Tú no quieres a la niña!
-Pero la gente no lo sabe.

Miley se quedó helada al darse cuenta.

-¿Quieres decir...?

Tragó sin poder terminar la frase. Había confiado en que él hubiera sido el responsable. Estaba tan segura que la sola idea de que no fuera así, de que hubiera otra alternativa simplemente la desarmaba. De pronto un miedo nuevo le atenazó el pecho.

-Soy un hombre poderoso y el poder trae enemigos...
-Pero... ¡No! -sacudió la cabeza negando tal posibi­lidad-. ¡No! Éste es un asunto de familia, lo sé. He ha­blado con ellos...
-¿Que tú has hablado con ellos? -se volvió para mi­rarla con los ojos de depredador.
-Por teléfono -asintió sintiéndose enferma al recor­dar la conversación.
-¿Cuándo?

Su voz se había endurecido. No parecía gustarle el que ella pudiera darle una información de la que no tu­viera noticia. Ofendía su sentido de la omnipotencia.

-Una hora después de que la raptaran, más o menos. ¡Dijeron que tú sabrías qué hacer! -añadió desesperada mirándolo-. ¡Si lo sabes, hazlo, Nick! ¡Por el amor de Dios, hazlo!

Él murmuró algo molesto y la agarró del brazo em­pujándola para que volviera a sentarse en el sofá sin ob­tener protesta alguna en esa ocasión.

-Ahora escúchame -dijo sentándose a su lado-. Ne­cesito saber qué dijeron exactamente, Miley. Y necesito saber cómo lo dijeron. ¿Comprendes?

¿Comprender? Por supuesto que comprendía, se dijo Miley.

-¡Lo que tú quieres es saber si eran sicilianos! Pues bien, sí lo eran. ¡Eran sicilianos, como tú! -lo acusó-. Reconocí perfectamente el acento. Era el mismo tono despreciativo con el que tratáis a todos los que no son como vosotros.
-¿Hombre o mujer? -preguntó él sin hacer caso a sus comentarios.
-Hombre.
-¿Joven o mayor? ¿Podrías decirlo?
-La voz estaba amortiguada, creo... creo que tenía algo puesto delante del auricular -contestó poniéndose una mano delante de la temblorosa boca.

Él alcanzó su mano y la retiró con dureza para exigir su atención.

-¿Hablaba en inglés?
-Pero con acento siciliano -asintió-. Déjame...
-¿Y qué dijo? -insistió ignorando su ruego-. ¿Qué dijo exactamente, Miley?

Ella comenzó a temblar violentamente. Cerró los ojos. No quería recordar aquella conversación telefó­nica que había confirmado sus peores miedos.

-Tenemos a tu niña -repitió palabra por palabra. Sus dedos, helados, comenzaron a temblar de tal modo que él los estrechó en sus manos-. Por el momento está a salvo. Busca a Jonas. Él sabrá qué hacer. Nos pondremos en contacto de nuevo contigo a las siete y media... ¿Qué hora es? -preguntó confusa mirando a su alrede­dor.
-Shsh. Aún no son las seis -murmuró él intentando calmarla-. Concéntrate, Miley. ¿Dijeron algo más? ¿Oíste algo? ¿Voces, algún ruido de fondo, algo...?
-No, nada -se soltó las manos para taparse la cara. Ni siquiera el llanto de su propia hija-. ¡OH, Dios! ¡Mi niña! ¡Mi pobre niña... la quiero aquí conmigo! -se dio la vuelta confusa y atormentada-. Conmigo, en mis brazos... -añadió cruzando los brazos contra su pecho como si su hija ya estuviera con ella-. ¡OH, Dios, Nick, haz algo! ¡Haz algo!
-Está bien, está bien, lo haré. Pero quiero saber por qué diablos nadie me había informado de esa conversación telefónica. ¿La grabasteis? La policía tiene interve­nida esta línea telefónica. Tiene que estar grabada.
-¿Es que tienes miedo de que alguien pueda recono­cer la voz? -preguntó ella alarmada al verlo ponerse en pie-. ¿Adónde vas?
-Voy a hacer algo al respecto -contestó él mirándola con expresión de indiferencia-. Tal y como tú me has pedido. Mientras tanto te sugiero que te retires a tu ha­bitación y trates de dormir. Te mantendré informada de lo que ocurra.
-Quieres decir que lo deje todo en tus manos.
-Después de todo es para eso para lo que he venido -asintió él frío.

Sí, se dijo Miley. Ésa era la única razón por la que ha­bía vuelto

-¿Dónde estabas?
-En Nueva York.
-¿En Nueva York? Pero si sólo hace seis horas que la...
-Concorde... ¿Todavía sospechas que he sido yo quien la ha raptado?
-Los dos sabemos que eres perfectamente capaz de hacerlo -contestó ella con el mentón bien alto y los ojos azules fríos como los de él.
-¿Y por qué iba a querer hacerlo? Ella no significa ninguna amenaza para mí.
-¿No? Hasta que Nick Jonas no consiga librarse de su esposa para casarse con otra Destiny es la única here­dera legítima. Haya sido él suficientemente viril o no para concebirla.

Aquella provocación había ido demasiado lejos y ella lo sabía. De pronto, él se inclinó sobre ella con los dientes apretados. El miedo no la dejó ser enteramente consciente de la fragancia de su aftershave.

-Ten cuidado, esposa, con lo que me dices.
-Y ten cuidado tú. Procura traerme a mi hija sana y de una pieza, o si no atente a las consecuencias. Voy a  arrastrar el nombre de Jonas por todos los periódicos de cotilleo del mundo.

Sus ojos se encendieron de nuevo como alumbrados por un relámpago.

-¿Y qué les vas a contar? ¿Qué horrible crimen crees que puedes achacarme? ¿Es que no te he dado a ti y a tu hija todo lo que podíais desear? Mi casa, mi dinero... ¡hasta mi nombre!
-¿Y por el bien de quién lo has hecho? -preguntó ella pensando que todo eso era legítimamente suyo-. Sólo por el tuyo, Nick. Por orgullo. ¡Por tu maldito orgullo siciliano!
-¿Qué orgullo? -preguntó él de pronto poniéndose en pie-. Destrozaste mi orgullo cuando te llevaste a otro hombre a tu cama -por un momento Miley sintió cierta simpatía y pena por el hombre que había vivido tres años creyendo aquella mentira. Tenía razón: aunque lo que dijera no fuera cierto el solo hecho de que lo cre­yera tenía que haber acabado con su orgullo-. ¡Ah! No quiero discutir ese tema. Me molesta. Me molesta in­cluso tener que hablar contigo -añadió dándose la vuelta y dirigiéndose a grandes pasos hacia la puerta.
-¡Nick! -lo llamó Miley esforzándose por ponerse en pie y detenerlo. Él se paró con la mano en el pica­porte de la puerta pero sin darse la vuelta. Las lágrimas invadían las profundidades de sus ojos, esas profundi­dades en las que guardaba el amor que un día había sen­tido por él-. Nick, por favor... Pienses lo que pienses de mí tienes que comprender que Destiny no ha cometido crimen alguno.
-Lo sé -contestó él sereno.
-Entonces por favor, devuélvemela.

1 comentario:

  1. Oh me encanto, él es tan duro pero es comprensible primero por su trabajo tiene que mantenerse sereno y segundo por que piensa que Miley lo engaño pero lo bueno es que él esta con ella en ese momento para ayudarla, aunque la hayan raptado por su culpa...

    Bueno sigo leyeeeeendo :B

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..