lunes, 21 de mayo de 2012

Niley 27 -Tierra de pasiones



La modelo levantó la mano y le enseñó un anillo de esmeralda que debía de costar cientos, si no miles, de dólares. Miley sintió náuseas. Nick no era dado a comprar regalos a las mujeres, salvo en Navidad, y siempre era algo útil, no frivolo. A Miley le había regalado una chaqueta de cuero el año anterior. Para comprar algo tan caro como aquel anillo debía de estar locamente enamorado.

Miley no dijo nada más. Tenía el corazón hecho añicos. Bajó los ojos y se dio la vuelta; regresó a la casa con la espalda bien recta.

Detrás de ella, la pelirroja hizo una mueca y apretó sus hermosos labios. En el fondo, le dolía ver a la joven alejarse con su acerado orgullo visible en su porte rígido.

Interrumpieron el rodaje al cabo de unos días para trasladar el equipo a la ciudad y filmar allí durante una semana. Miley podía disfrutar de la casa temporalmente... salvo por los materiales que habían dejado y que tenía que sortear.

Nick no regresó hasta el miércoles siguiente, y lo hizo con Demi. Miley acababa de ensillar su yegua, y la estaba sacando del granero cuando detuvieron el coche delante del porche. Había guardado un rifle en la funda que colgaba de la perilla. Iba vestida con botas, chaqueta y pantalones vaqueros, y un Stetson negro viejo bien calado en lo alto de su rubia cabeza.

—¿Adonde vas? —le preguntó Nick, mientras ayudaba a Demi a bajar del todoterreno. La modelo llevaba un vestido verde de seda que parecía sencillo y debía de costar un riñon. Comparada con Miley, parecía una reina. El vestido hacía juego con el anillo de esmeralda y diamantes que Nick le había comprado. Los destellos que despedía herían a Miley en el corazón.
—Voy a recorrer la cerca —le dijo con voz inexpresiva. No añadió que habían cortado otra alambrada. Zac acababa de llamarla por el móvil para contárselo. La estaba esperando con dos de los vaqueros.
—¿En pleno día? —preguntó Nick, con el ceño fruncido—. Hemos venido a almorzar. Acompáñanos.
—Podéis almorzar con Ashley —le dijo, y montó ágilmente sobre la silla— Tengo trabajo que hacer.
—¿Por qué no estás hoy en clase? —insistió Nick, molesto por su actitud sombría.
—Mi profesora de matemáticas tiene a su hijo enfermo, y el de inglés anuló la clase para ir a un funeral.

Nick reparó en el rifle y frunció el ceño.

—¿Y esa arma?

Miley tomó las riendas en sus manos enguantadas y lo miró con enojo. Demi estaba de pie junto a él, muy cerca.

—Siempre llevo un rifle —dijo—. Los hombres han visto un lobo —mintió.
—No puedes matarlo —dijo Nick con aspereza—. Va en contra de la ley.
—Lo sé —replicó con acritud—, pero puedo asustarlo con un par de tiros si amenaza al ganado.
—¿Has comido?

Dios, era insistente.

—He desayunado —le dijo—. De todas formas, no suelo almorzar. Tengo que irme.

Hizo girar a su caballo, sin saludar ni mirar a Demi, y se alejó antes de que Nick pudiera decir nada más.

—No me gusta —masculló—. Le pasa algo. La noto rara.

La modelo se colgó de su brazo y forzó una sonrisa.

—Me encantaría comer algo, Nick —le dijo—. Vamos. Las adolescentes son muy volubles. Yo lo era, a su edad.
—Miley tiene veinte años. Casi veintiuno.

Aquello fue una sorpresa; Demi la había tomado por una jovencita. Vio a su rival con nuevos ojos. El anillo que llevaba la había hecho sufrir. Claro que a ella no debería importarle...

— Aún es muy joven — insistió —. Está en la edad en que se olvida con facilidad —añadió, más por su propio beneficio que el de él—. Vamos. Dame de comer.

Nick estaba viendo a Miley alejarse a caballo, y se sentía vacío. No lo había mirado a los ojos. No le había sonreído. Y ¿por qué necesitaba un rifle? ¿Por qué iba a revisar la cerca ella sola?
Quería respuestas. En cuanto dejara a Demi en la localización de Brownsville en la que estaban rodando, regresaría para sonsacárselas a Miley.


Miley encontró a su capataz, Leo, y a Brad, uno de sus tres hombres de media jomada, arrodillados junto a un toro en el pasto en que habían cortado la cerca.Temiendo lo peor, desmontó y se arrodilló junto al animal. Era un toro Hereford, el mejor que tenía. Estaba muerto.

—¡Maldita sea!—masculló.
—Lo siento —le dijo Leo—. Pensaba que estos toros estarían a salvo. Debería haberlo visto venir.
—No es culpa tuya, Leo. Pero esta vez, quiero respuestas. Quiero que venga el veterinario enseguida, y que tome una muestra de sangre. Si ha sido envenenado, como los demás, quiero pruebas. Dejaré las clases y buscaré un trabajo para pagar sus honorarios, si hace falta.
—Lo llamaré ahora mismo —la tranquilizó Leo.

Miley dio una palmadita al toro en la cabeza, sintiendo deseos de llorar. Había albergado tantos planes para él en su nuevo programa de cruces... Se lo veía tan indefenso, tan vulnerable...

Se levantó y se acercó a la alambrada. El método con que la habían cortado era el mismo que el de las dos cercas anteriores. La misma persona. Suspiró con furia e impotencia. Alguien intentaba retirarlos del negocio. Tenía que ser Cody Linley, pero ¿cómo podía demostrarlo?

Leo se guardó el teléfono y se acercó a ella.

—El veterinario ha dicho que vendrá a eso de las cinco. Me llamará cuando salga para acá. Deberíamos sacar fotografías de la cerca cortada —añadió—. He guardado los otros alambres, como me pediste. Y deberías contárselo a Nick o, al menos, a la policía local —dijo con firmeza—. Es peligroso que cabalgues por aquí fuera tú sola, aunque lleves rifle.

Miley sabía que tenía razón, pero le dolía reconocerlo. Además, no iba a hacer lo que Leo le pedía.

—A partir de ahora, revisaré la cerca con uno de los hombres —mintió con convicción.
—Bien —Leo la acompañó a su yegua—. Traeré una película y usaré la cámara del barracón para sacar fotografías del cuerpo.
—Oye, Leo. Nick ya tiene bastantes problemas con el caso que está resolviendo en Victoria. No quiero que lo preocupemos con esto.
—Es dueño de la mitad del rancho —le recordó el capataz con firmeza—. Tiene derecho a saber lo que está pasando.                         
—Se lo conté hace varias semanas, pero no quiso escucharme —replicó Miley—. Cree que me lo estoy inventando para llamar la atención. Además, está tan embelesado con esa modelo pelirroja que ni siquiera me oye... —tragó saliva—. Lo siento. Tiene muchas cosas en la cabeza. Yo, también.

Leo la miró con compasión, pero estaba preocupado, y se notaba.

—Si me pregunta, Miley, tendré que decírselo.

Ella se encogió de hombros.

—Haz lo que debas, Leo. Pero solo si te pregunta. ¿Trato hecho?
—Trato hecho—sonrió.
—Y quiero saber qué dice el veterinario.
—Por supuesto.

Hizo girar a su montura y cabalgó de regreso al rancho. Pero, a mitad de camino, desmontó bajo un nogal y se sentó al pie del árbol. No pensaba volver hasta que Nick y su novia no hubieran terminado el almuerzo y se hubieran ido. El día iba de mal en peor, pensó con desolación.

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UHHH 
a que la siguen odiando
bueno ya veremos como se desarrolla la nove
les aseguro que les gustara mucho mucho

1 comentario:

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..