sábado, 30 de junio de 2012

Niley 39 - Tierra de pasiones



Tampoco podía el hombre que conducía como alma que llevaba el diablo hacia Victoria. Nick estaba asqueado. No imaginó que Demi anunciaría a los cuatro vientos que había empleado sus contados ahorros en comprarle una cara baratija. Desde luego, no había sido su intención que Miley se enterara. Llevaba mucho tiempo prescindiendo de lujos para que el rancho se mantuviera a flote. Había sacrificado su juventud por ello, y él le había devuelto el sacrificio comprando regalos caros a una mujer a la que apenas conocía, y olvidando el cumpleaños más importante de Miley. Estaba amargado y dolido, y no podía culparla a ella. Pensándolo bien, su propio comportamiento lo dejaba atónito. No le extrañaba que Miley estuviera apoyándose en Joe. Maldito fuera, tenía todo de su parte cuando se trataba de atraer a una mujer. Podía bailar complicados ritmos latinos, y era un hombre culto. Como conquistador, no tenía rival, cosa que Miley no sabía. ¿O sí?

Dio un manotazo al volante, furioso por su incapacidad de dar sentido a sus turbulentas emociones. Pasear a Demi halagaba su vanidad. Había atraído a una mujer que cualquier soltero se moriría por tener de acompañante, pero su relación estaba causando estragos en su vida personal, y en la profesional. Sabía que Demi no era una mujer capaz de soportar el riesgo de su trabajo y de su estilo de vida, aunque se hubiese sentido atraída físicamente hacia él... lo cual no era así. Estaba acostumbrada a los lujos y a la vida sofisticada. Tenía gracia que aborreciera a Joe Miller cuando eran tal para cual.

Pero Joe deseaba a Miley. Lo veía en sus ojos cada vez que Joe la miraba. Estaba colado. Se casaría con ella en un abrir y cerrar de ojos si Miley estuviera libre. Ella no parecía darse cuenta, pero Nick sí.

Apretó los labios al considerar lo que haría Miley en cuanto firmaran los papeles de la anulación. Su conciencia no la frenaría cuando no se sintiera sujeta por un matrimonio legal.

¡Pues no le daría la anulación! Al menos, todavía. Después de Año Nuevo, cuando los ánimos se hubieran calmado, reevaluarían sus respectivas posiciones. De momento, él todavía tenía dos asesinatos sin resolver en la zona, y ningún sospechoso viable. No obstante, sabía que el homicidio de la mujer de Victoria y el brutal asesinato de Hob Downey estaban relacionados. Los hermanos Linley habían estado mezclados en envenenamientos de ganado en otras ocasiones, así que, a pesar de sus sólidas coartadas, no podía desecharlos como principales sospechosos. Si, al menos, contaran con una prueba física que apuntara a ellos... Pero, hasta la fecha, no había ninguna.

Volvió a pensar en la comida de Acción de Gracias y se sintió desgraciado por haberle gritado a Miley. Era la mención de Joe. No podía decir dos frases seguidas sin sacar a colación su nombre. ¡Si hubiera alguna manera de echar a Joe de Brownsville para siempre...! Pero no sabía cómo conseguirlo. Ni comprendía, en aquellos momentos, por qué deseaba alejar a Joe de sus vidas.

Miley cenó con Joe el día de Acción de Gracias y, después, volvió a casa y telefoneó a los Bieber. Justin no estaba en casa, así que probó a hablar con Alex Bieber. Sentía curiosidad por los contactos japoneses de los dos hermanos y su interés por el mercado internacional. Alex Bieber era el responsable de la comercialización de su ganado, y nadie sabía mejor que él cómo encontrar nuevas vías de ingresos.

—Me había preguntado si Nick y tú estaríais interesados en esta oportunidad —contestó Alex cuando Miley le preguntó por los empresarios japoneses que iban a visitarlo—. Daniel Recalde también me había llamado, pero ya ha comprometido su ganado para el año que viene, lo mismo que los Velasquez. Vuestros novillos serían perfectos, si estáis interesados. Hacéis lo mismo que nosotros, criáis carne ecológica. Eso es lo que nuestros contactos buscan para su cadena de restaurantes de Osaka y Tokio.

A Miley le dio un pequeño vuelco el corazón.

—¿Y pagan bien?
—Muy bien —rio Alex Bieber—. Sobre todo, ahora. El año pasado, Japón sufrió pérdidas en su propio mercado de carne. Ahora tienen que volver a empezar. Están buscando sementales y reses ecológicas de primera calidad. Es el mejor momento para formar alianzas —Alex  le dijo una cifra y Miley tuvo que sentarse.

—Eso sería estupendo. Llevamos tanto tiempo en números rojos...
—A mí me lo vas a contar —repuso Alex —. ¿Te interesa?
— ¡Sí! Y a Nick también, en cuanto se lo cuente.
—¿Qué tal si venís a verme mañana a eso de la una y conocéis a nuestros invitados? Van a alojarse con Carlise y Esme.
—¿Podríamos ir el sábado? Yo no tengo clases mañana, pero Nick tiene que trabajar.
—Lo siento, se me había olvidado. Claro, el sábado a la una. ¿Te parece bien?
—Perfecto. Alex, no sabes cuánto te lo agradezco.
—Todo el mundo está pasando una mala racha ahora mismo —la interrumpió—. Entre todos, nos estamos ayudando. Es lo que hacen los ganaderos... y ganaderas, ¿no?

Miley sonrió.

—Sí. Ojalá pudiera devolverte la ayuda.
—Bueno, podrías.
— ¿Cómo? — preguntó con fervor.
—Tráete a Joe Miller. Habla japonés con fluidez, y me gustaría contar con alguien que tradujese bien lo que nosotros decimos para asegurarnos de que no hay malentendidos.

Miley rio entre dientes.

—A Joe le encantará.
—¡Estupendo! Entonces, hasta el sábado.

Alex Bieber colgó, y Miley apretó los labios. Sabía que Joe acudiría a la cita si ella se lo pedía, pero a Nick no le haría gracia. Aun así, si querían salvar el rancho de la quiebra, aquella era su oportunidad. Parecía un regalo caído del cielo.

Marcó el número de Nick antes de poder arrepentirse. Sonó varias veces, y ya estaba a punto de colgar cuando oyó su voz grave.

—Tenemos una oportunidad de venta —se apresuró a decir.
Se produjo un silencio.
—¿De qué tipo?
Le describió brevemente el trato de los Bieber, y los beneficios que sacarían, y esperó a oír su reacción.
—No hablo japonés —empezó a decir Nick.
—Ni yo. Pero tienen traductores —añadió, rezando para no tener que mencionar a Joe y para que Nick no se pusiera como un energúmeno.

Nick profirió un sonido ronco.

—Joe lo habla bien. Podría acompañarnos como traductor. Si crees que puedes convencerlo, claro —añadió con velado sarcasmo.
—Ya lo han hecho los Bieber —mintió Miley—. Quieren asegurarse de que comprenden todos los detalles de la negociación.
—Ah —Nick pareció relajarse, y se produjo otro silencio—. Oye, en cuanto a la comida de hoy —dijo despacio—. No era mi intención gritarte de esa manera.
Nick nunca se disculpaba, aquella era su manera de pedir perdón. Miley sonrió para sus adentros.
—Ni la mía —dijo con rigidez—. Feliz día de Acción de Gracias, Nick.
—Sí —se produjo otro silencio—. ¿Te casarías con Joe?

Niley 38 - Tierra de pasiones



Tras el baile de ganaderos, en el rancho reinaba la tranquilidad, porque Nick y Miley no se dirigían la palabra. El personal de rodaje se marchó el martes por la tarde para que todo el mundo pudiera celebrar Acción de Gracias en sus casas. Hasta la famosa modelo tenía familia en la Costa Este, porque se fue. Miley había temido que se pegara a Nick durante aquellos días festivos.

Como no se hablaba con él, pensó que Ashley y ella tendrían la casa para ellas solas. Pero Nick se presentó en el rancho la mañana de Acción de Gracias, silencioso y taciturno. Echaba de menos a Demi, pensó Miley con malicia. Lo trataba con educación, pero nada más. Ashley los miraba a los dos con claro enojo.

Comieron en cómodo silencio. Nick seguía dándole vueltas en la cabeza al caso de la mujer asesinada y a la ausencia de sospechosos. Estaba preocupado por Miley, sobre todo desde que Cody Linley se había presentado en el rancho y la había abordado. Nick había hablado a Zac, y el capataz le había contado lo de las cercas cortadas. Con retraso, creía la teoría de Miley de que el toro había sido envenenado. Debería haberla escuchado, en lugar de descartar sus preocupaciones, pensando que eran meras fantasías infantiles. De pronto, tenían dos toros envenenados y un vecino asesinado.

También lo preocupaba que no hubiera suficientes hombres en el rancho para ocuparse de las tareas. Su capataz, Zac, era bueno, pero llevaba demasiados años sin ejercer de policía y sus sentidos no estaban tan afinados como los de Nick. Miley sabía disparar pero ¿y si Linley irrumpía en la casa en mitad de la noche, mientras Ashley y ella dormían?

—¿Podríais esforzaros un poco más por echarme a perder mi día de Acción de Gracias? —les preguntó Ashley a los dos después de un silencio especialmente largo—. Vamos, ya que os lo habéis propuesto, al menos, hacedlo bien.
Los dos parecían avergonzados.
—El pavo está en su justo punto —dijo Miley.
—Y la salsa es algo fuera de serie —corroboró Nick.
Ashley se mostró vagamente aplacada mientras servía el puré de patatas.
—¿Tenéis alguna pista sobre el asesino de Hob Downey? —preguntó Miley de repente. Nick la miró y lo negó con la cabeza.
—Cody Linley era mi mejor sospechoso. Tiene una coartada a prueba de bomba.
 —Eso fue lo que dijo Joe.

Nick soltó el tenedor con estrépito. Lanzaba chispas por los ojos.

—¿Podrías aguantar más de cinco minutos sin mencionarme a Joe?

Miley soltó su propio tenedor y lo miró con enojo.

—¡Es mi amigo!
—Escuchadme... —empezó a decir Ashley.
—¡Es un superviviente de misiones secretas y tiene la misma constancia que una liebre! ¡Jamás será capaz de sentar la cabeza en una pequeña ciudad!
—Si pudiéramos llevarnos bien... —prosiguió Ashley.
—¿Y tú qué sabes de sentar la cabeza? —inquirió Miley con fiereza—. ¿Cuánto tiempo crees que tu sofisticada novia duraría aquí? ¿O te la imaginas empujando un carrito en el supermercado del pueblo? —añadió.
—¡Basta! —los interrumpió Ashley—. ¡Dejadlo ya! No voy a arbitrar una pelea durante la comida de Acción de Gracias.

Se callaron a mitad de frase y se la quedaron mirando. Se había puesto en pie, tenía los brazos cruzados y los labios apretados. Nick y Miley se miraron y volvieron a empuñar el tenedor con resignación. Ashley se sentó.

—¿Por qué iba a esperar que sentara la cabeza aquí? —masculló Nick en voz baja.
Miley masticó un pedacito de pavo.
—Porque lleva ese anillo de esmeralda y diamantes que le compraste en el dedo de compromiso, y dice que nuestros asuntos son también sus asuntos, por eso —le dijo a Nick entre dientes—. Así que, dime, ¿cuándo será la boda? —añadió con sarcasmo.

Nick no dijo nada. Ashley lo estaba mirando como si le hubieran salido cuernos. Miley seguía masticando, sin alzar la mirada. Lástima. Su rostro delataba su culpabilidad. 
    
Nick dejó el tenedor en el plato y se puso en pie; se limpió los labios con la servilleta y la dejó con suavidad sobre la mesa.

—Tengo que volver a Victoria. Feliz día de Acción de Gracias —su voz era tan dócil como pesarosa la mirada que lanzó a Miley, que seguía con la cabeza baja, sin mirarlo. Hizo una mueca y miró a Ashley, que lo observaba con recriminación, y salió por la puerta sin tomar el postre.

Hasta que no lo oyeron alejarse en su todoterreno, Miley no miró a Ashley.

—No sabía que era un anillo de compromiso —murmuró Ashley.
—Demi no te lo dijo porque era a mí a quien quería hacer daño —dijo Miley con frialdad.
—Nick creía que no sabías lo del anillo, ¿verdad? — adivinó Ashley.
—Pues ya lo sabe —le espetó Miley. Se levantó y empezó a colocar fuentes vacías y papel de aluminio sobre la encimera—. Joe no ha querido celebrar con nosotras la comida de Acción de Gracias, así que voy a llevarle la cena.

Ashley quería decir algo, pero no sabía si sería apropiado. Miley estaba sufriendo y, seguramente, Nick también. No sabía por qué le había comprado a la modelo ese anillo tan caro, pero estaba convencida de que lo lamentaba, y de que no había querido que Miley se enterara. Quizá pensó que Demi no se lo contaría. Los hombres eran así, pensó Ashley con tristeza, ciegos a la verdadera naturaleza de las mujeres cuando estas reconocían a una rival.

—Si no solicita pronto la anulación, lo haré yo — añadió Miley mientras llenaba una fuente—. Adelante, que se case con Demi. No tardará en descubrir que su supermodelo no esperará cinco años a que se fije en ella.

Ashley hizo una mueca.

—Niña, Joe es un lobo solitario. No está hecho para el matrimonio.

Miley miró a la mujer con curiosidad.

—Joe es mi amigo. Me cae muy bien, pero no quiero casarme con él ni nada parecido.
—Nick cree que te casarías con él —suspiró—. Y Joe confía en que lo hagas.

Miley abrió los ojos, sorprendida.

— ¡Será una broma!

Ashley lo negó con la cabeza.

—No has visto cómo te mira. Nick, sí. Por eso ha empezado a ser hostil con un hombre al que solía considerar su amigo. Está celoso, Miley.

Miley sintió fuego en las mejillas, pero retomó su tarea.

—Claro... Por eso le ha comprado a Demi un anillo de compromiso y la ha llevado a una fiesta el día de mi cumpleaños, por el que ni siquiera me ha regalado una miserable tarjeta.

Ashley deseaba poder explicarlo, pero no podía.

Niley 14 - Fruto de la traicion



La mañana se prolongaba larga e interminablemente, era difícil soportarla sin una sola llamada telefónica. El silencio era profundo en la casa, y su sentimiento de im­potencia iba creciendo conforme pasaba el tiempo. La forma en que todo el mundo parecía ocupado en sus quehaceres diarios le destrozaba los nervios, y el hecho de que Nick se hubiera encerrado de nuevo en el des­pacho sin dar muestras de querer salir de él también le ponía los nervios de punta. Debería estar con ella, re­confortándola, consolándola, pensó. Tan preocupado como ella.

¿Adoptaría la misma actitud si creyera sinceramente que Destiny era hija suya?, Se preguntó. ¿Se quedaría sen­tado en el despacho trabajando mientras los secuestra­dores les obligaban a soportar aquel cruel silencio?

No podía soportarlo. Subió corriendo las escaleras en un acto de desesperación, se puso unos vaqueros vie­jos ajustados y una camiseta y corrió de nuevo escaleras abajo poniéndose un delantal verde mientras abría la puerta de entrada de la casa.

-¿Puedo ayudarla, señora Jonas? -le preguntó un guardaespaldas apostado en la entrada.
-No. Gracias -dijo pasando por delante de él. Pero entonces notó que la agarraba por el brazo-. Quíteme las manos de encima.
-Tengo instrucciones de no dejarla salir-contestó él sin soltar su brazo.
-¡Nick! -gritó.

Todas las puertas de la casa se abrieron, incluyendo la del despacho. Nick salió al vestíbulo con la mirada dura e inquisitiva mientras observaba la escena.

-Dile que me quite las manos de encima -casi or­denó Miley.
-¿Qué ocurre Miley? -preguntó Nick frunciendo el ceño en lugar de obedecer-. Deberías saber que ninguno de mis hombres quiere hacerte daño alguno...
-Díselo -repitió ella-. ¡Díselo inmediatamente!

Su semblante se oscureció mientras caminaba a gran­des pasos hacia ella.

Su forma de caminar lo decía todo: no estaba acostumbrado a que le hablaran en ese tono, sobre todo delante de sus sirvientes. Y no le gustaba que ella se atreviera a hacerlo. Dirigió un gesto a su guardaespaldas, que soltó a Miley, y luego preguntó:

-Está bien. ¿Y ahora quieres explicarme qué es lo que ocurre?
-No -contestó ella tensa y colérica.

Él nunca podría comprender, por mucho que ella tra­tara de explicarle, que ningún hombre, ninguno, volve­ría a tocarla sin su permiso explícito. Había aprendido esa lección con dureza, en manos de Liam Hemsworth. Si entonces hubiera gritado, si entonces hubiera tenido el suficiente sentido común como para protestar una y otra vez, Nick habría comprendido que ella necesitaba su ayuda, no su ira. Y todo hubiera sido diferente.

-¿Entonces querrías contarme a dónde ibas? -sus­piró impaciente.
-Fuera. ¿O es que estoy bajo algún tipo de arresto domiciliario?
-No. Es sólo que pensaba que estar al tanto de lo que le ocurre a tu hija era más importante para ti que nin­guna cita.

Sarcasmo, se dijo Miley. A tal provocación sólo podía responder con otra provocación por su parte.

-No te atrevas a decirme qué debe ser importante para mí o qué no. Eres tú quien no tiene ni idea de qué cosas puedan serlo en esta vida.
-¿Adónde crees que vas, Miley? -volvió a preguntar con calma Nick con una ceja levantada y con expre­sión amenazadora.
-No es que lo crea, es que lo sé -aseguró ella-. En este país aún existe la libertad, por si no lo sabías. Tengo derecho a ir a donde quiera sin consultarle a nadie, y eso te incluye a ti y a tus guardaespaldas.

Dichas esas palabras, Miley se dio la vuelta en un mo­vimiento airado. Pero él la tomó de la muñeca y la hizo volverse para mirarlo.

-Espera -ordenó lleno de ira al ver que ella intentaba soltarse-. Ahora prueba otra vez, y te sugiero que en esta ocasión me contestes con una respuesta más satisfactoria. ¿Adónde crees que vas?

Miley lo miró, bajó la vista luego hasta su muñeca fuertemente apretada y sintió que las lágrimas llenaban sus ojos llena de frustración y desesperación. Se sintió: atemorizada, impotente, sola...

-Voy a ayudar al señor Hobbit en el jardín -mur­muró-. ¿Adónde querías que fuera así vestida?

Debería haber caído en la cuenta de que llevaba la ropa de trabajo para el jardín. Era posible que hubiera llegado a odiar el solo hecho de verla, era posible que hubiera lamentado miles de veces su falta de sofisticación y de buen gusto al vestir, pero nunca debería haber llegado a creer que iba a salir a la calle con ese atuendo. Debería haber reconocido el delantal. Siempre utilizaba uno de ese estilo cuando iba a trabajar en el jardín. Y le dolia que no lo hubiera hecho. Él murmuró algo, aunque no comprendió qué. Estaba ocupada intentando evitar que las lágrimas resbalaran por sus mejillas. De pronto la fuerza con la que le agarraba la muñeca se fue debili­tando hasta que pudo soltarse.

-¿Dónde están tus guantes?

De modo que al menos recordaba que siempre lle­vaba guantes para trabajar en el jardín. Un punto a su favor, pensó Miley con sarcasmo mientras contestaba y hacía un gesto con la cabeza indicando hacia un lado de la casa.

-En el cobertizo.
-Bien, entonces vamos -dijo poniendo un brazo so­bre sus hombros y sintiendo que se ponía tensa-. Ven a buscarlos.

Miley fue con él sencillamente porque no tenía alter­nativa. Caminaron juntos y él mantuvo el brazo sobre sus hombros dirigiéndose hacia uno de los laterales de la casa en el que, escondido tras un seto, estaba el cobertizo donde se guardaban los útiles de jardinería. Nada más llegar Miley quiso soltarse, pero él la detuvo con el brazo firme tomando su muñeca con suavidad para ver el efecto que su fuerza le había causado en la piel.

Miley mantuvo la cabeza agachada sin atreverse si­quiera a respirar. No quería respirar. Sabía que si lo ha­cía no podría evitar echarse a llorar. Se sentía tan herida en ese momento que cualquier cosa habría podido alterarla.

-Lo siento -dijo él al fin- Siento haber reaccionado así pero debiste comprender que no es seguro salir ahí fuera tú sola. Siento mucho haberte hecho daño -dijo acariciando su muñeca-. Olvidé mi propia fuerza y tu delicadeza.
-¿Por qué no es seguro?
-Nos enfrentamos a gente sin escrúpulos, Miley -con­testó por fin suspirando después de un rato en silencio-. No van a parar ante nada hasta conseguir lo que quie­ren. Si creen que eso les beneficia, podrían incluso se­cuestrarte.
-¿Pero por qué? -preguntó elevando la vista con los ojos húmedos-. ¿Es que no es suficiente con mi hija? ¿Acaso creen que merece la pena destrozar otra vida más aparte de la de ella?

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: 

hola chicas, espero que esten bien, aqui les dejo capi de esta nove si llego a 6 comentarios publicare tierra de pasiones :)

gracias a todas, las quiero muchisimoooo
besos y abrazos