domingo, 3 de junio de 2012

Jemi 19 - En la cama de su ex-marido



Cuando por fin llegó a casa, le estaba esperando en el salón.

—¿Qué tal?
—Bien, he tenido un día muy interesante.
—¿Ah, sí?
—Mucho —contestó Demi.
—Tengo la impresión de que hay algo que no me cuentas. ¿Por qué no me ahorras el esfuerzo de intentar adivinarlo?
—No debería ser muy difícil. Después de todo, tú eres un abogado brillante, ¿no?
—Mira, Demi, ha sido un día muy largo. ¿Por qué no cortas el rollo y dices lo que tengas que decir?
—¡Me has mentido!
—¿Yo? ¿En qué?
—Dijiste que no ibas a defender a Nick. Usaste esa promesa para convencerme de que viniera aquí.
—Es costumbre hablar con el cliente antes de hacer ningún cambio…
—Estás evadiendo la cuestión.
—No estoy evadiendo nada. Aún no he hablado con Nick, pero mi secretaria tenía que llamarlo para decir que el caso lo llevará uno de mis compañeros.
—No te creo.
—Eso es cosa tuya —suspiró él.
—¿Cuál era el plan, Joe? ¿Traerme a tu casa para ver si así podías meterte en mi cama otra vez? ¿Tú crees que cometería el mismo error dos veces?   

Joe tuvo la poca vergüenza de sonreír.

—Si quieres que te sea sincero, me parece que no me costaría mucho.
—Inténtalo si te atreves —replicó ella, furiosa.
—¿Eso es una invitación? Sé que prometí no tocarte, pero si has cambiado de opinión…
—¡No te acerques a mí!
—Eres la única persona capaz de decir una cosa con la boca mientras tus ojos comunican exactamente lo contrario —murmuró él acariciando su pelo—. Además, me miras con esos ojos…
—¿Qué dices?
—Me miras como invitándome, Demi. Y te tiemblan los labios, como si estuvieras llamando a los míos.
—¡No digas tonterías! —exclamó ella.
—Deja de luchar, cariño. ¿Para qué luchar contra lo inevitable?
—Joe… —Demi no sabía qué iba a decir, pero su nombre escapó de sus labios sin que pudiera evitarlo—. Por favor…

Joe inclinó la cabeza para besar la comisura de sus labios y ella contuvo el aliento. Luego mordió su labio inferior, manteniéndolo cautivo con una ternura insoportable.

Era cierto. ¿Para qué luchar contra lo inevitable? Amaba a su ex marido, seguramente lo amaría siempre.

Y no había nada más que decir.

—Yo no quiero hacerte daño, Demi —murmuró, tomándola en brazos—. Nunca he querido hacerte daño.

Cuando llegaron a la habitación, a oscuras, Joe la dejó sobre la cama y empezó a desnudarla con manos temblorosas.

—Lo haré despacio, con mucho cuidado —dijo en voz baja, deslizando la mano entre sus piernas.
—Pero quiero sentirte dentro —dijo Demi.

Y Joe obedeció. Con cuidado, sujetándose al borde de la cama para no llegar demasiado dentro, mirándola a los ojos.           

Era tan maravilloso sentirlo así. La llenaba tan completamente, su cuerpo recibiéndolo como si volviera a casa después de una larga ausencia.

Demi arqueó la espalda para recibirlo mejor, pero aun así no era suficiente. Estaba a punto de suplicarle que se dejara ir, que se perdiera en ella, cuando Joe metió la mano entre sus cuerpos para acariciar la delicada perla de su deseo. Demi saltó al notar el contacto, todos los músculos de su cuerpo en tensión, preparándose para llegar al paraíso.

De repente, estaba allí, al borde del precipicio, a punto de caer en un éxtasis en el que el pensamiento consciente no tenía sitio.

Pero volvió a la realidad a tiempo para sentir que él explotaba en su interior, sus jadeos la única pista del placer que le había dado.

Sólo entonces Demi se dio cuenta de cómo se había traicionado a sí misma. Había vuelto a hacerlo, había dejado que Joe la usara a placer, cuando quiso, como quiso… Sólo lo había hecho para demostrar que podía hacer con ella lo que quisiera.

Demi se levantó de la cama y, con toda la dignidad posible, buscó su ropa en el suelo.

—¿Dónde vas? ¿Qué pasa?
—¿Tienes que preguntarlo?
—¿Te da vergüenza desearme? —preguntó Joe.
—¡Claro que me da vergüenza! No estamos casados y… y…
—Estamos esperando un hijo.
—¡Y nos odiamos! Es… es…
—Natural.
—¡Es completamente antinatural! —insistió Demi—. Tú no sientes nada por mí. Nada más que el más básico deseo animal y no…
—¿No qué?
—No tenías derecho a hacerlo. No tenías derecho a seducirme, prometiste no hacerlo.
—Espera un momento —dijo Joe entonces—. ¿Cómo que te he seducido? ¿Quién era la que insistía en tenerme dentro…?
—¡Cállate! No me hagas sentir peor.
—¿Se puede saber qué te pasa? ¿No es un poco tarde para hacer el numerito de la virgen indignada?
—¿Cómo has podido usarme de esa forma? —le espetó Demi.

1 comentario:

  1. woo me encanto el capi adeas demi debe comprender que joe es joe jajja quien se resiste a semejante cosota sexy jaja

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..