domingo, 3 de junio de 2012

Jemi 20 - En la cama de su ex-marido


—No te he usado, Demi —suspiró él.
—Sólo te has acostado conmigo para demostrar que podías hacerlo.
—Podrías haberme detenido en cualquier momento.
—¿Cómo? No puedo pensar cuando me tocas.
—Y eso es lo que no puedes soportar, ¿no? ¿Por qué te asusta tanto desearme? ¿Por qué te da miedo necesitarme?
—¡Yo no te necesito! Me has pillado en un momento de debilidad… nada más. La próxima vez no seré tan tonta.
—Yo no he dicho que lo fueras.
—No tienes que hacerlo.

Joe se pasó una mano por el pelo.

—Parece que tu objetivo en la vida es apartar a todo aquél que se acerca demasiado. ¿Por qué haces eso? ¿Tiene algo que ver con tus padres?
—No me gusta hablar de ese tema…
—Ya sé que no te gusta hablar de eso, pero en algún momento tendrás que enfrentarte con los problemas que trajiste a nuestro matrimonio. Siempre dices que rompimos por mi culpa, pero empiezo a preguntarme si eso es verdad.
—Nuestro matrimonio se rompió porque tú pusiste tu carrera por delante de todo lo demás.
—O me cuentas qué pasó con tu familia o haré lo que sea necesario para enterarme, Demi —la amenazó Joe entonces.
—Haz lo que te dé la gana —replicó ella.
—¿Por qué no quieres contármelo?
—¿Por qué no me dejas en paz?
—¿Qué escondes?
—Nada.
—Mira, Demi, ninguna familia es perfecta.
—La tuya dice serlo.
—Mi familia no es perfecta en absoluto, aunque yo he tardado mucho tiempo en darme cuenta —suspiró Joe—. Y no sabes cuánto lo lamento. 

Había algo en su tono, en su forma de mirarla, que la animó a hablar.

—Mi padre dejó a mi madre cuando yo tenía diez años. Aparentemente, se había enamorado de su secretaria. Mi madre se quedó destrozada, absolutamente deprimida; una depresión que aumentó con el paso de los años, de la que nunca pudo salir. Un día, cuando yo tenía dieciséis años, volví del colegio y me la encontré en la bañera… se había cortado las venas. Yo pensé que si no me hubiera quedado tomando un helado con mis amigas habría podido impedirlo… Fin de la historia.

Joe tragó saliva, impresionado.

—Demi, ¿por qué nunca me lo habías contado?
—¿Por qué iba a hacerlo?
—Porque soy… era tu marido. Debería haber sabido eso.
—No me gusta que la gente sienta compasión por mí. Acabé harta del: «Ahí va la pobre chica cuya madre se suicidó». ¿Sabes lo que es eso? ¿Que te miren, que te señalen con el dedo?
—¿Se lo has contado a alguien? —preguntó Joe—. ¿A Miley?
—No. Conocí a Miley en la universidad… Ninguno de mis amigos conoce la historia.
—Debió ser horrible para ti, una pesadilla.
—Lo fue, pero ya ha pasado. Ocurrió hace mucho tiempo.
—¿De verdad ha pasado?
      
Demi apartó la mirada.

—Sí.
—¿Y tu padre? ¿Has vuelto a verlo alguna vez?
—No lo he visto ni quiero verlo. No sólo dejó a mi madre, me dejó a mí también.

Joe apretó los labios, pensativo.

—Creo que empiezo a entender por qué nuestro matrimonio estaba destinado al fracaso.
—¿Qué quieres decir?
—Tu inseguridad deja poco espacio a la confianza. Tu padre abandonó a tu madre y, como resultado, para ti todos los hombres son como él, unos oportunistas dispuestos a hacer lo que sea, a herir a quien haga falta para conseguir lo que quieren.
—O sea, que es culpa mía que nuestro matrimonio fracasara, ¿no? ¿Y tú qué?
—No he dicho que fuera culpa tuya, Demi. Pero si hubiera sabido esto cuando nos casamos, las cosas habrían sido distintas.
—¿Ah, sí? ¿Cómo?
—No sé, quizá te habría escuchado más… creo recordar que entonces eso no se me daba muy bien.

Demi se quedó sorprendida por la confesión.

—Supongo que estaba tan cegado por lo que sentía por ti que no vi lo que nos estaba pasando. Y, como tú misma has dicho muchas veces, estaba demasiado centrado en mi carrera. Tenía un objetivo frente a mí e iba directo hacia él. Como tú, hacía lo que había visto en mi familia.
—Los dos hemos cometido errores —murmuró Demi.
—Y supongo que el truco es no volver a cometerlos.
—Sí —Joe asintió con la cabeza. Ahora entendía por qué el matrimonio le había parecido tan sofocante, por qué se encontraba tan incómoda con su familia. Su lucha por ser independiente era una lucha vital; no quería depender de nadie como había hecho su madre porque quería sobrevivir.
—Demi… —la llamó cuando ella abrió la puerta.
—Necesito estar sola un rato.

Fue la bofetada que sabía se merecía. Pero le dolió de todas formas.

—Entiendo.

La puerta se cerró, pero Joe sabía que pasarían horas, quizá días, hasta que su perfume desapareciera de la habitación

2 comentarios:

  1. pobre demi eso ya explica mucho ojala y las cosas mejoren

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  2. me encanta esta nove!!! woooowwwwwww pobre Demi que feo u.u seguila pronto! :)

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..