domingo, 24 de junio de 2012

Jemi 25 - En la cama de su ex-marido



—Yo podría preguntarte lo mismo.
—No tienes que hacerlo, te lo aseguro. Creo que después de esa noche aprendí la lección —bromeó Demi.
—No he vuelto a acostarme con nadie —dijo Joe.
—¿No? ¿Por qué no?
—Tenía otras cosas en la cabeza.

Emilio apareció en ese momento con una bandeja y la oportunidad de seguir haciéndole preguntas se esfumó.

—¿No te gusta la comida? —preguntó Joe después.
—Sí, todo está muy rico.
—Pero no estás comiendo nada.

El niño se movió entonces y Demi se llevó una mano al abdomen.

—¿Qué ocurre?
—Parece que tu bebé encuentra su alojamiento un poco estrecho.
—Pues ya puedes decirle al niño que, a partir de ahora, será más y más estrecho —bromeó Joe.
—¿Niño? ¿Qué ha sido de la niña de pelo castaño y mal carácter?
—Ya tengo una de ésas —contestó él—. Además, los Jonas siempre tienen hijos primero, es una tradición.

La expresión de Demi decía a las claras lo que pensaba de esa tradición y Joe soltó una carcajada.

—Seguro que tú también crees que es un niño, pero te niegas a estar de acuerdo conmigo por principio.
—No tengo que estar de acuerdo contigo, ¿no?
—No, claro, pero tengo una premonición.
—¿Y esa premonición incluye nombres?
—Lo he estado pensando esta semana… Deberíamos comprar uno de esos libros de nombres.

Demi contuvo un suspiro. Cualquiera que oyera esa conversación pensaría que eran una pareja normal. Pero si no fuera por el embarazo accidental, seguramente estaría en su casa viendo alguna película en televisión, como había hecho durante los últimos cinco años… mientras que Joe estaría de juerga con alguna amante.

—¿Pensabas cumplir tu promesa?
—¿Qué promesa? —preguntó Joe.
—La de no volver a verme nunca.
—Soy un hombre de palabra, ya me conoces.

Ésa no era la respuesta que Demi había esperado.

—La verdad, no sé si te conozco. No sé si te conocía cuando nos casamos.
—Sí, bueno, nunca suelo revelar todas mis cartas. Eso es algo que me enseñó mi niñera.
—¿Cómo era?
—Se parecía a tu vecina, la del ascensor.
—¿En serio?
—Sí, de hecho cuando la vi pensé que era ella. Aunque había una diferencia: tu vecina no tiene la nariz roja.
—¿Eh?
—Mi niñera bebía. De hecho, se bebió el bar de mis padres poco a poco. 

Demi se percató entonces de la importancia de aquella revelación. Ella siempre había pensado que estaba satisfecho con su infancia. Cuando le hablaba de ella, no parecía tener ningún problema…

¿Le había escuchado alguna vez?
¿Le había escuchado de verdad?

—¿Y se lo contaste a tus padres?
—Lo intenté una vez.
—¿Y no te creyeron?
—No les apetecía tener que buscar otra niñera —contestó Joe—. Las palabras de mi madre fueron, y esto es literal: «No podría soportar las tediosas entrevistas otra vez. Además, no ha hecho nada malo, ¿no? ¿Qué más da que beba un poco? Si tuviera que estar pendiente de vosotros yo también me daría a la bebida».
—¿En serio? —exclamó Demi.
—Completamente.
—¿Y qué pasó?
—Un día, Lissy, mi hermana pequeña, estuvo a punto de ahogarse en la piscina. Afortunadamente, Emma y yo la sacamos del agua a tiempo.
—¿Y la niñera?
—Estaba como una cuba.
—¿Por qué no me habías contado esto nunca?
—No sé… creo que la mujer de uno sólo debe saber las cosas importantes.
—¿Y esto no es importante? Tu hermana estuvo a punto de morir y tú la salvaste. Mi madre murió sola mientras yo estaba tomando un helado con mis amigas…

Joe apretó su mano.

—No digas eso. Habría muerto en cualquier momento, cuando tú estuvieras en clase, en cualquier sitio. No te culpes por la muerte de tu madre, Demi.
—Si tu hermana hubiera muerto, ¿no te culparías a ti mismo?

Él levantó las manos al cielo.

—Me parece que, a partir de ahora, voy a tener más cuidado con lo que cuente. Parece que empiezas a conocerme demasiado bien.

Demi sonrió.

—¿Crees que seremos buenos padres?
—Los mejores —contestó Joe, absolutamente seguro de sí mismo.
—Pero sería mucho mejor si… si las cosas fueran bien entre nosotros.
—Las cosas van bien. Nos sentimos atraídos el uno por el otro a pesar de todo. ¿Qué más podríamos desear?

Ella intentó sonreír, como si estuviera de acuerdo.

—¿Quieres algo de postre? —preguntó, mirando la carta.
—No, mejor no —contestó Joe. Lo que él quería no estaba en esa carta.
—¿Emilio no se sentirá ofendido?
—Creo que entenderá que mi apetito… va en otra dirección.
—¿Quieres que nos vayamos a casa? —preguntó Demi, nerviosa.
—Desde luego que sí —contestó él, tomando su mano.

2 comentarios:

  1. Ah yaaaaaaaaaaaa :O hahahahaa
    morí
    a veces quiero seguir leyendo la nove como loca
    como cuando la cortas en caps como este
    y luego pienso
    Kazz es genia !
    no deja que se acabe tan pronto porque yo sufriría un montón!

    Hahaha
    Te quiero mucho, lindura
    xoxo

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  2. dios jajaja joe se pasa obvio que demi no esta en la carta y gracias a dios jaja ok no pero me encanta que ya se esten abriendo un poco mas espero que arreglen sus indiferencias

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..