domingo, 3 de junio de 2012

Niley 07 - Fruto de la traición



Entonces alguien llamó a la puerta, que se abrió. Justin apareció en el umbral. Miró primero a Miley y luego a su jefe, al que dijo:

-Están al teléfono otra vez.

Nick se dirigió hacia la puerta, y Miley salió aprisa de la cama sintiendo que le costaba mantenerse en pie.

-No -exclamó Nick-. Quédate ahí.
-Nick... por favor -suplicó elevando la vista horrori­zada.
-¡No! -volvió a exclamar él bruscamente-. Oblígala, Justin -ordenó saliendo de la habitación.
-Lo odio -susurró Miley frustrada al ver que la puerta se cerraba-. ¡Lo odio!
-Sólo lo hace por ti, Miley -contestó Justin Bieber amable-. No es muy agradable ser testigo de la discu­sión con los secuestradores.
-¿Te refieres a la discusión en la que va a tratar de salvarle la vida a mi hija?

Miley rió con amargura. Justin no contestó. Al fin y al cabo tenía razón. Miley juró en voz baja y volvió a inten­tar salir de la cama. Pero no podía permanecer en pie, aunque no sabía si era la verdad o las pastillas lo que se lo impedía. Entonces se hizo el silencio, un silencio in­cómodo mientras él vigilaba la puerta y ella intentaba ponerse en pie.

-Vete, Justin. No te preocupes, no voy a salir co­rriendo hacia el despacho ni a causarte problemas con tu jefe. Puedes irte tranquilo.

El suspiró triste, pero no se marchó. En lugar de ello se acercó a la ventana.

-Puede que en este momento no sea la compañía ideal. Miley, pero tú y yo éramos amigos.

«Amigos» se repitió escéptica Miley a sí misma. Conocía a Justin Bieber hacía años. Era el ayudante de Nick, su mano derecha. Alto, rubio y guapo, juntos formaban un equipo invencible: Justin el encantador, el risueño y Nick el hombre de acción frío y calculador. Cualquier cosa que Nick no pudiera hacer por sí mismo se la encargaba a Justin, cuya lealtad estaba fuera de toda duda. Su relación era muy estrecha. En una oca­sión, hacía ya tiempo, Miley había llegado a creer que la lealtad de Justin hacia Nick la incluía a ella también. Lo había considerado un amigo suyo, su único amigo en un mundo lleno de enemigos. Se había sentido sola, abandonada y alejada de la realidad, marginada e incó­moda en la alta sociedad en la que Nick la había in­troducido y en la que su presencia no era aceptada. Justin era la única persona a la que había podido acudir en tiem­pos de necesidad, cuando Nick no estaba. Pero cuando todo ocurrió, incluso Justin le volvió la espalda.

-No necesito a nadie. Sólo a mi hija.
-Nick la rescatará -contestó asintiendo despacio pero con seguridad y consiguiendo aminorar ligeramente el dolor que sentía en su interior-. Pero tendrás que con­fiar en él, Miley, lo hará a su modo.

«Confiar», recapacitó. De nuevo aquella palabra.

-Han llamado antes de lo que dijeron. ¿Han dicho por qué?
-No, pero nos han estado siguiendo -explicó-. A Nick y a mí. Nos han seguido desde Nueva York hasta aquí. Supongo que habían calculado mal el tiempo que íba­mos a tardar en llegar a Inglaterra, no habrían pensado que Nick vendría en el Concorde... -Nick volaba en su avión privado a donde fuera que quisiera ir. Tomar un vuelo público debía de haber sido un shock para Nick Jonas, aunque fuera en primera clase y en el mejor transporte público del mundo-. Las noticias le han afec­tado mucho, Miley. Creo que nunca lo había visto tan destrozado, no desde que...

Justin no terminó la frase. No podía culparlo por ello. Había estado a punto de decir «desde que descubrió que lo traicionabas con otro hombre». No era precisamente el comentario más adecuado en ese instante.

-Nick me ha dicho que su padre ha estado en­fermo -comentó ella cambiando de tema.

No quería saber cómo le había afectado el secuestro. De todos modos, nunca hubiera creído a Justin si le hu­biera dicho que Nick se sentía destrozado por lo su­cedido.

-Sí, fue terrible. Fue una suerte que estuviera en Londres y no en su casa de Taormina cuando le ocurrió. De otro modo no estaría vivo. Estuvo dos meses ingre­sado en el hospital antes de poder viajar de vuelta a casa. Nick permaneció a su lado sin moverse durante dos semanas enteras.

¿En Londres?, Se preguntó Miley incrédula. Paúl nunca viajaba a Londres por placer, siempre había dicho que era una ciudad odiosa. Y Nick había estado du­rante dos semanas a un paso de ella sin siquiera saberlo. Un escalofrío la recorrió la espalda.

-Por supuesto se mantuvo en secreto. Paúl tiene demasiados negocios importantes y delicados en los que la noticia de su enfermedad podría haber sido fatal. Nick ha tenido que ocuparse de todo desde entonces, está ha­ciendo el trabajo de dos.
-Pobre Nick -murmuró Miley irónica-. Y ahora encima esto.
-No te burles de él, Miley -contestó Justin con un brillo en los ojos-. Tú menos que nadie tienes derecho a bur­larte de él. Al fin y al cabo, ha venido en tu ayuda, ¿no es así? -continuó mientras su inglés iba empeorando al enfadarse-. ¡Ha venido aquí sin pensárselo dos veces cuando posiblemente cualquier otro hombre te hubiera vuelto la espalda!
-¿Igual que lo hiciste tú? -contestó ella dando rienda suelta a su ira. En otro tiempo, se habría mordido la len­gua y habría callado, pero ya no. Nadie más iba a volver a intimidarla con su temperamento y su orgullo sici­liano-. Entonces no es de extrañar que Nick sea quien es y que tú no seas más que su empleado. ¡Al me­nos él es capaz de ver a la gente como seres humanos, no según la importancia y el dinero que tengan!

En ese momento, la puerta se abrió. Miley se levantó olvidando a Justin. Nick entró y los miró, quedándose ca­llado al palpar la tensión del ambiente.

-¿Y bien? -preguntó Miley ansiosa-, ¿Qué han...?

1 comentario:

  1. pobre mileyyy con todo lo de su bebe
    y nick ahi apoyandola
    pero no le perdona que supuestamente lo engañoooo
    me encanto..

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..