sábado, 30 de junio de 2012

Niley 12 - Fruto de la traicion



Porque el que entraba no era Nick sino Liam. Se paró en el umbral de la puerta abierta, sonrió y murmuró:

-Miley, querida, estás preciosa, como siempre. La incomprensión la dejó helada e inmóvil. Él dio un paso hacia ella, la atrajo hacia sus brazos y ella se dejó en silencio, incapaz de hacer o decir nada y preguntán­dose cómo era posible que estuviera en esa situación.

Tenía que ser un error, pensó. Liam había cometido un tremendo error.

Pero entonces otra mano abrió con fuerza la puerta. Nick estaba de pie en el umbral. Su rostro parecía de piedra, sus ojos cafés dorados de cazador la miraban atónitos. Ella permanecía inmóvil. Se sentía impotente, confusa, alarmada y horrorizada.

-Así que mi padre tenía razón. ¡Eres una zorra!

Eso fue todo lo que dijo. Toda la culpa recayó sobre ella. Su silencio la condenaba. Su rubor la condenaba. La forma en que Liam desapareció por el balcón sin de­cir una palabra la condenaba. Nunca supo a dónde se di­rigió ni nunca le importó. Y también el camisón de seda, comprado especialmente para esa noche, la condenaba.

Él se quedó inmóvil, igual que ella. Su mente no pen­saba más que en cómo era posible que Liam hubiera creído en ningún momento que ella lo estaba esperando. Y entonces cayó en la cuenta. Se puso pálida de ira, no de vergüenza. Paúl. Paúl lo había arreglado todo.

-¡Nick, por favor! -exclamó con ojos fieros y suplican­tes-. No es lo que tú crees -él dio un paso hacia ella. Su semblante fue tornándose de pétreo a amenazador. Le­vantó una mano como para pegarle y entonces ella gritó dando un paso atrás y tapándose la cara para protegerse-: ¡No! ¡Por el amor de Dios! ¡Tienes que escucharme!
-Nunca -contestó él apretando los dientes-. Tú para mí ya no existes.

Aquello lo dijo completamente en serio. Pudo com­prenderlo por la expresión glacial de sus ojos cafés dorados. Era demasiado. Se desmayó a sus pies. Cuando se despertó es­taba sola, tirada en el suelo justo donde había caído. Y no había vuelto a cruzar una sola palabra con él hasta ese día. No le habían permitido volver a la villa. La suite de aquel hotel se convirtió temporalmente en su prisión hasta que Justin, frío y poco comunicativo, fue personalmente a buscarla para escoltarla fuera de la isla de vuelta a Londres.

Sintiéndose desesperada, débil y nerviosa hizo todo tal y como le ordenaron que lo hiciera. Volvió a la casa de Londres y permaneció en ella durante semanas espe­rando. Esperaba que él se calmara, que recapacitara y se diera cuenta de que ella, menos que nadie en el mundo, sería capaz de hacer algo como tener un amante.

Fue entonces cuando descubrió que estaba embara­zada.

Todo cambió.

Intentó comunicarse con él por telé­fono, pero él se negaba a hablar con ella. Le escribió cartas, pero él no las leía ni daba muestras de recibirlas. Al final, desesperada, se volvió hacia Justin en busca de ayuda, lo llamó y le rogó que persuadiera a Nick para que accediera a verla, a escucharla. Le dijo que estaba dispuesta a tener al bebé, que eso debía hacerle recapa­citar. Aún recordaba su propia angustia.

Pero Nick no cambió de opinión. Al día siguiente, el teléfono sonó. Era Justin.

-Nick dice que mientes, que ese bebé no es suyo. Te permite que vivas en esa casa por el momento y dice que te dará todo lo que necesitéis tu hijo y tú mientras no salgas de esa casa ni digas nada de tu traición.
-Si eso es lo que piensa ¿por qué no me echa a la ca­lle y se divorcia de mí?
-Ya le has humillado bastante sin necesidad de aña­dir además el escándalo de un divorcio -contestó Justin con frialdad-. Pero escucha atentamente: como dejes que otro hombre se acerque a ti os matará a los dos. No cometas ninguna equivocación en eso.

¿Significaba aquello que Liam estaba muerto?, Se preguntó Miley. Lo cierto era que no le importaba lo más mínimo. Liam estaba encompinchado con Paúl, no ha­cía falta ser muy lista para darse cuenta.

Sólo por esa ra­zón se merecía todo lo que Nick quisiera hacerle. La lástima era que Paúl no recibiera también su mere­cido.

Pero quizá Paúl tenía por fin lo que se merecía, recapacitó Miley. Porque al decidir deshacerse de la mu­jer que su hijo había escogido había tenido que arrojar de su lado también a su nieta, a la criatura más maravi­llosa de la tierra: Destiny. Miley se preguntó si sentiría curio­sidad por conocerla, si se habría sentado alguna vez en un sillón a recapacitar sobre ello y se arrepentiría de lo que había hecho.

Esperaba que se arrepintiera. Lo esperaba sincera­mente. Estuviera enfermo o no esperaba que sintiera re­mordimientos. Era un sentimiento de venganza que no podía evitar que surgiera en su alma.

De pronto oyó un movimiento detrás de ella, en el umbral de la puerta. Se dio la vuelta. Justin la observaba con el ceño fruncido. Por un instante sintió que él sabía exactamente en qué había estado pensando. Pero de repente la comunicación establecida se cortó al darse la vuelta Nick.

Sin embargo durante toda la cena Miley sintió que los ojos de Justin estaban fijos en ella. Era incómodo pensar que él conocía su sed de venganza. Él era un siciliano, y como tal pensaba que sólo ellos tenían derecho a obte­nerla. No le hubiera gustado saber que una mujer in­glesa podía querer también su propia vendetta, sobre todo si era frente a un siciliano.

La cena fue toda una prueba. Miley se esforzó por comer algo pero fue incapaz de tragar nada. Nick y Justin com­partieron la mesa con ella y de vez en cuando hablaban de negocios, pero muy brevemente. Al final ella se levantó de la mesa y, excusándose, desapareció del comedor.

-Trata de descansar -le dijo Nick-. Te prometo que en cuanto haya noticias iré a contártelas.

Ella asintió. No iba a discutir, pero se sentía incapaz de descansar. No volvería a descansar hasta que su hija volviera con ella.

1 comentario:

  1. ahy que hdp como le van hacer eso a miley estan re locos y nick q se lo creyo ay otro bobo... nisiquiera la ayudo a leventarse del desmayo ay lo odioamo jaja las dos cosas
    me mega encanto katy sos una geniaa!!!!!!!

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