sábado, 30 de junio de 2012

Niley 13 - Fruto de la traicion



Aquella fue una larga noche. Durmió un sueño ligero y bajó a desayunar a la mañana si­guiente con ojeras y mal aspecto. En el comedor se encontró con Nick, solo frente a la mesa leyendo el periódico. En cuanto la vio llegar lo cerró y la ob­servó. Ella hizo una mueca. Era consciente de su mal aspecto.

No llevaba maquillaje y el color habitual en sus me­jillas había desaparecido. Se había cepillado el pelo y se lo había recogido en una coleta a la espalda. Lle­vaba una sencilla falda de muselina y un jersey azul claro que en otras circunstancias le hubiera sentado bien, pero que en aquella ocasión resaltaba su palidez. Pero no le importaba. Nada le importaba en ese mo­mento excepto su hija.

Él tampoco tenía muy buen aspecto. Su rostro, por lo general terso, dejaba claro que no había dormido lo su­ficiente la última noche. Pero al menos no llevaba su tí­pico traje de negocios de seda sino ropa de sport: panta­lones beige y un polo de manga larga en verde claro que suavizaba los rasgos de su semblante y remarcaba sus músculos.

-¿Qué le ha ocurrido a la niñera? -preguntó Miley sentándose en una silla- Me he acercado a su habita­ción esta mañana para ver cómo seguía y no estaba. La habitación estaba vacía.
-La llevaron a casa de sus padres ayer por la noche. Estaba demasiado nerviosa como para ser de utilidad aquí así que... -contestó encogiéndose de hombros.

No era ya de utilidad, se repitió Miley a sí misma, así que se la llevaron, así de sencillo.

-Yo nunca quise tener una niñera.
-Pero estabas enferma -dijo él levantándose para di­rigirse al teléfono que comunicaba internamente toda la casa-. Té para mi mujer -ordenó-. Y lo que tenga por costumbre desayunar. Necesitabas ayuda con la niña -continuó volviendo a sentarse.
-¿He conseguido hacer algo durante estos tres años de lo que tú no hayas tenido noticia? -bromeó sin espe­rar respuesta alguna.

Sabía cómo pensaba Nick. Su lema era «lo que es mío, es mío» Y de eso era exactamente de lo que se ha­bía ocupado en esos tres últimos años: Había procurado a su mujer y a su hija la vida lujosa que se esperaba que fuera capaz de ofrecer un hombre de su categoría. Por esa razón cuando Miley se puso enferma unos meses atrás apareció Julie, la niñera, sin que nadie en la casa la hu­biera llamado. Y desde entonces, se había quedado allí, no porque ella quisiera sino simplemente porque él así lo había dispuesto. Y luego la niñera desaparecía, ya no era de utilidad. Además se había puesto histérica en el parque en lugar de comportarse como se esperaba de ella cuando secuestraron a la niña delante de sus nari­ces. Había vuelto corriendo a casa a informar a Lucas, el chofer, quien a su vez había informado de inmediato a Nick, su jefe. Probablemente incluso antes de que la informaran a ella.

Porque Lucas, el chofer, no era simplemente un cho­fer. Era su guardián.

Le pagaban para que vigilara y es­coltara una de las posesiones de Nick Jonas, a su es­posa. No a su hija, porque él no creía que fuera hija suya y por tanto no merecía vigilancia alguna. Esa, precisa­mente, había sido la causa por la cual la habían raptado.

De pronto la puerta del comedor se abrió y entró la señora Hobbit con una bandeja de té y tostadas. Sonrió nerviosa hacia Nick y con cariño hacia Miley.

-Cómase estas tostadas, señora -dijo suave y cariño­samente mientras dejaba las cosas sobre la mesa delante de ella-. Si no, tendré que perseguirla por toda la casa con ellas.
-Está bien -murmuró Miley mientras sus ojos se lle­naban de lágrimas ante la muestra de afecto.
-¡OH! -exclamó el ama de llaves al ver sus ojos-. ¡Venga, ánimo, vamos! Lo que usted necesita es llorar de una vez por todas, ¿verdad? Pero no se preocupe, la princesita estará aquí de vuelta antes de que se dé cuenta. Sana y salva. Espere y lo verá.
-Sí, por supuesto -contestó Miley haciendo un es­fuerzo inmenso por calmarse-. Lo siento, es que...
-No se preocupe, la comprendo perfectamente. No tiene usted que explicarme nada, señora, nada...

La señora Hobbit le dio unas palmaditas a Miley en el brazo y salió del comedor. Nick había observado toda la escena sin decir una palabra. Miley no lo miró, no po­día. Intuía que estaría extrañado ante las muestras de afecto del ama de llaves.

-Parece que todos se preocupan mucho por ti. ¿No crees? -preguntó Nick por fin-. Esta misma mañana ha venido Lucas para saber cómo seguías, y el señor Hobbit me ha parado antes en el jardín para pregun­tarme lo mismo.

¿Es que estaba acaso comparando la forma tan dis­tinta en que la trataban sus sirvientes sicilianos? Se pre­guntó Miley. Debería hacerlo, se dijo, porque la diferen­cia era palpable.

-¿Te sorprende que alguien se preocupe por mí?
-No -contestó él poniéndose en pie.

Entre ellos reinó el silencio. Miley se sirvió té y co­menzó a beber mientras él permanecía de espaldas mi­rando por la ventana ensimismado en sus pensamientos.

-¿Lo es? -preguntó él de pronto-. ¿Es como una princesita?

Miley se quedó mirándolo y sintiendo cómo la cólera hacía que la sangre hirviera en su interior. Se atrevía a preguntarle algo así cuando la noche anterior le había negado el derecho a hablar sobre su hija e incluso había apartado la foto con una expresión de desagrado. Se puso en pie, dejó la taza de té con indiferencia, y dijo: -¡Nick, vete al diablo!

1 comentario:

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..