domingo, 3 de junio de 2012

Niley 29 - Tierra de pasiones



—¿Qué pasa? —preguntó Miley.
—Será mejor que esperes aquí.

Miley resopló

—No soy una nena —murmuró, y lo siguió al interior de la casa.

Percibió un olor, un olor dulce y nauseabundo. Era desconocido para ella, y apenas le dio importancia mientras se adentraba en el salón, donde se encontraba Joe.

La escena que la aguardaba era tan horrenda que se le revolvió el estómago. Se dio la vuelta y salió corriendo al porche. Echó el desayuno y el almuerzo, y se quedó inclinada sobre la barandilla, como una muñeca de trapo, mientras las lágrimas de conmoción, indignación y dolor bañaban su pálido rostro.

Oyó vagamente cómo Joe llamaba a una ambulancia, al forense, a la policía científica. También lo oyó telefonear a la sede de los Rangers de Victoria.

Joe la bajó del porche y la condujo a su camioneta. Abrió la puerta del pasajero y la sentó. Segundos más tarde, le pasó una petaca de plata.

—No lo huelas, no pienses lo que es. Limítate a beber —dijo con firmeza, y se la acercó a los labios.
Miley tomó un sorbo largo, se atragantó, y lloró un poco más. 

Joe acercó su cabeza rubia a su pecho y le acarició el pelo mientras murmuraba palabras que ella ni siquiera oía.

Llegó la ambulancia, seguida por un ayudante del sheriff. El forense apareció cinco minutos después. Señalizaron el jardín con cinta amarilla.

—¿Por qué hacen eso? —le preguntó Miley a Joe;
—Porque, hasta que no hagan la autopsia, no podrán determinar la causa de la muerte —dijo en voz baja—. Podría haber sufrido un infarto o una apoplejía, pero también podría haber sido un homicidio. Había una barra de metal junto al cuerpo, y el hueso hioides de la garganta estaba roto —añadió, con precisión profesional—. Buscarán huellas dactilares por la casa y recogerán todas las pistas que encuentren, desde huellas de manos y pies hasta filamentos en su ropa.

Miley se lo quedó mirando.

—¿Quién iba a querer matar al pobre Hob? —exclamó.

Joe le dio la mano.

—Vio una camioneta y a dos hombres sospechosos junto a tu cerca.
—¡Pero si no era más que una alambrada cortada, ni siquiera robaron nada! —exclamó—. Hob no habría podido demostrar quiénes eran y, aunque hubiese podido, no estaban matando a nadie.

Joe no dijo nada. Tenía la mirada clavada en la casa en la que se concentraba toda la actividad. Pasado un minuto, dejó a Miley en la camioneta y fue a hablar con el forense.

Minutos después, Nick se presentó en su todoterreno, seguido de una furgoneta de la policía científica.

Joe fue a su encuentro. Nick lanzó una mirada a la camioneta en la que Miley estaba sentada y vaciló, pero Joe le indicó que subiera al porche. Entraron en la casa con los demás agentes y policías, y tardaron varios minutos en salir.

Miley había tomado tres largos sorbos de coñac de la petaca de Joe. El alcohol la había serenado, pero dudaba que pudiera volver a cerrar los ojos y no ver lo que había quedado del pobre Hob Downey. Era evidente que llevaba muerto varios días, a juzgar por el estado de descomposición del cuerpo. Apenas lo reconocía.

—Miley.

Oyó la voz grave de Nick como si le llegara a través de la niebla. Nick le levantó el rostro y la observó con mirada de preocupación.

—Es la conmoción —le dijo Joe en tono lúgubre—. Nunca ha visto nada parecido. Voy a llevarla al hospital para que le hagan un chequeo.
—Ni hablar —dijo Miley con voz ronca—. Estoy bien.

Nick hizo una mueca.

—No tendrías que haber visto eso —dijo con aspereza, y miró a Joe con enojo.
—Intentó detenerme —lo defendió Miley—, pero no le hice caso —se puso en pie, con cierta vacilación, y le pasó a Joe la petaca. Inspiró de forma entrecortada.
—¿Qué hay ahí? —le preguntó Nick a Joe, señalando la petaca.
—Zumo de naranja —dijo Miley con firmeza—. No puede ser coñac, porque soy menor de edad, y Joe nunca quebrantaría la ley por mí.

Nick sabía que Joe la había quebrantado, pero las circunstancias eran extremas. No era el momento de ser puntilloso.

—Está bien. Joe, llévala a casa. Yo no puedo irme hasta que la policía científica no haya terminado su trabajo —parecía molestarlo que tuviera que dejarla ir con Joe. Miley se lo quedó mirando.
—Es un homicidio, ¿verdad? —preguntó en voz baja—. ¡Crees que alguien lo ha matado!

Nick entornó los ojos.

—Intento verificar todas las posibilidades —intercambió una mirada con Joe—. En cuanto se pierden las pruebas, no pueden recuperarse. Sácala de aquí, Joe.

Miley empezó a replicar, y Joe vaciló. Nick rodeó a Joe, la levantó con suavidad y volvió a sentarla en el coche. Le abrochó el cinturón de seguridad. Miley podía sentir el calor de su sólido cuerpo. Se sentía a salvo. Quería abrazarlo con fuerza. Entonces, se acordó del anillo que Nick le había comprado a Demi. A ella nunca le había regalado nada tan personal. Su suspiro fue audible.

Nick vio la expresión de su rostro y frunció el ceño con curiosidad. La sujetaba de los brazos con firmeza.

—Tú quédate con Ashley hasta que llegue, pequeña —dijo con tanta ternura que Miley sintió deseos de llorar—. No salgas de casa, y procura no pensar en lo que has visto.

Sintió el dolor en el fondo de su alma.

—Tú tienes que ver cosas así todos los días, ¿verdad? —preguntó. Nick asintió despacio. Miley le puso la mano en los labios y los presionó con suavidad—. Lo siento mucho —susurró. Le falló la voz y se mordió el labio inferior para serenarse.

Nick inspiró hondo.

—Y yo —acercó la palma de Miley a los labios y se la besó con avidez—. Me habría cortado el brazo con tal de impedir que vieras eso—masculló.
—No pasa nada —dijo Miley con voz ronca, y logró sonreír—. Puedo superarlo. Tú ocúpate de encontrar al que lo hizo, ¿vale?

Nick inspiró hondo. Miley tenía agallas. Sonrió.

—Eres dura de pelar, Miley Cyrus —murmuró—. Está bien, tigre. Atraparemos al asesino. ¡Tú vete a casa!

Se dio la vuelta sin añadir nada más y regresó al porche.
Joe se sentó detrás del volante y le lanzó una rápida mirada a Miley mientras se abrochaba el cinturón de seguridad.

—Eres valiente, Miley Cyrus —dijo con orgullo—. Cualquier otra mujer habría chillado o se habría desmayado. Tú solo vaciaste el estómago.

Miley logró sonreír débilmente.

—Apuesto a que tú nunca has vomitado.
—Perderías —arrancó, y salió a la carretera—. El primer homicidio que investigué como policía novato tuvo lugar en una casa cerrada, en pleno verano. Había tres víctimas, dos homicidios y un suicidio, y llevaban allí una semana. Me desmayé —le dirigió una sonrisa afectuosa—. No te imaginas lo que fue volver al trabajo al día siguiente.
—Sí que me lo imagino. Sé por Nick que los policías tienen un curioso sentido del humor.
—Cierto —rio Joe—. Encontré una ardilla muerta en mi taquilla, otra en el maletero de mi coche patrulla, otra colgada del pomo de la puerta de mi apartamento cuando volví a casa. No hace falta decir que no volví a mostrar mi debilidad.
—Yo tampoco lo haré —repuso Miley con firmeza, abrazándose—. La primera vez siempre es la más difícil en cualquier cosa, ¿verdad?
—Sí —Joe la miró—. Pero se puede soportar. Se pueden soportar muchas cosas. Solo hay que acostumbrarse.       
            
Miley apoyó la cabeza en el respaldo.

—Crees que han matado a Hob, ¿verdad, Joe?

Este guardó silencio durante un minuto.

—Ahora mismo, no creo nada. Como ha dicho Nick, hay que analizar todas las posibilidades, por si acaso — la miró—. Pero, de momento, no cabalgues sola, aunque vayas armada.

Miley asintió, pero no lo miró a los ojos. Nick la habría obligado a prometérselo. Joe no la conocía lo bastante bien.

—¿Te sientes mejor?
—Sí. Estaba pensando en vuestro trabajo —mintió—. ¿Cómo podéis ver cosas así, día tras día, año tras año?
—Son gajes del oficio. Intentas pensar en la víctima, no en tu reacción cuando la ves. Y en atrapar al homicida y meterlo entre rejas, para que no vuelva a matar. Con suerte, no hay que ver escenas como esa muy a menudo —suspiró—. Pero algunos policías no lo superan, sobre todo, los que se niegan a reconocer que los afecta. Creen que ni siquiera tendrían que sentir náuseas. Muchos dejan el trabajo. Otros se convierten en alcohólicos o suicidas.

Miley asintió. Nick le había hablado de todo aquello. Miró aJoe.

—Tú no bebes.
—De vez en cuando —dijo, encogiéndose de hombros—. Nunca lo bastante para perder el control
.—Nick tampoco.

Joe sonrió despacio.

—Nick es uno de los cabezotas que no quieren reconocer debilidad. Nunca ha matado a un hombre. 

De hecho, dudo que haya tenido que disparar a alguien en su vida.

—Disparó a un hombre a la pierna cuando este intentaba acuchillar a otro agente, cuando trabajaba en el cuerpo de policía de Brownsville. El hombre sobrevivió y ni siquiera se quedó cojo.
—Entonces, Nick tuvo suerte.

Miley se quedó contemplando el semblante duro de Joe.

—Tú has matado a hombres.

Todo su cuerpo se puso rígido. No la miró. Miley quería decir algo más, una palabra de consuelo, pero Joe parecía haberse petrificado. Se movió con incomodidad, avergonzada por haber dicho algo tan personal. Volvió la cabeza hacia la ventanilla.

—Hob no tiene familia.
—El condado asumirá los gastos del funeral, estoy seguro —dijo, transcurrido un minuto—. Al menos, tendrá un entierro decente.
—Pobre hombre. No tenía nada. ¿De verdad crees que alguien sería capaz de matarlo solo porque vio cortar una cerca?
—No lo sé. En cualquier caso, al menos, murió deprisa. No sufrió.

Miley suspiró.

—Eso espero. De verdad.

2 comentarios:

  1. pobre miley lo que vioo
    y el pobre hob muertooo.

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  2. :O Llorooo!!!!! buuuuuuuuuuuu!!!!!!!!!!! Quiero otra!!! Síguela porfavor!!! Demoraste bastante en subir éste capítulo!!!! La historia me fascinó!! Awwwww!!!

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..