domingo, 3 de junio de 2012

Niley 30 - Tierra de pasiones



Nick se pasó por el rancho de regreso a Victoria. Miley estaba en la cocina, con Ashley, sonriendo y ayudándola a hacer pan y tartas.

—Estoy bien —le aseguró—. No hace falta que te preocupes por mí.

Nick vaciló, observando su rostro con ojos entornados. Seguía un poco pálida.

—¿Cuándo viste a Hob por última vez?
—Hará cosa de una semana —dijo, y recordó por qué no podía contarle su conversación con Hob.
—¿Se encontraba bien? .
—Como siempre —dijo, y lanzó una mirada asesina a Ashley, que estaba a punto de decir algo—. Hasta le dije a Ashley que lo noté mejor que nunca, ¿verdad, Ashley? —añadió con énfasis. La mujer hizo una mueca.
—Sí. Pobre viejo. Era un buen hombre.
—Si estás bien, volveré al trabajo —le dijo a Miley—. Todavía se te ve afectada.  
         
Miley logró sonreír para él.

—Una cosa así afectaría a cualquiera.
—Seguramente. No te alejes de la casa durante un tiempo. Deja que Zac y los chicos se encarguen de los pastos.
—Lo que tú digas, Nick —accedió de buen grado.

Nick la miró con intensidad.

—Hablo en serio —entornó los ojos—. Prométemelo—añadió con deliberación.

Miley se quedó pensativa un minuto.

—Prometo no alejarme de la casa.
—Está bien.

La miró por última vez, se despidió de Ashley con una inclinación de cabeza y salió por la puerta de atrás.

—Mentirosa —gruñó Ashley.
—Algunas cercas están cerca de la casa —replicó—. Además, tendré que ayudar a Zac y a los chicos a revisarlas. Tenemos poco personal desde que Larry se fue, y Bobby solo trabaja a tiempo parcial. Se lo diré a Joe —prometió.
—Si Nick se entera... —gimió Ashley.

Dos días después, Miley cabalgó hacia el pasto en el que habían dejado uno de los cuatro toros Hereford que les quedaban. Los habían separado, confiando en prevenir otro posible envenenamiento. Llevaba un rifle prestado, y el móvil de Joe en una funda del cinturón.

Joe la había obligado a usarlo, y le había encargado a Nick que no se apartara de ella. Pero Nick no podía controlarla más de lo que podía Joe y, en aquella ocasión, Miley estuvo a punto de pagarlo caro.

Justo cuando pasaba de largo un enorme roble cercano a la alambrada, un hombre le salió al paso.
Miley tenía muy buenos reflejos. Cuando el hombre la interceptó, ella ya había sacado el rifle de la vaina y lo había amartillado. No apuntaba al recién llegado, pero lo tenía apoyado en las piernas y le decía con los ojos que dispararía a la menor provocación.

—¿Vas a dispararme, jefa? —dijo Cody Linley con ojos entornados, mirándola desde el camino de tierra.
—En cuanto des un paso hacia mí —asintió sin pestañear.
—Te he visto venir desde la carretera —dijo, y señaló la vía que se encontraba a solo unos cientos de metros—. Quiero que dejes de difundir rumores sobre mí en Brownsville —añadió con frialdad—. No te he robado nada. Me compré unas botas porque me rompí las mías cuando estaba haciendo fardos con ese viejo tractor vuestro. ¡Me debíais esas botas!
—Y si nos las hubieras pedido, te habríamos dado otras —replicó, asustada y asqueada, pero decidida a disimularlo. Sujetó con fuerza el rifle—. No lo hiciste. Compraste las botas más caras que encontraste y las cargaste a la cuenta del rancho.
—No es razón para despedir a un hombre sin haberlo escuchado antes.

La mirada de Cody Linley le helaba la sangre. Era la misma mirada que le había dirigido durante el breve espacio de tiempo que había estado trabajando en el rancho. Le gustaban las mujeres, pero ninguna le prestaría la menor atención. Tenía los dientes podridos y una actitud desagradable... por no hablar de la vulgaridad con que hablaba a una mujer. Era un tipo feo, con rasgos afilados y poco pelo, delgado y de aspecto repugnante. Siempre llevaba la ropa arrugada y el pelo sucio. Era la persona más repulsiva que Miley había visto nunca. Llevaba una camisa de franela de pútridos tonos negros, amarillos y verdes que resultaba casi tan asquerosa como él.

—Ya dijiste lo que querías —dijo Miley con rotundidad—. Elevó el arma, pulsó la tecla del móvil que tenía grabado el número de Joe y se lo quedó mirando con fría deliberación—. Has traspasado los límites de mi propiedad. Quiero que te vayas ahora mismo. Acabo de marcar el número del subjefe de policía. Solo tengo que pulsar un botón y sabrá dónde estoy y por qué lo llamo.

Linley vaciló; medía la distancia que los separaba. Sabía que, aunque ella marcara el número, no responderían al momento. Cerró los puños a los costados y desplegó una sonrisa calculadora. Dio un paso rápido al frente.

En aquella fracción de segundo, Miley apoyó el rifle en el hombro y apuntó.

—No tiene echado el seguro —dijo con calma—. Tú decides.

Linley se detuvo en seco cuando ella levantó el rifle; Volvió a vacilar, como si estuviera midiendo la distancia por segunda vez y sopesando con qué rapidez podría disparar. Pero le bastó mirarla a los ojos para saber que Miley apretaría el gatillo si daba un paso más. Su actitud amenazadora cambió.

—No es justo que intentes disparar a un hombre porque te haya hecho una pregunta civilizada —dijo con furia.
—Empieza a cansárseme el brazo —replicó Miley.

Linley maldijo; fue una palabra vulgar acompañada de la mueca lasciva más asquerosa que Miley había oído nunca.

—De todas formas, no merece la pena. Eres más chico que chica, aunque seas rubia. Prefiero algo bonito.
—¡Tendrías suerte! —masculló Miley.
—Una vez tuve a una mujer rubia y bonita —le espetó, y se sonrojó. Giró sobre sus talones y regresó por la zona arbolada hacia la carretera—. ¡Me las pagarás, zorra! —le gritó—. Lamentarás haber abierto la boca


A Miley le temblaban las manos cuando echó el seguro al rifle. Oyó el ruido de un motor y avistó una camioneta destartalada de color marrón. Linley pasó de largo la senda por la que ella cabalgaba, haciendo sonar el claxon con actitud beligerante mientras se alejaba. Desde luego, no era una camioneta negra con una franja roja.

Exhaló el aliento que había estado conteniendo. Guardó el rifle y regresó a la casa. No la sorprendió que el corazón le estuviera resonando en su pecho como un tambor.

Quería pedirle consejo a Ashley. Habían sido unos minutos aterradores, y no sabía qué hacer.

Pero Ashley no estaba en casa cuando volvió. Se preparó una taza de café y decidió que, en aquella ocasión, no podía afrontar el problema ella sola. Se sacó el móvil de Joe de la funda, marcó el número de su despacho y esperó a que alguien contestara.

Contestó él mismo.

—Joe, ¿podrías venir al rancho unos minutos? —le pidió con voz tétrica.
—¿Te encuentras bien? —preguntó Joe enseguida.
—Sí. Cody Linley ha estado aquí. Tuve que amenazarlo con el rifle.

Notó que Joe vacilaba.

—Lo sé —dijo pasado un minuto—. Está aquí, en mi despacho, formulando una denuncia. Dice que le apuntaste con un rifle sin previa provocación. Quiere que te detenga

1 comentario:

  1. ooo que rabiaaa ese codyyy... pobra miley.........
    y nick es mi amorrr platonicooo!!!!!! jajaj me facinoooooooooooo

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..