domingo, 3 de junio de 2012

Niley 31 - Tierra de pasiones



Miley no sabía qué decir ni qué hacer. Se imaginaba siendo esposada y encerrada. Eso le alegraría el día a Cody Linley, pensó con tristeza.

Inspiró de forma entrecortada.

—¿Quieres que vaya a entregarme? —preguntó, solo medio en broma. Joe hablaba con frialdad.
—No. Yo me ocupo de esto. Te veré dentro de unos minutos—dijo, y colgó.

Miley miró a su alrededor. Contempló los aparatos y cables que había dejado el personal de rodaje y se sintió impotente. Nick estaba extasiado con la famosa modelo. El rancho se iría a pique por falta de capital y de toros sementales. Ella iba a ir a la cárcel. Profirió una carcajada casi histérica y se preguntó si podría vender su historia al productor. Sería una película mucho más emocionante que aquella comedia romántica.

Joe parecía sentirse complacido de sí mismo cuando entró en el salón. Iba de uniforme, estaba apuesto y la visita de Linley no lo había afectado lo más mínimo.
Miley, por el contrario, estaba pálida y preocupada.

—¿Quieres esposarme? —le preguntó. Joe rio entre dientes.
—No, quiero café.

Miley entró en la cocina y dejó que la siguiera.

—¿No vas a detenerme?
—No —se sentó y esperó a que ella sirviera café en dos tazones—. ¿Lo has olvidado? Tu rancho queda fuera de los límites de la ciudad; no estás en mi jurisdicción. Linley lo sabe; solo quería darte un susto.
—No me dejará en paz —dijo con preocupación mientras se sentaba junto a él. Joe tomó sus dedos fríos en la mano.
—Le dije que cualquier mujer sola, ante un hombre amenazador, tenía derecho a defenderse. Además, estaba allanando una propiedad privada sin permiso. Él era quien tenía todas las de perder. No forzó su suerte.

Miley suspiró, aliviada. Joe la observó en silencio.

—Te da miedo —le dijo.
—Es vulgar y ofensivo. Me hacía claras insinuaciones cuando trabajaba en el rancho.
—¿Se lo contaste a Nick?

Miley meció la taza en las manos.

—Más que nada, eran desvarios —dijo—. Pensé que podría controlarlos. Le dije a Linley que no me gustaban sus insinuaciones, y que perdería el trabajo si seguía así.
—¿Funcionó?
—No lo sé, porque fue antes de que cargara en nuestra cuenta esas botas caras y lo despidiéramos.
—Tiene antecedentes.

Miley se lo quedó mirando.

—¿De qué tipo?
—Agresión sexual y física contra una adolescente, cuando él tenía poco más de veinte años —contestó—. La chica estuvo a punto de morir de las heridas. Lo denunció a la policía y testificó en su contra. Cumplió seis años de condena.
—¿Qué fue de la chica? —preguntó Miley con curiosidad.
—Su familia se cambió de nombre y se mudó. Nadie sabe adonde fueron.
—¿Y su hermano, John? —quiso saber Miley.
—John nunca ha hecho nada que lo haya llevado a la cárcel. Fue acusado de envenenar ganado en un par de ocasiones, pero no consta que haya hecho daño a ningún ser humano. Desde que Cody salió de la cárcel, han presentado denuncias contra ellos, pero no los han detenido.

Miley sentía escalofríos por la espalda. Tenía las manos heladas.

—¿Te dio Nick esa pistola? —le preguntó Joe de improviso. Miley parpadeó; estaba pensando en otra cosa.
—Me la trajo y se la dejó a Ashley.
—Ve a buscarla. Es mejor arma que un rifle a corta distancia.

Sacó la pistolera de debajo de la pila y la dejó sobre la mesa. Joe enarcó las cejas.

—Bueno, no es el primer lugar en que miraría un ladrón—se defendió.

Joe rio entre dientes. Abrió la pistolera y sacó el arma. Tenía la forma de una Colt de calibre 45, pero disparaba balas de rifle de calibre 22. El estuche también contenía una caja de munición. 
         
—Muy bien, vamos.
—¿Adonde? —preguntó Miley, y se puso en pie.
—Al campo de tiro. Antes de que anochezca, sabrás manejar esta pistola, y yo me quedaré más tranquilo. Ashley y tú estáis solas en el rancho.
—Iré, pero a partir del próximo lunes ya no estaremos solas. Vuelve el personal de rodaje —suspiró.
—Yo que tú, me alegraría de tenerlos aquí —replicó Joe con solemnidad—. Linley no vendrá a molestarte con el rancho lleno de gente.
—Espero que no —Miley lo siguió al porche—. ¿Vas a contárselo a Nick?
—Tengo que hacerlo —dijo Joe con aspereza.
—Pero...

Se dio la vuelta, con mirada sombría y preocupada.

—La policía científica ha emitido un informe preliminar sobre la muerte de Hob Downey. Lo golpearon en la garganta con un objeto pesado, seguramente, la barra que encontramos junto al cuerpo.

Miley palideció.

—No puedo creer que Hob haya sido asesinado solo porque vio que estaban cortando mi alambrada.

Joe la ayudó a subir a la camioneta.

—No es tan sencillo.
—¿Qué me dices de Cody Linley? —insistió—. Es el principal sospechoso, ¿no?
—Sí. Pero tiene una coartada muy sólida durante el intervalo en que murió Downey. De hecho, tiene una coartada muy sólida todo ese día.

Miley esperó. Joe subió a la camioneta y se abrochó el cinturón de seguridad.

—Estaba con una conocida vecina de Victoria, una concejala.
—¿Es un testigo fiable?
—Sí, por desgracia. Les dijo a los investigadores que Linley se pasó por su despacho y la invitó a almorzar. Dijo que quería hablar con ella sobre la compra de unas tierras... ella tiene negocios inmobiliarios. Lo llevó a ver dos propiedades distintas. Es extraño, pero no ilegal. Así que Cody Linley no es un sospechoso —dijo con un hondo suspiro—. Pero no te preocupes, encontraremos al asesino.
—¿Y su hermano John? —preguntó Miley—. ¿Tiene coartada?
—Estaba con un compañero en ese rancho de Victoria en el que trabaja.
—No puedo creer que Linley quisiera que me detuvieras —dijo, y se frotó los brazos.
—Necesitas un jersey —señaló Joe, fijándose en la camisa de manga larga que Miley llevaba encima de la camiseta.
—No tengo frío. Es pensar en lo que podría haber pasado si no hubiera llevado el rifle lo que me pone la piel de gallina.

Joe no dijo nada. Se dirigieron al campo de tiro y pasaron dos horas apretando el gatillo. Miley parecía poseer un talento natural. Era capaz de disparar siempre en el radio aproximado del torso de un hombre, pero la idea de disparar a un ser humano le producía náuseas.

—Por eso estás aprendiendo a disparar como es debido —dijo Joe—. Así puedes elegir dónde herirlo.
—¿Y si fallo?

Se volvió hacia ella.

——¿Y si no disparas?

Pensó en Linley y en cómo la había mirado, en las cosas que había dicho. Se tragó su orgullo.

—Está bien. Vamos a intentarlo otra vez.

Le dolían las manos cuando terminaron, pero manejaba la pistola con más soltura. Joe prometió llevarla al menos una vez por semana para que ejercitara su puntería. Y, al final del día, Miley olvidó que Joe no le había prometido no contarle a Nick lo que estaba pasando.

2 comentarios:

  1. me encantoooo
    que reaccion tendra nick cuando
    se entere de lo de linley
    sigueeeee

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  2. aaaaaaaaaawwwwwwwww
    kazz me encanto ame estos cap
    aunque me puse triste por k no subias:(
    pero bueno gracias por subir amo tu novela ♥:)'
    sigelaaaaaa por favor
    Espero el siguiente :D

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..