lunes, 11 de junio de 2012

Niley 33 - Tierra de pasiones - Happy Niley Day



A partir de aquel momento, las visitas de Nick coincidieron con el horario de clases de Miley, y no por casualidad. Era la segunda semana de noviembre, y Miley cumplía veintiún años el viernes. Desde que estaba casada con Nick, este se había empeñado en invitarla a cenar el día de su cumpleaños y en hacerle un pequeño regalo... generalmente, algo práctico, como un programa de ordenador o un CD de audio que le gustara.

Habían discutido, pero Miley no esperaba que se olvidara de su cumpleaños, a pesar de las circunstancias. Tenía un poco de dinero apartado para una emergencia, y lo empleó para hacer una escapada a los almacenes de Brownsville. Si Nick podía comprarle un anillo de esmeralda y diamantes a su novia, Miley tenía derecho a comprarse un vestido nuevo cada dos años. Escogió uno de color azul pálido que le caía con airosos pliegues hasta los tobillos; era de cintura ceñida y escote bajo, y tenía mangas cortas abullonadas y un enorme pañuelo a juego. Se dejaría el pelo suelto, pensó, y se lo rizaría para que le quedara perfecto en su única noche al año con Nick.

Pero llegó el viernes y seguía sin tener noticias de él. Salió antes de clase para poder recordarle que era su cumpleaños, por si acaso lo había olvidado, pero Nick no se presentó en el rancho aquel día. Demi Lovato, tampoco.

Era demasiada coincidencia. Con Ashley mirándola con preocupación a corta distancia, Miley se acercó a Gary Mays, el ayudante de dirección, y le preguntó directamente dónde estaba Demi.

—En Victoria, con Nick —dijo con velado sarcasmo—. Iban a celebrar la jubilación de un compañero ranger, y Demi se ofreció a acompañarlo. Según he oído, los solteros del cuerpo no cabían en sí de puro gozo —añadió—. Al parecer, Nick estaba encantado de que Demi quisiera acompañarlo.
—Gracias —dijo Miley con una débil sonrisa.
—¿No dijo Nick nada sobre Miley? —preguntó Ashley. Gary estaba estudiando el guión con el regidor.

Frunció el ceño.

—¿Por qué iba a hacerlo? —preguntó en tono distraído. Miley se alejó.
—Por nada.
—Miley... —empezó a decir Ashley, llena de compasión callada.
—Estoy bien, Ashley —le aseguró, y forzó una sonrisa—. Me enviará una tarjeta, o algo así.

Recorrió el pasillo hasta su habitación sin decir nada más. Estaba furiosa y al borde del llanto. Esa modelo estaba echando a perder su vida, su futuro, todas sus esperanzas. Quería romper algo pero ¿de qué serviría? Si a Nick le importaba tanto Demi que había olvidado que Miley cumplía veintiún años, no le quedaba ninguna esperanza.

Y no tardó en comprender que Nick no tenía intención de invitarla a cenar. Ni siquiera la llamó para felicitarla, ni para preguntarle qué planes tenía para su cumpleaños.

Joe se acercó en su enorme camioneta negra a primera hora de la tarde, cuando el personal de rodaje ya se había despedido hasta el lunes siguiente. Se le notaba consternado, e hizo una mueca al ver a Miley salir al porche a recibirlo.

Miley veía las malas noticias en su rostro.

—Adelante, suéltalo —dijo con una sonrisa medio sentida—. Ya veo que no te mueres por contármelo.
—¿Tienes café? —le preguntó Joe.
—Posponerlo tampoco servirá, pero sí, tengo café. Pasa —lo condujo al interior de la casa, por el pasillo, hasta la cocina—. Ashley va a pasar la noche con su hermana, así que estaba haciendo la cena. Nada del otro mundo, solo una tortilla. ¿Quieres compartir?
—No he comido nada desde las once de esta mañana —murmuró Joe, y se sentó a horcajadas en una silla—. Si no te molesta la compañía, me encantaría.

Miley sonrió y, en aquella ocasión, fue una sonrisa sincera.

—Haré unas tostadas de canela para acompañar a la tortilla.

Joe esperó a que hubieran terminado aquella comida frugal para hablar. Miley acababa de rellenar las tazas de café y le había añadido leche en la de él. Llevaba demasiado tiempo removiéndolo. Miley apoyó la barbilla en las manos y se lo quedó mirando de manera significativa. Joe frunció el ceño.

—Está bien, ahí va. Nick va a llevar a Demi a una fiesta de jubilación esta noche, en Victoria—. Pensé que debías enterarte por mí antes de que te lo dijera otra persona.
—Ya lo sabía, Joe —dijo Miley—. Me lo dijo el ayudante de dirección.
—Lo siento, pequeña —suspiró.
—Es la primera vez en cinco años que se olvida de mi cumpleaños. Me compré un vestido nuevo, solo para ponérmelo esta noche. Hoy cumplo veintiuno —dijo despacio.
—¿En serio? —preguntó, sorprendido—. ¿Y Nick ha salido con Demi?
—Supongo que se le ha olvidado —rio Miley—. Últimamente, ha estado mucho tiempo con ella... Nadie diría que es un hombre casado, ¿verdad? Es normal que no quiera llevarme a ninguna fiesta —racionalizó—. Todavía soy pequeña, como tú mismo has dicho. Preferirá ir con una mujer bonita, sofisticada y famosa, para presumir ante sus amigos, y no con una pueblerina poco femenina que no sabe qué cubierto usar.
—No eres pueblerina —dijo Joe con firmeza—. Oye, no te lo tomes como algo personal —cruzó sus largas piernas y se apoyó en el respaldo de la silla, con el café en la mano—. No debería habértelo dicho. Puede que no te hubieras enterado de otra manera.
—¿Si no se lo hubiera preguntado a Mays, quieres decir? ¿Crees que Demi no disfrutará restregándomelo el próximo lunes, cuando vuelva al rancho para el rodaje? —preguntó—. Al menos, ahora no me tomará por sorpresa.
—Si quieres ir a la fiesta, puedo llevarte —le dijo Joe con una sonrisa traviesa—. Solía trabajar con el compañero que se ha jubilado, y también estoy invitado.

Miley le devolvió la sonrisa. La idea era tentadora. Pero, aunque Nick jugara con su corazón, Miley era incapaz de avergonzarlo de aquella manera, después de todo lo que había hecho por ella a lo largo de los años.

—No —dijo, y movió la cabeza—. No participo en esa clase de juego. No soy una persona muy vengativa.
—Lo sé —dijo Joe con aspereza—. Por eso cuesta hacerte daño.

Miley observó su hermoso rostro con una sonrisa.

—Eres un buen hombre, Joe Miller —dijo con suavidad. Él enarcó las cejas, y Miley vio un destello en sus ojos.
—¿Sabes? Creo que me han llamado de todo menos eso.
—Bueno... —suspiró Miley—. Ahora tengo veintiún años, Nick y yo podremos pedir discretamente la anulación, y nadie sabrá nunca que hemos estado casados. Yo me quedaré con mi mitad del rancho, y él con su libertad. Así podrá casarse con su mujer ideal pelirroja.

Joe la observó con disimulo y pensó que, de estar en el lugar de Nick, la libertad seria lo último que desearía. Aquella joven menuda tenía un corazón enorme, y no se daba aires ni usaba ardides de ningún tipo. Era sincera, valiente y atenta. Lamentaba que hubiera tanta diferencia de edad entre ellos.

—¿Por qué estás tan taciturno? —le preguntó. Joe la observó con mirada entornada.
—Estaba deseando ser más joven.

Miley sonrió sin astucia.

—¿Ah, sí? ¿Por qué?

Joe rio. Miley no era consciente de su propio atractivo.

—Por nada. No era más que un pensamiento fugaz —echó un vistazo al laborioso reloj que llevaba en la muñeca izquierda—. Tengo algunas cosas que hacer antes de que acabe mi tumo, a las cinco —frunció el ceño—. Has dicho que Ashley se ha ido a casa de su hermana. ¿Quién se quedará aquí contigo?
—Nadie, por supuesto. Pero Ashley regresará mañana a primera hora.


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