miércoles, 20 de junio de 2012

Niley 36 - Tierra de pasiones





 
Nick la vio alejarse roído por los remordimientos. ¿Cómo podía haber olvidado una fecha tan importante en su vida? Contempló el sello que Miley había lucido fielmente durante los últimos cinco años y se sintió culpable. Siempre la había invitado a cenar el día de su cumpleaños, y le había hecho pequeños regalos.

Recordó el anillo que Demi lo había persuadido a comprar y se sintió enfermo. Al menos, Miley no lo sabía, se consoló pensando.            
 
Se puso el sello en el dedo meñique y se lo quedó mirando. Miley le había dado luz verde para pedir la anulación. ¿Sería porque estaba intimando con Joe Miller? Entornó los ojos, furioso. Pues tendría que esperar a que él estuviera preparado para separarse. Y no lo estaba. Aún no.

Sus compañeros de Victoria sabían que conocía a Demi Lovato y le habían pedido como favor especial que la llevara a la fiesta. Lo había hecho sin pensar Demi no se apartaba de él, y a Nick lo halagaba que una mujer tan hermosa, y tan famosa, lo encontrara atractivo. Pero era un enigma. Lo tocaba, de vez en cuando, pero no le gustaba que la tocaran a ella. Se volvía de hielo con los hombres que demostraban su entusiasmo por su cara y su figura. Adoraba a los policías y siempre sacaba tiempo para hablar con ellos, fuera cual fuera el motivo. Pero, por lo general, se sentía incómoda en compañía de otros hombres, y se pegaba a él cuando estaban acompañados de otras personas, sobre todo, cuando ese ayudante de dirección, Gary Mays, se acercaba a ella.

Era una mujer compleja. Su compañía le agradaba y lo envanecía. Pero no se había parado a pensar en lo que Miley, que era legalmente su esposa, pensaría de su relación. Al salir con Demi, estaba alentando a Miley a hacer lo mismo con Joe.

Había abierto una puerta que ya no podía cerrar, y eso lo inquietaba. Detestaba imaginar a Miley con Joe Miller, cuyo pasado era, en el mejor de los casos, diez grados por debajo de lo normal. Era peligroso y, solo por estar con él, Miley estaba corriendo riesgos. Joe tenía enemigos.

Por otro lado, la propia Miley corría peligro. Joe le había cantado las cuarenta aquella misma mañana por haberla dejado sola en el rancho después de su encontronazo con Cody Linley, con las amenazas que este le había dirigido. Había sido negligente en todos los sentidos, incluso al comprar a Demi ese lujoso anillo que no podía permitirse. Estaba acostumbrada a tratar con hombres ricos que la colmaban de regalos, y él no lo era.

Contempló la sortija de sello con tristeza. Había herido los sentimientos de Miley, que se había pasado toda su vida de casada cuidando de él y ocupándose del rancho cuando él no podía. Había correspondido a esa lealtad haciéndola sentirse insegura e insignificante. De pronto, ella quería la anulación, cuando él empezaba a sentir...

Desechó con fuerza aquel pensamiento. No había futuro para Miley y para él; debía tramitar la anulación. A continuación, pensó que Joe Miller quería sentar la cabeza y que estaba muy interesado por Miley.

Apretó los dientes. Si Joe quería casarse con ella, ya podía esperar sentado. La anulación no corría prisa. Ninguna prisa.

 *****

Demi Lovato regresó al trabajo el lunes por la mañana, y lo primero que le dijo a Miley fue lo bien que se lo había pasado con Nick en la fiesta de Victoria.

—Me alegro —dijo Miley con fluidez, y con una amplia sonrisa—, porque yo fui al ballet con Joe, y cenamos y bebimos champán en un restaurante de cinco tenedores de Houston. Fue una velada memorable.

El triunfo de Demi parecía insípido. Ignoraba que Joe Miller fuera tan culto, ni que tuviera dinero suficiente para ir al ballet. Al parecer, la joven pueblerina no sabía lo caro que era todo aquello. La idea que tenía Nick de la alta cocina era una hamburguesa con patatas fritas.

Se había encariñado con él, por supuesto, y, en su mundo, su trabajo lo convertía en una rareza, en un artículo de colección. Pero Demi no había tardado en darse cuenta de que no era rico. Bueno, no era su dinero o la falta del mismo lo que la impresionaba, se dijo, sino su profesión. Se sentía a salvo con él, a salvo de otros hombres... hombres como Joe Miller, que eran una amenaza real.

—No sabía que un policía paleto supiera lo que es el ballet —masculló Demi.
—Joe tiene una trayectoria interesante —comentó Miley—. También ha sido ranger de Texas, y ha trabajado para el gobierno.

Demi parecía incómoda.

—¿Sabe qué tenedor usar con cada plato? —preguntó con sarcasmo.
—A mí me ha enseñado —dijo Miley—. Eso y muchas otras cosas. Fue una bonita celebración. El viernes cumplí veintiún años —añadió con fría deliberación. Se sentía mejor, a pesar de que todavía le dolía el rechazo de Nick.

Demi bajó la mirada. Ignoraba que hubiera sido su cumpleaños. Se sentía culpable, y no entendía por qué. Era evidente que la joven estaba enamorada de Nick y que habría querido celebrar con él su mayoría de edad, ¡pero no era asunto de ella! Se dio la vuelta despacio y retomó su trabajo.

*****

El baile anual de ganaderos se celebraba el sábado previo a Acción de Gracias, y Joe ya le había pedido a Miley que lo acompañara. Miley estaba encantada de no tener que quedarse en casa aquella noche, mientras Nick presumía de supermodelo en el baile. Sabía que Nick no iba a invitarla. Apenas se dirigían la palabra, para desconsuelo de Ashley.

Joe, con su pelo negro suelto y levemente ondulado, recién afeitado y trajeado, estaba imponente. Miley se sentía orgullosa de que la vieran con él. Al menos, pensó con el corazón encogido, ella llevaba su bonito vestido azul, que aún no había estrenado en Brownsville. No se sentía tan desaliñada y anticuada como el año anterior.

Nick ni siquiera la miró. Llegó tarde, acompañado de la pelirroja, a tiempo de ver a Miley y a Joe en la pista de baile. Menos mal que casi nadie sabía que seguían casados, pensó Miley, porque habría causado extrañeza entre la gente que cada uno se presentara con una pareja distinta. Miley no apartaba los ojos de Joe y sonreía con total despreocupación.

Joe enarcó una ceja cuando la orquesta terminó de tocar la balada y vio que Taylor Laurnet hablaba en susurros con el director. No tardaron en ponerse a tocar un popurrí latino.
 
—¿Te atreves? —le preguntó Joe. Ella abrió los ojos de par en par.
—¡Por supuesto! —rio, acordándose de lo bien que se lo habían pasado en Chet's.

Joe rio entre dientes mientras la sacaba a la pista de baile, de la que Taylor y su esposa eran los únicos ocupantes hasta el momento.

—Está bien —murmuró Joe, marcando el ritmo—. ¡Vamos a enseñarles lo que es bueno!

La ayudó a seguir los pasos, y el resto fue magia. Hasta Taylor Laurnet enarcó las cejas mientras la pareja atravesaba la pista de baile dando vueltas al ritmo palpitante de los tambores y de la rápida melodía.

Miley reía de puro gozo. Nunca había tenido una pareja que supiera bailar así. Siempre estaba deseando que Nick la llevara a un baile, a cualquiera, para poder presumir. Bueno, pues estaba presumiendo en aquellos momentos, y pasándoselo en grande. Su resquebrajado corazón sucumbió al delicioso ritmo del fuego musical latino.

Cuando terminaron, Miley apenas podía respirar. Se apoyó en Joe, que ni siquiera estaba jadeando, y rio con deleite al oír los aplausos de los demás invitados incluidos los Laurnet.

1 comentario:

  1. Buahahaha! En tu cara, Nick
    xD
    Awww cada vez me gusta más esta novela!!! :3 Me fascina!!!! Síguela!!! :D

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..