viernes, 15 de junio de 2012

Niley10 - Fruto de a traición - Happy Niley Day



Aquel día a él se le cayó la cartera en medio de la llu­via. El había continuado su camino sin saberlo y ella, de pie en medio de la calle con el pelo chorreando, se había parado para ver qué era lo que había a sus pies. Se in­clinó, lo recogió, y miró a su alrededor sin saber muy bien qué hacer. Él había desaparecido dentro del edifi­cio, así que no tuvo más remedio que seguirlo.

El resto era historia: entró en el edificio y lo encon­tró enseguida, de pie en el vestíbulo rodeado de hom­bres. Se acercó a él tímidamente.

-Disculpe... -dijo tocando ligeramente su brazo.

Él se dio la vuelta y miró para abajo hacia ella. Aún podía recordar lo que sintió. Sus ojos cafés dorados la hicie­ron temblar extrañamente en su interior.

La camisa verde clara con el logo de la empresa de jardinería para la que trabajaba estaba mojada. También lo estaba su pelo, recogido a la espalda en una coleta. Eso por no hablar de sus vaqueros, o incluso de su cara. La miró sin apartar la vista de su rostro y contestó:

-¿Sí?
-Creo... creo que se le ha caído esto... antes, cuando se ha tropezado usted conmigo -dijo nerviosa tendién­dole la cartera-. ¿Le importaría comprobar si es suya?

Por un acto reflejo, él dio una palmada en el bolsillo para palpar si estaba ahí su cartera, pero sin apartar ni por un momento los ojos de ella. Miley seguía con la mano tendida, mano que él ignoraba en silencio.

Él, al contrario que ella, era alto. Apenas le llegaba a la barbilla así que tenía que levantar la cara para mi­rarlo. También estaba mojado, pero poco. Las gotas de agua caían por su traje de seda sin penetrar en la tela y tenía el pelo tan negro que le recordaba a la oscuridad de la noche.

En ese momento, ella no supo que Nick Jonas es­taba ahí de pie, parado y en silencio, porque se sentía de pronto completamente enamorado. Se lo confesó sema­nas más tarde, cuando tuvieron éxito por fin sus planes para vencer su timidez, en una noche en la que ella yacía en sus brazos en una cama con sábanas de lino y sus cuer­pos desnudos se unían mientras él la acariciaba el pelo. Ella aún se mostraba tímida, a pesar de que él le acababa de llevar a hacer el viaje más íntimo que ningún hombre puede llevar jamás a hacer a ninguna mujer.

Una semana más tarde, se casaron en la Oficina del Registro de Londres.

Fue entonces cuando conoció a Justin por primera vez, cuando él se presentó para ser tes­tigo de la boda. Aún recordaba la extraña forma en que él la miró, como si no pudiera creer que Nick hubiera escogido a esa mujer para casarse. Y la conversación que ambos hombres mantuvieron entonces, antes de en­trar a celebrar la ceremonia, lo confirmó.

-¿A qué diablos estás jugando, Nick? -murmuró Justin-. Esa chica no parece capaz de manejarte, así que no digamos a un suegro tan hostil como tu padre.

¿Hostil?, Se preguntó Miley. Ya entonces comenzó a ponerse nerviosa, incluso a asustarse. Pero en ese mo­mento Nick sonrió. Aún recordaba esa sonrisa y el calor que le procuraba.

-Sabe cómo tratarme -contestó él en un susurro-. Es exactamente lo opuesto a mí en todas las cosas impor­tantes. Con ella me siento completo. Sabrá manejar a mi padre, ya lo verás.

Pero se equivocó. Nunca había sabido manejar a su padre. De hecho se había sentido aterrorizada ante él desde el primer momento en que lo conoció. Era un hombre escurridizo, egoísta, sediento de poder y astuto, un hombre que la veía a ella como un obstáculo para sus planes con respecto a su hijo. Pero además era muy inte­ligente. Lo suficiente como para ocultarle siempre a Nick el odio que sentía por su esposa por interferir en sus proyectos.

Paúl Jonas le había expuesto a su hijo clara­mente al principio su disgusto por la elección de esposa que había hecho. Había mostrado su enfado y su amargo escepticismo ante los ingleses en general y ante ella en particular. No creía que Miley tuviera la habilidad nece­saria para llevar el tipo de vida que ellos llevaban. Pero cuando chocó con la determinación de su hijo por llevar la vida que había elegido por sí mismo, él dio un paso atrás. Desde entonces observaba, planeaba y esperaba el momento oportuno de intervenir.

Adivinó enseguida la timidez de Miley y la usó en su contra, forzándola a pasar por situaciones en las cuales ella se sentía por completo perdida. Sabía que el poder y el dinero de los Jonas la intimidaba, sabía que ella sólo se sentía cómoda cuando Nick estaba a su lado, así que lo arregló todo para que él tuviera que salir cons­tantemente de viaje.

Y luego se ofreció a sí mismo como escolta de ella, escondiendo su hostilidad cuando su hijo estaba pre­sente y mostrándose deseoso de ayudarla a comportarse como se esperaba que lo hiciera la esposa de un Jonas. Mientras tanto Nick se ocupaba de asuntos más importantes, del imperio Jonas.

En consecuencia ella tuvo que pasar el primer año de casada adaptándose al mundo de la alta sociedad, rodeada de gente esnob y sofisticada ansiosa por seguir los pasos de Paúl Jonas y burlarse de ella siempre que pudiera. Intentó contárselo todo a Nick en un par de ocasiones, pero él se mostró ofendido, de modo que ella se sintió más sola aún y más aislada.

Y aquello comenzó a crear tensión en su matrimonio. Cuando Nick volvía a casa, Paúl se mostraba en­cantador con ella, lo cual la hacía sentirse molesta, cosa que su marido no comprendía. Cuando salian juntos, la gente que antes la había ridiculizado se mostraba amable con ella, pero ella se mostraba suspicaz. Y Nick pensaba mal de ella.

Fue entonces cuando un hombre, un inglés, Liam Hemsworth, comenzó a mostrarse muy atento con ella. Cada vez que salia con Paúl aparecía él, se sentaba a su lado, bailaba con ella y trataba de monopolizar su atención. Si Nick volvía, él desaparecía. Y sin embargo, a pesar de todo.

Nick oyó hablar de él.

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