sábado, 7 de julio de 2012

Niley 17 - Fruto de la traición



La tarde se hizo interminable. Miley no se mo­lestó en acudir a la mesa a la hora de la comida. Luego continuaron pasando las horas, en las que vagaba de una habitación a otra huyendo si alguien en­traba, deseando estar sola. Necesitaba estar sola porque no había nadie con quien pudiera compartir su tor­mento.

La cena aquella noche fue de nuevo silenciosa. Nin­guno de los allí presentes estaba preparado para fingir que no ocurría nada, que todo era normal. Miley se unió a Nick y a Justin en la mesa porque él mandó un men­saje con un sirviente ordenándole que asistiera y no te­nía ganas de discutir.

De modo que se sentó y probó ligeramente la exqui­sita sopa de pollo de la señora Hobbit y luego jugó con la tortilla que le habían preparado especialmente para tentar su apetito mientras Nick y Justin comían unos gruesos y tiernos bistecs. Rechazó el postre y el café, y luego se excusó y dejó a los dos hombres cenando sin apenas cruzar palabra más que lo que requería la buena educación.

-No podrá soportarlo durante mucho más tiempo -observó Justin una vez que ella hubo salido cerrando la puerta.
-¿Es que crees que estoy ciego? -contestó Nick.

Un par de horas más tarde, Nick Jonas abrió la puerta del dormitorio de Miley y vio que estaba vacío. Frunció el ceño y miró a su alrededor. Volvió a bajar las escaleras a grandes pasos y comprobó si estaba en cada una de las habitaciones a su paso antes de volver al des­pacho, donde Justin veía la televisión.

-Lo están contando en las noticias -le informó-. Lo relacionan con la Mafia y Dios sabe con qué más. Creía que habías intentado por todos los medios evitar los ru­mores.
-Lo hice -confirmó entrando en la habitación- ¿Ha venido Miley a buscarme mientras estaba en la ducha?
-No. ¿Es que no está en su habitación?

Nick acababa de ducharse y ponerse ropa limpia. No quiso contestar a esa pregunta. En lugar de ello hizo una mueca y ordenó:

-Entérate de quién está al mando de ese canal de no­ticias y consigue que no vuelvan a hablar del asunto nunca más.
-Eso es como cerrar la puerta cuando el animal ya se ha escapado, Nick.
-Todo este asunto es un buen ejemplo de ese dicho. No es posible que ella haya salido de casa, ¿no crees?
-¿Te refieres a Miley? No, es imposible. La alarma ha­bría sonado y la habrían perseguido al menos diez hom­bres y tres perros. De todas maneras, ¿a dónde iba a ha­ber ido?
-No lo sé -frunció el ceño Nick-. Pero no está en su habitación ni en ninguna de las habitaciones de arriba.

Justin se puso en pie con el teléfono móvil en el oído y contestó:

-Lo comprobaré con los hombres en la planta de abajo. Tú vuelve a mirar arriba.

Nick subió las escaleras de nuevo de dos en dos y fue abriendo todas las puertas una por una. Por fin. Casi de milagro, la halló en la última habitación. No la habría visto si no llega a ser porque la luz del pasillo se refle­jaba sobre su pelo. Se quedó inmóvil. Le sorprendió el hecho de que ella estuviera sentada en el suelo hecha un ovillo contra los barrotes de la cuna de la niña. Se le cortó la respiración al darse cuenta de que era la habita­ción de Destiny y de que lo que tenía entre sus brazos era un osito rosa de peluche.

Miley tenía los ojos abiertos, tenía que saber que él es­taba allí. Tuvo que tragar al sentir cómo una ola de emo­ción le inundaba en su interior. Su aspecto era el de una persona por completo privada de su objeto más querido. Sintió rabia al ver que le preocupaba algo que no debía de inquietarle.

-No enciendas la luz -dijo ella al fin al ver que él acercaba la mano al interruptor-. ¿Han vuelto a llamar?
-No -contestó Nick apoyándose en el marco de la puerta-. ¿Qué estás haciendo aquí, Miley? -suspiró con fuerza-. Esto sólo puede causarte más dolor.
-No, me reconforta. La echo de menos y ella me es­tará echando de menos a mí.
-Necesitas dormir -añadió él pensando que su as­pecto no era en absoluto el de alguien que se sintiera re­confortado sino el de alguien atormentado.
-Destiny no podrá dormir. Sin Dandy no -dijo enseñán­dole el osito rosa abrazado a su pecho-. Se lo lleva a la cama todas las noches. Primero recito una poesía y luego le canto una canción de cuna. Entonces ella...
-¡Sal de aquí! -la interrumpió Nick severo. Miley se quedó callada-, sólo vas a conseguir castigarte más estando aquí -pero ella no se movió, no mostró siquiera el menor signo de que le hubiera oído-. ¡Miley!
-No. Vete tú si no te gusta. Aquí es donde me siento más unida a mi hija y aquí es donde voy a permanecer.
-¿Va todo bien? -preguntó Justin que llegaba en ese momento.
-¡Desaparece, Justin! -respondió Nick.

Aquella respuesta revelaba a las claras la lucha que libraba Nick en su interior. Justin se alejó haciendo una mueca y Nick entró en la habitación quitándose de delante de la luz. Entonces pudo apreciar que las pare­des estaban pintadas de rosa, como la alfombra y las cortinas, y que había cuadros y estanterías con juguetes. Su rostro se tensó. Se dirigió hacia la ventana y estuvo observando la noche, serena y oscura, con las manos en los bolsillos de los pantalones.

Miley lo miró. Contempló al hombre cuyo cuerpo, del­gado y esbelto, conoció en otra época casi mejor que el suyo. Un hombre al que, entonces, adoraba mirar, sentir su calor con aquel sexto sentido oculto que residía en lo más profundo de su interior, sabiendo que él era suyo.

Un hombre... tan especial.

Suyo, se dijo. Tan inequívocamente como ella le ha­bía pertenecido a él. Tenía ocho años más que ella y eso por lo general resultaba patente. A él le gustaba, re­cordó, igual que le gustaba lo opuestos que eran. Si él era moreno ella era rubia, si él se mostraba duro ella era blanda, si él, con su experiencia mundana, resultaba un cínico en algunas ocasiones, ella era tan inocente e in­genua como un bebé.

Eran los opuestos. Él alto, moreno, sofisticado y con una madurez fría reflejada en las líneas de su rostro. Ella pequeña, rubia y delicada, con una juventud y una timi­dez natural que la hacían vulnerable y por tanto desper­taban su instinto masculino de protección.

A él le gustaba que ella estuviese a su lado, sentir que lo tomaba de la mano o simplemente saber que necesi­taba estar cerca de él para apoyarse en su confianza y sentirse cómoda en la élite social que él frecuentaba. En cualquier otro aspecto de su vida en el que no estuviera ella él se sentía como un depredador, pero en su compa­ñía su actitud se suavizaba hasta el punto de que todas las mujeres, conscientes de ello, sentían envidia y no comprendían qué podía poseer ella que fuera distinto ni qué debían de emular de ella. Él lo llamaba feminidad interior, cierta fragilidad o delicadeza mental, corporal y espiritual, algo que la mayor parte de las mujeres ha­bían desechado de su forma de ser en la más tierna in­fancia.

Sin embargo aquel rasgo valioso y único había de­jado de serlo de pronto, cuando la presión en el trabajo de él se incrementó y ella no fue capaz de soportar sus largas ausencias. Entonces su timidez, al principio tan celebrada, se convirtió en un defecto irritante con el que al final perdió la paciencia. Y lo peor de todo era el he­cho de que a ella la atemorizara su padre. Se enfadó muy en serio cuando ella sugirió que fueran a vivir a una casa sólo de ellos dos.

-Esta es nuestra casa -le había contestado-. ¿Es que no es suficiente conque ofendas a mi padre con tu acti­tud? ¿Pretendes insultarlo mudándote a otra casa que no sea la suya?
-Pero yo no le gusto. No soy lo que él quería para ti, Nick, y no pierde ocasión de demostrármelo.
-Sólo bromea contigo por tu timidez, eso es todo. Es tu paranoia la que te hace verlo tan maliciosamente.

Aquella respuesta era una muestra más de la ceguera de Nick en todo lo referente a su padre. Paúl no sólo había sido malicioso con la esposa de su hijo, había sido verdaderamente destructivo.

-Está bien -contestó Nick-. Hablemos de ello.

Aquello era una orden más que sugerencia. Miley se despertó de nuevo a la realidad. Había estado pensando en él llegando incluso a olvidar que estaba delante mien­tras lo contemplaba.

-¿Hablar de qué?
-De la niña, de lo que sientes. Puedes hablar.
-En realidad no quieres escucharlo -sonrió ella.
-Si es para ayudarte, estoy dispuesto a escuchar -res­piró profundamente-. Cuéntame cómo es ella.

¿En qué estaría pensando Nick?, Se preguntó Miley con curiosidad. ¿Qué cruzaría en realidad por su mente, tras esa falsa fachada repentinamente interesada? ¿Es­taba simplemente burlándose de ella o era algo más profundo? ¿Acaso estaba buscando una excusa que le permitiera tener derecho a ocuparse de la niña de verdad?

-Ya viste la foto. Se parece a mí. Tiene mis rasgos, mi pelo, mis ojos... -habría deseado decirle que se pare­cía a él, que tenía la sonrisa de su padre, su testarudez, su habilidad para engatusar a los demás. Pero no servi­ría de nada-. Tardó mucho en hablar pero muy poco en andar. Y le gusta que le sonrían. Si frunces el ceño, se pone a llorar. Lo ha adquirido de... -de pronto se calló-. OH, Dios mío, Nick, tengo mucho miedo.
-Lo sé -contestó él con calma dándose la vuelta y mostrando unos ojos oscuros.
-Si le hacen daño a mi niña... ¿Crees que le harán daño? -preguntó atormentada.
-Cálmate -suspiró él con la voz temblorosa por pri­mera vez y encogiéndose de hombros impotente como si no pudiera soportar la tensión que lo invadía-. No le harán daño, no les serviría de nada hacerlo.
-¿Y entonces por qué este largo silencio? ¿A qué es­tán esperando?
-Están jugando con nosotros, quieren hacérnoslo pa­sar mal. Quieren ponerme entre la espada y la pared para que cuando llamen acceda a todo lo que me pidan.
-¿Y accederás... a todo?
-¡OH, Dios! ¿Cuántas veces tengo que decirte que haré todo lo que esté en mi mano para recuperar a tu hija? -contestó enfadado.
-Lo siento -murmuró ella con lágrimas en los ojos-. Es que...
-Vamos, estás agotada, necesitas descansar. Ven -añadió inclinándose para ayudarla a levantarse.

Nick tenía razón. Estaba tan cansada que apenas podía tenerse en pie, y sin embargo, no quería abando­nar esa habitación.

-¡No, por favor!, No me mandes a mi habitación. ¡Me siento muy sola allí!
-No estarás sola. Yo me quedaré contigo.
-¿Tu? -frunció el ceño sorprendida-. Pero...
-Ni una protesta más, Miley. Necesitas descansar. Te ofrezco el consuelo de mi presencia. La otra alternativa son dos pastillas para dormir que ha dejado el médico. La elección es tuya, pero hazla deprisa o si no la haré yo por ti.


7 comentarios:

  1. Ahh me super encanto esta increible
    ahh ya muero por ver el siguiente que esta interesante
    espero que subas el que sigue pronto sii pleaseee
    besooos cuidate :D

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  2. OMG!! ya extrañaba esta nove kazz :D y eso que no paso nada de tiempo jajaj ME ENCANTO siempre lo digo ya se :P bueno, espero que estes bien kazz, besitos

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  3. oww me enacanta niley....y quisiera que tambn subieras tierra de pasiones que se qedo bueniisima....te mando miles de besoos biiieee

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  4. hay hermosa me emocione Nick esta interesado en su niña aun que lo niegue cosita lindaaa me encanto los caps gracias x subir tkm sube pronto cuidate.

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  5. Kazzie!!!!!!!
    Sorry por no comentar antes pero últimamente no me dan ganas de comentar, es que encerio se me hace una paja (flojera) pero bue...
    Puta te juro que amo esta nove, sera que Nick esta comenzando a ablandarse con la peque y con Miley? Y otra cosa, va a pasar algo entre ellos digo odnda new niley baby? Solo pregunto aunque no creo porque supongo que en lo unico que piensan es en la peque, bueno ya se sabe que Nick no, pero yo creo que Miley va a tener un poco de cordura o eso espero xDD
    Bue... Bye c:

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  6. me mega archi super encantoo... no puede ser tan buena tu noveee!!
    cada vez me enamoro mas de todas tus noves, mas en especial q amo con tda mi alma niley!!

    seguila plis te los suplico... esta y tierra de pasiones dale si? no te quiero precionar pero me urge leer mas y mas y mas...
    hace una maraton niley xfaa!!
    bye tkmm
    yo aguss

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..