domingo, 15 de julio de 2012

Niley 19 - Fruto de la traición



-Sí -contestó él apareciendo de pronto por encima de ella con el rostro encendido por la pasión y la boca húmeda tras los estragos que le había producido con la lengua. Los dos estaban desnudos. La ropa había desaparecido. El vello de su torso le acariciaba los pechos y uno de sus musculosos muslos se cruzaba entre los su­yos-. Tú me deseas, Miley. Tu cuerpo me desea, tu sub­consciente me desea. No me digas que no, puedo sentir cómo tiemblas literalmente de necesidad de mí.
-Dijiste que sólo ibas a reconfortarme -le recordó ella.
-Te estoy reconfortando. De la manera más exquisita posible.
-Pero…
-No -la interrumpió él-. Yo también lo necesito. Ambos lo necesitamos.

Luego, sin añadir una palabra más, acalló todas sus protestas con su boca hambrienta. Ella suspiró im­potente. Él gimió y luego su lengua se puso a jugar con la de ella de la forma más sensual y sugestiva que Miley pudiera recordar. Entonces elevó las manos para aga­rrarlo con fuerza del cuello y él movió un muslo contra los suyos rozando el dorado y suave montículo que pro­tegía su sexo. Sus dedos le acariciaron los hombros, los brazos, los pechos.

-¿Sabes lo dulce que eres? -susurró levantando la cabeza para mirarla en la oscuridad con los ojos de ca­zador-. El sabor de tu piel me produce una reacción quí­mica que me vuelve loco -suspiró como si se despre­ciara a sí mismo por decirlo-. Soy adicto a ti. Tienes algo que no puedo conseguir de ningún otro modo más que haciéndote el amor.
-¿Es que acaso lo has intentado?
-Por supuesto que lo he intentado -admitió-. ¿Crees que me gusta sentirme así con respecto a ti?
-No -suspiró ella en una ola de oscura tristeza por ese hombre que, con su inmenso orgullo, debía de estar sufriendo lo indecible al descubrir que no podía tum­barse a su lado sin desearla, sin desear a la mujer que lo había traicionado-. Lo siento.
-No hables -ordenó-. Si hablas, me obligas a recor­dar lo que eres. Y necesito esto... lo necesito -repitió de­sesperado.

Él volvió a gemir y la besó con desesperación. Sus ojos se llenaron de lágrimas y sus manos comenzaron a acariciarle el pecho en un gesto por consolarlo y aliviarlo de su agonía.
Fue entonces cuando Miley se dio cuenta de cuánto lo amaba aún, de cuánto amaba a ese hombre que la creía a ella vil y sin embargo no podía evitar desearla con de­sesperación.

Siguieron acariciándose en un silencio cargado de tensión. Él la hizo desearlo, colapso todos sus sentidos antes de lograr la satisfacción él mismo y tomarla. Cuando finalmente la poseyó, lo hizo con precisión, arrancando gritos de su garganta y de su propio pecho. Luego paró, con los codos apoyados a los lados de ella y los ojos cerrados mostrando por su expresión lo cerca que había estado de llegar al límite.

La llenó. En aquel momento de completa calma Miley se quedó tumbada sintiendo cómo la llenaba, maravi­llándose con aquella sensación, sintiendo los músculos de su sexo cerrarse en torno al de él.

-Respira -gritó él-. ¡Maldita sea Miley, respira!

Sólo entonces inspiró aire y se dio cuenta de que ha­bía dejado de respirar en el espasmo del éxtasis sexual. Sacó las manos buscando algo sólido en que apoyarse y encontró sus hombros. Él murmuró algo y comenzó a moverse con sacudidas cortas, tensas, con el rostro en­cendido en una expresión de compulsión sexual que la llevó a ella perderse en el más completo de los olvidos.

Cuando por fin  se recobró, Nick se había  marchado. Estaba de pie, poniéndose los pantalones con movimientos coléricos. Cada célula de su cuerpo expre­saba el amargo arrepentimiento por lo que había hecho.

-¿Te odias a ti mismo, Nick?
Él se calmó y torció ligeramente la cabeza para mi­rarla y responder:
-Sí.
-Fuiste tú el que me sedujo, no al revés -le recordó Miley dolida porque ni siquiera se molestara en negar lo que sentía.
-Lo sé. No te culpo por mi propia...

No terminó la frase. Tenso, siguió abrochándose los botones de la camisa. Miley lo observaba. Luego se sentó para ponerse los zapatos y los calcetines. Por último se puso en pie y la miró sólo un momento, como si no pu­diera soportar el verla yacer desnuda con los ojos en­tornados exhibiendo un cuerpo que acababa de ser po­seído.

-¿Estarás bien... si me marcho ahora?
¿Es que estaba desesperado por apartarse de ella una vez que se había destrozado a sí mismo?, Se preguntó Miley.
-¿Te refieres a sí estaré bien sin ti? -se burló sarcástica-. Sí, me las apañaré. Al fin y al cabo estoy acostum­brada a estar siempre sola, desde que tenía trece años.
-No siempre. Una vez me tuviste a mí, pero lo estro­peaste.
-¿En serio?

Él ignoró su amargura, igual que ella, que salió de la cama para ir a buscar su bata sin importarle en absoluto el estar desnuda ante él. Nick se odiaba a sí mismo por desearla, así que le dejaría contemplar su cuerpo para que pudiera seguir odiándose.

-Estaba sola, Nick, incluso cuando estaba con­tigo. Tú no me apoyabas en modo alguno, no me con­cedías ningún derecho. No te atrevas a decirme cómo fue nuestro matrimonio. Si yo osaba objetar algo, tú me hacías cerrar la boca del modo más efectivo que sa­bías -dijo dando a entender que se refería a besán­dola-. Si yo insistía, tú me hacías callar con palabras duras. Encontrabas muy divertido que yo prefiriera es­tar entre flores, pero nunca se te ocurrió pensar que quizá estuviera en mi derecho, por muy frívolo que te pareciera.
-Nunca te he considerado una frívola.
-Nunca me consideraste de ninguna manera, excepto cuando te interesaba. Entonces yo tenía que estar siem­pre callada y a tu disposición porque tú al fin y al cabo eras el maestro y yo no era más que la bonita y pequeña muñeca a la que tú habías concedido el honor de otorgar un puesto privilegiado en la vida. Hasta tus sirvientes estaban mejor considerados que yo. ¡Ellos... me mira­ban por encima del hombro!
-No sé si llorar o aplaudirte -soltó una carcajada in­crédulo-. Has hilvanado más palabras juntas de las que jamás te había oído decir de una sola vez.
-¡OH, apláudeme, Nick! Me merezco el aplauso por haber soportado esa situación durante tanto tiempo.
-Estás comenzando a aburrirme.
-Bueno, ¡vaya novedad! Te cansaste de mí a las po­cas semanas de casarnos cuando descubriste que te iba a causar más problemas que satisfacciones. Pero te diré algo, Nick. Si tú te has aburrido de la tímida mujer con la que te casaste en un momento de locura, te aseguro que yo estoy harta del bello dios al que estoy atada. Al final ese dios ha resultado ser una de esas aburridas ovejas de la alta sociedad, muy bien cuidadas pero todas iguales. Tienen una piel magnífica y comen de la mejor carne pero lo que ganan en refinamiento lo pierden en cerebro. Siempre hacen todas las mismas cosas y pien­san lo mismo. Y balan (quejarse) una y otra vez siempre por lo mismo. Creo que lo llaman selección genética. Yo no sa­bía que eso podía ocurrir con la especie humana pero...
-¿Has terminado ya? -la interrumpió.
-Sí.

Se sentía sin aliento, ruborizada e increíblemente re­gocijada. Nunca en sus veinticinco años de vida había hablado así a nadie. Había disfrutado casi tanto como con el sexo.

-En ese caso me llevaré mis abominables genes de tu presencia -contestó él haciendo un gesto insultante.
-No antes de que yo diga una última cosa -volvió ella a la carga aunque él se hubiera dado la vuelta-. Toma nota de qué día es hoy, Nick, porque yo no he tomado ninguna precaución para lo que acabamos de hacer en la cama ahora mismo. Si estoy embarazada por culpa de esta noche, quiero que no quepa duda alguna esta vez de quién es el padre de mi hijo.

Él alcanzó la puerta y desde allí se dio la vuelta para mirarla con frialdad y responder a ese último comenta­rio.

-¿Una mutación genética? ¡Qué idea tan aterradora!

Había disparado. Con una sola e inteligente frase se las había arreglado para darle la vuelta a todo su dis­curso. No sabía si gritar o llorar de frustración.

2 comentarios:

  1. aiii tenia tanto tiempo sin leerla me encantoo!!!*

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  2. Holisss!!!!!!
    Que bueno que subieras porque estaba a punto de sufrir un ataque de aburrision total!!! Sabes ojalá Miley quede embarazada para taparle la pu** boca al desgraciado de Nick 77' Te juro que estoy a segundos de odiarlo!!! Es que como es tan raju**!!!!! Ufff... estoy ofuscada total es que, que rabia él!!!!!!
    Ok mejor me dejo de pelear y me voy, cúidate mucho mucho bye c:

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..