domingo, 15 de julio de 2012

Niley 20 - Fruto de la traición


Nick bajó las escaleras y entró en el despa­cho. Estaba lleno de aparatos de alta tecnología. Dentro estaban Justin, dos policías y otros dos hombres a los que no reconoció, pero supuso que prove­nían del departamento de servicios especiales. De pie o sentados, todos ellos estaban ocupados con el compli­cado equipo de comunicaciones.

-Es casi la hora -dijo Justin-. Todo está preparado.

Nick asintió y se dirigió a la mesa del despacho. Los demás lo observaban moverse por la habitación como un gato, con pasos de animal salvaje. Estaban en tres grupos: uno seguía la pista a los secuestradores, otros sólo hablaban y otro hombre estaba listo para dar la señal en cuanto se lo indicaran.

-¿Algún problema? -preguntó al sentarse.
-No -contestó Justin-. Los hemos localizado en cierta área por el código, pero necesitamos más tiempo para poder estar seguros.
-Tiene que funcionar. Si fallamos, cundirá el pánico y si cunde el pánico correremos riesgos innecesarios. No quiero que la vida de la niña corra peligro alguno, ¿está claro?

Entonces el teléfono sonó. Todos en la habitación se quedaron helados e inmóviles. Nick estaba sentado en su silla muy quieto con las manos tensas y los ojos fijos en los dos policías. Esperaba.

Sonó dos veces. Tres veces. Aquello parecía una eternidad. Cuatro veces. Por fin agarró el auricular y contestó

-Jonas.
-Ah, buenas noches, signore -contestó una voz sibi­lante-. Espero que haya podido usted solucionar su pro­blema de dinero en efectivo...


**********

Comenzaba a amanecer cuando Nick entró en el dormitorio de Miley y la sacudió ligeramente para des­pertarla.

-¿Qué ocurre? -contestó ella poniéndose alerta ins­tantáneamente con los ojos asustados y somnolientos.
-Ya ha terminado todo, cara -murmuró él suave­mente-. Tu hija está a salvo.
-¿A salvo? -parpadeó sin terminar de comprender-. ¿Has dicho a salvo, Nick? ¿De verdad está a salvo?
-Sí.
-¡OH, Dios! -exclamó cubriéndose la boca con las manos mientras las lágrimas de alivio iban inundando sus ojos-. ¿Cómo...? ¿Dónde está?
-Te llevaré junto a ella en cuanto estés vestida y lista para viajar.
-¿Es que no está aquí? ¿Acaso le han hecho daño? -preguntó alarmada.
-No, ni le han hecho daño ni está aquí -contestó él con calma-. Toma... -dijo ofreciéndole una taza de algo caliente-. Tómate esto y luego vístete. Me gustaría salir de aquí en media hora. ¿Crees que podrás estar lista para entonces?
-Sí, por supuesto...

Sufría los efectos de un nuevo shock, el shock de sa­lir por fin de las entrañas del infierno, y eso le impedía hacer todas las preguntas que sabía hubiera sido lógico hacer en ese momento.

-Bien -contestó él dándose la vuelta deprisa para di­rigirse hacia la puerta.
-¡Nick! -él se detuvo justo delante de la puerta-: Gra­cias.

Después de lo que había ocurrido la noche anterior no carecía de ironía que ella le diera las gracias. Sin em­bargo él las aceptó en su justo valor y asintió ligera­mente con la cabeza antes de salir por la puerta.

-Abajo dentro de media hora -añadió antes de de­jarla.

Miley se duchó y se vistió en el tiempo acordado. Nick la esperaba en el vestíbulo. La observó bajar las escaleras hacia él sin apartar la mirada de la simpleza de líneas de su pantalón verde y su camisa color crema bajo la chaqueta blanca. No llevaba maquillaje, casi nunca lo llevaba. Se había peinado a toda prisa y se había hecho una coleta.

Nada de lujos ni de alta costura. Iba tal y como la co­noció la primera vez. Había vuelto a ser la persona de gustos sencillos en el mismo momento en que él la ha­bía mandado a vivir a Londres. Miley se preguntó si él se daría cuenta de ello mientras la observaba bajar con expresión indescifrable y el ceño fruncido e impenetrable. Pero no se disculpó por su aspecto. Así era como era ella. La otra persona a la que habían vestido a la moda era sólo una escultura a la que quisieron adaptar al rol que tenía que desempeñar. Pero ese rol era una farsa. Tan farsa como la vida y el matrimonio que se la había visto obligada a llevar.

El, en cambio, tenía un aspecto dinámico, no de hombre de negocios. No llevaba uno de sus trajes de seda hechos a mano sino unos pantalones de lino de co­lor tabaco y un jersey de cuello alto blanco bajo una chaqueta de lino negra. De Armani, supuso Miley, casi siempre que iba de sport usaba ropa de esa firma.

-¿Dónde está Justin? -preguntó Miley mientras Nick la conducía fuera a la radiante mañana de verano.
-Tiene que atender unos negocios míos -contestó él con frialdad abriendo la puerta del Mercedes en mar­cha al pie de las escaleras.

Miley sonrió para sí misma al subir al coche. El problema estaba resuelto, así que Justin podía dedicar su atención de nuevo a los negocios. Entonces se preguntó cuánto tiempo iba a gozar ella de la compañía de Nick antes de que él volviera su atención sobre otros asun­tos. Quizá sólo mientras durara el paseo en coche, reca­pacitó mientras observaba a Nick sentarse a su lado en el asiento de atrás. Quizá sólo hasta que él viera cómo ella tomaba por fin a Destiny en sus brazos. ¿O se ve­ría obligado a permanecer en la casa con ellas para ase­gurarse de que los mecanismos de seguridad no fallaban y no volvía a repetirse nada parecido?, Se preguntó. Miley se echó a temblar. La mera idea de que aquello volviera a ocurrir la hacía sentirse muy mal.

-¿Está muy lejos? ¿Tardaremos mucho en llegar?

1 comentario:

  1. Del capítulo anterior a este no a cambiado sigo pensando que Nick es un pu** cabr** Y lo vuelvo a decir ojalá Miley esté embarazada :)
    Bye... De nuevo xD

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..