miércoles, 11 de julio de 2012

Niley 42 - Tierra de pasiones



A Demi le temblaba el labio inferior. Se la veía hundida. Ni siquiera podía pensar en una última ocurrencia. Se dio la vuelta y se alejó con paso trémulo y la espalda rígida hacia el decorado donde la esperaba el director. Pero cuando se acercó a Joel Harper, se derrumbó en sus brazos y lloró como una niña

Joe apretó los dientes

—Puro teatro —dijo con aspereza—. Esa mujer es una manipuladora de primer orden. Nick está loco si cree que siente algo por él.
—Lo sé —dijo Miley con tristeza, pero sentía una extraña lástima por Demi. Nunca había visto a aquella mujer sofisticada y elegante en aquel estado. Se había disgustado la primera vez que Joe había sido grosero con ella pero, en aquella ocasión, estaba sinceramente hundida. Joe parecía odiarla, y Miley se preguntó por qué su opinión turbaba tanto a Demi si parecía sentir un desagrado parejo hacia él.
—Tengo que volver a la comisaría —le dijo Joe con suavidad—. Ándate con ojo. Me he asegurado de que Nick esté alerta. No creas que ahora Linley es menos peligroso porque está en la cárcel. He visto a hombres llegar a un acuerdo en peores circunstancias.

Miley suspiró.

—Tendré la pistola a mano. Ten cuidado tú también —añadió con genuina preocupación. Joe se encogió de hombros.
—He sobrevivido a cosas peores que los hermanos Linley —dijo, y sonrió—. Hasta luego.
—Adiós.

Se alejó sin dedicarle una sola mirada a Demi. Pero, a pesar de tener que competir con ella por la atención de Nick, Miley no podía evitar sentir pena de ella. Joe había sido cruel, y era evidente que su opinión era importante para la hermosa supermodelo. Las lágrimas habían sido reales, aunque Joe no lo creyera.

Mientras el equipo hacía un descanso, para dar tiempo a que la maquilladora reparase el destrozo causado por las lágrimas en el rostro de Demi, Miley esperó a la entrada de la caravana hasta que la modelo apareció.

—¿Qué quieres, recrearte? —preguntó con mordacidad.
 —Una modelo separó a sus padres —le dijo Miley en voz baja—. No es excusa para que se comporte así, pero ayuda a comprenderlo. Joe no era más que un niño, y quería mucho a su madre.
 Empezó a alejarse, pero una mano suave le tocó el hombro con ligereza lo justo para detenerla.
 —He sido una arpía contigo —dijo la modelo con solemnidad—. ¿Por qué te importa que me insulte? Además, ¿qué sabes tú de la vida real, con la vida resguardada que has llevado? —añadió con amargura.
Miley contempló sus hermosos ojos cafés con serenidad.
 —¿Crees que vivo en un mundo de cuentos de hadas, finales felices y perfecta armonía? Mi padre se emborrachaba y estuvo a punto de matarme. Mi madre murió. Nick y Ashley son lo único que tengo en el mundo.

Se dio la vuelta y, en aquella ocasión, Demi no la detuvo. Seguramente, no debería haberle dado ninguna explicación a la modelo, pero Joe había sido cruel.

Tenía gracia, pensó, que la preocupara ver llorar a la modelo. Demi Lovato había convertido su vida en un infierno, y le había arrebatado a Nick. Pero Nick sentía algo por ella, y Miley era incapaz de hacer daño a una persona querida por él.

Detrás de Miley, la modelo permanecía inmóvil, helada, detestando la compasión de aquella voz suave, la comprensión que escondía. Siempre creyo que la pequeña Miley Cyrus había tenido una infancia perfecta. La verdad la sorprendía y la hacía sentirse culpable. Se miró el lujoso anillo del dedo y lo comparó con los vaqueros rotos de Miley y con las botas gastadas.

Regresó hacia el decorado con el orgullo por los suelos. Nunca se había considerado una mujer cruel. Nick la hacía sentirse segura, nada más, pero su instinto protector hacia Miley era un estorbo, y Demi no podía renunciar a él, ¡no podía! Era lo único que se interponía entre ella y los hombres amenazadores. Hombres como Gary Mays, el ayudante de dirección y, en especial, Joe Miller. A pesar de la compasión de Miley, estaban compitiendo por el mismo hombre. Y era cierto que, en el amor y en la guerra, valía todo.


Las dos últimas semanas previas a la Navidad transcurrieron en un revuelo de actividad. Miley estaba examinándose, y combinando los estudios con las interminables labores del rancho. El caos creado por el rodaje le hacía la vida más difícil, y su impaciencia crecía. Ashley procuraba no estorbar, y Nick no se acercaba al rancho más que para llevar y recoger a Demi. Era educado con Miley, pero su antigua cordialidad parecía haber desaparecido para siempre.

En uno de sus días libres, Miley viajó a Victoria para comprar un alfiler de corbata de plata de ley que Nick había mencionado haber visto. Tardó medio día en encontrarlo, pero por fin lo vio en una pequeña joyería. Lo llevó al rancho con aire triunfante y lo envolvió con papel de regalo. Cuando, con la ayuda de Ashley, instaló el árbol de Navidad en el salón, lo colocó entre las ramas, para que no se viera demasiado. Compró a Joe una bonita cartera nueva, porque había visto lo gastada que estaba la que usaba.

Las visitas de Joe se habían multiplicado desde la detención de Linley. Miley había notado que Demi Lovato ya no le lanzaba pullas. Se mostraba extrañamente callada cuando Joe andaba por el rancho. Se apartaba de su camino, y él no le hacía el menor caso.

—Hay fuego en ese humo —comentó Ashley una tarde cuando Joe se marchó.
—¿Qué humo? —murmuró Miley, con la cabeza metida en su libro de texto.
—Entre esa modelo y Joe Miller —contestó—. Ahora mismo solo son rescoldos, porque se están rehuyendo, pero, si los juntas, saldrán llamas.
—¡Si se odian! —exclamó Miley, sorprendida.
—Tal vez. O tal vez no —Ashley ladeó la cabeza y miró a Miley sin dejar de secar el plato—. ¿Nick y tú os vais a ir a Japón?
—El año que viene, aunque todavía no hemos fijado la fecha. Pero es la mejor noticia que hemos tenido en mucho tiempo —pasó la hoja del libro—. Nick y yo ya habíamos decidido usar parte del dinero que van a darnos por el rodaje para sustituir al toro Salers, pero Nick consultó con un experto en inseminación artificial. Ya habíamos cruzado algunas de nuestras vaquillas con el Salers, y con ese toro Hereford que perdimos. Cuando averiguamos cuántas se habían quedado preñadas, compramos semen de un toro Salers campeón e inseminamos a las vaquillas restantes. Así, la próxima primavera tendremos una remesa de terneros campeones. Eso es lo que interesa a los japoneses. Nada de aditivos, ni de antibióticos innecesarios. Quieren que se alimenten exclusivamente de hierba, salvo por un complemento mínimo de vitaminas y minerales, en ningún caso de procedencia animal.
—Si no me falla la memoria —sonrió Ashley—, tuviste que convencer un poco a Nick para que aceptara el enfoque ecológico.
—Sabía que yo ya había hecho los deberes cuando se lo sugerí. Ahora que vamos a hacer este trato con los japoneses, se alegra.

Ashley le sonrió con afecto.

—Niña, has nacido para ser ganadera.
—Igual que mi tía abuela Sarah, que dirigió su propio rancho cuando todavía no había mujeres que lo hicieran. Oye, Ashley —dijo Miley, acordándose de improviso de su conversación con Joe—. Ten siempre la puerta de atrás cerrada con llave cuando estemos solas. Uno de los Linley está en la cárcel, pero el otro, no.
—No lo he olvidado.
—No podemos bajar la guardia ni un minuto —añadió—. Yo llevo la pistola en la camioneta, debajo del asiento —suspiró con .preocupación—. Fue un día triste para esta región cuando los hermanos Linley se mudaron aquí.
—Quizá no se queden mucho más tiempo —dijo Ashley.

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