domingo, 26 de agosto de 2012

Niley 59 - Tierra de pasiones



El viaje fue largo, y Miley pasó un poco de miedo porque nunca había viajado en avión. La clase turista era ruidosa, pero Nick y Miley se habían negado a permitir que la empresa japonesa les comprara los billetes en clase preferente. Ya se sentían bastante mal por haber aceptado la invitación. El avión estaba atestado y costaba trabajo relajarse, pero la perspectiva de visitar un país extranjero fascinaba a Miley.
Almorzaron en el avión y, poco después, las noches de insomnio pasaron factura y Miley se quedó dormida. Cuando quiso darse cuenta, Nick la estaba despertando con un beso.
El contacto de sus labios fue electrizante, tanto que Miley tuvo que contenerse para no devolverle aquella tierna caricia.

—¿Ya hemos llegado? —susurró. Nick sonrió.—Mira por el cristal, cielo.
Miley levantó la pantalla. Sabía que durante el resto de su vida recordaría aquella primera e increíble imagen de la costa japonesa: montañas verdes perdiéndose entre las nubes; rocas afiladas irguiéndose contra el océano. Parecía un trozo de paraíso.
—Caramba —susurró, embelesada.
—Yo también me sentí así la primera vez que lo ví —le dijo Nick en voz baja. Había viajado a Japón por motivos de trabajo hacía años, cuando los Rangers de Texas colaboraban con la Interpol—. No se puede describir; hay que verlo.
—Sí —suspiró Miley con placer—. Es muy hermoso.
Nick estaba observando el perfil de Miley, grabándose su imagen.
—Mucho—susurró.

El aeropuerto de Kansai era enorme, una sinfonía de metal y cristal, y costaba trabajo orientarse en él. Miley se puso un poco nerviosa cuando pasaron el control de pasaportes. Todo era tan distinto...
Pero sus preocupaciones no tardaron en desaparecer. En aduanas los aguardaban el señor Kosugi y su socio, el señor Nasagi, junto con varios colegas.

—Confío en que hayan tenido un vuelo agradable — dijo el señor Kosugi, todo sonrisas, e hizo una seña a un compañero para que les llevara las maletas.
—Maravilloso. Nunca olvidaré la primera vista de su hermoso país —dijo con voz ronca, devolviéndole la sonrisa.
—Su esposa es muy diplomática, señor Jonas —rio el señor Kosugi. Nick le pasó una mano por los hombros y la apretó contra él.
—Es mi brazo derecho —susurró, y sonrió.

Los condujeron a un hotel de Osaka que tenía una preciosa vista del río y de la ciudad, y se pasaron a recogerlos a las seis para llevarlos a cenar a un célebre restaurante. Sonrieron con tolerancia al ver a Miley forcejear con los palillos. Ella no quería decirles que Joe había intentado enseñarla, pero que había fracasado estrepitosamente. Nick los usaba como un nativo, y aprovechó la oportunidad para enseñarle a Miley a manejarlos.

—¿Lo ves? —dijo con suavidad—. No es difícil.
—Gracias.

Nick mantuvo la mirada en su rostro mientras ella tomaba una angula a la plancha y se la metía en la boca. Llevaba un nuevo vestido plateado de finos tirantes que Nick había insistido en comprarle antes del viaje. La melena rubia le caía suavemente sobre los hombros y llevaba minúsculos zapatos blancos de tacón con una tira en el tobillo. Nick la encontraba hermosa, y apenas podía apartar los ojos de ella.

—Mañana los llevaremos a Kioto, a uno de los restaurantes de nuestra cadena —dijo el señor Kosugi—, y a la granja en la que criamos el ganado, para enseñarles las instalaciones. Y, de paso, ¿les apetecería ver un castillo?
Miley soltó los palillos.
—¿Un auténtico fuerte samurai? —exclamó. ¿Con suelos de ruiseñor?
Fue el turno del señor Kosugi de mostrarse sorprendido.
—¿Ha oído hablar del «suelo del ruiseñor», señora Jonas? —preguntó. A ella le encantaba que la llamaran por su nombre de casada. Sonrió.
—Me encantan las películas extranjeras. He visto todos los filmes de samurais que hay en el mercado. ¡Me encantaría ver el fuerte!
El señor Kosugi estaba impresionado.
—Entonces, visitaremos el castillo de Nijo, que data de 1603. Vendré a buscarlos mañana después del desayuno. Digamos, ¿a las nueve en punto?
—Perfecto —dijo Miley con un suspiro, y Nick sonrió al ver su entusiasmo.

Nick y Miley compartían la misma habitación de hotel de camas dobles, pero Miley apenas reparó en la intimidad que aquello representaba. Estaba tan agotada que, nada más ponerse el camisón de algodón, se quedó dormida. A la mañana siguiente, Nick, completamente vestido, la despertó y esperó a que se pusiera la ropa de calle para poder bajar a desayunar.

El señor Kosugi y su grupo se presentaron puntualmente a recogerlos. Miley se sorprendía de su propia vitalidad, a pesar del calor inusual que hacía. Iban a desplazarse a Kioto en el famoso tren bala, y la estación de Osaka en la que lo tomaron la fascinó. Tenía distintos niveles e incluía el centro comercial en el que se había rodado una escena de Black Rain. Disfrutaba con cada nueva experiencia, del trato cálido de los japoneses y de la jovial costumbre de sonreír

Cuando llegaron a Kioto, Miley observó a Nick con disimulo. Se lo veía más relajado que nunca. Caminaba entre los japoneses con pasos largos, y sus botas llamaban la atención tanto como su Stetson.

Salieron de la estación y se trasladaron en un monovolumen a la granja de los Kosugi. Allí les enseñaron las instalaciones y los familiarizaron con los modernos métodos de crianza que seguían. A Miley y a Nick les gustó lo que vieron, y lo dijeron. Cuando regresaron al monovolumen, les dieron toallas blancas enrolladas en plástico para refrescarse la cara. Hacía un calor asfixiante.

El conductor los llevó al castillo de Nijo, residencia de los sogunes Tokugawa, y atravesaron el foso y los exquisitos jardines hasta llegar al castillo propiamente dicho. Se componía de diversas habitaciones de un solo nivel, separadas por puertas corredizas y circundadas por un pasillo de madera. El pasillo emitía un sonido parecido al canto de un pájaro cuando se caminaba sobre él. Les enseñaron la estructura inferior del piso, y vieron los clavos y piezas de metal que, colocados estratégicamente, «cantaban» al entrar en contacto entre ellos con cada pisada. El «suelo del ruiseñor», como se lo llamaba, era una forma melódica de impedir que un ninja o soldado enemigo sorprendiera a los samurais. Miley llevaba una cámara, y la señora Kosugi sacó fotos de ella con Nick. Miley se alegraba... ¡Podía ser la última vez que viera a Nick antes del divorcio!

Tras la visita al castillo, los llevaron al restaurante del señor Kosugi para un almuerzo tardío. La comida estaba deliciosa, sobre todo la carne, que rivalizaba con la famosa ternera Kobe de Japón. El señor Kosugi empleaba técnicas similares de crianza, como la de masajear al ganado. El ganado importado de los Jonas se criaría de la misma manera. Tomaron un plato de carne de ternera con fideos que estaba delicioso.

Miley empezaba a defenderse mejor con los palillos desde que Nick la había enseñado. No había podido hacerse a ellos cuando Joe intentó aleccionarla. Cometió el error de mencionarlo mientras levantaba los fideos con pericia y se los llevaba a la boca.

Nick había estado extravertido y sonriente todo el día. Pero, a la mención de Joe, se enfrió. Hasta su apetito pareció mermar. Hizo esfuerzos por ser educado con sus anfitriones pero, después de la sobremesa, del viaje de regreso en tren a Osaka y el trayecto en ferry hasta el hotel, su amabilidad se fue a pique. En cuanto se quedó a solas con Miley en la habitación del hotel, estalló.

—Debería haberme quedado en casa y haber dejado que Joe te acompañara —dijo con furia apenas contenida—. Hasta sabe hablar japonés, ¿no?
Miley se puso rígida.
—Sí, con bastante fluidez —replicó, lanzando fuego con la mirada. Se echó la melena hacia atrás, alborotada como la tenía por el viento. Con pantalones de pinzas de color beige y una blusa estampada de flores, estaba esbelta, limpia y muy bonita.

Nick se dio la vuelta y avanzó hacia ella de forma tan repentina que a Miley se le paró el corazón. Llevaba los pantalones de vestir azules de todo el día, pero se había quitado la chaqueta, la corbata y el sombrero y se había desabrochado los primeros botones de la camisa. El vello oscuro que cubría su pecho musculoso quedaba expuesto con claridad, y Miley estaba recordando lo que había sentido estando abrazada a él en la oscuridad.  

—Pero Joe no ha hecho el amor contigo —exclamó Nick con brusquedad, inclinándose sobre ella—. ¡Y no lo hará!
Miley se lo quedó mirando con perplejidad.
—Tú no me deseas... —empezó a decir.
Nick alargó las manos y la atrajo hacia él con suavidad, envolviéndola con su figura musculosa.
—Estamos ciegos, sordos, mudos e insensibles de cuello para abajo, ¿no? —preguntó con humor negro mientras apretaba sus caderas contra las de ella.

Ella notó vividamente la ironía de aquella afirmación. Nick estaba completamente excitado y apenas la había tocado. Miley tragó saliva. Estaba recordando un placer tan intenso que era casi agonía, y sonidos casi inhumanos que habían emergido de su garganta.
Lo empujó con suavidad.

—No, Nick —dijo con voz ronca—. Estás disgustado por todo lo que ha pasado, nada más. Se te pasará.
—He sido noble desde que te llevaron al hospital — masculló—. Estoy harto. No como, no duermo, ni siquiera puedo trabajar. Te recuerdo gimiendo en mi oído mientras te hacía mía —se inclinó sobre su boca—. No lograbas saciarte de mí. No lograbas acercarte bastante a mí. La expresión de tu cara cuando te llené... Agonizo cada vez que lo revivo. ¿Y crees que se me pasará?     

Miley estaba perdiendo terreno. Su cuerpo empeza ba a reaccionar a la proximidad de Nick, sus senos ya estaban presionando el tórax de Nick, sus piernas la estaban acercando a su magnífica virilidad. Lo sentía en torno a ella y lo deseaba con locura.

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hola chicas....
waooo al fin estoy por aqui dejandole marathon de esta nove, aun faltan muchos capis de esta nove, y despues con corazones heridos, de fruto de una traicion estamos en los ultimos capitulos, se que he estado desaparecida pero el trabajo esta cada vez mas complicado, mi tiempo practicamente se ha reducido, eso si no piensen que no leo sus noves, las leo solo que me es dificl comentar, por otro lado gracias a quienes comentan en mi blog...
aun no me han operado, tengo que esperar un poco mas de tiempo, me ha dado gripe pero eso es normal porque ya empezo la epoca de frio y este año hace mas que otros, lamento haber desaparecido...
las quiero millon chicas a todas y cada una de ustedes :)

Niley 58 - Tierra de pasiones



Aunque a regañadientes, Nick regresó a su apartamento de Victoria cuando Miley pudo valerse por sí misma en el rancho. Estaba otra vez trabajando, ya que la comisión que había investigado el tiroteo había juzgado correcto su proceder durante el mismo. Con la ayuda de Nick, había perfilado planes nuevos para el rancho, había comprado materiales, había contratado a un trabajador de jornada completa, y organizado los horarios de trabajo con la máxima eficacia.

El rancho estaba progresando, gracias a la inyección de dinero que había supuesto el rodaje. Otra compañía cinematográfica les había hecho una oferta para un nuevo rodaje al año siguiente. Miley gimió, pero Nick hizo promesas de construir un granero nuevo y de hacer mejoras en la casa, y acabó cediendo. Además, no sería hasta el próximo otoño. Podían pasar muchas cosas en ese intervalo de tiempo, se dijo Miley. Quizá, ni ella estaría allí por aquel entonces.

Mientras tanto, la compañía japonesa se había puesto en contacto con Miley y con Nick para organizar su viaje a Osaka. Miley intentó rehuir el compromiso, alegando que tenía mucho trabajo en el rancho, pero Nick le aseguró que Zac era perfectamente capaz de supervisar las tareas, y que todavía faltaban semanas para que nacieran los terneros. No tenía excusa, le espetó, a no ser que se sintiera reacia a separarse de Joe Miller, añadió con fría amargura.

Joe se había convertido en el colchón de seguridad de Miley. Lo mantenía entre Nick y ella porque no quería que Nick se comprometiera a seguir casado por gratitud o culpabilidad. Sabía que quería hacerlo; lo conocía muy bien. Nick estaba admirado porque ella hubiese intentado sacrificar su vida por salvarlo. No lograba olvidarlo, por mucho que lo intentara, y se lo mencionaba con frecuencia.

Pero Miley no logró eludir el viaje a Japón. Hasta Ashley secundó a Nick e insistió en que lo acompañara.

—Todavía estoy débil por la convalecencia —protestó Miley la víspera del viaje. Nick la observaba con un semblante casi doloroso y taciturno que empezaba a resultar familiar.
—Lo sé —le dijo con suavidad—. Pero será una nueva experiencia para ti. Necesitas cambiar de aires, alejarte del rancho.
—Alejarme de Joe, quieres decir —repuso Miley con una larga mirada. Él apretó los dientes. Oír su nombre era una provocación.
—No te separas de él desde que has vuelto a casa —señaló.

Miley le dio la espalda, cansada de la pelea. Joe y ella eran amigos, nada más. Pero su relación impedía que a Nick lo abrumara la deuda que creía tener con ella.

—En las mismas circunstancias, habrías hecho lo mismo que yo, y lo sabes —dijo Miley en voz baja, contemplando el pasto por la ventana—. Estás exagerando lo ocurrido, Nick, y no es necesario.
Sintió el calor que despedía su cuerpo detrás de ella, y su aliento en el pelo de la sien.
—Aceptaste una bala que iba dirigida a mí —dijo Nick con aspereza—. ¿Cómo quieres que me lo tome? —sus manos grandes la sujetaron por los hombros y la hicieron volverse con mucha suavidad para mirarla a los ojos—. Yo doy un paso hacia ti y tú retrocedes dos — reflexionó en voz alta—. ¿Eres la misma mujer que no podía acercarse bastante a mí en Nochebuena?

Miley se sonrojó.

—¡Cómo te atreves a mencionar eso! —le espetó.
—Y ni siquiera habías bebido —añadió con regocijo indulgente.
Miley miraba a todas partes menos a sus ojos.
—Fue un error, tú mismo lo dijiste.
—Dije muchas cosas —se evadió Nick.
—Sí, y ahora estás diciendo mucho más, y no deberías —se desasió para explicarse mejor—. Mira, quieres el divorcio. No hay problema. Podrás casarte con Demi Lovato y yo seguiré con Joe hasta que decida si quiere o no vivir en Brownsville el resto de su vida.

Nick se preguntó si Miley sabría lo que le dolía escuchar afirmaciones como aquella. No estaba interesado en Demi Lovato, pero la fascinación de ella por Joe lo había impulsado a fingir interés, por orgullo herido. Joe era todo lo que la mayoría de los hombres deseaban ser: apuesto, encantador, culto y temerario. No había un juez de paz en todo Texas que no reconociera su nombre. Él, en cambio, tenía una educación corriente y algunos estudios universitarios, pero no estaba a la altura de Joe intelectualmente, y lo sabía. Tampoco era culto, ni hablaba media docena de idiomas.
Peor aún, sabía lo que Joe sentía por Miley y que, a la menor oportunidad, se casaría con ella sin titubear.

Nick empezaba a darse cuenta de que la indiferencia y el rechazo con los que había tratado a Miley para mantenerla a distancia habían hecho mella en ella. Se había convencido de que lo hacía por su bien, para que fuera libre e inocente y pudiera tomar las riendas de su vida en cuanto anularan el matrimonio. Pero no era cierto. No había querido ataduras. No podía evitar recordar que su madre había abandonado a su padre por otro hombre. Ella había sido como Miley, inocente, se había casado muy joven, y no había tenido experiencia del mundo ni de otros hombres salvo por su marido. No lo sorprendía, pensando como un adulto, que la hubieran tentado otros hombres.

Había albergado visiones de Miley haciendo lo mismo que su madre, corriendo a los brazos de otro por curiosidad tras años de matrimonio, y eso lo había asustado. Había dado la espalda a los ojos ávidos de Miley, a sus sueños de una vida con él. De pronto, él quería recuperar todo aquello, pero ella no. Se mostraba más distante y reservada que nunca. Empezaba a temer que fuera demasiado tarde. Incluso él, con su enorme confianza en sí mismo, se sentía inseguro ante la amenaza que representaba Joe Miller.

—Te he dicho hasta la saciedad que nunca quise casarme con Demi —masculló—. Pero no quieres escucharme.
Porque no había dejado de decir que se iba a casar con ella hasta que le habían disparado, pensó Miley, pero estaba harta de discutir.
—Si no puedo librarme del viaje, será mejor que haga las maletas —dijo con un hondo suspiro—. Trece horas de avión. Estaré echando espuma por la boca antes de que lleguemos a California.
Nick la miró con aire mundano.
—Ya se nos ocurrirá alguna manera de matar el tiempo. Como ir juntos al aseo...
Miley tardó un momento en comprender lo que estaba diciendo. Lo miró con furia.
—¡No pienso hacer el amor contigo en el aseo de un avión!
—¿Ni siquiera si te compro un negligé rojo? —preguntó Nick con suavidad.

Ashley se detuvo en el umbral con un pie en el aire. Carraspeó, bajó el pie y estuvo a punto de salir corriendo hacia la cocina.
Nick no dijo nada; estaba riendo con ganas. Miley emitió un sonido ronco y gutural y se refugió lo antes posible en su habitación

Niley 57 - Tierra de pasiones



Miley estuvo perdiendo y recuperando la conciencia de forma intermitente durante los primeros días, mientras su cuerpo iniciaba el lento proceso de recuperación de la herida, que le había costado parte de la región inferior del pulmón y un trozo de bazo. Por fortuna, la bala se había quedado alojada en el tejido dañado que habían tenido que extirpar para controlar la hemorragia.

Fue trasladada a una habitación privada al cuarto día. Desde entonces, Nick no se apartaba ni un momento de su lado. Su segundo tiroteo en el espacio de dos semanas lo había vuelto a relegar a un permiso administrativo, pero era oportuno. Su capitán y su teniente lo habían llamado por teléfono dos veces para interesarse por la salud de Miley. Tenía buenos compañeros de trabajo. Uno de ellos, el de San Antonio, lo estaba sustituyendo temporalmente en Victoria. También debía ocuparse del rancho, aunque Nick detestaba el tiempo que debía separarse de Miley. Delegaba en Zac, el capataz, lo más que podía.

Joe también era un visitante fiel, pero se mostraba extrañamente sumiso y se mantenía en un segundo plano. Demi Lovato se pasaba por el hospital después del rodaje para ver cómo estaba la paciente, y llevaba a Ashley con ella. La actriz había sorprendido a muchas personas con su compasión, sobre todo, a Joe. Este escuchó accidentalmente una conversación que la modelo mantuvo por su móvil. Al principio, pensó que estaba conversando con un hombre, porque mantenía la voz suave y llena de afecto. Después, la oyó hablar de exámenes y notas y de no pelearse con otros chicos, y comprendió que su interlocutor era un niño. Resultó ser su hermano pequeño, que estaba estudiando en una academia militar. Demi se lo confesó con una extraña reserva y, después, se alejó antes de que Joe pudiera preguntarle nada más.

Cuando no tenía visitas, Miley se comportaba con Nick con cierto recelo. Nunca lo miraba a los ojos. Sonreía cuando Joe y Ashley entraban, y se esforzaba por conversar con ellos, aunque estaba muy débil. Con Demi era educada, aunque distante. Pero con Nick se mostraba visiblemente incómoda.

—Deberías volver al trabajo —le dijo una mañana cuando la auxiliar la ayudó a sentarse en una silla para poder hacerle la cama—. Solo estaré ingresada unos días más. Zac puede ocuparse del rancho. Ya estoy fuera de peligro.

Nick, silencioso, no respondió. Observó cómo hacían la cama y volvían a acostarla, pero se mantuvo callado.

Por fin, se acercó a ella y la miró con semblante taciturno. Tenía el pelo sucio, enmarañado y lacio. Estaba agotada del simple esfuerzo de sentarse en una silla y volver a la cama pero, para Nick, que la había observado con angustia desde que había salido de la anestesia hasta aquel momento, estaba hermosa.

—Perderás tu trabajo por mi culpa —insistió Miley.
—No. Tengo permiso para estar aquí —le levantó la mano izquierda y acarició con el pulgar el anillo de sello que ella le había devuelto hacía un par de meses. Nick se lo había vuelto a colocar en el dedo anular cuando Miley estaba inconsciente—. Nos has dado un susto de muerte —añadió con solemnidad.

Miley probó a mover el dedo, advirtiendo en aquel momento que tenía otra vez el anillo.

—¿Cómo ha llegado aquí? —preguntó con voz somnolienta.
—Te lo he puesto yo —dijo Nick con voz queda—. Seguimos casados. Tuve que ingresarte con tu nombre legal.
Miley bajó la mirada y se desasió.
—Demi debe de haberse quedado a cuadros —dijo con voz inexpresiva—. Confío en que no le importe esperar a que nos divorciemos.

Nick inspiró y hundió las manos en los bolsillos.

—Ya hablaremos de eso cuando te hayas repuesto.
Miley enarcó una ceja.
—¿Por qué hay que esperar? Ya te he arruinado bastante la vida.
Nick le besó la palma de la mano con fervor.
—No lo entiendes.
Miley lo miró a los ojos.
—Claro que lo entiendo —susurró con voz cansina—. Te sientes culpable por lo que le dijiste a Demi de que yo te avergonzaba. Después, me dispararon e intentas sacrificar tu vida para hacer las paces. No es necesario. Puedes quedarte con este anillo. Te daré el divorcio...

Nick tomó la mano de Miley para impedir que se quitara el anillo. No iba a resultar fácil convencerla de lo que sentía. Creía que estaba mintiendo por equivocados sentimientos de culpa y lástimas.

—La perderás si esperas demasiado —insistió Miley, perdiendo fuerza en la voz, somnolienta.
—Ya he esperado demasiado —masculló Nick, detestando el nudo que sentía en la garganta y que no lograba deshacer. Contemplaba el semblante pálido de Miley con mirada intensa y torturada.
Pero ella no lo escuchaba. Se había quedado dormida.

A los pocos días, la llevaron a casa, y Miley no tardó en querer ayudar en la cocina. Ashley la acompañó de nuevo a la cama. Al día siguiente, fue Nick quien la acostó, con los labios apretados, haciendo caso omiso de sus protestas.

—¡No puedo estar tumbada sin hacer nada! Así no me repondré —protestó cuando empezó a meterla en la cama—. ¡Carlise dijo que me convenía hacer ejercicio!
—Poco a poco, y no de golpe, como tú quieres — replicó Nick con aspereza. La acomodó sobre las almohadas y la miró con reprobación. Se había dado una ducha y se había lavado el pelo con la ayuda de Ashley, y tenía infinitamente mejor aspecto que en días anteriores.
—Está bien, me quedaré quieta —murmuró, eludiendo su mirada—. Deberías estar con Demi. El viernes van a dar los últimos toques al rodaje y, después, se irán.

Nick no había logrado hacerla entender nada de lo que le había contado sobre su relación con Demi; Miley lo interrumpía cada vez que intentaba explicárselo por enésima vez. Demi le había devuelto el anillo de esmeralda y diamantes con todo tipo de disculpas balbucientes, y en la joyería le habían reembolsado casi todo el dinero. Nick había querido contárselo a Miley, pero ella no quería escuchar. Tampoco había aceptado el regalo de Navidad de Nick, convencida de que era una compensación tardía por no haberle comprado uno en su momento. Nick ya no sabía qué hacer para convencerla de su sinceridad.

Joe se había dejado caer por el rancho más a menudo últimamente, y era otra fuente de preocupación, porque Miley se animaba en cuanto lo veía. Reía con él como ya no lo hacía con Nick.

—No quieres escucharme —dijo en tono de derrota.
Ella lo miró con ojos turbulentos.
—Ni tú a mí. Ya te he dicho que te daría el divorcio cuando me lo pidieras. Ahora que tenemos el talón de la compañía cinematográfica en el banco, podemos permitírnoslo.
Nick contrajo la mandíbula.
—¡No quiero el maldito divorcio! —le espetó—. ¡No quiero casarme con Demi Lovato! ¡Nunca quise hacerlo!
Miley intentó incorporarse y, sin querer, tiró el vaso de zumo de naranja que tenía en la mesilla y se manchó.
—¡Mira lo que he hecho por tu culpa! —le gritó a Nick.
—¡Si no lo he tocado! —.le espetó Nick, furioso.

Demi Lovato oyó los gritos y asomó la cabeza.

—Por el amor de Dios —murmuró, y volvió a salir.
Regresó momentos más tarde con un paño y una toalla húmeda—. Sal —le dijo a Nick, sosteniendo la puerta de par en par. Él empezó a protestar.
—Ya la has oído —la secundó Miley—. ¡Fuera!
Nick elevó las manos en señal de impotencia y salió dando un portazo. Demi rio.
—¿No son insufribles los hombres? —pensó en voz alta. Recogió el zumo de naranja con el paño— ¿Dónde tienes los camisones? —preguntó en tono práctico.
Miley se lo dijo, sorprendida por la eficiencia de la mujer. La limpió con la toalla húmeda, le quitó el camisón sucio y le puso uno limpio.
—Me he pasado muchos años cuidando de mi hermano pequeño y, después, de un hombre por el que sentía... un gran afecto —dijo Demi—. Mi hermano tiene nueve años y está en una academia militar —tenía mirada atormentada—. Me he gastado una fortuna arrebatándole la custodia a mi madre y a su último amante, pero no me extrañaría que intentaran secuestrarlo para reunir más dinero. Nadie sabe dónde está salvo yo.

Miley estaba fascinada por aquella faceta desconocida de la vida personal de la modelo.

—Debes de quererlo mucho.
—Es mi vida —asintió. Recogió la toalla y el paño y la miró con tristeza—. He causado muchos problemas entre Nick y tú. Quiero que sepas que lo lamento mucho. Me sentía a salvo con él. Es el mejor hombre que he conocido en mi vida, y me volví posesiva. Pero, créeme, de haber sabido que estabais casados, nunca...
—No importa —la interrumpió Miley, avergonzada—. No se puede evitar lo que se siente por otra persona.
Demi suspiró.
—Qué gran verdad —murmuró, pensando en Joe Miller y en su frialdad, a pesar de sus intentos de que revisara la opinión que tenía de ella.

Miley pensó que lo decía por Nick y se deprimió aún más.

—Le devolví a Nick el anillo —añadió Demi con firmeza—. Y siento haberlo animado a que me lo comprara. No sabía lo apurados que estabais.
—No lo estaremos mucho más tiempo —dijo Miley—. Estamos negociando un acuerdo con una empresa extranjera. Si sale bien, me iré de aquí en cuanto nos divorciemos, y así Nick podrá tener lo que quiera.
—¿Sin ti? —preguntó Demi, atónita—. ¿No ves lo que siente?
—Se siente culpable —dijo Miley con rotundidad—. Se le pasará con el tiempo —se echó y cerró los ojos—. Estoy cansada de estar casada con un hombre que me considera una carga. Quiero el divorcio.

Demi no sabía qué decir. Se quedó en pie, roída por los remordimientos. Por fin, salió del dormitorio y cerró la puerta. Ya había causado bastantes problemas por un día, aunque su intención hubiese sido buena.