domingo, 5 de agosto de 2012

Niley 27 - Fruto de la traición



Miley lo vio palidecer y sintió compasión por su ene­migo. No sabía si debía creerle ni si seguía importando una vez que el daño estaba ya hecho. Lo que sí sabía era que no podía relajar la guardia. Esa lección la había aprendido bien. Sin embargo nunca había sido cruel con los débiles, y Paúl indudablemente lo era.

-¿Te encuentras bien?
-Sí.

Entonces oyeron la risa de la niña desde la playa y ambos miraron en esa dirección. Miley se acercó a las jar­dineras de terracota para ver qué sucedía y Paúl se asomó a su lado. De pronto sintió, con aquel extraño sexto sentido, que había alguien detrás. Giró la cabeza y miró para arriba hacia las otras terrazas. Nick estaba de pie varios niveles por encima de ellos observándolos con un gesto de pena.

Pena no por la niña, sino por el padre. Se le encogió el corazón. Él debía de ser tan consciente como ella del cambio en su estado de salud, y quizá incluso había es­cuchado la conversación. Sus ojos se volvieron enton­ces hacia ella con una expresión de frialdad. Aquello significaba que lo había oído todo. O al menos parte. La había avisado con respecto a su padre.

-¡Has visto eso! Se ha escapado por entre las piernas de Lily -comentó Paúl inconsciente de la presencia de su hijo.

Miley miró hacia la playa por un momento. Cuando volvió a mirar para arriba Nick ya no estaba.

-¡Cómo me gustaría poder bajar ahí y jugar con ellas!
-Paúl -dijo de pronto Miley obedeciendo a un im­pulso y arrodillándose a su lado-. Destiny es nieta tuya.
-Lo sé -contestó él con tal expresión de orgullo y de júbilo que Miley sintió que se le encogía el corazón.
-Tú la quieres.
-Sí. ¿Cómo lo decís los ingleses...? Unidos, nos sen­timos unidos desde el mismo instante en que nos vimos, Miley. Ella se echó a mis brazos como si me conociera de toda la vida. La quiero -suspiró-. Y ella me quiere a mí. Es maravilloso.
-También es parte de mí, Paúl.
-Sería difícil negarlo cuando es tu viva imagen.
-Necesita a su madre.
-¡Por supuesto! -contestó él aprisa como si le sor­prendiera que ella sintiera la necesidad de decírselo-. Todos los niños necesitan a su madre... Nick le tenía de­voción a su madre. Jugaban juntos en esa misma playa, como ellas...
-Destiny Denisse.
-Sí. Le pusiste a la niña el nombre de la madre de Nick. Te lo agradezco. Fue muy amable por tu parte te­niendo en cuenta las circunstancias.
-Nick me dijo que ella era una mujer muy espe­cial. Creo que... os amaba mucho a los dos, padre e hijo.
-Sí. Como nosotros a ella. Pero se puso muy enferma y luego murió. Los dos lo pasamos muy mal, aún lo pasamos mal a veces aunque hace ya mucho tiempo que ocurrió.
-¿Y crees que Destiny Denisse estaría orgullosa de ti al ver que le niegas a tu hijo el derecho al amor de su mujer y de su hija?

De pronto se hizo el silencio. Miley contuvo la respi­ración mientras esperaba a ver si la pregunta había lo­grado alcanzar a su conciencia moral.

-Creo que supones demasiadas cosas.
-¿De verdad lo crees? -contestó ella esperando ha­ber plantado en él la semilla de la bondad y el arrepenti­miento. Sólo él podía decidir si dejaba que aquella se­milla muriera o creciera, pero si la dejaba morir avergonzaría la memoria de su esposa-. Bueno, re­cuerda que Destiny es hija mía. Si intentas quitármela con alguno de tus trucos, te perseguiré hasta el infierno.
-¿Y cómo crees que podría hacerlo? -preguntó mos­trándose de nuevo astuto y amenazador.
-Sabes muy bien cómo hacerlo, pero yo voy un paso por delante de ti, Paúl. Si me fuerzas a ello, usaré el as que tengo en la manga.
-¿Y qué as es ése?
-Si aún no lo sabes, no voy a ser yo quien te lo diga -contestó Miley con astucia ocultando que no tenía nin­guna baza escondida.
-Mi hijo adora a su padre -añadió él.
-Pero tu hijo también tiene derecho a amar a su hija -respondió Miley marchándose.
-Tiene una amante -dijo Paúl a su espalda-. Se llama Selena y vive en Taormina. La visita dos veces a la semana cuando está aquí.

Miley cerró los ojos. Recordó que Nick le había di­cho mientras yacía en sus brazos la última vez que había intentado olvidarla. Cáncer. Paúl era como un cáncer que vivía de la debilidad de los demás. Sintió que su corazón naufragaba. La venganza de Paúl estaba cerca, recapacitó mientras entraba en el dormitorio. De pronto, se paró atónita. ¿Qué estaba ocurriendo?, Se preguntó.

La puerta del dormitorio estaba abierta y un par de sirvientas estaban sacando su ropa y poniéndola sobre la cama. Se alarmó. Según parecía, Paúl ya lo había conseguido.

-Ven conmigo -dijo entonces Nick agarrándola del brazo.

La sacó del dormitorio y la llevó por el pasillo hasta la habitación de al lado haciéndola entrar. Era una suite con un bonito salón en blanco y azul. Se quedó parada en medio mirando a su alrededor pero sin ver nada. Entonces oyó el clic de la puerta cerrándose con cautela y se volvió.

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