lunes, 20 de agosto de 2012

Niley 33 - Fruto de la traición



La sorpresa que supuso esa proposición para Miley fue inmensa. Por un momento, se quedó con­fundida y no pudo evitar que su asombro resultara evidente.

-Escúchame antes de decidir nada -añadió Nick deprisa creyendo que ese gesto significaba un no-. He estado toda la semana intentando encontrar una solución para esta situación a la que hemos llegado tú y yo y no veo ninguna. Al menos ninguna que nos permita conser­var el poco orgullo que nos queda a ninguno de los dos. Todavía te deseo, me he dado cuenta que no puedo dejar que te vayas por segunda vez. Por eso estoy dispuesto a olvidarlo todo y comenzar de nuevo, y me gus­taría que tú hicieras lo mismo.

Miley no podía respirar, no podía tragar, no podía ni siquiera pensar de lo sorprendida y atónita que estaba. Nunca, desde que lo conocía, había visto a Nick pe­dir algo en ese tono, rogar nada a nadie. Y sin embargo en ese momento lo estaba haciendo. Le estaba rogando que le diera otra oportunidad.

Las lágrimas la invadían. Lágrimas por él porque esa petición dañaba gravemente su orgullo. Al fin y al cabo, él no había hecho nada malo, excepto creer en un rumor que sus ojos en parte vieron confirmado. Y a pesar de todo, la seguía amando, a pesar de todo quería intentarlo de nuevo.

-¿Y Destiny? -susurró-. ¿Qué pasa con Destiny? Ella es parte de mí, Nick. Si me quieres a mí, la tienes que querer a ella.
Nick levantó la vista hacia la niña, que seguía ju­gando. Miley sabía lo que él veía en ella cuando la mi­raba.
-Yo no soy un mal hombre, Miley. No tengo ningún interés en hacer daño a ninguna niña.

Eso quizá fuera cierto, nunca le haría daño a sabien­das, pensó Miley, pero, ¿se lo haría inconscientemente?

-¡Pero Nick, si ni siquiera eres capaz de decir su nombre!
-El nombre de mi madre. Me cuesta... -se interrum­pió haciendo un gesto de dolor que le hizo a ella llorar-. ¿Por qué hiciste eso, Miley? ¿Por qué le pusiste el nom­bre de mi madre cuando...?

La razón era bien sencilla, pensó Miley. Porque era su hija. Habría deseado gritarlo, pero no podía. Paúl le había arrebatado ese derecho. Sin embargo, su silencio la condenaba aún más a los ojos de él. Nick se levantó tenso.

-La adoptaré. Entonces será legalmente mía.
Eso nunca sería suficiente, pensó Miley cerrando los ojos de pura desesperación. Destiny se merecía algo mejor. Nunca podría probar su propia inocencia, pero sí la de su hija.
-Estoy dispuesta a que le hagas un test de sangre si crees que eso te va a ayudar a aceptarla como hija tuya. Al menos nos queda esa opción.
-¿Es ésa tu respuesta a mi proposición?

¿Lo era? Se preguntó Miley. ¿Serían capaces de reem­prender un matrimonio en el que él constantemente es­taría sospechando de su fidelidad o reprochándole lo su­cedido cada vez que discutieran? ¿Podría ella soportarlo?

-El pasado es el pasado, Nick. Si volvemos a in­tentarlo, tienes que prometerme que lo enterrarás para poder darnos otra oportunidad.
-Eso ya lo he asumido antes de venir aquí -asintió Nick.
Otra aceptación más, recapacitó Miley. Respiró pro­fundamente y preguntó:
-¿Y Selena?
-En el olvido.

¿Significaba eso que ya la había olvidado o sólo que estaba dispuesto a olvidarla si volvían a empezar? Quiso hacerle esa pregunta, pero luego pensó que no sería justo. Tenía que confiar en su palabra. Si no lo hacía, no podía exigirle a él que confiara en la suya.

-Y tu padre... -preguntó esperando que él explicara qué harían con respecto a él.
-No puedo mentirte. No creo que a él le alegre mu­cho la nueva situación, pero lo cierto es que ahora quiere mucho a la ni... -se interrumpió un momento. Miley contuvo la respiración- a Destiny. Quizá ve algo en ella que yo no he sido capaz de ver.
-¿Es que te ha dicho él algo?
-Sí -así que Paúl ya tenía en marcha su plan, pensó Miley-. Creo que a él le basta con saber que ella vivirá aquí.

Destiny pareció notar que Nick la observaba porque levantó la vista y lo observó ella a su vez. Se sopesaban el uno al otro, cosa que tuvo un fuerte impacto sobre Miley.

-Nick...

Hubiera querido proteger a su hija, pero no parecía que hiciera falta. Destiny se encaminó despacio hacia ellos con seguridad sosteniendo la mirada de su padre. Se paró delante de él, miró por un momento a su madre como para pedirle permiso y luego levantó una mano hacia su padre ofreciéndole una caracola. Era una insig­nificancia, y sin embargo aquel gesto tenía una enorme importancia. Era un gesto de amistad. Más aún: era la prueba que demostraría que él estaba realmente dis­puesto a cumplir su palabra. Y él lo sabía, por supuesto. Miley lo veía claramente en la expresión tensa de su ros­tro.

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