lunes, 20 de agosto de 2012

Niley 34 - Fruto de la traición



-¿Es para mí? -preguntó Nick. Destiny asintió-. En­tonces gracias. Lo guardaré como un tesoro, siempre.
-El abuelo tiene una como ésta. La guarda debajo de la almohada por las noches.
-¿En serio? ¿Y para qué?
-Para que no se acerquen los malos. Si el abuelo guarda la caracola debajo de la almohada entonces los malos no vendrán a llevarse a Destiny.
Dio! -exclamó Nick.

Miley también estaba atónita. Quizá aquella fuera la causa de que Destiny no hubiera vuelto a tener pesadillas, pero era difícil creer que Paúl hubiese sido tan sensi­ble con la niña.

-¿Guardarás ésta debajo de tu almohada para que no vengan los malos?
-Si tú crees que eso ayudará, lo haré -contestó con dificultad después de un momento de silencio. Luego, como si no pudiera evitarlo levantó una mano y acarició las mejillas de la niña-. Nadie te va a hacer daño mien­tras estés aquí, te lo prometo.

La niña lo miró aceptando su promesa y luego se marchó de nuevo a jugar con el castillo de arena.

-¿Sabías tú eso? -preguntó Nick.
-¿Lo de tu padre y la caracola? No. Tendré que darle las gracias...
-No llores más -la interrumpió Nick al ver sus lá­grimas-. Aquí está a salvo, y tú lo sabes. Aquello ya pasó y lo olvidará con el tiempo.

Pero Miley no estaba llorando por Destiny. Lloraba por Nick. Sin saberlo quizá, él había dado el paso más im­portante de su vida: tender un puente que iba a unirlo con su hija.

-¿Qué vas a hacer con la caracola?
-Lo que me ha dicho que haga, por supuesto. Puede que se empeñe en comprobarlo, así que la pondré bajo la almohada.
-Gracias
-¿Por qué? -preguntó fijando los ojos en ella y man­teniendo ambos la mirada por primera vez desde que ha­bían comenzado a hablar.
-Por ser tan... sensible a sus sentimientos.
-Lo que dije de volver a empezar lo dije en serio. Aunque lo cierto es que aún no he oído tu respuesta.

¿Qué respuesta iba a darle?, Se preguntó Miley. ¿Po­dría vivir con él? ¿Podría vivir sin él? Abandonarlo una segunda vez iba a costarle mucho más que la primera y no quería más dolor. Pero quedarse podía dolerle tanto o más si las cosas no iban bien entre los dos. ¿Y qué haría entonces?, Se preguntó. ¿Sufrirlo otra vez todo de nuevo con la agonía añadida de saber que estaba atrapada en esa ocasión? Para cuando decidieran separarse, él se ha­bría acostumbrado a su hija y Paúl tendría en sus ma­nos todas las armas que necesitara para ganar.

-Tengo condiciones.
-Sólo tienes que nombrarlas.
Así de simple, pensó Miley.
-Necesito saber que vas a estar aquí conmigo, apo­yándome, tenga razón o no. Me refiero a tu padre, a los criados, a las decisiones que tome en cuanto a Destiny. Quiero que me prometas que siempre estarás a mi lado.
-¿Es que no te apoyé la otra vez?
-No.
-¿Tan mal esposo fui?
-No fuiste un mal esposo exactamente, sólo que esta­bas muy ocupado -explicó-. He cambiado mucho desde entonces. Al menos he crecido, puedo luchar yo misma por las cosas que quiero, pero sólo hasta cierto punto. Necesito tu apoyo. Tú eres el jefe en esta casa, lo sepas o no. Lo que sucede aquí ocurre porque tú lo quieres.
-Quiero que seas mi mujer -murmuró-. Mi mujer.
-Yo también...

Habría querido decirle que eso era lo que ella había querido siempre, pero no quería en modo alguno revivir el pasado. Estaban hablando del futuro.

-¿Pero?
-Esta casa... -dijo ruborizándose- aunque es bonita está diseñada de un modo que resulta poco acogedora como hogar. Acepto que tengamos que vivir aquí con tu padre pero...
-¿Pero?
-Pero necesito mi propio espacio. Quiero una cocina para mí por si me apetece cocinar algo, quiero un salón y un comedor y dormitorios en los que no me sienta como en un hotel...
Nick había levantado una mano y le acariciaba la mejilla. Sus ojos estaban oscurecidos.
-Lo tendrás. Distribuye toda la planta de invitados a tu antojo. Altéralo todo si quieres. Nos mudaremos a esa planta cuando esté lista. ¿Algo más?

Sí, pensó Miley. Quería que la amara. Quería que la levantara en brazos y la llevara hasta la cama más pró­xima y que la amara. Su deseo era tan fuerte que tuvo que cerrar los ojos para esconder su anhelo. Pero no pudo evitar ruborizarse.

-No creí que volvería a ver ese rubor tuyo otra vez -bromeó Nick con dulzura-. Me pregunto en qué es­tarás pensando, cara.
-Es la hora del té de Destiny -contestó poniéndose en pie.

El se puso en pie también y la agarró de la cintura.

-No era en eso en lo que estabas pensando. Estabas pensando en mí, desnudo sobre la cama contigo encima mientras murmuras todas esas hermosas palabras que me vuelven loco -dijo mientras comenzaba a acari­ciarla-. ¿Y sabes qué es lo que quiero yo? Me gustaría verte sonreír otra vez como solias hacerlo, como si fuera yo el que te hace feliz.
-¡OH, Nick! -dijo volviéndose hacia él y rodeándolo con los brazos-. ¡Lo.. lo eres!
-¿Entonces por qué estás tartamudeando? Sólo tarta­mudeas cuando tienes miedo.

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