lunes, 20 de agosto de 2012

Niley 35 - Fruto de la traición



Tenía miedo de haber tomado una decisión errónea, la decisión más fatal de su vida, pensó Miley con ansie­dad. Sin embargo, prefirió no confesárselo.

-O también por otra cosa -contestó con un gesto provocativo.

Él murmuró algo, la agarró de la barbilla y la besó hambriento. Sobre ellos, en una de las terrazas, una ca­beza plateada se asomaba observando la escena con el ceño fruncido, calculando.

-Vamos -dijo Nick.
-Nick, te has olvidado de algo...
-¿Sí? Sé lo que quiero y estoy seguro de saber lo que quieres tú. ¿Qué puedo haber olvidado?
-A Destiny.

Nick paró y suspiró. Vio la ansiedad en el rostro de Miley y por fin respondió.

-Error número uno. Está bien. Pero aprenderé.
-Destiny -la llamó Miley-. Es ho...ra de vol...ver.
-No tartamudees.
-Lo si...ento.
-Si vuelves a llorar, no soy responsable de lo que pueda hacer.

Destiny recogió su cubo y su pala y se acercó hacia ellos. La tensión resultaba evidente.

-¿No quieres que dejemos esto aquí para mañana? -le sugirió Miley intentando controlar su tartamudeo.
La niña asintió. Dejó las cosas en la playa y luego se volvió para mirarlos a los dos.
-¿El hombre también viene?
Miley cerró los ojos desesperada. Aún no habían ni si­quiera abandonado la playa y sin embargo ya comenza­ban a surgir los problemas.
-¿Qué hacemos? -preguntó Nick.
-No puede seguir llamándote eso -suspiró Miley-. No si es que...
-Tienes razón, no puede ser -dijo dando un paso ha­cia la niña con un gesto resuelto y agachándose para ponerse a la altura de ella-. Soy tu papá, ¿comprendes? Igual que tu abuelo es tu abuelo -Destiny frunció el ceño y asintió insegura-. Entonces dilo. Di papá.
-¿Pa...pá?
-Bien -contestó poniéndose en pie-. Como empiece a tartamudear igual que todo lo demás que hace como tú cuando sea mayor va a ser un castigo para los hombres.
-¿Eso es un cumplido o un reproche?
-Las dos cosas, desde luego que las dos. Vamos -añadió ofreciéndole una mano a Miley.
-Yo iré de la mano de mamá -intervino Destiny.
-¡Ah! Otra lección, los derechos de posesión. Pero tu mamá tiene dos manos. Podemos tener una cada uno.
-¡No! -protestó Destiny-. Destiny quiere saltar.

Miley rió. Nick no se daba cuenta aún, pero se es­taba enfrentando a una persona tan cabezota como él.

-Eso quiere decir que necesita dos manos, la mía y la tuya, para poder saltar. Lo cual significa también que no nos podemos dar la mano tú y yo.

Y Destiny saltó. Saltó por las escaleras hasta llegar a la primera terraza. Nadie habló. El momento era tan im­portante que las meras palabras no eran suficientes. Miley miró a Nick y sonrió. Estaba relajado. La situación era novedosa para él, que no era un hombre acostumbrado a estar con niños. No era precisamente la persona a la que uno esperaba encontrar agarrado de la mano de una niña o ayudándola a saltar.

-Hombre me lleva en brazos.
Miley frunció el ceño. Había vuelto a llamarlo hom­bre, pero al menos le pedía que la llevara.
-Papá -la corrigió Nick-. Papá te llevará.
-Bueno. Papá me llevará -contestó ella elevando los brazos.
-¿Y puedo agarrar a mamá de la mano entonces? -preguntó inclinándose y tomándola en brazos.

Nick intentaba relajar la situación, pero ella no­taba la tensión en sus gestos. No era para él tan fácil como podía parecer. Destiny asintió y Nick la tomó de la mano.
Continuaron subiendo y entonces Destiny, muy despacio, casi como probando, fue deslizando los brazos alrede­dor del cuello de Nick hasta que finalmente apoyó la cabeza en su pecho.

-No digas ni una palabra -dijo él-. Me doy perfecta cuenta del honor que me hace.
-Lo sé -contestó Miley-, y te lo agradezco.

Le apretó la mano otro poco más, pero no dijo nada. Cuando llegaron, Lily los estaba esperando para lle­varse a la niña a tomar el té y darse un baño. Nick pa­reció aliviado y Destiny no protestó. Miley también pensó que por el momento era suficiente.

-¿Entonces estás a mi disposición ahora o tiene pre­ferencia el té y el baño?

Por lo general el baño hubiera sido una cuestión pre­ferente, pero no en aquella ocasión. Aquel día Nick era más importante, la nueva y delicada relación que se habían propuesto era más importante.

-Soy toda tuya -sonrió.

Con eso le bastaba. El nuevo aprendiz de padre desa­pareció para dar paso al macho depredador sexualmente hambriento.

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