domingo, 26 de agosto de 2012

Niley 56 - Tierra de pasiones



Nick estaba sentado en la capilla, solo. Le habían permitido pasar un par de minutos a la UCI para contemplar el rostro pálido y tenso de Miley. Si hubiera podido ir a un bar se habría tomado una botella entera de whisky. Resultaba chocante verla así. Estaba enganchada a media docena de monitores y tenía una aguja en el brazo que le aportaba nutrientes y analgésicos. Del costado le salía un tubo de drenaje. Quizá fuera el mismo que habían utilizado para volver a inflar el pulmón.

Nick le había tocado la mano y había recordado sus últimas palabras antes de la aparición de Linley. Creía que estaba asqueado de ella, que no quería verla, ni que corriera tras él con el corazón en la mano. Si no sobrevivía, Miley lo recordaría con dolor y traición.

No era cierto. No estaba asqueado. Yacía despierto todas las noches reviviendo la pasión que habían compartido. La echaba de menos. Era como estar sin una pierna o un brazo. Le había dicho a Miley que no quería nada permanente y, de pronto, tal vez la elección no fuera suya. Al final, podía quedarse solo, como había creído anhelar cuando le había dicho a Miley que iba a pedir el divorcio.

Recordó un viejo adagio. «Cuidado con lo que deseas; podría hacerse realidad». Contempló el cuerpo inmóvil de Miley y vio el final de todo lo que amaba.
Un ruido captó su atención. Joe había vuelto. Se sentó en el banco, al lado de Nick, incómodo.

—Dios está enfadado conmigo —dijo Joe con un suspiro, mirando a su alrededor. Puede que le traiga mala suerte a Miley por haber entrado en una capilla.
—Dios no es vengativo —repuso Nick—. Suele darnos más margen del que nos merecemos.
—Miley me dijo que tu padre había sido sacerdote —comentó Joe. Nick asintió—. Disparar a John Linley fue más duro para ti de lo que imaginabas —añadió en voz baja.

Nick lo miró con curiosidad.

—¿Porque mi padre era sacerdote?
—Porque te enseñaron a creer que matar siempre está mal —Joe miró hacia el pulpito—. A mí, no. Lo primero que aprendes en el ejército es que matar es necesario, y te enseñan a hacerlo con la máxima eficacia. Los hombres no matan a otros de cerca a no ser que para ellos sea un acto reflejo. Después de varias semanas de adiestramiento, matar es instintivo. Yo era un buen estudiante —añadió con voz fría.

Nick entornó los ojos.

—¿Y no te molesta?
—Antes, no. Hasta que conocí a Miley —añadió, sonriendo débilmente—. Ha sido la primera mujer en muchos años que cuando me mira no ve a un asesino. Tiene la irritante manera de hacer que te sientas importante, necesario, útil. Ha hecho que me sintiera bien solo con mirarme.        
Nick detestaba oír aquello de su rival.
—Siempre ha sido así —comentó pasado un minuto—. Por muchos problemas que haya, siempre sonríe.
—Me ha hecho pensar que podía encajar aquí, en Brownsville, si lo intentaba —repuso Joe—. Es la primera vez en mi vida que quiero echar raíces en un lugar.

Nick se lo quedó mirando con ojos entornados.

—Te agradezco tu compañía, pero será mejor que sepas que, si vive, nunca le daré el divorcio —dijo con brusquedad.
Joe se lo quedó mirando.
—No la engañarás con lástima —replicó—. Se dará cuenta.
Nick bajó la mirada. No iba a revelarle sus sentimientos más hondos a su único rival.
—La única persona por la que siento lástima ahora mismo soy yo. Soy el idiota que debía estar protegiéndola. ¿Cómo diablos recibió ese disparo? —preguntó de improviso—. Sé que Linley no pretendía matarla a ella. No fue Miley quien disparó a su endiablado hermano.

Joe vaciló, mirándose las manos. No podía contarle a Nick lo que sabía. Todavía no. No hasta que no estuviera seguro de que Miley viviría.

—Con el tiempo, se sabrá —dijo, sin comprometerse.                    
Nick enterró el rostro entre las manos con un largo suspiro trémulo.
—Daría todo lo que tengo por volver atrás y arreglar las cosas.
—Tú y todos nosotros —filosofó Joe.

Fue una larga noche. A la mañana siguiente, Nick, con semblante agotado, entró en la UCI con el corazón en un puño. Miley yacía en la cama con el mismo aspecto del día anterior. Tenía otra vía intravenosa, pero daba la impresión de estar muerta.
Nick se inclinó y le retiró el pelo de la cara. Le dolía verla así.

—Lo siento mucho —susurró—. Lo siento mucho, cariño.          
Miley parpadeó y abrió sus ojos azules. Todavía respiraba ruidosamente, y tenía el semblante cadavérico. Pero parecía verlo.
—¿Miley? —susurró. Ella tenía los ojos clavados en su rostro, pero no reaccionaba—. ¿Me oyes, cielo? —preguntó con suavidad.
Ella frunció el ceño e hizo una mueca.
—Duele —susurró con voz áspera. Nick le acarició el pelo, la cara, con dedos trémulos.
—Gracias a Dios que sigues viva —dijo, fallándole la voz a pesar de su acerado control. Se inclinó y besó con suavidad sus labios resecos—. Gracias a Dios — gimió.
Miley parpadeó. Apenas era consciente de nada salvo del dolor.
—Duele mucho —susurró, y volvió a cerrar los ojos.
                                .
Nick la soltó a regañadientes y llamó a la enfermera por el interfono para decirle que Miley estaba despierta y quejándose del dolor. Segundos más tarde, entro la ATS, seguida de un especialista, y lo echaron con sonrisas tranquilizadoras. Miley viviría. Era la esperanza por la que había estado rezando.

Carlise Cullen lo saludó con una inclinación de cabeza cuando entró a verla. Salió a los pocos minutos, sonriendo.

—Se pondrá bien —le dijo a Nick, y le dio una palmadita en el hombro—. Ya solo es cuestión de tiempo; puedes dejar de contener el aliento.

Nick le dio las gracias, se alejó por el pasillo y se recostó en la pared, tratando de recomponerse. Había vivido un infierno durante tantas horas que el alivio era devastador. Miley viviría. Viviría. Se secó la humedad de los párpados.
Joe se acercó a él con una pregunta en la mirada.

—Se pondrá bien —dijo Nick con voz ronca.
—¡Gracias a Dios! —exclamó Joe con sentido alivio.
—¿Qué ha sido de Linley? —preguntó de repente, porque acababa de acordarse de él.
—Lo han remendado y está en la cárcel. Es posible que pase entre rejas el resto de su vida, después del juicio —le aseguró. Estaba observando a Nick con atención—. Creo que deberías saber lo que me contó Demi —añadió, detestando tener que revelarlo incluso en aquellos momentos. Suponía el final de sus esperanzas.
—¿El qué?—lo apremió Nick.
—Vio a Linley salir y apuntarte con su arma. No tuvo tiempo de reaccionar, y Miley tampoco. Dijo que Miley comprendió que no podrías salvarte y se interpuso deliberadamente en la trayectoria de la bala.

Nick inspiró con brusquedad.

—Demi se quedó muy abatida cuando lo vio —prosiguió—. Dice que se sentía fatal por todos los problemas que ha causado entre vosotros al darse cuenta de lo mucho que Miley te quería —movió la cabeza—. No te lo habría dicho si Miley hubiera muerto, pero ahora debes saberlo. Voy a llamar a Ashley para darle la buena noticia.

Se dio la vuelta y se alejó. Nick permaneció inmóvil, como una estatua, absorbiendo la afirmación con una sensación total de humildad. Miley había recibido un impacto dirigido a él. Había estado dispuesta a dar su propia vida para salvarlo. Nunca imaginó que ella podía quererlo tanto.
Tendría que salvar el abismo que él mismo había creado entre ellos, y sabía que no resultaría fácil.

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