domingo, 26 de agosto de 2012

Niley 57 - Tierra de pasiones



Miley estuvo perdiendo y recuperando la conciencia de forma intermitente durante los primeros días, mientras su cuerpo iniciaba el lento proceso de recuperación de la herida, que le había costado parte de la región inferior del pulmón y un trozo de bazo. Por fortuna, la bala se había quedado alojada en el tejido dañado que habían tenido que extirpar para controlar la hemorragia.

Fue trasladada a una habitación privada al cuarto día. Desde entonces, Nick no se apartaba ni un momento de su lado. Su segundo tiroteo en el espacio de dos semanas lo había vuelto a relegar a un permiso administrativo, pero era oportuno. Su capitán y su teniente lo habían llamado por teléfono dos veces para interesarse por la salud de Miley. Tenía buenos compañeros de trabajo. Uno de ellos, el de San Antonio, lo estaba sustituyendo temporalmente en Victoria. También debía ocuparse del rancho, aunque Nick detestaba el tiempo que debía separarse de Miley. Delegaba en Zac, el capataz, lo más que podía.

Joe también era un visitante fiel, pero se mostraba extrañamente sumiso y se mantenía en un segundo plano. Demi Lovato se pasaba por el hospital después del rodaje para ver cómo estaba la paciente, y llevaba a Ashley con ella. La actriz había sorprendido a muchas personas con su compasión, sobre todo, a Joe. Este escuchó accidentalmente una conversación que la modelo mantuvo por su móvil. Al principio, pensó que estaba conversando con un hombre, porque mantenía la voz suave y llena de afecto. Después, la oyó hablar de exámenes y notas y de no pelearse con otros chicos, y comprendió que su interlocutor era un niño. Resultó ser su hermano pequeño, que estaba estudiando en una academia militar. Demi se lo confesó con una extraña reserva y, después, se alejó antes de que Joe pudiera preguntarle nada más.

Cuando no tenía visitas, Miley se comportaba con Nick con cierto recelo. Nunca lo miraba a los ojos. Sonreía cuando Joe y Ashley entraban, y se esforzaba por conversar con ellos, aunque estaba muy débil. Con Demi era educada, aunque distante. Pero con Nick se mostraba visiblemente incómoda.

—Deberías volver al trabajo —le dijo una mañana cuando la auxiliar la ayudó a sentarse en una silla para poder hacerle la cama—. Solo estaré ingresada unos días más. Zac puede ocuparse del rancho. Ya estoy fuera de peligro.

Nick, silencioso, no respondió. Observó cómo hacían la cama y volvían a acostarla, pero se mantuvo callado.

Por fin, se acercó a ella y la miró con semblante taciturno. Tenía el pelo sucio, enmarañado y lacio. Estaba agotada del simple esfuerzo de sentarse en una silla y volver a la cama pero, para Nick, que la había observado con angustia desde que había salido de la anestesia hasta aquel momento, estaba hermosa.

—Perderás tu trabajo por mi culpa —insistió Miley.
—No. Tengo permiso para estar aquí —le levantó la mano izquierda y acarició con el pulgar el anillo de sello que ella le había devuelto hacía un par de meses. Nick se lo había vuelto a colocar en el dedo anular cuando Miley estaba inconsciente—. Nos has dado un susto de muerte —añadió con solemnidad.

Miley probó a mover el dedo, advirtiendo en aquel momento que tenía otra vez el anillo.

—¿Cómo ha llegado aquí? —preguntó con voz somnolienta.
—Te lo he puesto yo —dijo Nick con voz queda—. Seguimos casados. Tuve que ingresarte con tu nombre legal.
Miley bajó la mirada y se desasió.
—Demi debe de haberse quedado a cuadros —dijo con voz inexpresiva—. Confío en que no le importe esperar a que nos divorciemos.

Nick inspiró y hundió las manos en los bolsillos.

—Ya hablaremos de eso cuando te hayas repuesto.
Miley enarcó una ceja.
—¿Por qué hay que esperar? Ya te he arruinado bastante la vida.
Nick le besó la palma de la mano con fervor.
—No lo entiendes.
Miley lo miró a los ojos.
—Claro que lo entiendo —susurró con voz cansina—. Te sientes culpable por lo que le dijiste a Demi de que yo te avergonzaba. Después, me dispararon e intentas sacrificar tu vida para hacer las paces. No es necesario. Puedes quedarte con este anillo. Te daré el divorcio...

Nick tomó la mano de Miley para impedir que se quitara el anillo. No iba a resultar fácil convencerla de lo que sentía. Creía que estaba mintiendo por equivocados sentimientos de culpa y lástimas.

—La perderás si esperas demasiado —insistió Miley, perdiendo fuerza en la voz, somnolienta.
—Ya he esperado demasiado —masculló Nick, detestando el nudo que sentía en la garganta y que no lograba deshacer. Contemplaba el semblante pálido de Miley con mirada intensa y torturada.
Pero ella no lo escuchaba. Se había quedado dormida.

A los pocos días, la llevaron a casa, y Miley no tardó en querer ayudar en la cocina. Ashley la acompañó de nuevo a la cama. Al día siguiente, fue Nick quien la acostó, con los labios apretados, haciendo caso omiso de sus protestas.

—¡No puedo estar tumbada sin hacer nada! Así no me repondré —protestó cuando empezó a meterla en la cama—. ¡Carlise dijo que me convenía hacer ejercicio!
—Poco a poco, y no de golpe, como tú quieres — replicó Nick con aspereza. La acomodó sobre las almohadas y la miró con reprobación. Se había dado una ducha y se había lavado el pelo con la ayuda de Ashley, y tenía infinitamente mejor aspecto que en días anteriores.
—Está bien, me quedaré quieta —murmuró, eludiendo su mirada—. Deberías estar con Demi. El viernes van a dar los últimos toques al rodaje y, después, se irán.

Nick no había logrado hacerla entender nada de lo que le había contado sobre su relación con Demi; Miley lo interrumpía cada vez que intentaba explicárselo por enésima vez. Demi le había devuelto el anillo de esmeralda y diamantes con todo tipo de disculpas balbucientes, y en la joyería le habían reembolsado casi todo el dinero. Nick había querido contárselo a Miley, pero ella no quería escuchar. Tampoco había aceptado el regalo de Navidad de Nick, convencida de que era una compensación tardía por no haberle comprado uno en su momento. Nick ya no sabía qué hacer para convencerla de su sinceridad.

Joe se había dejado caer por el rancho más a menudo últimamente, y era otra fuente de preocupación, porque Miley se animaba en cuanto lo veía. Reía con él como ya no lo hacía con Nick.

—No quieres escucharme —dijo en tono de derrota.
Ella lo miró con ojos turbulentos.
—Ni tú a mí. Ya te he dicho que te daría el divorcio cuando me lo pidieras. Ahora que tenemos el talón de la compañía cinematográfica en el banco, podemos permitírnoslo.
Nick contrajo la mandíbula.
—¡No quiero el maldito divorcio! —le espetó—. ¡No quiero casarme con Demi Lovato! ¡Nunca quise hacerlo!
Miley intentó incorporarse y, sin querer, tiró el vaso de zumo de naranja que tenía en la mesilla y se manchó.
—¡Mira lo que he hecho por tu culpa! —le gritó a Nick.
—¡Si no lo he tocado! —.le espetó Nick, furioso.

Demi Lovato oyó los gritos y asomó la cabeza.

—Por el amor de Dios —murmuró, y volvió a salir.
Regresó momentos más tarde con un paño y una toalla húmeda—. Sal —le dijo a Nick, sosteniendo la puerta de par en par. Él empezó a protestar.
—Ya la has oído —la secundó Miley—. ¡Fuera!
Nick elevó las manos en señal de impotencia y salió dando un portazo. Demi rio.
—¿No son insufribles los hombres? —pensó en voz alta. Recogió el zumo de naranja con el paño— ¿Dónde tienes los camisones? —preguntó en tono práctico.
Miley se lo dijo, sorprendida por la eficiencia de la mujer. La limpió con la toalla húmeda, le quitó el camisón sucio y le puso uno limpio.
—Me he pasado muchos años cuidando de mi hermano pequeño y, después, de un hombre por el que sentía... un gran afecto —dijo Demi—. Mi hermano tiene nueve años y está en una academia militar —tenía mirada atormentada—. Me he gastado una fortuna arrebatándole la custodia a mi madre y a su último amante, pero no me extrañaría que intentaran secuestrarlo para reunir más dinero. Nadie sabe dónde está salvo yo.

Miley estaba fascinada por aquella faceta desconocida de la vida personal de la modelo.

—Debes de quererlo mucho.
—Es mi vida —asintió. Recogió la toalla y el paño y la miró con tristeza—. He causado muchos problemas entre Nick y tú. Quiero que sepas que lo lamento mucho. Me sentía a salvo con él. Es el mejor hombre que he conocido en mi vida, y me volví posesiva. Pero, créeme, de haber sabido que estabais casados, nunca...
—No importa —la interrumpió Miley, avergonzada—. No se puede evitar lo que se siente por otra persona.
Demi suspiró.
—Qué gran verdad —murmuró, pensando en Joe Miller y en su frialdad, a pesar de sus intentos de que revisara la opinión que tenía de ella.

Miley pensó que lo decía por Nick y se deprimió aún más.

—Le devolví a Nick el anillo —añadió Demi con firmeza—. Y siento haberlo animado a que me lo comprara. No sabía lo apurados que estabais.
—No lo estaremos mucho más tiempo —dijo Miley—. Estamos negociando un acuerdo con una empresa extranjera. Si sale bien, me iré de aquí en cuanto nos divorciemos, y así Nick podrá tener lo que quiera.
—¿Sin ti? —preguntó Demi, atónita—. ¿No ves lo que siente?
—Se siente culpable —dijo Miley con rotundidad—. Se le pasará con el tiempo —se echó y cerró los ojos—. Estoy cansada de estar casada con un hombre que me considera una carga. Quiero el divorcio.

Demi no sabía qué decir. Se quedó en pie, roída por los remordimientos. Por fin, salió del dormitorio y cerró la puerta. Ya había causado bastantes problemas por un día, aunque su intención hubiese sido buena.

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