domingo, 26 de agosto de 2012

Niley 58 - Tierra de pasiones



Aunque a regañadientes, Nick regresó a su apartamento de Victoria cuando Miley pudo valerse por sí misma en el rancho. Estaba otra vez trabajando, ya que la comisión que había investigado el tiroteo había juzgado correcto su proceder durante el mismo. Con la ayuda de Nick, había perfilado planes nuevos para el rancho, había comprado materiales, había contratado a un trabajador de jornada completa, y organizado los horarios de trabajo con la máxima eficacia.

El rancho estaba progresando, gracias a la inyección de dinero que había supuesto el rodaje. Otra compañía cinematográfica les había hecho una oferta para un nuevo rodaje al año siguiente. Miley gimió, pero Nick hizo promesas de construir un granero nuevo y de hacer mejoras en la casa, y acabó cediendo. Además, no sería hasta el próximo otoño. Podían pasar muchas cosas en ese intervalo de tiempo, se dijo Miley. Quizá, ni ella estaría allí por aquel entonces.

Mientras tanto, la compañía japonesa se había puesto en contacto con Miley y con Nick para organizar su viaje a Osaka. Miley intentó rehuir el compromiso, alegando que tenía mucho trabajo en el rancho, pero Nick le aseguró que Zac era perfectamente capaz de supervisar las tareas, y que todavía faltaban semanas para que nacieran los terneros. No tenía excusa, le espetó, a no ser que se sintiera reacia a separarse de Joe Miller, añadió con fría amargura.

Joe se había convertido en el colchón de seguridad de Miley. Lo mantenía entre Nick y ella porque no quería que Nick se comprometiera a seguir casado por gratitud o culpabilidad. Sabía que quería hacerlo; lo conocía muy bien. Nick estaba admirado porque ella hubiese intentado sacrificar su vida por salvarlo. No lograba olvidarlo, por mucho que lo intentara, y se lo mencionaba con frecuencia.

Pero Miley no logró eludir el viaje a Japón. Hasta Ashley secundó a Nick e insistió en que lo acompañara.

—Todavía estoy débil por la convalecencia —protestó Miley la víspera del viaje. Nick la observaba con un semblante casi doloroso y taciturno que empezaba a resultar familiar.
—Lo sé —le dijo con suavidad—. Pero será una nueva experiencia para ti. Necesitas cambiar de aires, alejarte del rancho.
—Alejarme de Joe, quieres decir —repuso Miley con una larga mirada. Él apretó los dientes. Oír su nombre era una provocación.
—No te separas de él desde que has vuelto a casa —señaló.

Miley le dio la espalda, cansada de la pelea. Joe y ella eran amigos, nada más. Pero su relación impedía que a Nick lo abrumara la deuda que creía tener con ella.

—En las mismas circunstancias, habrías hecho lo mismo que yo, y lo sabes —dijo Miley en voz baja, contemplando el pasto por la ventana—. Estás exagerando lo ocurrido, Nick, y no es necesario.
Sintió el calor que despedía su cuerpo detrás de ella, y su aliento en el pelo de la sien.
—Aceptaste una bala que iba dirigida a mí —dijo Nick con aspereza—. ¿Cómo quieres que me lo tome? —sus manos grandes la sujetaron por los hombros y la hicieron volverse con mucha suavidad para mirarla a los ojos—. Yo doy un paso hacia ti y tú retrocedes dos — reflexionó en voz alta—. ¿Eres la misma mujer que no podía acercarse bastante a mí en Nochebuena?

Miley se sonrojó.

—¡Cómo te atreves a mencionar eso! —le espetó.
—Y ni siquiera habías bebido —añadió con regocijo indulgente.
Miley miraba a todas partes menos a sus ojos.
—Fue un error, tú mismo lo dijiste.
—Dije muchas cosas —se evadió Nick.
—Sí, y ahora estás diciendo mucho más, y no deberías —se desasió para explicarse mejor—. Mira, quieres el divorcio. No hay problema. Podrás casarte con Demi Lovato y yo seguiré con Joe hasta que decida si quiere o no vivir en Brownsville el resto de su vida.

Nick se preguntó si Miley sabría lo que le dolía escuchar afirmaciones como aquella. No estaba interesado en Demi Lovato, pero la fascinación de ella por Joe lo había impulsado a fingir interés, por orgullo herido. Joe era todo lo que la mayoría de los hombres deseaban ser: apuesto, encantador, culto y temerario. No había un juez de paz en todo Texas que no reconociera su nombre. Él, en cambio, tenía una educación corriente y algunos estudios universitarios, pero no estaba a la altura de Joe intelectualmente, y lo sabía. Tampoco era culto, ni hablaba media docena de idiomas.
Peor aún, sabía lo que Joe sentía por Miley y que, a la menor oportunidad, se casaría con ella sin titubear.

Nick empezaba a darse cuenta de que la indiferencia y el rechazo con los que había tratado a Miley para mantenerla a distancia habían hecho mella en ella. Se había convencido de que lo hacía por su bien, para que fuera libre e inocente y pudiera tomar las riendas de su vida en cuanto anularan el matrimonio. Pero no era cierto. No había querido ataduras. No podía evitar recordar que su madre había abandonado a su padre por otro hombre. Ella había sido como Miley, inocente, se había casado muy joven, y no había tenido experiencia del mundo ni de otros hombres salvo por su marido. No lo sorprendía, pensando como un adulto, que la hubieran tentado otros hombres.

Había albergado visiones de Miley haciendo lo mismo que su madre, corriendo a los brazos de otro por curiosidad tras años de matrimonio, y eso lo había asustado. Había dado la espalda a los ojos ávidos de Miley, a sus sueños de una vida con él. De pronto, él quería recuperar todo aquello, pero ella no. Se mostraba más distante y reservada que nunca. Empezaba a temer que fuera demasiado tarde. Incluso él, con su enorme confianza en sí mismo, se sentía inseguro ante la amenaza que representaba Joe Miller.

—Te he dicho hasta la saciedad que nunca quise casarme con Demi —masculló—. Pero no quieres escucharme.
Porque no había dejado de decir que se iba a casar con ella hasta que le habían disparado, pensó Miley, pero estaba harta de discutir.
—Si no puedo librarme del viaje, será mejor que haga las maletas —dijo con un hondo suspiro—. Trece horas de avión. Estaré echando espuma por la boca antes de que lleguemos a California.
Nick la miró con aire mundano.
—Ya se nos ocurrirá alguna manera de matar el tiempo. Como ir juntos al aseo...
Miley tardó un momento en comprender lo que estaba diciendo. Lo miró con furia.
—¡No pienso hacer el amor contigo en el aseo de un avión!
—¿Ni siquiera si te compro un negligé rojo? —preguntó Nick con suavidad.

Ashley se detuvo en el umbral con un pie en el aire. Carraspeó, bajó el pie y estuvo a punto de salir corriendo hacia la cocina.
Nick no dijo nada; estaba riendo con ganas. Miley emitió un sonido ronco y gutural y se refugió lo antes posible en su habitación

1 comentario:

  1. sigue porfiiiiiiiiiiis
    me encantoooooooo el minimaraton...
    please que haya un niley bebe prontooo,
    y que ya miley escuche a nick....

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..