sábado, 13 de octubre de 2012

Niley 75 - Tierra de pasiones - FINAL



—Sí. Es un poco más tranquilo que la labor de ranger, pero me gustaría estar en casa el mayor tiempo posible, contigo y con los niños. Además, conozco a casi todos los hombres del cuerpo —se encogió de hombros—. Joe va a ser el padrino de nuestros hijos, y ya no siento celos de él. Bueno, no mucho —puntualizó—, ¿Qué te parece?
La mirada de Miley se suavizó.
—Daría cualquier cosa por tenerte cerca a todas horas —susurró—, pero jamás te habría pedido...

Nick se levantó, se inclinó y la besó con pasión, disfrutando de la fuerza con que ella le rodeaba el cuello.

Miley le devolvió el beso con la misma entrega, con lágrimas resbalando por sus mejillas. Parecía un sueño hecho realidad. Brownsville era una ciudad estupenda para trabajar como policía. Seguiría disfrutando del desafío que constituía ser agente de la autoridad, pero correría menos riesgos. Era importante desde que tenían hijos.

Un sonoro carraspeo interrumpió el beso. Levantaron la cabeza al mismo tiempo y la volvieron hacia la puerta. En el umbral estaba una enfermera con dos bebés en los brazos.

—Lo siento, señor Jonas, pero está atrasando la cena de los pequeños, y tienen hambre.
Nick rio entre dientes y se apartó.
—Lástima que no puedas ayudar —bromeó Miley mientras se incorporaba y se desabrochaba el camisón de hospital.
—Soy demasiado plano —señaló con una sonrisa.

La enfermera rio mientras depositaba a Jessamina en los brazos de Miley y a Jared, en los de Nick. Este meció a su hijo mientras Miley le daba el pecho a la niña. La enfermera los dejó solos, sonriendo con melancolía mientras salía y cerraba la puerta.

—Gemelos al primer intento. No sé —dijo Nick en tono pensativo pasado un momento.
—¿Qué no sabes, cariño? —preguntó Miley, sonriendo.
—Si sería el negligé rojo —repuso con picardía. Ella rio porque, efectivamente, se había quedado embarazada en Japón.
—Quizá fuera el té verde —replicó, juguetona.
Nick contempló a su hijo con mirada serena y tierna.
—Fuera lo que fuera, doy gracias a Dios —murmuró, y tocó la mejilla del pequeño con el dedo.

Miley repitió aquellas palabras en silencio, observando la expresión de su marido con deleite casi doloroso. Nunca había imaginado a Nick haciendo de padre. De pronto, resultaba imposible verlo de otra manera. Era algo innato en él.

Miley estaba haciendo un repaso de su vida, recordando la horrible paliza que había propiciado su boda con Nick, los largos años de anhelo no correspondido, las fechorías de los hermanos Linley, la maravillosa pasión de Nick en Navidad, la angustia de los meses siguientes, la herida de bala que había estado a punto de matarla, el viaje a Japón, los celos y, por fin, la unión de sus vidas. El dolor había sido casi insoportable en algunos momentos. Pero, mientras contemplaba alternativamente a sus hijos y a su marido, se le ocurrió pensar que la felicidad siempre tenía un precio. Para quienes se atrevían a pagarlo, la recompensa era formidable.

—Te noto pensativa —murmuró Nick.
Miley lo miró a los ojos con asombro callado y suspiró de felicidad.
—Sí. Me estaba acordando de una cosa que leí una vez, sobre las personas que viven calladamente en la orilla y nunca saborean la vida porque temen adentrarse en aguas más profundas. O algo así. Estaba pensando que pagamos por lo que recibimos en la vida, de una forma u otra. Y que el mayor placer nace del mayor dolor.
Nick asintió despacio.
—Te entiendo.
—Y estaba pensando —añadió con una sonrisa— que ha merecido la pena sufrir lo que he sufrido.
—Sí. Somos ricos, y no precisamente de dinero, ¿verdad, cielo?
Miley sonrió. Notó la manita de Jessamina en su piel y le acarició su minúscula cabeza con amor.
—Más ricos que los piratas
Nick rompió a reír. Oyó a su hijo emitir un sonido  se llevó su cabecita a los labios para besarlo con ternura
Miley apoyó la mejilla en la coronilla de su hija y cerró los ojos. No tenía palabras para expresar la felicidad que sentía.


FIN

Hola corazones, lamento el abandono he estado ocupada pero aquí sigo creyendo como siempre en niley en el amor que se tienen, re emocionada por la canción de Nick por las palabras que dijo antes de que la cantara pero en fin emoción y alegría es lo que me produce-
Chicas les recomiendo que lean todos los capis porque hay adelantos Jemi que estrenare la próxima semana, así que no se olviden de leer.
Gracias a dios las cosas mejoraron en el trabajo y me volvieron a contratar así que espero seguir trabajando por más tiempo, gracias por sus comentarios y por las personitas que fueron amables al darme su apoyo las quiero chicas, un saludo especial para las personitas que han cumplido años en los últimos días, carito te quiero millón.
Saludos, besos y abrazos
Recuerden nunca dejen de creer, los sueños jamás se terminan.

 

Niley 74 - Tierra de pasiones



Miley frunció los labios con picardía.

—Estabas tan preocupado por mí que temía decirte que eran gemelos —confesó, sonriendo—. Quería darte una sorpresa —hizo una mueca burlona—. ¡Sorpresa!
—Gemelos. Un niño y una niña —Nick estaba atónito. Se le nublaron los ojos y tuvo que secarse las lágrimas antes de que pudiera verlo cualquiera.

Joe sostenía a la niña en sus poderosos brazos y emitía sonidos « antigrierianos » mientras hablaba con ella.

—Eh, devuélveme a mi hija —le dijo Nick con un ceño burlón. Joe parecía abatido.
—¿No puedo quedarme con esta? —preguntó—. Yo no tengo ningún bebé, y tú tienes dos. ¿Te parece justo?

Nick rompió a reír, lo mismo que Miley, al ver el semblante de Joe. Este se acercó y le pasó a Nick a la niña con suavidad, contemplándola con ternura.

—Se parece a su madre —le dijo a Nick y, fugazmente, la tristeza se reflejó en sus rasgos, pero la borró enseguida.
—Sí, se parece a ella —dijo Nick con voz ronca, y se inclinó para besar la minúscula frente—. ¡Dos! Miley estaba enorme, pero no se me ocurrió pensar...

Miley reía de puro deleite mientras contemplaba a aquellos dos hombres grandes y fuertes haciendo tonterías a una niña minúscula. No hacía falta preguntarse si la iban a mimar. Y decían que los hombres solo querían hijos... ¡Ja!

—¿Nombres? —preguntó una voz profunda desde el fondo de la habitación. Era el apuesto Justin Bieber, con su esposa Selena, los dos sonrientes—. ¿Habéis escogido alguno?
—Jessamina para la niña —dijo Miley con orgullo—. La llamaremos Jessie. Y...
—Y Jared para nuestro hijo —la interrumpió Nick con suavidad—. Por mi tatarabuelo, Jared Jonas, que fue ranger y un famoso abogado de San Antonio a principios del siglo veinte.
—Bueno, enhorabuena otra vez. Y, ahora, será mejor que nos marchemos —dijo Justin—. Tenemos que pasarnos a ver a Alex y a Mery. Han tenido una niña, Celina, a la vez que vosotros.
—Felicítalos de nuestra parte —les dijo Miley.

La pareja asintió, sonrió y salió de la habitación.
Joe seguía contemplando a la niña que Nick sostenía en los brazos. Nick hizo una mueca y se la pasó.

—Puedes sostenerla —dijo con un suspiro—. Pero recuerda de quién es.
Joe le sonrió, bromista.
—Puede vivir contigo, pero yo seré su padrino — dijo, y empezó a hacer muecas a la pequeñina—. Papá Joe va a enseñarte a pelear con los puños y a usar golpes relámpago en asaltos de operaciones especiales.

Ashley emitió un gemido de puro horror, Miley rompió a reír.

—Está bromeando, Ashley.
—No, no bromea —murmuró Nick con ironía.
Joe no les prestaba atención, cautivado como estaba por la alegría de ser padrino por primera vez.

Cuando se quedaron solos, Nick se sentó al lado de la cama y tomó la mano de Miley.
—Dos bebés —dijo, todavía estupefacto—. No puedo creerlo. Ashley no me había dicho nada.
—La hice jurar que guardaría el secreto. A ella y al ginecólogo —añadió con una débil sonrisa—. Ya tenías bastantes preocupaciones con el juicio de Linley y los cambios de nuestras vidas. Además, estoy sana y no corría peligro. Te lo habría dicho si hubiera sido un riesgo, en serio.

El caso Linley había salido en la prensa nacional, en particular, porque Linley había sido juzgado y condenado a cadena perpetua, sin esperanza de libertad condicional, por asesinato. Nick, Miley y Joe habían testificado en su contra.

—No pasa nada —la tranquilizó.
—¿Qué tal fue el estreno?
Nick rio entre dientes.
—El estreno no ha sido tan interesante como lo que pasó después —le dijo—.Demi y Joe causaron sorpresa.
—¿Ah, sí? —preguntó felizmente, olvidado su último temor secreto de que la modelo le robara a Nick.
—Al parecer, a su hermano le habló mucho más de Joe que de mí, y el niño lo dijo —sonrió—. Joe no cabía en sí de satisfacción cuando recibimos la llamada de Ashley.
—Vaya.

Nick dio la vuelta a la mano de su esposa y la miró.

—Miles —dijo, usando el diminutivo por primera vez en sus vidas—. Joe estaba enamorado de ti.
Ella cerró los dedos dentro de su mano.
—Habría dado lo mismo, porque yo llevo casi toda la vida enamorada de ti.
Nick se sonrojó.
—Yo he estado enamorado de ti desde que nos casamos. Pero eras tan joven que tenía miedo.

Miley le dio un apretón.

—Temías que acabaría como tu madre. Pero, cariño, a ella le gustaban las aventuras y las fiestas —le recordó—. A mí me gusta el ganado y el rancho. Nada de lo que el mundo puede ofrecerme podría compararse con lo que tengo contigo. Y ahora, nuestros hijos. El trato con los japoneses nos está reportando cifras de seis ceros, el rancho está prosperando. Zac está asumiendo la función de gerente y mejorando nuestros materiales  instalaciones... ¡y a ti te han ofrecido un ascenso a teniente! Y todo esto en un solo año.
—Es estupendo, supongo. Pero no querría trabajar en San Antonio—añadió en voz baja. La miró —. ¿Qué opinas?
—Opino que debes hacer lo que quieras—sonrió Miley. Nick frunció el ceño.
—¿Aunque tenga que seguir siendo sargento?
—Aun así —contestó con suavidad. Nick frunció los labios.                                         
—Existe otra alternativa.
—¿Cuál?
—A Chet Blake le han ofrecido un trabajo en El Paso. Tiene familia allí y quiere aceptarlo —alzó la mirada—. Joe ocuparía su puesto, y dejaría una vacante.

Miley contuvo el aliento.

— ¡Estás pensando en ocuparla!

Niley 73 - Tierra de pasiones



Demi se sonrojo. Era una reacción tan insólita en una modelo internacional y estrella de cine naciente que Nick enarcó las cejas. A Joe empezaban a centellearle los ojos. Hasta rio. Demi emitió un gemido de impaciencia y volvió la cabeza hacia la acera.

—Hay una fiesta organizada para el equipo en un restaurante cercano, pero podéis quedaros y venir a casa con nosotros, si queréis —añadió, hablando deliberadamente a Nick.
—Bueno... —empezó a decir, al mismo tiempo que el móvil de Joe comenzaba a vibrar incontroladamente en su bolsillo. Este frunció el ceño, se lo sacó y lo abrió.

Parecía costarle trabajo oír a su interlocutor. Se dio la vuelta y se tapó el oído que no tenía pegado al aparato.

—Está bien, cálmate —dijo con suavidad—. Ahora, cuéntame lo que ha pasado.
Joe asintió, miró a Nick, hizo una mueca y dijo algo en un murmullo.
—Es Ashley —anunció—. Ha estado intentando localizarte en tu móvil pero debes de haberte quedado sin batería. Por eso me ha llamado a mí. Miley se ha caído. La han llevado al hospital...

Estaba hablando solo; Nick ya estaba en la acera, llamando a un taxi. Joe miró a Demi.

—Lo siento, tenemos que irnos —dijo en tono de disculpa—. ¿Puedo venir a visitarte en otro momento? —añadió para sorpresa de Demi.
Se le iluminó el rostro.
—¡Sí! Cuando quieras —barbotó. Joe sonrió sinceramente.
—Entonces, hasta pronto. Despídete de Rory de mi parte.

Demi asintió. Joe se reunió con Nick, a quien veía gesticular con impaciencia, y subió al taxi pocos segundos antes de que el vehículo saliera disparado. Nick estaba demasiado preocupado para despedirse de Demi con la mano. No le llegaba la camisa al cuerpo; estaba aterrado. Miley había sufrido un accidente.

—¿Y el bebé? —preguntó.
—Ashley no sabía nada todavía —le dijo Joe, que también estaba preocupado—. Iremos directamente al hospital. Oye, los bebés están envueltos por el líquido amniótico —añadió con suavidad—. No es fácil que se hagan daño.
—¿Y tú qué sabes de bebés? —le espetó Nick. Joe volvió la cara.
—Hace años, estuve a punto de tener uno —masculló—. No te molestes en preguntarme nada más —añadió al ver que Nick abría la boca—. No hablo de esto con nadie.

Nick no sabía qué decir, así que calló. Pero aquella revelación le daba que pensar.
El viaje de vuelta se hizo interminable. Cuando llegaron al hospital, Nick en su todoterreno y Joe en su camioneta, dejaron los vehículos de cualquier manera y entraron corriendo en urgencias.

—Miley Cyrus... Jonas —balbució Nick ante el mostrador, con mirada aterrada—. Ha ingresado por una caída. Está embarazada. Soy su marido.
—Ah... Señor Jonas —la recepcionista se lo quedó mirando un momento y él contuvo el aliento, aterrorizado. Después, la joven sonrió—. Ya la han trasladado a una habitación. Un segundo... —pulsó unos números y habló con otra persona—. Habitación 211 —añadió—. Es por ahí... ¡Enhorabuena!

El pánico le impidió oír la última palabra. Los dos estaban corriendo, contraviniendo las normas del hospital. Cuando llegaron a la habitación, empujaron la puerta al unísono y se detuvieron en seco al ver la escena que los aguardaba.

Miley estaba tumbada en la cama con una criatura minúscula en los brazos, dándole el pecho. Miró a Nick con el corazón en la mano.

—¡Cariño!

Nick apenas podía verla a través del velo de humedad de sus ojos. Avanzó, estupefacto, sin reparar en Ashley, ni en uno de los hermanos Bieber, una mujer que no reconocía en aquel momento y una enfermera. Tocó la carita tan cercana a la piel suave de Miley y contempló sus grandes ojos oscuros. Le tocó el rostro con una mano un poco trémula.

—Lo único que sabíamos era que te habías caído — susurró—. Tenía tanto miedo...
—Estoy bien, el bebé también...

La estaba besando con ansia, y un gemido entrecortado brotó de sus labios antes de que levantara la cabeza.

—Te quiero —susurró Nick con aspereza—. ¡Si te hubiera pasado algo...!
—No me ha pasado nada —replicó Miley, abrumada por su mirada, por sus palabras—. Nunca me habías dicho que me querías —murmuró.
—Siempre he querido hacerlo —repuso Nick, más calmado, y sonrió—. ¿De verdad estás bien?
—En realidad, no fue una caída. Estaba colgando las cortinas en el cuarto del bebé y me torcí la espalda. Pensé que me había matado y resultó que estaba de parto—señaló la criatura diminuta que tenía en los brazos—. ¿Quieres conocer a tu hijo?

Nick contuvo el aliento.

—Un niño.
Miley asintió.
—Y una niña —dijo una voz grave desde la ventana.
Joe estaba inclinado sobre un moisés y movía el dedo meñique con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Qué? —exclamó Nick