sábado, 13 de octubre de 2012

Niley 70 - Tierra de pasiones



Estaba afectada. Se envolvió con los brazos.
—Tengo veintiséis años —dijo—. Y un hermano de nueve al que mantener. Se me están cerrando las puertas de la moda. Tengo que triunfar en el cine o me quedaré sin fuente de ingresos.
—¿Y crees que por dinero merece la pena permitirle a esa tarántula humana que trepe por tu cuerpo como una hiedra? —insistió—. ¿Qué te dije en el hospital? Que lo miraras a los ojos y le dijeras que no.
—Es más fácil decirlo que hacerlo —repuso Demi con el semblante torturado.

Joe elevó despacio la barbilla. La miraba con ojos castaños firmes y entornados.

—Pero vas a intentarlo, ¿verdad?
Ella asintió, porque Joe producía ese efecto en las personas.
—Podrías haberle hecho daño —dijo Demi con vacilación.
—Podría haberle roto la mano con la misma facilidad con que se la he magullado. Hace algunos años, ni siquiera habría vacilado —Joe estaba pensando, analizando datos y sacando conclusiones—. Tu cuerpo dice «ven y cómeme» hasta que un hombre se acerca a dos pasos de ti. Entonces, te conviertes en una estatua de hielo. Pero, por debajo del hielo, hay miedo. Ese tipo te da pánico —murmuró, señalando al ayudante de dirección con la barbilla—. Aunque no tanto como yo —añadió con suavidad.

Demi tragó saliva. Detestaba ser tan transparente, pero la osadía de Gary la había turbado. Joe se fijó en su postura, en la pose defensiva.

—No tenías miedo de Nick —recordó Joe, entornando los ojos—. Pero él no te tocaba, ¿verdad?
El rostro de Demi le dio la respuesta enseguida.
Joe asintió despacio.
—Entonces, era eso.

Ella lo miró a los ojos, llena de curiosidad y de sorpresa. Joe dio un paso hacia Demi, forcejeando con emociones conflictivas, y vio cómo el dolor afloraba en su hermoso rostro. Parecía un cervatillo asustado, aunque no se apartó. Él la fascinaba. Desde que era niña, ningún hombre había acudido en su defensa, como había hecho Joe en presencia de Gary, a excepción de Nick. Los policías siempre habían sido amables con ella. Joe llevaba un uniforme.

Joe se acercó deliberadamente, inclinándose sobre ella. Demi podía ver las pecas negras que salpicaban el puente de su nariz recta, el grueso bigote sobre aquella boca sensual, la minúscula perilla triangular por debajo del labio inferior, las leves ondas de grueso pelo negro recogidas en la coleta. Joe olía a limpio y a hombre.

Le gustaba estar cerca de él. Era una sorpresa, y se reflejó en su rostro. Pero la proximidad también la ponía nerviosa, y dio un rápido paso atrás.

El comportamiento de Demi lo dejaba perplejo. Era un rumor generalizado en la prensa del corazón que Demi había vivido con un hombre durante seis años, una estrella de cine que la doblaba en edad y que había tenido una reputación casi obscena por sus descaradas aventuras amorosas. Ella tenía fama de ser sexualmente agresiva. Pero ¿cómo podía ser una mujer experimentada y apartarse de cualquiera que se acercaba demasiado? No tenía sentido.

La miró con los ojos entornados.

—No volverá a molestarte porque no vas a permitírselo, ¿verdad?

Demi tragó saliva. Gary le ponía el vello de punta, pero nunca se había enfrentado con él. Normalmente, se limitaba a parar los pies a sus admiradores con un desplante, para que se sintieran incómodos y creyeran que no encajaban con su ideal. Pero Gary era un sapo, y le recordaba mucho al hombre horrible de su adolescencia

No podía emplear sus estratagemas con él. Lo temía.

—¿Verdad? —insistió Joe. Ella asintió, como si Joe hubiera tirado de una cuerda atada a su barbilla—. Demi —Joe dijo su nombre con el ceño fruncido—. ¿De qué es diminutivo?
—De Demetria —contestó con amargura. Se apartó el pelo de los ojos—. Significa «tristeza». Mi madre se sintió así al tenerme; al menos, eso cuentan —añadió—. No le gustaba tener hijos, pero sí acostarse con hombres. Cuantos más, mejor —vaciló—. Me dijo que no estaba segura de quién era mi padre.
A Joe no parecía importarle. La observaba en silencio.
—Tuvo que ser un hombre muy apuesto.
Demi hizo una mueca.
—Mi madre es una mujer imponente, incluso ahora. Tiene ojos verdes y melena cobriza, y una figura a prueba de alcohol. Y no es idiota. Me costó mucho arrebatarle a Rory, pero el dinero es persuasivo. Ahora tengo la custodia absoluta, y no pienso renunciar  a ella.
—¿Rory?
—Mi hermano.
Joe alargó el brazo y le retiró un mechón de pelo rojizo dorado de la boca.
—¿Por qué tienes la custodia?
—Porque su nuevo novio permanente lo odiaba y le pegaba, hasta el punto de que tuvo que ser hospitalizado a los cuatro años. Un policía amigo mío me llamó y me lo dijo.
—¿Y qué diablos hacía tu madre mientras tanto? — exclamó.
Demi tragó saliva.
—Sujetarlo.

El suspiro de Joe fue audible. Al mirarla, empezó a tener visiones turbadoras de ella, casi como si estuvieran pasando de la mente de Demi a la de él. Entornó los ojos. Sumó la postura defensiva de Demi a su temor a los hombres, y desdeñó la reputación licenciosa del que había sido su pareja durante seis años. El resultado era inquietante.

—No voy a permitir que me quite a Rory —dijo Demi fríamente—. Cueste lo que cueste.
—¿Aunque tengas que soportar a labios de lagarto? —dijo, señalando a Gary con la cabeza. Ella alzó la mirada, sorprendida, y de sus labios brotó un suave tintineo—. Mientras le duela la mano, pensará en mí. Vamos.

Joe regresó con ella al escenario, manteniendo la distancia para no ponerla nerviosa. Hasta sonrió a Gary.
Demi caminó en línea recta hacia el ayudante de dirección, sintiéndose insólitamente segura de sí.

—Dice Joe que, si vuelves a tocarme, puedo hacer que te detengan y demandarte por acoso —sonrió con encanto—. Estás asegurado, ¿verdad, cielo?
Gary palideció. Lanzó una mirada a Joe y carraspeó.
—Muy bien, oídme todos. Ya hemos perdido bastante tiempo. Venga, a trabajar.
Demi dirigió a Joe una rápida mirada y una pequeña y tímida sonrisa, y siguió trabajando.

1 comentario:

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..