sábado, 13 de octubre de 2012

Niley 71 - Tierra de pasiones



La resolución de Nick de no dejar que Miley sospechara que sabía que estaba embarazada duró exactamente cuatro días, hasta la tarde en que regresó antes del trabajo y encontró a Miley en la parte de atrás de una camioneta con Zac, arrojando fardos de heno al ganado en uno de los pastos.

Nick se puso furibundo. La sacó en brazos de la camioneta, la trasladó a su todoterreno, la sentó y la llevó, sin decir nada, a la consulta del doctor Carliese Cullen. Entró con Miley en el local y le dijo a la recepcionista que quería que los recibieran de inmediato. La sala de espera estaba vacía.

—Carlise no está aquí —balbució la joven—, y Esme está a punto de irse...
—No, no se irá —arrastró a Miley por la puerta que daba al pasillo—. ¡Esme! —gritó.

La doctora Esme Cullen salió al pasillo, primero atónita y después regocijada al ver a los recién llegados.

—¿En qué puedo ayudarte? —le preguntó a Nick.
Este apretó los labios.
—Quiero un test de embarazo ahora mismo.
—Muy bien... —repuso Esme, tratando de no reír—. Fecha del último periodo.
—No es para mí, sino para ella —masculló, lanzando una mirada iracunda a Miley, que estaba atónita—. Estaba lanzando fardos de heno desde una camioneta, por el amor de Dios.

La sonrisa de Esme se evaporó.

—Eso no es sabio si estás embarazada, Miley —dijo con suavidad. Miley empezó a llorar.
—¡No puedes saberlo! —gimió a su marido—. ¿Cómo lo sabes?
—No estoy ciego, ¿no? —masculló—. No puedes atarte los pantalones ni mantener en el estómago el desayuno —se aborrecía por no decir la verdad.
— ¡Te lo ha dicho Ashley! —lo acusó.
—Ashley no me ha dicho nada —se defendió.
—Vamos a tomar una muestra de sangre, Miley — intervino Esme—. Cuándo tuviste el periodo por última vez.
      
Tuvo que decirlo con Nick, pagado de sí mismo, escuchando cada palabra. Esme llamó a Betty e hicieron la prueba. Dio positivo. Esme fijó una cita para que Miley visitara a un ginecólogo de Victoria que también trabajaba en el Hospital General de Brownsville

Después, le recetó vitaminas.

—Nada de levantar peso —la previno—. Y come como Dios manda.

Miley accedió dócilmente. Estaba aliviada por la forma en que Nick se estaba tomando la noticia de su inminente paternidad. Ni siquiera estaba enfadado. Se relajó.
De vuelta en la camioneta, Nick no dejaba de sonreír. Entrelazó su mano con la de Miley. Ella lo miraba con atención.

—¿No estás enfadado?
—Encantado. Y aliviado —replicó—. Ahora puedo dormir tranquilo sin preocuparme de que saldrás corriendo con Joe.
—A él le gustan los niños —replicó.
—Ya encontrará otra mujer que le dé alguno. Este es mío —suspiró hondo—. ¡Vaya regalo de Navidad voy a tener este año!
                                    
De hecho, el bebé nacería para entonces. Miley estaba fascinada viendo el despliegue de emociones en el rostro moreno y delgado de Nick. No podía estar fingiendo tanto placer. Se preguntó si una mujer podía desmayarse de felicidad. Nunca se había sentido tan segura ni cuidada en toda su vida. Nick estaba encariñado con ella, y quería el bebé. Tal vez, con el tiempo, hasta llegaría a quererla.Tenía tantos motivos para estar ilusionada, ¡tantos!

El equipo de rodaje se despidió antes de partir hacia el aeropuerto. Demi dio una disculpa exhaustiva a Miley y a Nick por todos los problemas que había causado y los invitó a asistir al estreno de la película, que tendría lugar en Nueva York al cabo de unos siete meses. Sería en noviembre, y Miley estaría a punto de dar a luz.

Joe Miller se presentó en el aeropuerto justo cuando Demi terminaba de facturar el equipaje y echaba a andar hacia los detectores de metal.

—Espera un minuto —dijo en voz baja, llamándola aparte. Le pasó una tarjeta con su nombre y su número de teléfono—. Por si acaso tienes algún problema con la custodia de tu hermano pequeño —le explicó—. Te he anotado mi número particular en el dorso. Si necesitas ayuda, llámame.
Demi profirió una exclamación.
—¿Por qué querrías ayudarme? —preguntó, atónita—. ¡Si me odias!
Sus ojos oscuros contemplaron los ojos de Demi con serenidad.
—Diablos, ¡no lo sé ¡¿Tienes que cuestionarlo todo?

Demi alargó el brazo con vacilación y le tocó la manga, aunque bajó la mano casi tan pronto como estableció el contacto. Joe iba de uniforme, y estaba muy pulcro.

—Gracias por lo que hiciste con Gary. Por lo que me obligaste a hacer. Tenía miedo de perder mi trabajo — sonrió con timidez—. Últimamente, no he recibido muchas ofertas. Pero tenías razón. Nadie debería soportar un trato improcedente solo para poder seguir trabajando.
—Pues no lo olvides —repuso Joe con serenidad.
Demi contempló su rostro, tan por encima del de ella, con verdadero interés.
—Puedes venir con Nick y con Miley al estreno de la película, si quieres. Te enviaré la entrada, por si acaso.
Joe ladeó la cabeza.
—Iré —dijo de improviso.

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