lunes, 19 de noviembre de 2012

Niley 04 - La mujer del sultan



—Me alegro de contar con tu aprobación —dijo suavemente al tiempo que intentaba pasar junto a él—. Y ahora me voy y...
—No vas a ninguna parte —ordenó, y sin vacilar le rodeó la cintura y la atrajo hacia sí.
Luchando por controlar su excitación, Miley se puso rígida.
—¿Por qué me buscas de pronto? Me es difícil creer que sea por falta de compañía femenina.
—No me faltan las mujeres.
—Entonces concéntrate en alguien que se interese por ti. La verdad es que no me interesas en absoluto, así que quiero que me dejes marchar.
La tensión entre ambos era arrolladora.
—Si no estás interesada, ¿por qué tu corazón late con tanta prisa?
—No me gusta que me abracen en contra de mi voluntad —repuso irritada al ver que él había notado la reacción de su cuerpo—. No me gusta el modo en que utilizas tu poder para conseguir lo que quieres. Y no acepto que me intimiden con amenazas.
—¿Piensas que te estoy forzando? —inquirió en un tono letalmente suave, su boca muy próxima a la de ella—. Es extraño, porque te solté cuando me lo dijiste, pero no te has movido ni un centímetro, Miley. Todavía tu cuerpo se mantiene contra el mío. Y me pregunto por qué.
Nick decía la verdad. Con una exclamación ahogada, ella dio un paso atrás.
—Creo que lo que nos une es la química sexual que siempre hubo entre nosotros. Lo que prueba que tenía razón al buscarte —murmuró al tiempo que alzaba una mano para acariciarle la mejilla.
—¿Qué razón tendrías para hacerlo? —preguntó con una voz apenas audible.
Miley sabía que él no hacía nada impulsivamente. Cada minuto de sus días estaba planeado de antemano. Era casi imposible que se encontrara en un baile sin un propósito.
—Cinco años es mucho tiempo. Entonces tenías dieciocho, eras joven e impulsiva. Desconocías mi país y mi cultura. Quizá fue inevitable que hubiese problemas y malos entendidos entre nosotros.
—No deseo hablar del pasado y no me interesa tu opinión, Nick. Eso fue hace mucho tiempo y ambos hemos continuado nuestras vidas por caminos diferentes.
—No lo creo —replicó al tiempo que le alzaba la mano derecha—. Todavía llevas mi sortija.
Horrorizada, Miley miró el hermoso diamante. El anillo había sido el símbolo de sus románticos sueños juveniles e incluso después de la ruptura no había sido capaz de quitárselo. Con una maldición mental, retiró la mano.
—En realidad lo llevo para recordar que no se puede confiar en los hombres que suelen hacer regalos tan exquisitos como éste.
Los labios de Nick se curvaron en una sonrisa indulgente.
—Si quieres engañarte a ti misma es cosa tuya, laeela, pero no intentes engañarme a mí. Hay cosas que ni con el paso del tiempo pueden cambiar.
—Vete, Nick. Si quieres acabar definitivamente con lo que ocurrió entre nosotros, ya lo has conseguido. Pero vete y déjame sola para vivir mi vida en paz —dijo estremecida y con el corazón latiendo frenéticamente en el pecho.
Él la miró pensativamente.
—No deberías salir tan ligera de ropa al aire fresco de la noche. Te vas a enfriar —comentó al tiempo que le ponía su chaqueta sobre los hombros desnudos—. No he venido aquí con ese propósito.
Miley se vio envuelta nuevamente en el familiar aroma masculino y su cuerpo otra vez volvió a reaccionar.
Él se acercó más y ella sintió su cálido aliento en la mejilla.
—¿Entonces a qué has venido? Te ruego que vayas al grano para poder volver al salón —dijo, consciente de su proximidad y la mirada de sus ojos oscuros fijos en ella. Con un escalofrío percibió que la boca masculina estaba muy cerca de la suya—. Nick —murmuró, casi como un ruego—. No hay nada entre nosotros. Tú lo mataste.
—Es inútil negarlo cuando el cuerpo habla con tanta claridad.
Miley pensó que él podía verlo todo, que lo sabía todo. Conocía sus sentimientos, sus pensamientos.
Se decía que el sultán era un experto en mujeres. Y que era el mejor de los amantes. Aunque ella nunca tuvo la oportunidad de comprobarlo.
Al ver su sonrisa satisfecha y levemente divertida, Miley lo miró con la barbilla alzada.
—¿Quieres que mi cuerpo hable con claridad? De acuerdo —dijo al tiempo que le daba un sonoro bofetón en la mejilla.
De inmediato los guardaespaldas surgieron de la oscuridad, pero Nick los detuvo con un leve gesto de la mano al tiempo que la miraba con incredulidad.
—Te gusta el peligro, laeela. Te perdono porque comprendo los sentimientos que te han llevado a hacerlo. Siempre ha habido fuego entre nosotros y, a pesar de lo que puedas pensar, no me gusta que mi esposa sea sumisa y débil.
—¿Estás casado? —preguntó, sorprendida a su pesar.
—Todavía no —repuso en un tono suave como la seda—. Esa es la razón que me ha traído hasta aquí.
—¿Estás buscando esposa? —preguntó con sarcasmo—. Entonces vuelve al salón, Nick. Estoy segura de que hay una fila de candidatas esperándote.
—Puede ser, pero la mujer que busco está frente a mí. He decidido casarme contigo, Miley —murmuró con la boca muy próxima a la de ella.

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Hola chicas, espero que esten muy bien
se que ultimamente he estado un poco perdida, lamento mucho eso, no piensen que me he olvidado de ustedes es solo que el trabajo ocupa gran parte de mi tiempo al igual que la u.
ni siquiera e entrado en twitter asi que hace rato que no me comunico con nadie, cuentenme como han estado como les ha ido este tiempo que e estado ausente, Jaz muchas gracias por las felicitaciones por mi cumple, has de decir que soy una malagradecida pero ese dia fue de locos, te quiero millon
les cuento que de salud estoy muy bien, mi vida sentimental sigue igual solterita pero bien, mi familia esta bien aunque mi hermana esta un poco enfermita pero ya esta en tratamiento asi que espero que se mejore pronto
han visto amanecer 2????
yo ya la vi dos veces jijiji una con mis amigos y otra con mi mama y mi hermana que tambien son fans, a mi me encanto es simplemente increible
Sari espero que estes super bien hermosa, extraño mucho hablar con vos, como estas de salud, te estraño
Mary me encanto tu tatuaje, se ve hermoso, espero que te gusten las noves, besos y abrazos, te quiero...

Niley 03 - La mujer del Sultán



Una vez había amado esa voz. La había encontrado exótica y seductora.
En el pasado solían llamarlo Príncipe del Desierto y el nombre aún se mantenía, a pesar de que hacía cuatro años se había convertido en el sultán que gobernaba el Estado de Tazkash. Valiente y agresivo, había transformado un pequeño e insignificante país en uno de los Estados más relevantes del mercado mundial. Como sultán se había ganado el respeto de los políticos y del mundo de los negocios.
Miley sintió que el pánico se apoderaba de ella. Afortunadamente, había aprendido a ocultar sus verdaderos sentimientos, y su profesor había sido el mismo Nick. Era un hombre que no revelaba nada. Mientras ella actuaba gobernada por sus emociones, él seguía los dictados de su mente.
Sin dejar de recordar la dura lección, se volvió lentamente, decidida a comportarse como si su presencia no fuera más que una molestia para ella.
—Su Alteza —saludó, sin mirarlo. Su tono era seco, aunque ferozmente educado. Miley notó que estaban solos en la terraza, con excepción de los guardaespaldas que se encontraban a prudente distancia—. Hace mucho calor en el salón.
—Y sin embargo estás temblando —repuso al tiempo que se acercaba a ella.
Miley sintió que se le secaba la boca y aferró el pequeño bolso como si se enfrentara a un ladrón. Aunque era más que probable que no pensara robarle, sin duda era un ladrón. Una vez le había robado el corazón.
—No hagamos comedia, Su Excelencia. Nos hemos encontrado en la misma recepción y es una desgraciada coincidencia para ambos. Sin embargo, eso no significa que estemos obligados a compartir la velada. No hace falta fingir una amistad que sabemos que no existe.
Esa noche su aspecto era espectacular. El esmoquin le sentaba tan bien como la ropa tradicional que solía llevar, y ella no ignoraba que se sentía cómodo con cualquier prenda. El sultán se movía con envidiable soltura entre las diferentes culturas.
Nick estaba absolutamente fuera de su alcance, y el hecho de haber creído que podrían compartir un futuro era el recuerdo más humillante de su estúpida ingenuidad en el pasado.
Un vestido de diseño y un esmerado peinado no la convertían en candidata a esposa de un príncipe, como una vez le había dicho con crueldad.
Desgraciadamente, Nick no había conocido a su madre. Tenían mucho en común y lo más notable era la creencia de que la joven Miley no encajaba en la brillante sociedad que ambos frecuentaban.
La joven se dijo con firmeza que ya no importaba. En la actualidad tenía su propia vida. Una vida que le encantaba, apropiada a su modo de ser. Había aprendido a ser una mujer socialmente brillante porque era lo que se esperaba de ella, aunque ésa era sólo una pequeña parte de su existencia. Y no era la que más le interesaba. Pero eso era algo que no tenía intención de compartir con Nick. Su breve relación con él le había enseñado que ser abierta y sincera sólo conducía al dolor y a la angustia.
La música les llegaba desde las puertaventanas abiertas a la terraza. Miley sabía que en media hora empezaría el desfile de modelos al que la habían invitado a participar. ¿Cómo podría hacerlo? ¿Cómo podría desfilar en la pasarela a sabiendas de que él se encontraría entre los presentes?
Llamaría a Henry, el chófer de la familia y le pediría que fuera a buscarla. La mejor forma de protegerse a sí misma era marcharse de la recepción.
Decidida a hacerlo, dio un paso para retirarse, pero él le asió el brazo.
—Esta conversación aún no ha terminado. No te he dado permiso para marcharte.
—No necesito tu permiso, Nick —dijo con los ojos llameantes de ira y desafío al tiempo que sentía la excitación que recorría su cuerpo ante la cercanía física del hombre. Y también sintió rabia contra sí misma—. Vivo mi vida del modo que me apetece y afortunadamente no estás incluido en ella. Este ha sido un encuentro fortuito que haríamos bien en olvidar.
—¿Crees que este encuentro ha sido fortuito? —preguntó tan cerca, que ella pudo sentir el calor de su cuerpo a través de la fina tela del vestido rojo y, aunque luchó contra ello, notó que las piernas le flaqueaban.
A pesar de que llevaba unos tacones increíblemente altos, la estatura de Nick y sus amplios hombros la dominaban físicamente. La proximidad de ese hombre era una mezcla de excitante tormento y tentación que no podía impedir.
Por su respiración entrecortada, supo que a él le sucedía lo mismo. Siempre había sido así entre ellos. Desde el primer encuentro en la playa. Desde el primer beso en las Cuevas de Zatua, en pleno desierto.
Ésa fue la razón por la que hizo el tonto ante él. La ciega atracción física trascendió el sentido común y las diferencias culturales entre ellos.
Una intensa sensualidad se desprendía de Nick y Miley se vio atrapada en su propio deseo. Los pezones se endurecieron contra la tela del vestido junto a una ardiente sensación que se apoderó primero de su vientre y luego de todo su cuerpo.
—¿Esperas que crea que has venido por mí? —preguntó riendo al tiempo que echaba la cabeza hacia atrás—. Nick, hace cinco años tu único deseo era deshacerte de mí, así que no puedo creerte. ¿Recuerdas que dijiste que no era adecuada para ti? Te avergonzabas de mí.
—Eras muy joven. Pero te he estado observando durante todos estos años.
—¿A mí?
—Por supuesto —repuso con una sonrisa irónica—. Apareces continuamente en la prensa. Los diseñadores se pelean porque lleves sus creaciones. Si te pones uno de los modelos de esos creadores, de inmediato aumentan sus ventas. Has ganado en aplomo, confianza en ti misma, elegancia.
«Y duplicidad», pensó ella. ¿Por qué nadie se preocupaba de la persona que se escondía tras el brillo de los oropeles? ¿A nadie le interesaba saber quién era ella en realidad?
Durante un breve tiempo pensó que a Nick sí que le importaba. Pero se había equivocado.
Y su rechazo había sido el último estímulo que le hacía falta para reinventarse a sí misma. Para convertirse en la mujer que su madre siempre había deseado que fuera. Al menos una parte de ella, porque el resto del tiempo llevaba una vida absolutamente diferente, una vida que le gustaba y que muy pocos conocían.

Niley 02 - La mujer del Sultán



Avanzaba como una princesa, sus rubios cabellos recogidos para sacar partido al cuello largo y esbelto, y enfundada en un largo vestido rojo que realzaba un cuerpo de una belleza sencillamente perfecta.
Con fría objetividad, Nick concluyó que había acertado al pensar que había pasado la tarde entera en la peluquería mientras su mirada experta le recorría lentamente el cuerpo de la joven.
Y eso significaba que las prioridades de la señorita Cyrus no habían cambiado para nada en los cinco años pasados desde el último encuentro.
Aunque Nick notó algunos cambios. La joven que se desplazaba con la gracia de una bailarina ya no era la adolescente siempre consciente de sí misma y ligeramente amedrentada. Se había transformado en una mujer segura, serena, elegante y sofisticada.
Aunque cuidó de no traicionarse, un ataque de lujuria se apoderó de su cuerpo. Irritado por la violencia de su respuesta fisiológica, la observó en siniestro silencio mientras se deslizaba entre las mesas y ocasionalmente se detenía a saludar a alguien. Su sonrisa era una mezcla intrigante de seducción e inocencia y la utilizaba con sabiduría, cautivando a los hombres con la suave curva de sus labios y el brillo divertidos de los ojos.
Se había convertido en una mujer de belleza excepcional que sabía sacar partido a los dones que la naturaleza le había otorgado. Y utilizaba cada uno de esos dones mientras se aproximaba a la mesa, más refulgente que una estrella luminosa, rodeada de un grupo de amigos.
La mesa estaba al lado de la suya. Lo sabía porque había dado instrucciones a su personal de que así fuera. De modo que, como un animal depredador, Nick esperó a su presa en completo silencio. La joven intercambió unas palabras con un invitado que pasó junto a ella y que galantemente le besó la mano. Luego dejó su pequeño bolso sobre la mesa y giró la cabeza, todavía sonriente.
Entonces lo vio.
El color desapareció de su hermoso rostro y la brillante sonrisa se esfumó al instante.
Una chispa vulnerable brilló en el fondo de sus asombrosos ojos verdes. Durante un segundo, la mujer desapareció y Nick volvió a ver a la joven adolescente.
Conmocionada, apartó la mirada de él y respiró a fondo mientras apoyaba la mano en el respaldo del asiento.
Tras observar con arrogante satisfacción masculina el efecto que su presencia había producido en la joven, Nick pensó que su tarea iba a ser tan fácil como lo había imaginado.
Observó cómo erguía los hombros, retiraba la mano del respaldo de la silla y le dirigía una mirada inexpresiva con una graciosa inclinación de cabeza. Luego se volvió a los amigos sin dar muestras de que él fuera algo más que un conocido.
La mirada de Nick se posó en sus pechos en tanto pensaba que, aunque su boda con la heredera de los Cyrus sería sólo un negocio, la primera noche ciertamente sería placentera. Cuarenta días con sus respectivas noches, para ser exactos. La idea del matrimonio repentinamente cobró un atractivo que se le había escapado anteriormente.
 
De pie en una esquina oscura de la terraza, Miley contemplaba el jardín esa cálida noche de agosto. Sin embargo, su cuerpo temblaba.
Si hubiera habido alguna forma de escapar inadvertida lo habría hecho, porque para ella era una agonía estar en la misma habitación que Nick Jonas Miller.
Esa noche se habría quedado en casa si se hubiera enterado de que él se encontraba en Londres.
Había sido un encuentro sin aviso, sin la menor oportunidad de prepararse mentalmente para soportar la angustia de volver a verlo.
Una sola mirada a esos exóticos ojos oscuros la habían convertido nuevamente en la estudiante desmañada de grandes ojos, loca por él, agobiada por el peso de sus inseguridades. Y al rechazarla, él había acabado con su frágil autoestima.
La cena había resultado ser un duro ejercicio de contención y resistencia mientras charlaba y reía con los amigos, absolutamente consciente de su poderosa presencia y sus ojos clavados en su espalda. En un momento dado, tras excusarse, salió a la terraza, incapaz de soportar la situación un minuto más.
En la oscuridad de la terraza pensó con extrañeza que, por más que alguien cambiara en el exterior, en su fuero interno seguía siendo la misma persona. A pesar de la deslumbrante seguridad en sí misma, en el fondo se mantenían las antiguas inseguridades. Interiormente era la misma chica desgarbada, con unos kilos de más, cuyo aspecto ni intereses correspondían a lo que se esperaba de ella. Miley había sido una continua desilusión para la señora Cyrus.
El recuerdo de su madre aumentó la tristeza de ese momento. Había fallecido hacía seis años, pero en Miley aún se mantenía vivo el deseo desesperado de complacerla, de hacer que se sintiera orgullosa de su hija.
—Me asombra que te pierdas una fiesta, Miley —oyó a sus espaldas la voz profunda, suave, indiscutiblemente masculina de Nick.

Niley 01 - La mujer del Sultán



Todo estaba bajo control. Como un depredador, su poderoso cuerpo acechaba inmóvil, la mirada alerta y vigilante. Reclinado en su asiento, el sultán Nick Jonas Miller, lejano e inaccesible, observaba la sala de baile desde la mesa mejor situada del recinto. La arrogante cabeza, ligeramente ladeada y la cínica mirada de sus fríos ojos oscuros eran suficientes para mantener a la gente a una distancia respetuosa. Como precaución adicional, no muy lejos de él, sus guardaespaldas se paseaban discretamente, listos para impedir que alguien se acercara demasiado al sultán.
Nick los ignoraba, del mismo modo que ignoraba las miradas de los invitados y aceptaba su atención con la aburrida indiferencia de alguien que había sido objeto de interés y especulación desde la cuna.
Era el soltero más codiciado del mundo, incansablemente perseguido por innumerables mujeres que lo miraban con ojos esperanzados. Un hombre duro, un símbolo de fuerza y poder, y casi indecentemente apuesto.
A pesar de que el salón de baile estaba lleno de hombres poderosos y atractivos, Nick era el blanco de las miradas lascivas de las mujeres.
Como tenía por costumbre, podría haber sacado partido de esa ventaja, pero esa noche su interés estaba centrado en una sola mujer.
Una mujer que se hacía esperar.
Nada en su atlética figura sugería que el objeto de su presencia allí no se debiera a algo más que su deseo de favorecer con su asistencia el baile con fines benéficos en el que participaba lo más selecto de la alta sociedad. Su apuesto rostro de rasgos aristocráticos no mostraba el menor indicio de que esa noche fuera la culminación de meses de una meticulosa planificación.
El sultán necesitaba conseguir el control total de la empresa Cyrus Finley Corporation. La construcción de un oleoducto a través del desierto era fundamental para el futuro de Tazkash, crucial para la seguridad y prosperidad de su pueblo. El proyecto era económicamente rentable y además respetuoso con el medio ambiente.
Sin embargo, no contaba con la cooperación de Billy Cyrus. El director ejecutivo de la empresa se negaba a reemprender las negociaciones. Y Nick sabía por qué.
Por la joven Miley Cyrus, la hija de papá.
Una jovencita rica, mundana y estropeada que siempre había tenido todo lo que deseaba. Un hermoso objeto hecho para decorar las reuniones sociales que eran toda su vida.
Sí, siempre había obtenido lo que deseaba. Menos a él.
Los labios de Nick se curvaron en una sonrisa. Bueno, pudo haberlo tenido, pero no le habían gustado sus condiciones.
Y tampoco a Billy Cyrus. Repentinamente, y sin acuerdos, habían concluido cinco semanas de delicadas negociaciones entre el Estado de Tazkash y la Cyrus Finley Corporation. Y durante cinco largos años no había habido comunicación entre ellos.
—Su Excelencia, iré a dar una vuelta por el salón para ver si la joven Cyrus ha llegado —dijo Louis  Tomlinson, el ministro de Exportaciones Petrolíferas.
—No ha llegado todavía —replicó Nick en su excelente inglés aprendido en los colegios más caros del mundo—. Si estuviera aquí, yo lo sabría.
—Tarda demasiado.
—Por supuesto —respondió con una leve sonrisa—. Para ella la puntualidad es una forma de perder la ocasión de lucirse. Vendrá, Louis. Su padre patrocina este baile y ella nunca se pierde una fiesta.
No tenía la menor duda de que en ese momento y en algún lugar, Miley Cyrus ensayaba su entrada en el salón de baile. Después de todo, ¿no era la vida social el objetivo de esa existencia mimada, frívola y superficial? Tras haber vivido al amparo de la reputación de su madre, Miley Cyrus era como todas la mujeres que había tratado en su vida. No se ocupaba de nada más que de vestidos, zapatos y de sus cabellos, en manos de los mejores estilistas.
—Se hace tarde, tal vez ya se encuentra aquí y no te has dado cuenta, Excelencia —insistió el ministro tamborileando sobre el brazo de su silla.
—Está claro que no la has visto en tu vida. Si la conocieras, sabrías que ser el centro de atracción constituye el objetivo de su vida.
—¿Es hermosa?
—Sublime —comentó al tiempo que su mirada se posaba en la escalera—. Miley Cyrus puede iluminar una habitación sólo con una sonrisa de sus labios bien pintados. Si ya estuviera aquí, los hombres estarían arremolinados a su alrededor, contemplándola embobados.
Como él la había contemplado ese primer día en el campamento de la playa de Nazaar que bordeaba el desierto.
Pero no era su belleza lo que le interesaba en ese momento. Durante los últimos meses, discretamente su personal había adquirido todas las acciones disponibles de la Cyrus. Finalmente, el control de la empresa estaba al alcance de su mano. Todo lo que necesitaba era el veinte por ciento restante de las acciones para tomar el control total de la compañía y garantizar el proyecto del oleoducto.
Y Miley Cyrus poseía ese veinte por ciento.
—Sigo pensando que el plan no es viable —comentó Louis.
—El desafío de un negocio es hacer de lo imposible algo posible —replicó Nick con una sonrisa imperturbable al tiempo que jugueteaba con el tallo de su copa de champán—. Y encontrar una solución allí donde no existía.
 —Pero si quieres llevar a cabo tu plan tendrás que casarte con ella.
A pesar de su expresión indiferente, los dedos de Nick apretaron la copa con fuerza. Para él, la perspectiva de un matrimonio casi le producía alergia.
—Sólo por poco tiempo.
—¿Piensas seriamente en apelar a la antigua ley que te permite divorciarte tras cuarenta días y cuarenta noches de matrimonio?
—Todos los bienes de mi esposa, todos, pasan legalmente a mi propiedad a través del matrimonio —observó con una sonrisa de seda—. Necesito esas acciones, pero no deseo permanecer casado.
El plan era perfecto.
—Es un insulto para la novia y su familia, Excelencia —objetó Louis.
—¿Cómo se puede insultar a una mujer que piensa solamente en fiestas y en bienes materiales? —repuso en tono sardónico—. Si esperas que sienta compasión por Miley Cyrus, pierdes tu tiempo.
Justo en ese momento, la señorita Cyrus apareció en lo alto de la amplia escalera.