sábado, 3 de noviembre de 2012

Jemi 02 - Corazones heridos




Joe se sintió como un conejo perseguido por un pe­rro de caza. El comisario de urbanismo, un hombre bueno y afable, tenía en efecto una hermana. Tenía treinta y seis años, se había divorciado dos veces, llevaba blusas semi­transparentes, y pesaba al menos cuarenta kilos de más. El comisario era además el mejor dentista en muchos kiló­metros a la redonda, y de todos era sabido que adoraba a su hermana. Demasiada presión incluso para un ex miem­bro de las Fuerzas de Operaciones Especiales del ejército de los Estados Unidos en una ciudad tan pequeña como Brownsville.

-¿Cuándo podría empezar la ex coronel? -inquirió, apretando los dientes. Nick se echó a reír.
-En realidad no conozco a ninguna ex coronel que quiera trabajar para ti, pero estaré al tanto por si se presenta alguna -respondió, moviéndose a tiempo para esquivar la patada de giro que le lanzó Joe-. ¡Oye, que soy oficial de policía! Si me pegas, estarás incurriendo en un delito.
-No si lo hago en defensa propia -farfulló Joe, dándole la espalda y dirigiéndose de regreso a su despacho.
-Mis abogados se pondrán en contacto contigo -le dijo Nick con mucha guasa mientras se alejaba.
Joe le lanzó un gesto insultante por encima de la ca­beza.

Sin embargo, cuando estaba a solas en su despacho, con la papelera de nuevo en su sitio, y la basura dentro y no des­perdigada por el suelo, Joe se quedó pensando en lo que Nick le había dicho. Quizá tuviera razón; en los últimos días había estado un poco susceptible y tal vez unos días libres podrían ayudarlo a estar algo menos... irritable, Lo cierto era que los dos bebés que habían tenido Nick y Miley se habían convertido para él en un doloroso recordatorio de la vida que había perdido.

¿Y si fuera a visitar a Demi, como le había sugerido Nick? Rory, el hermano de nueve años de la joven, lo idola­traba, y en comparación con el modo en que solía tratarlo la gente: con curiosidad, con respeto, e incluso con miedo, ...sobre todo con miedo, la admiración del pequeño le re­sultaba inusual y agradable.

Además, el chico no tenía ningún referente masculino en su entorno, a excepción de sus amigos en la academia militar. ¿Qué podría haber de malo en que pasara algún tiempo con él? Después de todo, no tenía que contarles a Demi ni a él la historia de su vida. Joe contrajo el rostro, recordando la única vez en la que había hablado con al­guien de su pasado.

Se sentó tras su escritorio, y se sacó un listín telefónico del bolsillo. Buscó en él un número de Nueva York, levantó el auricular del inalámbrico, y lo marcó.

Esperó dos tonos, tres, cuatro... Profundamente decep­cionado, iba a colgar ya, cuando de pronto se oyó al otro lado de la linea una voz suave y seductora: «En este mo­mento no estoy en casa. Por favor, deja un mensaje y tu número, y me pondré en contacto contigo». A continuación sonó un pitido.

-Soy Joe Miller -dijo Joe.
Comenzó a recitar su número de teléfono, pero lo inte­rrumpió aquella misma voz del contestador:
-¡Joe!
Parecía sin aliento, como si se hubiese lanzado a por el teléfono antes de que pudiera colgar. Halagado, Joe pro­rrumpió en una suave risa.
-Sí, soy yo. Hola, Demi.
-¿Cómo estás? -le preguntó ella-. ¿Aún sigues en Brownsville?
-Aquí sigo. Sólo que ahora soy jefe de policía. Nick abandonó el cuerpo de los Texas Rangers, y trabaja con­migo como ayudante -añadió de mala gana.Demi había es­tado locamente enamorada de Nick, igual que él lo había estado, tiempo atrás, de su esposa, Miley.
-¡Cuánto han cambiado las cosas! -suspiró ella-. ¿Y cómo está Miley?
-Muy feliz -respondió Joe-. Nick y ella han tenido ge­melos.
-Lo sé. Hablé con ellos el día de Acción de Gracias -le confesó Demi-. Un niño y una niña, ¿verdad?
-Jared y Jessamina -asintió él sonriendo. Los mellizos le habían robado el corazón cuando había ido a verlos al hos­pital. Era padrino de ambos, pero Jessamina era su favorita, y no se esforzó siquiera por disimularlo-. Jessamina es una au­téntica muñequita. Tiene el pelo negro como el azabache, y los ojos del azul más profundo Aunque seguramente cam­biarán cuando crezca, claro.
-¿Y Jared? -quiso saber ella, divertida ante esa fascina­ción que parecía sentir por la pequeña.-Igualito que su padre -respondió Joe-. Jared les per­tenece, pero Jessamina es mía. Así se lo dije. Varias veces -añadió con un suspiro-. Pero no me sirvió de nada, evidentemente, porque no quieren dármela.

Demi se echó a reír. Su risa sonaba como cascabeles de plata en una noche de verano, y su voz era sin duda uno de sus mayores encantos.

-¿Y a ti?, ¿cómo te va? -le preguntó Joe.
-Estoy trabajando en una nueva película -contestó ella-, pero hemos parado el rodaje para poder pasar todos las Na­vidades en casa. Y no sabes cómo me alegro, porque la pelí­cula tiene bastantes dosis de acción, y no estoy en forma. Tendré que entrenar más si quiero hacerlo bien.
-¿De acción, dices?
-Sí, ya sabes: volteretas, saltar de trampolines, lanzarme desde sitios altos, artes marciales... esa clase de cosas -ex­plicó ella en un tono cansado-.Tengo cardenales por todo el cuerpo. A Rory le va a dar algo cuando me vea. Siempre anda diciéndome que ya no tengo edad para hacer esas co­sas.
-¿Que ya no tienes edad? -repitió él incrédulo, pues sa­bía que sólo tenía veintiséis años.
-Para él soy una vieja, ¿no lo sabías? -le contestó ella-. Tendría que ir por ahí con un bastón.
-Pues no quiero ni imaginarme cómo debe verme a mí, que te llevo doce años -dijo él riendo-. ¿Va a pasar las Na­vidades contigo?
-Claro. Vuelve a casa cada vez que tiene vacaciones. Tengo un piso pequeño pero acogedor cerca de la calle cinco en el sur del distrito East Village.Y la zona está bien: hay una librería, una cafetería... La verdad es que es un sitio muy agradable para ser parte de una gran ciudad.
-No lo dudo, aunque a mí me gustan más los espacios abiertos.
-Lo sé. No tienes que decirlo -contestó ella. Vaciló un instante-. ¿Tienes problemas o algo así?

Joe se sintió extraño.

-¿A qué te refieres?
-¿Necesitas que haga algo por ti? -insistió ella.

Joe no supo muy bien cómo debía responderle. Nadie le había ofrecido nunca ayuda.

-Estoy bien -contestó en un tono brusco.
-Entonces... ¿para qué me has llamado?
-No te he llamado porque quisiera nada -dijo, con más aspereza de la que pretendía-. ¿Tanto te cuesta creer que te haya llamado sólo porque quería saber cómo te iba?
-La verdad es que sí -admitió ella-. Cuando estuvimos filmando en Brownsville no le caí muy bien a la gente.Y me­nos a ti.
-Pero eso fue antes de que dispararan a Miley -le recordó él-. La impresión que tenía de ti dio un giro de ciento ochenta grados en el momento en que te quitaste aquel suéter tan caro que llevabas sin pensarlo dos veces y lo usaste para aplicar presión en su herida. Aquel día te ganaste la simpatía de muchas personas.
-Gracias -murmuró Demi tímidamente.
-Escucha, estaba pensando ir a pasar unos días a Nueva York antes de Navidad -le dijo Joe-. ¿Lo de la invitación iba en serio? Podríamos salir por ahí Rory, tú, y yo.
-¡Oh, Joe, eso sería estupendo! -contestó ella al ins­tante, muy ilusionada-. Verás cuando Rory se entere; se pondrá contentísimo.
-¿Está ahí contigo?
-No, aún está en Maryland, en la academia, y tengo que ir a recogerlo yo. No puede marcharse sin que yo vaya a por él y firme en el registro. Lo dispusimos así para evitar que nuestra madre vaya y se lo lleve para sacarme dinero -le ex­plicó con amargura-. Sabe que estoy ganando bastante, y su novio y ella serían capaces de hacer cualquier cosa con tal de conseguir dinero para drogas.
-¿Y si fuera yo a recogerlo y lo llevará conmigo a Nueva York?
Demi vaciló.
-¿Harías... harías eso por mí?
-Claro. Haré fotocopias de mi documentación y las en­viaré por fax a la academia. Tú sólo tendrás que llamar al di­rector y decirle que tengo tu autorización para llevarme al chico.Y Rory me reconocerá.
-Se va a poner contentísimo -repitió Demi-. No ha de­jado de hablar de ti desde que te conoció en el estreno de mi película el mes pasado.
-A mí también me cayó bien. Es un chico honesto.
-Siempre le he dicho que la honestidad es el rasgo más importante en el carácter de una persona -le explicó ella-. Me han mentido tantas veces a lo largo de mi vida, que no hay otra cosa que valore más -añadió quedamente.
-Sé lo que es eso -respondió él-. Bueno, había pensado salir mañana. Dime cómo llegar a la academia militar de Rory, la dirección de tu piso, a qué hora quieres que este­mos ahí... ¡y yo me encargaré del resto!

1 comentario:

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..