sábado, 3 de noviembre de 2012

Jemi 03 - Corazones heridos




A Nick le hizo mucha gracia ver el cambio de humor en Joe y su animación después de hablar con Demi.

-Últimamente no sonreías demasiado -le dijo-. Me ale­gra comprobar que no has olvidado cómo se hace.
-El hermano de Demi está todavía en la academia, y me he ofrecido a ir yo mismo a recogerlo y llevarlo a casa -anunció Joe.
-¿Aguantará tu camioneta todo el camino hasta Nueva York? -lo picó Nick.
Joe había comprado aquella camioneta negra a un pre­cio razonable y le daba buen servicio, pero ya no estaba para muchos viajes.

Joe vaciló, como reticente a revelarle lo que le reveló a continuación.

-Tengo un coche -le dijo-. Lo guardo en un garaje de Houston. No lo conduzco muy a menudo, pero me preo­cupo de mantenerlo en buen estado por si tengo que usarlo.
-¿Qué clase de coche es? -inquirió Nick-. Me pica la curiosidad.
-Pues... un coche, igual que los demás -respondió Joe, encogiéndose de hombros. Le daba vergüenza decirle qué clase de coche era en realidad. No tenía por costumbre ha­blar de sus finanzas-. No es nada especial. Escucha, ¿estás se­guro de que podrás encargarte de todo en mi ausencia?
-He sido un Texas Ranger. ¿Tú qué crees?

Joe sonrió con malicia.

-Ya, pero éste es un trabajo duro de verdad.
Se apartó justo a tiempo para esquivar una patada bien merecida en el trasero.
-Espera y verás -lo amenazó Nick, con un brillo diver­tido en los ojos-. Te buscaré a la secretaria más fea al este del río Brazos.
-Te creo capaz -contestó Joe-. Bueno, al menos ase­gúrate de que no sea tan quisquillosa como la sobrina punki del alcalde.
-Por cierto, ¿por qué ha dimitido exactamente?

Joe exhaló un suspiro.

-La enfadó que le prohibiese tocar en el fichero. No po­día decirle que era porque había metido ahí temporalmente a Mikey, mi cría de pitón, así que le dije que guardaba allí material secreto sobre avistamientos de platillos volantes.
-Y entonces fue cuando te volcó la papelera sobre la ca­beza -adivinó Nick.
-No, eso fue después -replicó Joe-. Le dije que el fi­chero estaba cerrado con llave por un buen motivo, y que se mantuviera alejada de él. Salí un momento a hablar con uno de los chicos, y ella aprovechó para forzar la cerradura con su lima de uñas. Mikey se había salido de su jaula, y es­taba encima de las carpetas cuando abrió el cajón. Pegó un chillido, y cuando volví corriendo a ver qué pasaba, me lanzó unas esposas y me acusó de haberla puesto ahí a propósito para darle un escarmiento.
-Eso explica el grito que oí -dijo Nick-. Ya te advertí que no era buena idea meterla en el fichero.
-Iba a ser sólo por hoy -se defendió Joe-. Bill Harris me la dio esta mañana y no había tenido tiempo de llevarla a casa. Si la metí ahí fue para no asustar a nadie, y luego llevármela cuando acabara la jornada.Y después de lo que ha pasado te aseguro que me la voy a llevar -añadió indignado-, porque no quiero que me la traumaticen más de lo que ya lo está.
-A la sobrina del alcalde le dan miedo las serpientes... ¡imagínate! -murmuró Nick con incredulidad.
-Sí, la verdad es que cuesta creerlo -tuvo que admitir Joe-. Con esas pintas que lleva, es ella la que da miedo.
-¿No le habrás dado razones para que nos demande, ver­dad? -le preguntó su amigo.

Joe sacudió la cabeza.

-Sólo mencioné que tenía al padre de Mikey en el otro fichero, y le pregunté si quería conocerlo. Entonces fue cuando dimitió -respondió sonriente-. Si despides a un empleado, el ayuntamiento tiene que pagarles el subsidio por desempleo, pero si dimite voluntariamente no, así que le di un empujoncito para ayudarla a dimitir -añadió con una sonrisa maliciosa.
-No te tenía por un tipo maquiavélico... -dijo Nick, in­tentando no reírse.
-No ha sido culpa mía. Estaba encaprichada conmigo, y se había creído que si su tío le conseguía este empleo podría seducirme con esas minifaldas y esas blusas escotadas -replicó Joe irritado-. Tal vez debería haberla demandado por acoso sexual -añadió frunciendo el ceño.
-Oh, Ben Brady se habría puesto muy contento si hu­bieras hecho eso -dijo Nick en tono de burla.
-¿Qué quieres? Estoy harto de ser perseguido por secre­tarias.
-Ahora hay que llamarlas «auxiliares administrativas», no «secretarias» -lo picó Nick.
-¡Vete al cuerno!
-¿Ves?, por eso quiero que vayas a NuevaYork. -Tengo una mascota de la que cuidar -protestó Joe. -Puedes dejar a Mikey con Bill Harris antes de mar­charte. Seguro que no le importará cuidar de ella mientras estés fuera. En serio, necesitas esas vacaciones.

Joe suspiró y se metió las manos en los bolsillos.

-Por una vez estoy de acuerdo contigo -dijo, pero luego se quedó dudando-. Si llama su tío y pregunta por qué ha dejado el puesto...
-Puedes estar tranquilo. De mi boca no saldrá una sola palabra sobre lo de la serpiente -prometió Nick-. Sólo le diré que el ser acosado por una alienígena te estabas empe­zando a causar problemas mentales.

Joe le echó una mirada asesina y volvió al trabajo.

El día siguiente por la tarde Joe se presentaba en el despacho del comandante en la Academia Militar de Can­nae, en Anápolis, Maryland. El nombre de la escuela, aludía a la vergonzosa derrota que había sufrido la poderosa Roma a manos de Aníbal, el guerrillero cartaginés.

El comandante, Gareth Marist, no era un desconocido para Joe, ya que había servido bajo su mando años atrás durante la operación «Tormenta del desierto» en Irak.

Se estrecharon la mano como si fueran hermanos, y en cierto modo lo eran por lo que habían pasado cuando ha­bían atravesado las líneas del enemigo. Pocos hombres ha­bían tenido que soportar lo que ellos habían soportado. Marist había logrado escapar. Joe no.

-Rory me habló de usted sin parar durante al menos diez minutos antes de que cayera en quien era -le dijo Ma­rist-. Pero siéntese, siéntese. Me alegra volver a verlo, Miller.
Según tengo entendido ahora está trabajando en la policía, ¿no es así?

Joe asintió con la cabeza, dejándose caer en una de las dos sillas que había frente al escritorio del hombre unifor­mado. Más alto que él, Marist debía ser de su misma gene­ración, pero ya tenía entradas.

-Soy jefe de policía en una pequeña ciudad de Texas.
-Es dificil renunciar a la vida militar -le dijo Marist-.Yo me sentí incapaz, y por eso pedí este destino, y no me arre­piento. Es un privilegio poder ayudar a moldear a los solda­dos del mañana. Y el joven Rory tiene un gran potencial, por cierto -añadió-. Es muy inteligente, y no se deja ame­drentar por los chicos que le doblan la estatura. Ni siquiera los matones se atreven con él -dijo riéndose entre dientes.

Joe sonrió.

-Ya lo creo que es valiente. Y no se arredra en absoluto a la hora de decir lo que piensa.
-Y su hermana... -murmuró Marist, con un largo sil­bido-. Si no estuviera felizmente casado y tuviera dos críos a los que adoro, estaría arrastrándome de rodillas detrás de ella. Es realmente bonita, y se ve que quiere muchísimo al chico. Cuando lo trajo aquí para inscribirlo estaba muy asustada porque habían tenido problemas con su madre, pero no quiso explicarme de qué se trataba. Me mostró los papeles que le otorgaban la custodia del muchacho, y acor­damos no permitir que esa mujer se acercase a él. Ni su su­puesto padre -le explicó. Escrutó en silencio el rostro de Joe-. Imagino que no sabrá usted el porqué.
-Tal vez lo sepa -fue la contestación de Joe-, pero no tengo por costumbre divulgar secretos.
-Lo recuerdo -contestó Marist con una sonrisa forzada-. Era capaz de soportar la tortura y no revelar nada al enemigo. Sólo conocí a otro hombre capaz de resistir en esa clase de situaciones, y era un miembro del SAS, el regimiento aéreo de operaciones clandestinas del ejército británico.
-Estuvo conmigo -le dijo Joe-. Un tipo increíble. Vol­vió con su unidad justo después de que escapáramos, como si no hubiese ocurrido nada.
-También usted.

A Joe no le gustaba hablar de aquello, así que cambió de tema.

-¿Qué tal le van los estudios a Rory?
-Oh, muy bien. Está entre los diez mejores de la clase -le dijo Marist-.Y llegará a oficial, seguro -añadió con una sonrisa-. Se distingue fácilmente a los que tienen dotes de mando. Es algo que se ve muy pronto.
-Es verdad -asintió Joe. Ladeó la cabeza-. Su her­mana... ¿ha tenido algún problema de tipo financiero para mantenerlo aquí? -inquirió.
El comandante suspiró.
-De momento no -dijo-, aunque por su profesión, como comprenderá, sus ingresos son bastante esporádicos. En un par de ocasiones hemos tenido que ampliarle el plazo de pago.
-Si hubiera otras ocasiones, ¿podría hacérmelo saber... sin decirle nada a ella? -le pidió Joe, sacando una tarjeta de visita de su billetera, y deslizándola por la mesa hacia él-. Considéreme como un familiar de Rory.

Marist vaciló.

-Escuche, Miller, las cuotas mensuales de este sitio son endiabladamente caras -comenzó-. Con el salario de un policía...
-Eche un vistazo al aparcamiento para ver mi coche.
-Ahí abajo hay un montón de coches -replicó el otro hombre, levantándose para ir a la ventana.
-Sabrá enseguida a cuál me refiero.
Hubo una pausa, y luego un silbido cuando Marist vio el impresionante jaguar rojo hecho de encargo. Se volvió hacia Joe.
-¿Es suyo?

Joe asintió con la cabeza.

-Y lo pagué en efectivo -añadió con toda la intención. Marist dejó escapar un suspiro.
-Es un diablo con suerte, Miller. Yo tengo una ranchera -le dijo. Regresó a su asiento tras el escritorio-. Por lo que veo en las Fuerzas de Operaciones Especiales pagan bien.
-En realidad no -replicó Joe-, pero antes de ingresar en ese cuerpo estuve haciendo otro tipo de trabajos -aña­dió-, pero es algo de lo que no hablo. Jamás.
-Lo siento. No era mi intención entrometerme.
-Tranquilo.Ya hace mucho tiempo de eso, pero supe in­vertir mis ganancias, como ha podido comprobar -respon­dió Joe sonriendo-. Bueno, ¿qué le parece si hace venir a Rory para que podamos ponernos en camino?

El comandante comprendió que para el otro hombre la charla había terminado.

-Claro -contestó, devolviéndole la sonrisa.

4 comentarios:

  1. wow me encanto ese Nick saca de sus casillas a Joe y como a Joe ya le gusta Demi síguela ya días estaba esperando que subieras esta novela saludos

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  2. Hola! (: No sé si te acuerdas de mi :/ me desapareci demasiado tiempo, saludos a todas las chicas (': Cuidate Kazzie :)& esta novela & las demás de la serie son hermosas, besos c:

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  3. wow creo que niick se esta vengando de joe por hacerlo sufrir con miley...
    me encantooo
    ya quiero ver el reencuentrooooo con demiiiii
    que pasaraaaa
    siguela porfisss

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  4. ya quiero rencuentro jemiiiiiiiiiii me encanta nick es un malo jajaja

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..